Wanda Nara vuelve a ponerse al frente de las noches de Telefe con MasterChef Celebrity. Y mientras lo hace, cuenta que está ansiosa, disfruta del desafío y reconoce que el programa se convirtió en mucho más que un trabajo: es un espacio en el que puede divertirse, jugar con el jurado, conectar con el público y dejar su sello personal.
Con esa pisada imponente que se hace notar en cada una de sus apariciones, llega sonriente y dispuesta a hablar de todo con GENTE. Se sienta cómoda frente a la cámara y, casi sin darse cuenta, la charla empieza a fluir. Entre emociones, risas y anécdotas recorre distintos momentos de su vida personal y su carrera, dejando por un rato de lado al personaje mediático para mostrar una faceta más íntima y cercana.
Es que detrás de la conductora que todas las noches aparece en pantalla hay una mujer que encuentra su mayor orgullo en otro lugar: sus cinco hijos. En una charla íntima con esta revista, habla de la familia, de cómo vive los domingos puertas adentro, de la crianza, de los sueños de sus hijos y de los valores que busca transmitirles.

También se permite hablar de su salud, del amor propio que considera su gran secreto y de la independencia que construyó a través del trabajo. “Me parece que el trabajo dignifica y te da la libertad de poder elegir”, asegura.
Los últimos meses de Wanda estuvieron marcados por una agenda apretada y una carrera que no parece darle demasiado espacio al descanso. Acaba de dar un nuevo paso en su faceta como actriz con "¿Querés ser mi hijo?", la comedia romántica que protagoniza junto a Agustín Bernasconi y que llegará a los cines el 22 de octubre. En paralelo, prepara su propio docu-reality para Disney+, continúa al frente de su marca de cosméticos, que sigue sumando nuevos lanzamientos, y ahora vuelve a la conducción con MasterChef Celebrity
Wanda Nara y una nueva temporada de MasterChef: “No puedo no hacer algo que a mí me divierta”
—¿Cómo te preparás para esta nueva temporada de MasterChef?
—Muy contenta, muy ansiosa. Por suerte este año estamos muy cerca del arranque del vivo, entonces no hay mucho para esperar. Sí desear que a nadie le pase nada porque estamos casi en vivo, yendo con muy pocos programas grabados. Me quedó una muy linda sensación después de grabar el primer capítulo y con muchas ganas de sentarme con mi familia, verlo juntos, toda esa ceremonia que me encanta.
—¿Cómo es esa "ceremonia"?
—Tenemos nuestra cábala también con el jurado: nos escribimos a esa hora, pero no nos juntamos. Cada uno por su lado, porque a uno le gusta comer panchos, al otro le gusta comer hamburguesas. Entonces, ese día contamos qué vamos a hacer de menú y nos juntamos con nuestra gente a ver el programa. Con mis hijos es un plan fijo, comer juntos con el televisor puesto en MasterChef.
—La temporada pasada los participantes dieron mucho de qué hablar. Este año también hay personalidades fuertes.
—Sí, este año ya están dando que hablar, y antes de que arranque. Creo que es algo que pasa, por más que no lo quieras, porque pasamos muchas horas todos ahí. Entonces empiezan a generar situaciones adentro y afuera, empiezan a convivir y empiezan a pasar cosas del roce normal, de la convivencia y también de lo que es el reality y una competencia, además.

