Quién es Marcelo Arce, el “investigador y divulgador” que agota teatros “explicándole la música a los que no sabemos nada de ella ¡pero la amamos!” – GENTE Online
 

Quién es Marcelo Arce, el “investigador y divulgador” que agota teatros “explicándole la música a los que no sabemos nada de ella ¡pero la amamos!”

Marcelo Arce
Mientras celebra medio siglo desarrollando su método de "apreciación musical" (término combinado que registró), se apresta a una serie de presentaciones en el Teatro Astral, donde desandará los porqué de obras y canciones legendarias de artistas incomparables. Como aperitivo, nos relata tres anécdotas que le tocó vivir con algunos de ellos: Plácido Domingo, Martha Argerich y Liza Minnelli.
Música
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Se define como “divulgador musical y feliz Maestruli: me gusta trabajar con humor”. Dice que su sentido en la vida consiste en “tratar de educar en el más amplio sentido del término”. Y subraya que su lema –desde que en 1975 registró su método en Marcas y Patentes de la Nación como “Apreciación musical para todo público”, puede resumirse en: “Esto que hago es para los que no sabemos música, ¡pero la amamos!”.

Bien, perfecto. Aunque mejor hagamos un corte (en especial los que “no sabemos música pero la amamos") para explicar de quién hablamos:

Nos referimos a Marcelo Arce ("no soy de los que les gustan dar las fechas de nacimiento ni defunción", aclara), el mismo que por estos días viene celebrando medio siglo de trayectoria profesional desde que “por accidente”, mientras estudiaba Abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el encargado de cultura -ante la poca asistencia de alumnos a los conciertos-, le pidió que diera un curso para "explicarle" la música clásica a sus compañeros. ¿En resumen? Al poco tiempo había cambiado las notas de aquellas materias relacionadas con la ley por notas musicales, profesionalizándose -a partir de allí- en analizar y difundir su contenido de la forma más didáctica y sencilla.

Marcelo Arce
"Lo mío no son clases ni conferencias, sino muestras del arte sonoro con explicaciones para apreciar los ritmos con mayor intensidad, y siempre armadas como un cuento musical”.

-¿Qué vendría a querer comunicar con la música? -le preguntamos de entrada nosotros al simpático e inquieto porteño.

-Yo intento descubrirla y saber lo que ella describe directa o indirectamente. Pero ojo, lo mío nace producto de la investigación, no lo invento, sino sería un escritor prolífico. Y lo que anhelo es trasmitir lo obtenido para que la gente perciba profundamente a la música como yo, ¡mejor que yo!.. Me apena y frustra ver que la mayoría -sin querer- se pierde eso que "ella" guarda.

-Y cuando no se lo pierde, ¿cómo se da cuenta usted?

-Porque la gente vibra, ríe, se emociona. No necesita (ni utilizo) nada técnico. Estoy allí, con el público, en la zona gris entre la obra y el intérprete. Y de repente sucede. Porque la música para el mundo es energía.

Marcelo Arce
Arce en plena acción, como un director de orquesta, adentrando al público en el lado B de las grandes obras y los grandes artistas. Su próxima aparición -"¡una fiesta de 90 minutos!", será el martes 21 de abril e las 20 en el Teatro Astral de Avenida Corrientes 1639, para la Gala Los 3 Tenores (José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti: quienes construyeron un nuevo hito en la historia de la música), desde donde contará qué describen sus canciones, arias y canzonettas, iré de Verdi a Sinatra, recorrerá anécdotas y comentará rarezas.

-Para celebrar sus cincuenta años en el metié se viene tres espectáculos: el 21 de abril la Gala Los 3 tenores (José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti), el 19 de mayo, Schèherazada: Las 1001 Noches, y el 9 de junio el Concierto de Aranjuez. Sin que se ofenda, Arce…

-Me adelanto, ya sé qué me vas a preguntar, y ya te aclaro que mi propuesta apunta a toda la música. Hastiado de la clásica o lo popular, hace décadas patenté la frase "la clásica música".A través de estas presentaciones y cada encuentro en salas y teatros (nunca pontificando desde clases ni conferencias), o emitiendo mi voz desde la radio, desde donde siempre me convocaron, hasta en pandemia, creo que en buena medida contribuí y contribuyo a quitar la pátina elitista -aunque muchos luchan por seguir pintados con ella- y a derribar mitos. Porque estos tours temáticos musicales los inventé ya hace veintisiete años. Hablo de conciertos, recitales, ópera y mucho más por Europa, Estados Unidos y otras tierras. ¡Cuánto y cómo! A veces me pongo a pensar: “¿Esto pasó?”. Y entre risas y emoción me contesto a mí mismo: “¡¡Sí, esto pasó!!”.

