“La única herencia que yo le puedo dejar a mi hijo es el estudio”, asegura Pincoya y, detrás de la mujer que aprendió a moverse entre cámaras, realities y estudios de televisión, aparece inmediatamente Jennifer Galvarini, la mamá. La misma que decidió atravesar seis meses de encierro lejos de su hijo Felipe con una meta que excede cualquier competencia televisiva: aprovechar las oportunidades que aparezcan para construirle a su hijo un futuro diferente al que ella tuvo.
“Quiero que él sea profesional para que pueda enfrentarse a la vida, que no lo traten de ignorante, que no lo humillen, como muchas veces me ha pasado a mí”, confiesa en diálogo con GENTE. Y resume el motor que la llevó a volver a encerrarse en Gran Hermano.

Pincoya sabe de sacrificios. Jennifer Galvarini, técnica en enfermería de 48 años y oriunda de la Isla Grande de Chiloé, Chile, saltó a la fama masiva como una de las grandes revelaciones de la primera temporada de Gran Hermano Chile. Sin embargo, mucho antes de los flashes, atravesó una vida marcada por el trabajo y el esfuerzo: hija de un pescador artesanal y una ama de casa, comenzó a trabajar desde muy joven para poder afrontar sus estudios. Llegar a la universidad fue un sueño que las dificultades económicas no le permitieron concretar.
No obstante, tras convertirse en una popular figura televisiva en Chile, Pincoya abraza y exprime cada una de las puertas que Gran Hermano le abre. Y esa nueva vida queda expuesta apenas cruza las puertas del estudio de revista GENTE. La participante chilena llega para protagonizar una producción exclusiva de fotos y se encuentra con una escena que todavía le resulta ajena: un equipo la espera para peinarla, maquillarla y hasta hacerle la manicura. Por una tarde, como ella misma lo define, se entrega a la experiencia de sentirse “una estrella”.
Pincoya y el desafío de conquistar un público totalmente nuevo: "Vuelvo a Chile un poco argentinizada"
—¿Cómo estás viviendo estos días fuera de la casa de Gran Hermano?
—Lo estoy viviendo bastante tranquila. He tenido muchas cosas que hacer desde que salí, tengo la agenda bastante ocupada, pero estoy súper tranquila y súper contenta. He ido a hartos programas que han sido maravillosos. Todos.
—En este tiempo fuera de la casa ¿Pudiste sentir el cariño de la gente?
—Sí, sentí el cariño de la gente.

—Si bien es el mismo formato que Gran Hermano Chile, no es lo mismo participar del reality en otro país, con otra cultura y un público distinto ¿tuviste miedo o nervios en algún momento del afuera?
—No tenía miedo, pero sí decía que no es lo mismo, porque hay que entrar de nuevo a conquistar a la gente. A los “che”, como yo les digo, pero son maravillosos. Los argentinos son gente, como decían las compañeras dentro del encierro, muy copada. Yo aprendí un poco a hablar argentino: “copado”, “che”, “re”, “amo”, “boludo” (se ríe).
—Volvés a Chile argentinizada.
—Sí, un poco argentinizada. Aprendí a hacer mate, me enseñaron a cocinar milanesas, que nunca había cocinado. Ahora que vuelva voy a empezar a hacer en mi casa. Pero lo que sí creo que no voy a dejar es de tomar mate. Más ahora que los preparo muy ricos (risas).
—¿Imaginaste que ibas a llegar hasta estas instancias o creías que venías por un rato y te volvías?
—Bueno, la primera vez que postulé, postulé por un amigo que es periodista, Nicolás Soto. Él me insistió para postular a Argentina y yo dije: “No, ¿qué me van a dejar?”. Bueno, postulamos, quedamos y lo único que me dijo mi marido fue: “Aprendé a hacer mate”. Yo le dije: “Ya, si yo voy y vuelvo. Voy a estar una semana, máximo dos. Y yo creo que lo máximo, máximo, es un mes”.
—¿Por qué?
—Porque los argentinos son gente muy amable, son como bien amigueros, pero igual, dentro del contexto de un reality, aquí es ir sacando jugadores. Entonces yo pensaba que en vez de votar a un compatriota de ellos, me iban a votar a mí. Además al venir de otro país, con otra cultura, otros modos, yo tenía como un doble desafío, de tener que encantar al pueblo argentino. La verdad no me tenía fe, pero fijate que duré seis meses.
El gran sueño de Pincoya para su hijo Felipe: “Es la única herencia que le puedo dejar”