—Un reality paralelo, ¿no?
—Claro. Es como que tenés todo junto, todo mezclado: muchos egos, muchos famosos, muchas figuras que quieren hacer un buen plato, que quieren quedar bien. Y después algunos que no sabés si se conocen de otro lado y se detestan.
—¿Cómo lograste imprimir tu sello personal en un programa tan instalado?
—Y las malas lenguas dicen que es “Master Wanda”, “Master de todo”, me dicen. Y bueno, es que no puedo no hacer algo que a mí me divierta, que la pase bien. Me río de mis chistes, me río de las caras del jurado. Me permito decirle cosas a Germán (Martitegui) que nadie se permitiría, por ejemplo. A veces me da mucha gracia decir algo y sacarlo de su estructura; él me mira como diciendo: “¿Cómo esta piba se permite hablarme así?”. Sé que a mí me lo permiten, entonces me tomo esa licencia de a veces decirle cada cosa que me hace reír mucho y la paso bien. Creo que esa es la clave y eso es lo que se ve, se refleja desde casa, que todos nos llevamos bien, somos amigos. Y ahora con la incorporación de Maru también.
—Se fue Donato de Santis.
—Sí, se fue Doni. Pero a la vez sigue estando presente. Donato siempre soñaba con que yo cierre el programa diciendo “Esto es MasterChef y yo soy Wanda Nara”, y ahora, lo empecé a hacer un poco en honor a él, que no está más en el programa y que tenía tantos años pidiéndomelo. Capaz me lo editan y nunca lo llegan a ver, pero bueno, es la intención y es el sello que queda ahí. Y seguramente Doni nos venga también a visitar.

La familia, MasterChef y el fenómeno Wanda: “Te acerca mucho a la gente”
—Tus hijos te acompañan en algunas grabaciones, ¿disfrutan verte en este rol?
—Les gusta mucho a los chicos ir a las grabaciones. Van a un colegio donde todo el tiempo cambian de compañeros porque es una escuela internacional, entonces están sorprendidos de que capaz llegan chicos que prenden la tele en Argentina, son del exterior y dicen: “Pero es tu mamá, es la que te vino a buscar”. Y las nenas orgullosas dicen: “Sí, es mi mamá, hace MasterChef, pero no te puedo contar nada”.
—Las nenas pasan muchas horas en el camarín, por lo que has mostrado.
—Sí. Les encanta, vienen a las grabaciones, se quedan, porque son jornadas eternas. Están en el camarín y me traen el agua, la pastilla en los cortes, se quedan mirando todo. Y a mí me da mucho orgullo poder hacer un programa que sea para toda la familia. Eso está bueno. En el horario también que vamos, que me vean chiquitos, es espectacular.
—¿Sentís que eso te acercó más a la gente?
—Estuve hace poco en La Rural y me emocioné mucho. Había un nene muy chiquitito que me decía: “Yo te amo, yo te amo”. Y a mí me salió decirle: “¿Pero de dónde me amás tanto? ¿De dónde me querés a mí?”. Apenas hablaba, y me dijo: “Yo veo MasterChef y te amo”. Lo empecé a llamar a Fede Levrino y tenía ganas de decirle: “Tenías razón”. O sea, MasterChef te acerca mucho a la gente, te lleva a lugares que no imaginabas.

—Es un programa muy consumido en todo el país, ¿sentís ese peso?
—Bueno, con el hecho de que mis hijas mucho no pueden salir del país, recorrí mucho las provincias y allá es impresionante cómo miran el programa. Es como un ritual a la noche: se sientan a comer y ven el programa y en las provincias es una cosa muy fuerte. Tuve la posibilidad recientemente de ir a Jujuy, a Misiones, estuve por todos lados, nos mirábamos con mis hijas y decíamos: “Wow”, como que no tomás conciencia del alcance. Llega a muchos lados, a un público que no te imaginás lo que puede causar. Y que lo vean nenes tan chiquitos, eso me encanta.
—¿En qué momento dimensionaste lo que genera el fenómeno Wanda? No sólo por MasterChef, en general.
—En eso que te decía... A veces, cuando salgo a lo que yo llamo vida real: ir a un paseo, ir a la cancha, ir a cualquier lado y que gente de todas partes me reconozca, se pongan a llorar o me digan: “Me acompañás o me estás acompañando desde un hospital con esta enfermedad y espero a que venga MasterChef porque me saca de esta situación”. Todo el mundo tiene problemas, yo también los tengo, y es un programa que te hace, al menos por una hora, desconectarte, divertirte, que el problema pase a ser si se te quemó una milanesa, ¿entendés? Que en realidad no es problema, pero te saca de lo habitual, te entretiene, te divierte, te da ganas de cocinar.
—¿A vos también te despierta esas ganas de cocinar?
—La verdad que yo a veces dejo un poco la cocina, tengo como un amor con la cocina, voy y vengo, y cuando está por arrancar MasterChef hasta a mí me dan ganas de hacer tortas y las preparo y le hago fotos. Sí, hago cosas, me encanta.
Así es un domingo en la casa de Wanda: “Soy medio tana, me gusta tenerlos a todos conmigo”
—Volviendo a eso que decías de la vida real, ¿cómo es un domingo en la casa de Wanda cuando no tenés cámaras alrededor o no estás trabajando?
—Bueno, despeinada desde ya (risas). Sin maquillaje, vestida sin combinar, con un jogging seguramente, con todos los chicos que entran, que salen, que uno va a un partido, que la otra invita, con muchos amigos de mis hijos. Tengo cinco chicos y todos los fines de semana están las hijas de La Joaqui, las hijas de Eva, bueno, cuando vienen también los hijos de Enzo Fernández. Hablamos todo el tiempo también con Valen, se hicieron un grupo de muchos amigos que están todo el tiempo ahí, una bandita.
—Has dicho que la especialidad de tu mamá no es cocinar.
—Cuando viene mi familia, les encanta estar en casa, mi mamá se queda a dormir, mis amigos se quedan a dormir. Es como un súper pijama party y hacemos asado o cocinamos algo rico. Es verdad que mi mamá no es muy de cocinar, pero Zaira trae no sé, unas barritas de cereales (risas) y yo... tortas siempre hay tortas en mi casa.

