Jazmín Stuart, de hacer reír en un policial de mujeres a dirigir una historia durísima en un convento: "Grité corte y fui corriendo a abrazar a la actriz" – Revista GENTE
 

Jazmín Stuart, de hacer reír en un policial de mujeres a dirigir una historia durísima en un convento: "Grité corte y fui corriendo a abrazar a la actriz"

Jazmín Stuart
En diálogo con GENTE, la actriz y directora repasa el año bisagra que la tiene estrenando dos proyectos opuestos: Lu y Pau, la comedia policial junto a Lorena Vega, y el inminente estreno de Cautiva, la serie sobre una joven que quedó encerrada durante doce años en un convento de clausura. Del riesgo de hacer reír y la empatía visceral en el set a su apasionada defensa de la ficción nacional.
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Hay imágenes de la infancia que marcan para siempre la huella de una vocación. Para Jazmín Stuart y su hermano, ir al cine de chicos no era solo un entretenimiento, sino una ventana hacia mundos desconocidos que despertaban de inmediato su imaginación. Una película escandinava, El año del arcoíris, dirigida por Lasse Hallström y contada desde la perspectiva de un niño, dejó en ella un impacto profundo por su audacia y sensibilidad.

Aquella fascinación infantil por los relatos complejos terminó de moldear a la creadora inquieta que es hoy, capaz de transitar sin escalas el humor disparatado de una patrulla femenina y la densidad dramática de un encierro espiritual.

Pulsión inquebrantable. Amante del cine desde su infancia –cuando las películas escandinavas despertaban sus primeras ganas de contar historias–, Stuart defiende con pasión la ficción nacional y el ritual sagrado del encuentro con el público en las salas.

El contrapunto perfecto y la reinvención de la comedia

Uno de los hitos de su año es Lu y Pau, un proyecto cinematográfico que nació como una aventura entre amigos bajo la dirección de Nicanor Loreti, con quien Stuart ya había compartido rodajes previos. Allí formó una dupla magnética con Lorena Vega, a quien conocía pero con quien nunca había coincidido en un set de filmación –y con quien la casualidad la llevaría a volver encontrarse en los sets por partida doble–.

¿Cómo fue el encuentro con Lorena Vega para encarar esta comedia policial tan particular?

–Fue muy fácil y fluido trabajar en dupla con Lore. Además de la afinidad personal, las dos somos actrices, directoras y compartimos un espíritu autogestivo muy marcado, lo que nos dio un lenguaje en común instantáneo. La película plantea un cruce de policial y comedia muy audaz, con dos personajes femeninos que son imperfectos, graciosos y sumamente queribles.

Stuart y Vega en un frame de Lu y Pau, de Nicanor Loreti. Una suerte de parodia a las buddy movies donde deben cometer una serie de robos con el fin de conseguir dinero y sobornar a un fiscal para que libere a Jessi, hermana de Pau, que se encuentra presa luego de un robo.

La química en pantalla trasciende las reglas habituales del género. Históricamente, las buddy movies o películas de duplas policiales fueron un terreno dominado por varones. En Lu y Pau, Stuart y Vega lograron reinaugurar esa tradición sin caer en comparaciones con la realidad ni encasillarse en estereotipos sobre lo que "debería ser" un personaje femenino.

El desafío, cuenta, fue que para que la comedia funcione los personajes tienen que ser "fallidos, imperfectos", y eso llevó a que ella y Lorena tuvieran que exponerse de un modo distinto: construir personajes sin pensar en lo que "debería" ser un personaje femenino, sino en lo que la película necesitaba. Eso exigió una entrega total para exponerse desde un lugar genuino.

–Al ser también directora, ¿te cuesta soltar el mando cuando actuás para otro realizador?

—Tengo muy claro dónde termina mi rol de actriz y dónde empieza el de directora. Cuando decido embarcarme en un proyecto como actriz, me entrego por completo a lo que imagina el director. Si me siento habilitada puedo proponer cosas, pero no siento que ambos roles entren en conflicto para nada; conviven de manera muy orgánica dentro mío.

"Descubrir que hacer comedia es algo accesible y posible para mí fue un hallazgo hermoso; siempre me llamaron para hacer drama o género y tenía muchas ganas de probarme en este registro", asegura Jazmín en relación al nuevo largo que protagoniza, Lu y Pau.