—¿Estás ansiosa por volver a Chile?
—Estoy entusiasmada por volver porque quiero ir al encuentro de mi hijo, de Felipe.
—Dentro de la casa dejaste en claro que tu hijo es tu gran motor y pilar en esta vida. ¿Querés contarme un poco de ese vínculo?
—Me vas hacer llorar. Es un vínculo que las madres tenemos con nuestros hijos desde el momento de la gestación y, obviamente, lo extrañaba. Yo lo extraño mucho a él, pero estamos conectados de pensamiento, de corazón. Lo amo.
—¿Qué te impulsó a tomar la decisión de volver a encerrarte nuevamente en un reality?
—Me impulsa a tomar estos riesgos la oportunidad laboral. Todos saben que yo soy técnico de enfermería, pero también se comprende que son trabajos muy nobles, muy lindos, pero la remuneración no es alta. Entonces, esto a mí me permite abrir más puertas laborales que se complementen con mi trabajo y puedo hacer otras cosas extras que me favorecen para juntar monetariamente un fondo económico, porque mi finalidad es que mi hijo pueda estudiar.
—¿Vos pudiste estudiar? ¿Cómo fue aquella época estudiantil?
—Yo estudié, terminé cuarto medio e hice algunos cursos técnicos, pero a mí me hubiese gustado haber llegado a la Universidad, lo cual no pude. Todo el mundo sabe que fue por problemas económicos que tuve en esos años. Era otra época y salir de la isla era muy difícil. Mi padre era pescador artesanal, mi madre, ama de casa, y somos cuatro hermanos, entonces a nosotros nos costaba mucho. Pero yo siempre trabajé. Trabajé en pesqueras desde muy pequeña, trabajé en negocios, trabajé de mesera, hice diferentes cosas para juntar plata y poder estudiar. Estuve en la nocturna, hice cursos de Administración de Empresas con mención en Computación. Después decidí irme a estudiar a Puerto Montt, para lo cual tuve que juntar dinero como por dos años, y logré terminar mis estudios con honores. Eso es lo que me da el sustento laboral hoy en día.
—Trataste de luchar por tu sueño. ¿Qué te hubiese gustado estudiar en la universidad?
—Siempre quise estudiar algo relacionado con la salud para poder salvar vidas. Creo que es un trabajo muy noble, ayudar a mi círculo cercano, a mi familia. Yo ahora les digo a los de mi casa: “Soy el médico de todos ustedes, tienen que entregarse conmigo”. Y yo también sé harta medicina alternativa por legado familiar. Entonces, lo complemento. Soy muy feliz haciendo mi labor como técnico de enfermería.

—¿Y tu hijo qué te dice que quiere ser?
—Yo le digo a él que quiero que sea enfermero. A todo el mundo le digo que sea enfermero, pero creo que él va a estudiar algo relacionado con la computación, que igual es lo que hoy en día a los niños les gusta.
—¿Cómo es tu vida allá en Chile? ¿Tenés tiempo para los tuyos o cómo distribuís tu tiempo?
—Cuando no tenía familia, no estaba en pareja ni nada, mi vida era el hospital. Después, bueno, las cosas van cambiando. Fui mamá y entonces igual optás por otras opciones: trabajar no tanto de turno, hacer no tantos traslados, sino trabajar más de diurno.
—¿Qué creés que hizo que te naciera esto de querer ayudar al otro?
—Siempre, desde chica, quise hacerlo. Siempre quise estudiar algo relacionado con la salud. Me hubiese gustado haber sido médico, pero mis padres no tenían dinero. Me hubiese gustado haber podido estudiar más la verdad.
—Esa es la oportunidad que querés darle a tu hijo.
—Sí, quiero darle esa oportunidad para estudiar a mi hijo, a mis sobrinos, de tener un colchón económico para no sobre endeudarme y que ellos estudien tranquilos. Que estudien, que sean felices, pero que estudien. ¿Sabés por qué? Porque el estudio te abre muchas puertas, te abre muchos caminos. Para que no pasen lo que uno pasó, que te sacrificás más en una vida sin estudios. Es para que ellos tengan una vida más holgada. Pero que nunca se olviden de la honestidad, de los valores, de la solidaridad. Eso yo se lo tengo muy inculcado a mi hijo.
—Tu deseo es poder verlo profesional.
—Totalmente. Quiero que él sea profesional para que pueda enfrentarse a la vida, que no lo traten de ignorante, que no lo humillen, que no lo miren en menos, como muchas veces me ha pasado a mí. No quiero eso para mi hijo. Quiero que él, con las herramientas que yo no tuve, se sepa defender ante la sociedad. Esa la única herencia que yo le puedo dejar a él: el estudio.