—Tu receta infaltable es la torta de manzana, ¿la seguís haciendo?
—Sí, siempre va la torta de manzana. Todas esas cosas que nos gustan. Pero bueno, nada, es juntarse y ese ritual hermoso de compartir. A veces me dicen: “Ay, pero no descansaste, tener toda esta gente en tu casa es como que no descansás un fin de semana”. Pero bueno, es lindo, a mí me gusta.
—¿Podés desconectarte realmente un día o es imposible?
—Y se me complica. Lo que sí te puedo decir es que a mí me relaja tenerlos a todos en mi casa. Entonces es un momento que estoy conectada con el teléfono quizás por cosas laborales, pero con la tranquilidad de que están todos en casa y no tengo que mirar dónde están los chicos. Eso me relaja, tenerlos a todos cerca.
—¿Sos muy mamá gallina?
—Soy así como madre medio tana, me gusta tenerlos todos conmigo. Ya a los grandes les hice en el piso de arriba de mi casa como una mini discoteca, por así decirlo. Entonces estoy tratando de atrasar el máximo posible que vayan a bailar, dejo que vengan a mi casa a bailar y es un caos de adolescentes impresionante.
Sus hijos y sus sueños: “Me sorprenden siempre”
—Tus hijos varones heredaron la pasión por el fútbol de Maxi y a las chicas, ¿cómo las ves? ¿Les algo de tu mundo?
—Creo que las chicas van a ir por el lado de lo artístico porque les gusta, porque lo tienen adentro. Me hizo emocionar mucho Franchi, que estuvo un tiempo largo ahora en la casa del papá y estaban de vacaciones y un día me manda un archivo, me dice: “Mirá, esta canción la escribí para vos”. La escribió y yo no lo podía creer, me había escrito una canción hermosa.
—Me imagino tu emoción.
—Le dije: “Franchi, tenés que escribirle o tenés que conseguir un piano y tenés que esta canción tocarla”. Y nada, la verdad me sorprenden mucho, les gusta mucho. Ella es súper sensible y transmite todo su amor o todo lo que te quiere decir en esa canción. La canción hablaba de mí, de sus hermanos y nada, la verdad que me sorprenden siempre mis hijos.
—A Isabella la veo muy carismática para las cámaras, ¿o me equivoco?
—Tremenda. Si es por ella, si quisiera, ya conduciría. Me pasa algo a mí, se sube y se sabe el programa de memoria, ya está ahí con el guión en la mano, me dice qué decir cuando tengo que hacer reels también, nos ayuda con la letra, le encanta.