-¿Se anima a relatarnos…?

-¿Anécdotas? Por supuesto.

-¿Tiene con artistas, digamos…?

-¿De renombre? Claro.

-Perfecto, y ya que va a arrancar la próxima semana con la Gala Los tres tenores, ¡nos puede relatar precisamente tres anécdotas de su basto transitar en el ambiente?

-¿Estás grabando?

-Sí.

-¿Me vas a seguir el ritmo?

-Esperemos poder...

Marcelo Arce
Junto al español Plácido Domingo, "un instante que jamás olvidaré".

París, 22 de mayo de 2009. Hacía doce años que la capital gala esperaba el retorno del tenor (hoy barítono) Plácido Domingo -comienza a narrar el entrevistado, dándole libertad a su prodigiosa memoria-. Juego ideal, había elegido la maravillosa ópera romántica Cyrano de Bergerac: un personaje símbolo de la historia y arte francés, compuesta en italiano por el genial Franco Alfano (famoso por haber completado Turandot de Puccini). Plácido llevó todo armado y aceitado: puesta, escenografía, la excelente Sinfónica de Navarra dirigida por el experto francés Patrick Fournillier. Cyrano se estrenó en 1936 y ese año llegaba a París con éxito... ¡Aunque nunca más se representó!

La expectativa era gigantesca. Todas las funciones, a full.

Se abre el telón del Théâtre du Châtelet. El coro, en muchedumbre, no deja rincón libre del escenario. Lo que muestra es una representación teatral. Vestuario de época, perfecto. Velas y antorchas dejan muchas sombras. Los asistentes aplauden hablan muy fuerte. De repente, en penumbras, una voz sobrevuela a todos, dibujando una cúpula. Evidente, era Domingo. No se lo ubicaba. Al rato, surgió naturalmente. Porte exacto del personaje de Rostand, capitán del Real Regimiento de Mosqueteros de 1620, feo, deforme por su enorme nariz, bello de corazón, heroico hasta el sacrifico.

Fin de la función colosal. Como hacemos en cada oportunidad, y dado que soy muy cholulo, conociendo los rincones (y si no, subo al escenario), digo 'Chicos, ¡síganme! Vamos al camarín'. Algunos no se atreven. Salteamos los vericuetos y prohibiciones. En la puerta, un asistente nos dice que lamenta no poder recibir pues quitarle el maquillaje especial insume al personal más de dos horas. Tristes, nuestro bus nos trasladó desde el Distrito 14 al 1 o 'de la Opéra'. Un arco labrado era el pórtico del salón privado en el Café de la Paix, programado hacía meses.

La mesa larguísima en oblicuo. Entre chaleco y moño, manjar y vinos, pasó la agradable velada. El bullicio nunca cesaba. Superando la 1 de la madrugada, comencé a explicar la anécdota de la obra principal del día siguiente. De pronto, una voz tranquila y potente: '¿Os puedo saludaros?'

Bajo el arco del pórtico del salón, era Plácido Domingo.

Aún hoy algunos se ríen. Nada me ofende, por suerte. Pero tampoco me arrepiento: fue como un shock, un ataque de idolatría que estaba 'controlado' en mi pecho. Y mientras el maître venía hacia mí intentando detenerme y gritando 'Monsieur! Monsieur!', casi llorando me arrojé a sus pies.

Gloria, una divina y devota alumna, señora rubia y elegantísima, que lo seguía por el mundo, estaba delirante casi sobre él. Su hija filmó todo. Otras lloraban y reían a la vez.

Algunos hombres y damas me gritaban '¡Maestro, Maestro, levántese, por favor!' Y como soy Maestruli, no los escuchaba, y seguía rezando ante Plácido.

Insistieron. Ahí reaccioné, señalándolo '¡Él es Maestro!'

Algunos mozos pusieron orden. Y entonces se formó como una herradura a mi alrededor. En el centro de ella, Domingo, cambiando a tenor y en situación de ópera, exclamó tronando y grave, cual Rey o Gran Sacerdote, extendiendo el brazo sobre mi cabeza: '¡Os perdono!'.

Todos aplaudían y reían, pero yo lo asumí así. Por fin el maître me calzó la casaca.

