Mientras en las redes sociales y los canales de televisión todavía circulan los impactantes videos de la madrugada del martes, el escándalo que envuelve al dirigente político Facundo Moyano y a su pareja, la modelo e influencer Candela Arizaga, está muy lejos de apaciguarse.
Las imágenes de la joven de 23 años corriendo semidesnuda, descalza y en un evidente estado de alteración por la Avenida del Libertador, seguida de cerca por Moyano intentando retenerla, generaron una conmoción total y un sinfín de especulaciones sobre lo que verdaderamente ocurrió en el piso 21 de aquel exclusivo edificio del barrio porteño de Belgrano.

Antes de que saliera a la luz la pieza clave que le da un giro de 180 grados a la historia, el caso ya había atravesado horas de extrema tensión. Tras la persecución en la calle, que terminó gracias a la intervención de un encargado de la zona y de un efectivo de la Policía de la Ciudad, el dirigente de 35 años fue demorado y posteriormente imputado por el auxiliar fiscal Julián Pistone. Los cargos iniciales hablaban de lesiones leves y privación ilegítima de la libertad en un contexto de violencia de género, un escenario judicial sumamente delicado.
Sin embargo, la causa dio un primer vuelco cuando Arizaga, ya ingresada en el Hospital Pirovano para ser asistida, cambió drásticamente su versión de los hechos. La joven influencer aseguró ante las autoridades que Moyano no la había agredido físicamente, atribuyó el dramático episodio al consumo de drogas y los médicos legistas solo constataron un raspón en su rodilla, el cual era completamente compatible con una caída en la vía pública durante su huida.

Con este nuevo panorama, y tras negarse rotundamente a realizar los exámenes toxicológicos de sangre y orina, Moyano prestó declaración indagatoria el martes por la noche.
Ante la Justicia, sostuvo que su vínculo con Candela siempre fue amoroso, que nunca existió agresión alguna y que jamás le impidió salir del departamento. Y tras pasar más de doce horas detenido, fue liberado, aunque la Justicia le impuso estrictas medidas: una prohibición de acercamiento a menos de 300 metros, el cese total de contacto por cualquier vía y la obligación de comparecer ante cada citación. Al salir, el dirigente se limitó a lanzar una frase tajante ante las cámaras afirmando que "está todo aclarado". No obstante, el allanamiento a su domicilio, donde se secuestraron medicamentos, un reloj inteligente y un pendrive, mantenía la intriga encendida sobre el verdadero detonante de la noche.
El llamado de emergencia que nadie esperaba
Fue precisamente en este contexto de hermetismo y versiones cruzadas que el periodista Eduardo Feinmann destapó en su programa de Radio Mitre el detalle que cambia por completo el foco de la narrativa: el contenido exacto de los llamados al número de emergencias. Según precisó el conductor, existieron tres comunicaciones al 911 durante esa madrugada, pero la primera de ellas es la que esconde el dato más desconcertante de todo el caso.
Para sorpresa de muchos, el primer llamado ingresó exactamente a las 5:03 de la mañana y no fue para denunciar un hecho de violencia, ruidos molestos o una pelea de pareja, sino para reportar una urgencia médica. Del otro lado de la línea, hablando con la operadora número 23 del servicio de emergencias, se encontraba Juan Pavón, el vigilador de seguridad privada del edificio ubicado en la esquina de Virrey Loreto.
El empleado de seguridad reportó que Facundo Moyano se había comunicado internamente con la guardia desde el departamento A del piso 21 para pedirle desesperadamente que solicitara una ambulancia. El motivo que esgrimió el dirigente político fue, textualmente, que estaba sufriendo un ataque al corazón. En la transcripción relatada por Feinmann, el vigilador le aclara a la operadora que Moyano estaba consciente al momento de hacer el pedido telefónico, pero que desde su puesto de control desconocía si en ese instante el propietario se encontraba solo o acompañado en la vivienda.
La comunicación finalizó cuando la operadora le solicitó al vigilador el teléfono personal del imputado, confirmando que daría ingreso inmediato al SAME para que acudiera al lugar a socorrerlo. Este sorpresivo pedido de auxilio médico, realizado apenas unos minutos antes de que la pareja protagonizara la dramática persecución en plena calle, abre ahora un interrogante mayúsculo en la investigación: ¿qué fue lo que realmente desencadenó la crisis cardíaca denunciada y la posterior huida desesperada de la joven en la fría madrugada porteña?