—Los chicos ya están más grandes, a veces cuando los grabás, te dicen como “Mamá, pará”.
—Los chicos lo odian, pero bueno, no puedo todo el tiempo mostrar a veces a las nenas porque te dicen: “Hacés diferencia”. Entonces también tengo que a veces mostrar a los chicos. En el reality van a salir de alguna manera, con un protagonismo muy importante, y la pasaron bien.
—¿Ya debutaste como suegra también?
—Sí.
—¿Cómo te va en ese rol? ¿Sos celosa?
—No, no soy celosa. Creo que soy muy compinche y trato de ser como me gustaría que sean conmigo o trato de corregir esas cosas que quizás no me gustaron de suegras que tuve en el pasado. Trato de ser esa suegra que uno quisiera tener.
Maternidad y crianza: “Mi mejor carta de presentación es presentarte a mis cinco hijos”
—Te traje un video en el que aparecés con tus hijos en distintas etapas... ¿qué sentís al ver todo tu recorrido como mamá?
—Ay, hermoso. Estaban chiquititos, muy chiquititos. Eso fue en MasterChef. Wow, cuántos años. Ya este es como mi cuarto año conduciendo, ¿no? Tremendo. Este sin duda es mi mejor trabajo, es lo que mejor sé hacer. Si me decís algo que me defina, yo creo que es cómo soy como mamá. En todo lo demás no sé si soy buena, si me puedo perfeccionar o no, pero mi mejor carta de presentación es presentarte a mis cinco hijos y decir: “Wow, esta mina hizo bien su trabajo”.
—Te emociona hablar de tus hijos.
—Porque son increíbles. Son una cosa impresionante entre ellos, con el colegio. El otro día tuvimos con Maxi una reunión de padres, nosotros medio cagados en las patas y dijimos: “Uy, ¿qué habrán hecho?”. Y era para felicitarnos por lo que son, y la verdad que son impresionantes. Todo el tiempo me pasa en la escuela de River que va el más grande, Valentino, y me dicen: “Wow, este nene es un príncipe”.

—Y cada uno está atravesando una etapa distinta, ¿no?
—Sí, y a veces uno no nace con el libro de cómo ser madre. Yo fui madre muy joven de Valentino, a los 21 ya estaba embarazada y a veces siento como que fui muy sobreprotectora, como si iba a repetir las mismas cosas que mi mamá hizo mal conmigo, me daba pánico y le ponía chaleco para que camine por dentro de la casa por las dudas, y me salió bien (risas). Entonces a veces digo eso que dicen “colecho no”... Yo hice todo, todo, todo. A los cinco les di la teta hasta los 2 años y se me superponía que nacía el hermanito, y no me arrepiento porque es como dar amor y me salieron impecables.
—¿Qué te gustaría que hereden tus hijos de vos que no sea lo material o tu fama?
—Que no se rindan nunca, que puedan cumplir sus sueños de lo que quieran ser. Que cuenten con una mamá que los va a acompañar en lo que elijan y nada, que sean felices. Que vivan la vida, cada cosa por más mínima, que la disfruten, que sean ellos y que sean buenas personas, que me parece lo más importante.
—Pese a las diferencias de edad se los ve muy unidos.
—Son muy unidos. En la canción esa que me hizo Francesca hablaba de sus hermanos mayores y vos decís: “Viste que a veces están en la suya con edades diferentes, muy diferentes”. Me gusta que sean unidos y buenas personas. Los hijos copian esas cosas, uno a veces cree que no, pero los chicos te están mirando todo el tiempo. A veces me dicen: “¿Por qué trabajás tanto si quizás no lo necesitás o podrías estar más en tu casa?”. Yo creo que es el mejor ejemplo que les puedo dar, de que trabajen, de que elijan algo que los apasione.