El descubrimiento de la carcajada y el riesgo del BAFICI

Durante gran parte de su carrera, la industria convocó a Jazmín Stuart para papeles dramáticos o producciones de género. Aunque ama el drama, guardaba desde hacía tiempo el deseo latente de probarse en la comedia pura. El estreno de Lu y Pau en el BAFICI (Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires) representó una prueba de fuego.

–¿Qué sentiste en esa primera proyección frente al público?

–Aventurarte en un género que nunca actuaste siempre es un riesgo, y yo no tenía idea de cómo iba a reaccionar la gente en el BAFICI. Cuando empezaron las primeras carcajadas en la sala, sentí una satisfacción enorme y gratificante. Fue descubrir que la comedia es un lenguaje accesible y posible para mí como actriz, un hallazgo precioso que me confirmó que esas herramientas estaban adentro mío. Escuchar la risa en vivo es la mejor devolución que podíamos tener; la película tiene un timing infalible que resuena de inmediato en la gente.

Cine argentino: la fuerza de la comunidad y la mística de la sala

La charla se detiene en el panorama actual de la industria audiovisual argentina y los acelerados cambios globales en los modos de consumo. Fiel a su mirada optimista y combativa, Stuart concibe las épocas de crisis como oportunidades para reconfigurar el deseo creativo.

–¿Cómo analizás el momento que atraviesa la producción audiovisual nacional?

–El cine atraviesa una transformación global en la manera de consumir ficción, lo que plantea una crisis pero también una oportunidad. En Argentina la fuerza de trabajo y el deseo de hacer jamás decaen. Si la industria se complica, vamos a seguir filmando igual, incluso si tuviéramos que hacerlo con celulares, porque esto es lo que sabemos hacer y lo que nos hace felices. El cine argentino nunca va a morir porque es amado en el mundo y cuenta con técnicos, actores, guionistas y directores de un nivel superlativo.

–En tiempos donde el streaming domina los hogares, ¿qué lugar le queda a la pantalla grande?

–Lo ideal es que las plataformas y las salas de cine puedan convivir armónicamente. La gente pide a gritos ver ficción nacional. Hay algo en el ritual de ir al cine, en esa comunión que se produce al compartir una película con desconocidos en la oscuridad, que es sencillamente incomparable y no debería perderse jamás.

Cautiva: la oscuridad de la clausura y la empatía detrás de cámara

El próximo 18 de septiembre marca el regreso de Stuart a la dirección con el estreno de Cautiva (TNT y Flow), una ambiciosa serie co-dirigida junto a Paula Hernández y producida por Aleph Media. La trama, inspirada en hechos reales, sigue la historia de una joven que ingresa a los 18 años a un convento de clausura y queda retenida bajo situaciones de abuso hasta lograr salir recién a los 30 años.

Lorena Vega y Carolina Kopelioff, en un frame de la nueva serie de Flow, Cautiva. "Estamos muy felices con lo que logramos; fue una experiencia conmovedora y profunda", sostiene Jazmín, una de las directoras.

–¿Qué desafío implicó sumergirse en un universo tan ajeno y controversial?

–Fue un reto enorme construir ese mundo tan extraño e inaccesible para todos nosotros. La ficción sobre temas religiosos siempre genera debate, y me parece sumamente interesante que así sea. Diseñamos con Paula Rivas una puesta enfocada en la atmósfera, sostenida por el trabajo minucioso de arte, vestuario, fotografía y la solidez conmovedora de un elenco impresionante encabezado por Carolina Kopelioff y Lorena Vega.

El compromiso actoral en Cautiva alcanzó momentos de extrema intensidad durante el rodaje. Fue allí donde la doble condición de Jazmín –directora y actriz– dio lugar a un gesto de profunda contención humana detrás del monitor.

-¿Cómo fue el reto de mostrar a las mujeres en ese estado de vulnerabilidad desde la dirección?

–El trabajo de los actores me atravesó por completo; me sacudió. Como yo también soy actriz, entendía perfectamente el nivel de vulnerabilidad y entrega absoluta que estaban desplegando. En más de una oportunidad me pasó de gritar '¡corte!' para dar por terminada la toma e ir corriendo al set a abrazar a la actriz, porque se me ponía la piel de gallina. Sentir ese orgullo y esa conmoción por el trabajo del colega es de las cosas más potentes que me regaló este oficio.

"Si la industria del cine se complica, los realizadores vamos a seguir filmando igual, incluso si tuviéramos que hacerlo con celulares, porque es lo que nos hace felices".

 
 

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