—Tu llegada a Gran Hermano Chile debió ser una experiencia totalmente surreal, ¿Qué fue lo que más te costó de esa odisea?
—Imagínate que llegué a la televisión a los 48 años, con mucho miedo. Era la primera vez que dejaba a mi hijo al cuidado de mi marido, porque siempre estaba yo presente. Mi marido siempre estaba ahí, pero yo era la que hacía todo. Era una mamá muy aprensiva, una mamá que no dejaba que nadie la ayudara en las labores domésticas ni en la crianza de Felipe. No compartía las labores de la maternidad.
—Me imagino que debió ser muy duro para vos dejar a Felipe.
—Sufrí mucho, pero me sirvió bastante. Me decía constantemente: “Esta oportunidad no la puedo dejar pasar”, porque la televisión te abre muchas puertas, pero hay que saber utilizarla y me costó mucho. Pero también me permitió darme cuenta que mi marido, aparte de ser un excelente hombre, es un excelente esposo y un excelente padre.
—¿No confiabas que pudiese?
—Yo tenía mucho temor, pero luego me di cuenta que él cuidó, creo que mucho mejor que yo, a Felipe. Y ahora él es la persona que me da ese apoyo para que pueda seguir en este camino que es la televisión. Creo que sin él no lo podría haber hecho nuevamente, haber vuelto a Gran Hermano y, más aún, de nuevo a Argentina, a estar seis meses lejos de casa.
—¿Hizo entonces que esta segunda etapa tuya en el reality sea un poco más llevadera?
—Exacto. La hizo mucho más tranquila que mi primer encierro.
El futuro de Pincoya después de Gran Hermano: los nuevos desafíos que ya tiene en mente

—Tras Gran Hermano y el tener los reflectores puestos en vos ¿No pensás también en hacer cosas que te quedaron pendientes?
—Las mamás somos súper aprensivas. Por lo mismo, igual uno deja de hacer muchas cosas. Yo ahora, cuando estoy en Santiago y tengo que hacer algún trabajo, me tengo que quedar 15 días, aprovecho para tomar cursos y aprovecho mi tiempo también. Ahora estoy pensando que voy a tomar un curso de costura porque yo hago diseños, pero los hago a mano, y tengo una amiga que es la que me pasa la ropa después por estas máquinas de coser. Así que ahora que vuelva tengo decidido que voy a hacer un curso de eso y un curso de maquillaje también. Ocupar mi tiempo en mí también.
—¿Te gustan los realities?
—Me encantan.
—¿Volverías a encerrarte?
—Sí, absolutamente.
—¿Te irías más lejos si te invitan de otros Gran Hermano?
—Claro. Lo que pasa es que creo que las oportunidades uno no las puede dejar pasar.
—Bueno, luego de GH Chile, participaste en MasterChef Celebrity también.
—Ay, sí. Dejame decirte que no cachaba ni una, porque cuando me lo ofrecieron yo dije: “Ya, sí, pero yo cocino comida no gourmet, cocino comida tradicional: curanto, salmón, esas cosas, pero no comida internacional. Algunas cosas que tuve que hacer ni las conocía, pero igual me arriesgué y duré como ocho semanas. Lo pasé bastante bien. Tuve hartos amigos en ese reality, conocí harta gente.
—Ahí conociste a Máximo Menem Bolocco.
—Sí, un encanto de persona, lo amo. Nosotros hasta el día de hoy tenemos contacto.
—Con tu larga estadía en Gran Hermano Generación Dorada rompiste un récord y te metiste en el top global de participantes con más días acumulados en el reality. ¿Qué balance hacés de esta última experiencia?
—Mira, mi única finalidad era salir por la puerta grande porque, para mí, esto me abre muchas puertas laborales. Miraba siempre la foto de mi hijo y le decía a Dios que yo no quería bajar los brazos porque igual soy una persona bastante confrontativa y podía irme por la puerta de los cuernos. Estuve a punto de irme por la puerta de los cuernos. Gracias a Dios no me fui y salí por la puerta grande, como quería. Porque para mí entrar a Gran Hermano Generación Dorada, más en la patria argentina, pisar esa casa nuevamente, yo ya era ganadora. Ya había ganado con el hecho de ingresar y la gente me premió manteniéndome dentro de la casa durante seis meses. Y salí por la puerta grande.
—¿Te gustaría volver a Argentina a trabajar?
—Depende de las ofertas laborales. Obviamente que sí. Todo lo que sea trabajo lo voy a aceptar y eso hay que esperarlo con tranquilidad, como digo yo: "Todo con tranquilidad".
Fotos: Rocío Bustos
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