—Enseñarlos con el ejemplo.
—Trabajo mucho en ellos en eso, en que busquen una pasión. “¿Te gusta cantar?”. A Francesca le vi como un don en eso: “Quiero el piano, quiero todo”. Empecé a llamar a todos mis amigos músicos, les dije: “¡Quiere cantar!”. O sea, darle todas las herramientas que yo pueda para acompañarla. Y creo que mi mamá hizo lo mismo conmigo y con mi hermana, estar cerca y acompañarlos y guiarlos, que de eso se trata. Y si se tienen que dar la cabeza 20 veces contra un muro para aprender, bueno, lo tienen que hacer y seguir luchando por sus sueños.
—Contabas hace un ratito que las nenas pasaron unos días con su papá y, bueno, a veces los varones también pasan días con Maxi. ¿Qué es lo más desafiante de la crianza compartida?
—Y es difícil, es difícil porque en algunos casos no me llevo tan bien con los padres, entonces depende de la situación en la que estés. Soy muy exigente con la crianza de los nenes, todo lo que hablaba de que quiero que sean libres, pero de la libertad tienen muy marcados horarios, límites, situaciones de qué sí y de qué no. Entonces eso de soltar y que de repente puedan irse a otra casa y vivir lo que se vive en otra casa... A veces digo: “En mi casa ni se imaginan, soy muy estricta con la alimentación, con todo, con los horarios, apagar los teléfonos temprano, sacar los teléfonos de la mesita de luz”.
—¿Y cómo hacés para soltar el control un poco cuando están con los padres?
—Los chicos tienen una rutina a la que ya están acostumbrados, y van a otra casa y viven otras cosas. Pero bueno, ahí me ayudo mucho mi psicóloga, que me dijo: "Es muy necesaria la mano dura que a veces tiene el padre, que la madre le hablás con otra sensibilidad, y es importante esa mirada del papá o ese reto que capaz le puede llegar del lado del papá, que es diferente al que puedo dar yo como mamá”.

—Pasaste un momento difícil de salud. ¿Qué sentís que cambió en tu vida después de ese momento y cómo te apoyaste en tus hijos?
—Mirá, hablando de Roma, mis hijos llamándome (muestra el celular). Todavía sigo con mi tema de salud y sigo en tratamiento, y nada, llevándolo como un montón de gente que capaz en mi caso se enteraron por ser figura pública. A veces digo: “Hay un montón de gente que quizás tiene una lucha interna o está luchando con una enfermedad y no lo sabemos”.
-Cerramos con una frase que dijiste en los Martín Fierro cuando ganaste, que este país te ha dado muchos amores, pero sobre todo el más importante, el amor propio. ¿Cómo sentís que cultivas ese amor propio?
-El amor propio es el más importante, es el que no te da nadie y yo creo que es mi secreto y mi característica, ¿no? Darte amor vos misma, porque es un amor que es para toda la vida, que no te lo pueden sacar y qué es lo que también te vuelve atractiva. Porque vos decís "¿qué tendrá?". Bueno, yo sola sé lo que tengo, lo que no tengo... y creo que lo más importante es tener mucho amor propio, creer en uno mismo y nada más.
-Le da una mirada al otro como de una mujer empoderada, ¿no? Lo veo y lo quiero, como decís vos.
-Sí, para mí lo más importante es, si bien hubo períodos que estuve embarazada, tuve cinco chicos y tuve la posibilidad de disfrutar esos embarazos o esa maternidad y no trabajar tanto, como que nunca dejé de hacer cosas. Todo el tiempo. Embarazada de Isabella hice un libro para chicos. Entonces es como que yo todo el tiempo me iba planeando desafíos o metiendo objetivos porque me parece que que el trabajo dignifica y te da la libertad de poder elegir. O sea, mis parejas pueden estar tranquilas de que yo estuve con ellos porque realmente en ese momento estaba enamorada, pero no porque los necesitara. Entonces, me parece que teniendo hijas mujeres, lo que yo quiero es que ellas hagan lo que quieran ser y si el día de mañana tienen una pareja exitosa que tiene dinero o no, ellas estén porque realmente lo quieren y no porque esa pareja las mantenga. Y ni hablar si estás mal, si hay, no sé, maltrato o no tenés ganas o tenés ganas de separarte, que puedas tener la libertad de decir: "Me mantengo sola".
Agradecemos a Telefe
Fotos: Prensa Telefe y Gentileza Adrián Díaz
Arte de tapa y retoque: Darío Alvarellos
Video: Luna Figliuolo























































