Germán Martitegui vuelve a ponerse el delantal de jurado para una nueva temporada de MasterChef Celebrity (Telefe), que estrenará este lunes 28 de septiembre. Esta vez, el cocinero compartirá el estrado con Damián Betular y Maru Botana, quien ocupará el lugar que dejó Donato de Santis. La nueva edición contará con 24 participantes: del espectáculo, la música, el deporte y el periodismo.
Para el chef, sin embargo, el regreso no pasa por las cifras de rating ni por la expectativa de convertirse nuevamente en un fenómeno televisivo. “No pienso en el éxito cuando lo hago, pienso que lo disfrutamos mucho. Me parece que es la clave del éxito, pero no estamos pensando en hacer un éxito”, dice en charla con GENTE en la previa del primer programa.
Desde que se incorporó al universo de MasterChef, primero como jurado de la versión original y luego del formato con celebridades, su figura quedó asociada a la exigencia y a una mirada implacable sobre los platos. En 2020 formó parte del primer jurado de MasterChef Celebrity junto a Donato de Santis y Damián Betular, y desde entonces se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del formato.

Pero él mismo asegura que existe una diferencia entre la imagen televisiva y la percepción que tiene el público sobre su rol. “Terminé de entender que lo del 'villano' es un tema más de la prensa que de la gente. La gente nunca me dice que soy el villano. De hecho, tuve muchos reclamos la temporada pasada de que estuve muy bueno, que me faltó apretar”, cuenta entre risas.
El cariño que recibe afuera de las cámaras es, de hecho, uno de los aspectos que más lo conmueven. “Creo que quedan pocos programas que la gente se junte en familia a ver y éste es uno. Desde abuelas hasta chicos de 5 años que lo miran, que te imitan, que te conocen. Es impresionante”, sostiene.
La sentida despedida a Donato y un nuevo jurado con Maru Botana
El regreso del formato también tendrá una ausencia significativa. Donato de Santis decidió dejar su lugar después de varias temporadas junto a Martitegui y Betular. La salida tomó por sorpresa a sus compañeros, al punto de que, según recuerda Martitegui, la grabación tuvo que detenerse.
“Para mí fue horrible. Ninguno de nosotros sabía que él se iba. No lo había avisado, no lo había dicho y tuvimos un momento que tuvimos que parar la grabación porque no parábamos de llorar, yo no me podía reponer. Estábamos todos en shock. Él es muy televisivo y medio que quería que sea así, y bueno, ahí estuvo”, recuerda aún con emoción.
El cocinero reconoce que intentaron convencerlo de que cambiara de opinión, pero no lo lograron. Aunque Donato ya no forme parte del programa, el vínculo entre los tres jurados continúa fuera del estudio. "Es una decisión muy personal, todos tratamos de convencerlo de que no lo haga. Pero nos seguimos hablando y te digo, de verdad hubo muchos intentos de que vuelva Donato. No hubo forma", dice resignado.

En su lugar llega Maru Botana, una incorporación que Martitegui define desde el afecto: “Ahora la más cuidada es Maru. Estamos todos expectantes: ‘¿Qué necesitás? ¿Qué querés? ¿Qué querés que diga? ¿Qué querés que haga?’”.
Para él, esa dinámica detrás de cámara es parte fundamental del programa. “Nos respetamos, nos queremos y nos ayudamos mucho, nos enseñamos. Es muy difícil hacer algo que demanda tantas horas y es mucho trabajo", resume.
“Van a ver otro Germán”: el desafío de MasterChef Junior
Pero el gran cambio para Martitegui no estará solamente en el jurado del formato Celebrity. El cocinero volverá también a ponerse frente a una generación de pequeños cocineros en MasterChef Junior, formato del que ya había formado parte en sus primeras temporadas. La nueva edición argentina será la tercera y tendrá participantes de entre 8 y 13 años.
Esta vez, sin embargo, hay algo que cambió profundamente: Germán es padre. “No era papá cuando hice el primer MasterChef Junior y ahora tengo una relación con los chicos mucho más suelta”, reconoce.

La experiencia de la paternidad, explica, también modificó su propia personalidad. Por eso anticipa que el público va a encontrarse con una versión diferente del jurado que suele aparecer en pantalla. “En mi personalidad he evolucionado un montón también y creo que me voy a permitir divertirme y salir de esta imagen que vos y todos tienen del otro Germán”, adelanta.
Trabajar con chicos, de todos modos, no le resulta más sencillo. Todo lo contrario. Para Martitegui implica una responsabilidad diferente, porque la devolución tiene que partir de otro lugar. “Para mí es mucho más difícil. Con un chico vas desde lo positivo siempre. Es mucho más sensible, es mucho más delicada la situación”, explica.
Y define el espíritu que tendrá esta nueva experiencia con una frase sencilla: “Va a ser un juego. Básicamente nos van a ver jugando con chicos a cocinar”.
La paternidad como una nueva manera de mirar la cocina
Si hay un aspecto de su vida que ayuda a entender ese cambio es, justamente, la relación con sus dos hijos. Martitegui intenta mantenerlos alejados de la exposición y de la idea de crecer sabiendo que tienen un padre famoso. “No quiero esa cosa de que crean: ‘Tengo un papá famoso’, no me gusta”, cuenta.
Por eso, cuando ellos le preguntan qué hace, su respuesta es deliberadamente simple: “Soy cocinero”. Con el paso del tiempo, sin embargo, empiezan a descubrir por sí mismos el nivel de exposición de su padre y eso genera escenas que él recuerda con ternura. Como una vez en un aeropuerto en la que uno de sus hijos, al ver que varias personas se acercaban a pedirle fotos, le puso la capucha de la campera para intentar protegerlo. “Como diciendo: ‘Dejen a mi papá’”, relata entre risas.

La cocina también ocupa un lugar central dentro de esa relación. Lejos de ser solamente una profesión, en su casa se transformó en un ritual familiar. “Por suerte les encanta todo lo que les cocino”, dice. Y enseguida explica: “En casa es como... todo lo que tiene que ver con la comida es medio una ceremonia. Tenemos una comida para cada momento”.
Esa relación con sus hijos se cruza además con otro de los grandes proyectos de su presente: Tierras, el ciclo en el que recorre distintas regiones de la Argentina para conocer productores, agricultores, emprendedores y las historias detrás de los alimentos.
Y esos viajes también llegan a su casa. “Vuelvo de los viajes con cosas de cada provincia y ellos aprenden de dónde viene cada cosa”, cuenta. Incluso algunos de esos recorridos los hicieron juntos. Así, los chicos no solamente conocen nuevos sabores, sino también el origen de aquello que llega a la mesa. “Han hecho algunos viajes conmigo también a las provincias”, agrega.






















