Y se hicieron las 2, y las 3. 'O, Belle Nuit!' Café, postres, licores. Contó historias, bellezas y locuras de la profesión. Sueños y proyectos. 'Prometedme que me visitaréis en Washington' (era director general de la Ópera Nacional de Estados Unidos). ucedería: Tour Americano 2011. En su camarín tras protagonizar Ifigenia en Táuride de Gluck: '¡Que bien! ¡Habéis cumplido! ¡Gracias, gracias!'.

Así en cada posibilidad. Humilde como los grandes, sencillo para avisar el apuro o para darnos todo el tiempo del mundo. Responder, abrazar. Preguntas mutuas. Risas finales siempre.

 Sí, sí, después me comporté como todos, del modo 'normal', digamos.  Pues había sido perdonado” -redondea Marcelo Arce su anécdota con el gran Plácido.

Marcelo Arce
Con la argentina Martha Argerich: "Nadie debe dejar de escucharla. Nadie puede dejar de mirarla".

“Ese día jugaba Argentina -memora Arce desde su "voz de silbato roto (como él mismo la define)-. Calor. Camino a Lugano ¡había que buscar dónde ver el partido! Se nos ocurrió desviar a Bérgamo. En tanto la mayoría del grupo ubicó en el centro de la pequeña ciudad, dónde ver el encuentro versus Nigeria del Mundial de Fútbol 2010. Conduje al resto al Museo Casa Natal del compositor Gaetano Donizetti, que no conocía. Al toro, fui explicando vida y obra, descubriendo partituras, cartas, instrumentos. Aprendí mucho -la realidad supera los tratados de historia-. Gol argentino a cero.

Muy cansados, sobre el filo de la inauguración del Festival Internacional Argerich. Al caer la tarde del 12 de junio, nuestro bus asomó al magnífico paisaje sobre el lago que bautiza a Lugano (lucus, bosque), cantón suizo del Tesino. Atinamos a cambiarnos. Era en la iglesia.

Con Martha Argerich nos vincula desde hace treinta y seis años una relación especial. Bueno, con ella todo es especial. Estaba en la puerta. Me acerqué y bastó una mirada para entender que no quería fotos, nuestra ilusión.

El alto, altísimo pianista bieloruso dio un recital apotósico sobre el altar como escenario. Al final, llegaron los encores (serían bises si repitiera obras). Entusiasmado, regaló 8. Ovación.

Nos retirábamos con la Iglesia vacía. Quedé último. De pronto, por el pasillo central, surge Martha, avanzando hacia el 'escenario'. Similar a tantos otros encuentros, como si precediera saludo o conversación, se detiene, y siempre con voz firme y alta: 'Arce ¿qué fue lo último que tocó?'. Toda nuestra fila giró y quedó estática. 'El final de una Sonata de Clementi'. '¿Qué número?' El compositor romano dejó más de 110. 'Me pone en un brete, Martha… La 23'.  Se detuvo. Entrecerrando el ceño, y casi de reojo, mirada indefinible, en tono inquisidor me lanzó: '¿Está seguro?' 'Sí'.

Entonces subió al 'escenario'. De pie y sólo con la mano derecha tocó perfecto el final de la Sonata Nº… de Muzio Clementi, muerto a los 80 (1832), en Londres, ciudad de adopción, constructor de pianos, editor, admirado por Don Beetho (Beethoven, obvio, por una investigación que terminé en 2007).

Dije al grupo '¡Síganme!' Llegamos al 'camarín', trastienda del cura párroco.

Por ética, nos quedamos en la puerta. La silueta de ella era superada en tres cabezas por el pianista. Instintivamente, mira hacia nosotros. Asiente con la cabeza.

Sale al pasillo. Con el método de nuestras 'conversaciones sin espacios temporales', pregunté 'Martha, ¿es posible ahora una foto?' 'Por supuesto. Primero con usted'. Mi divina gente estaba más henchida que yo.

Hace unos pocos años fue declarada 'La más grande pianista de la historia de la música'. Ella está en otra dimensión, humilde hasta ruborizarse. Roza los 85. Todos los días da conciertos (sold out antes de anunciarse). Pianistas jóvenes y consagrados quieren ser Martha. Su Festivales disputado en el mundo. Aquí, en fin… No volverá a la Argentina.

Forjé un lema, que puedo demostrar: Nadie debe dejar de escucharla. Nadie puede dejar de mirarla” -sentencia orgullo Marcelo Arce, culminando la exposición y preparándose para acercarnos la tercera historia de su frondosa cosecha.

Liza Minelli y Luciano Pavarotti
Liza Minelli y Luciano Pavarotti, dos grandes -y talentosas- debilidades de Marcelo Arce.

Su esposa Louise adoraba la música clásica. Entonces el magnate y filántropo Andrew Carnegie, en 1891 contrató al genial Tchaikovsky para dirigir el concierto inaugural del Carnegie Hall, su bellísimo teatro: 2.804 butacas en 5 niveles -inicia Marcelo en cuatro líneas aquella vivencia. Y continúa:

Sala icónica, consagratoria para tantos artistas y momentos que rápidamente se tornaron históricos, cumplió 120 años el día en que por fin el operativo militar “Lanza de Neptuno” mató al monstruo de Osama bin Laden e impidió al presidente Barack Obama asistir a la gala en cuestión.

La Filarmónica de New York dirigida por Alan Gilbert, recorrió Un americano en París de Gershwin, canciones de Duke Ellington con la sensual vocalista afroamericana Audra McDonald, Obertura Carnaval (1892) del checo Antonin Dvorak, y en el centro el poderoso y virtuoso Triple concierto para piano, violín, violonchelo y orquesta de Beethoven.

Salimos flotando. Nos tocaba cenar en un clásico ristorante Trattoria dell’Arte, en diagonal al Carnegie. Una suave brisa giraba con los perfumes de la noche. Luna plena. No sé qué me llevó a adelantarme.

Sin detenerme nunca, aunque lento, diviso en la puerta de la Trattoria una figura femenina, delgada. Destacaba un color que instantáneamente saltaba a la vista. Color que describe el profundo significado de la canción de Fred Ebb y Kohn Kander, New York, New York, que ella había lucido en uno de sus célebres conciertos a beneficio por el mundo como parte de la gira Pavarotti & Friends, en la que el gran tenor accedido a cantar a su lado siempre y cuando ella asistiese vestida con el color preferido del italiano -creación de Ferrari-: el testarossa... Este largo párrafo me lo decía para mí mientras, a la vez, pensaba que era coincidencia. ¡Grandiosa coincidencia! Sí, con el mismo conjunto testarossa, ¡era Liza!

Aunque temblaba, simulé. 'Naturalidad', me decía, 'naturalidad'. La Minnelli fumaba.

¿Por qué supuse que había estado allí? No lo sé. '¡Qué maravillosa estuvo la gala del Carnegie!' -me atreví.

-Sí -respondió y siguió siempre apasionada, desbordada. Y fumando- ¿Notaste la inflexión del arco de Yo Yo Ma? ¡Oh, Dios, cómo frasea! ('se refiere al violonchelista híper famoso en el Triple de Beethoven', pensé).

-Un sonido redondo -acoté-, sin fisuras -añadí sin saber cómo estirar el tiempo, ansioso por que llegara el grupo. Ardía por la foto. Foto que nunca fue.

-Me esperan unos amigos -entró antes de regalarme una amplia sonrisa que delataba su incondicional simpatía. Estaba en uno de los reservados, que imitan cuevas de piedra blanca.

Como tantísimos otros artistas de lo que yo llamo 'la clásica música', ella sabe, y lo sabe profusamente... Únicamente quien con espontaneidad habla de la inflexión del arco y del fraseo denota conocimiento para ser un auténtico 'músico', de esos conscientes de que nunca se termina de aprender. Sólo así se llega a trascender (cosa aparte de la fama). Creador, interprete. Siempre se necesita avanzar. Así el círculo virtuoso nunca se cierra.

Lo cierto es que cada vez que explico New York, New York con Liza y Pavarotti -ella vocalista, él cantante- incluso sobre el escenario, mentalmente me recrimino ¡tanto celular! ¿para qué? ¡No hay foto, no hay foto!” -cierra Marcelo Arce, dándonos la venia para que nosotros reforcemos con un imprescindible "¡Chan chan!".

Marcelo Arce
“Mis shows están destinados a los que no sabemos de música, ¡pero la amamos! No son clases ni conferencias. Son muestras del arte sonoro con explicaciones para apreciarlas con mayor intensidad, siempre armadas como un cuento musical”, ilustra Arce, al tiempo que adelanta dos nuevas funciones, para el 19 de mayo (Schéherazade: Las 1001 Noches) y el 9 de junio (Concierto de Aranjuez).

Fotos: Cortesía de Juano Tesone y Archivo Atlántida
Agradecemos a Pablo Tomaselli Prensa y Comunicación



 
 

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