Gonzalo Aziz aparece cada tarde frente a las cámaras, rodeado de información, análisis y los temas que atraviesan la agenda política y económica de la Argentina. Pero cuando termina su programa en Infobae en vivo, ese personaje queda detrás de escena. El traje, en sus propias palabras, también se lo saca en sentido figurado: lejos del estudio, su vida tiene mucho más que ver con los amigos de siempre, los asados familiares, la música y los viajes en moto.
Después de más de dos décadas de carrera y de atravesar un cambio profesional que marcó un antes y un después tras su salida de TN, también se encontró con el desafío de construir una nueva versión de sí mismo. Pasó de ser columnista a estar al frente de un equipo y un proyecto, pero también tuvo que dejar atrás una "casa" que sentía propia y adaptarse a una dinámica completamente diferente.
En una íntima charla con GENTE, habla de algunas de las piezas que resumen la vida del periodista que hoy se ve en pantalla: la influencia de sus padres, el valor que le dio siempre a la formación, una familia de puertas abiertas y el hecho de haber crecido como hijo único. También aparecen sus propias preguntas sobre el amor, el deseo de formar una familia y una mirada muy personal sobre qué significa estar en pareja hoy.

Además, hay una parte de su vida que funciona casi como refugio frente al ruido: la música y las motos. Toca el piano y la guitarra, canta, disfruta de los encuentros alrededor de un asado y encontró en viajar sobre dos ruedas una manera de desconectarse por completo.
El Gonzalo que aparece cuando termina el programa
—¿Cómo es la vida de un analista político en este momento de Argentina?
—Mirá, mi día a día está muy marcado por mi trabajo. Trabajo en Infobae todas las tardes, con lo cual siempre trato de empezar a meterme y emparparme en los temas de la política, la economía, lo judicial del día. Y también meterme en algunas cuestiones sociales que se resuelven con más política y mejor economía, pensando en un programa que hago todas las tardes a las 6 de la tarde. Mi día arranca temprano, por lo general siempre 8 de la mañana, ya viendo los diarios, me fijo por dónde va la cosa.
—Me imagino toda tu casa llena de diarios.
—Los leo online ahora, no te voy a mentir. Desde hace un tiempo empecé a dejar de leer diario papel y la verdad que está bueno. Le agarré la mano, pensé que me iba a costar más. La verdad que me es mucho más cómodo porque aparte cuando preparo un poco los resúmenes de las cosas de los que de las cuales hablo, tomo cosas de los archivos que ves, digamos, de las plataformas online, de los medios de comunicación.
—Más dinámico.
—Total. Y mi día está siempre marcado por esto. Siempre estoy pensando en el programa que voy a hacer a la tarde y tratando de buscar cuáles son los temas que me importan no solamente a mí, sino los temas que afectan al común de la gente y ver qué es lo que la política está haciendo o no está haciendo para resolver esos temas.

—Conducís, pero aparte estás muy metido en la producción del programa, ¿no?
—Sí, recontra. Cuando vos sos conductor de un programa, sos el casi el productor general de tu programa, estás arriba de todo lo que pasa en el programa. Yo vengo de la vieja escuela del periodismo, en la cual el conductor es un productor más del programa, está en todos los detalles.
—Una labor también demandante.
—Es muy demandante y te come mucho tiempo de vida, te come mucha energía también, te genera nervios y está bien que así sea porque hacer un programa en vivo de tres horas todos los días es un desafío y en un horario tan competitivo como es el de las 6 de la tarde. Soy consciente de que estamos en un horario de mucha competencia y yo quiero siempre ganar.
—¿Sos competitivo?
—Sí, competitivo desde un lugar siempre sano y de lealtad. De no querer jorobar a nadie. Simplemente me gusta que mi programa ande bien. Entonces, me ocupo mucho de eso.
De la exigencia de sus padres a la preparación para este presente
—¿Cómo te sentís en este momento de tu carrera, después de un cambio profesional tan grande?
—Mirá, me hace bien, ¿pero sabes por qué me hace bien?, porque cuando empecé mi carrera hace casi 30 años, fui bien aconsejado por mis papás, por mis amigos, por mi familia y por mis compañeros de trabajo en algo que hoy repito como si fuese un loro y es el hecho de que tenés que elegir siempre subir por escalera y no por escalera mecánica ni por ascensor. Pero todo lo que hoy ocurre positivo con mi carrera es fruto de una de una trayectoria de mucho tiempo, no es que esto pasó de la noche a la mañana.

—30 años de carrera se dice fácil, pero es un montón.
—Por eso. Si vos me preguntás, "¿Cómo te sentís hoy que tu carrera está florecida?"... Me siento re bien, pero muy en paz, porque nunca mi carrera se precipitó. Siempre fue algo muy pasito a pasito y muy atravesada también por lo universitario, porque traté siempre de prepararme mucho para esto, no es que caí del cielo. Esto viene muy de familia. Mi mamá es licenciada en matemáticas y es magíster en educación y mi papá ingeniero. Siempre le pusieron mucho énfasis al tema de la escuela bilingüe, después de ir a la Universidad de Buenos Aires. Fue una sana exigencia de mi familia esto de estudiar, estudiar y prepararme.
—Muy valioso eso.
—Sí, recontra. Y de hecho mi papá también me incentivó mucho a trabajar desde que empecé mi carrera y siempre me fomentaron esta cuestión del mérito y del sacrificio como eje de la carrera. Entonces, tanto la trayectoria profesional desde chiquito como la formación universitaria, siento que me prepararon para este presente.
El Gonzalo que se saca el traje: familia, música y una vida común
—Cuando volvés un domingo a la casa donde creciste en Adrogué, ¿cómo es ese día en familia?
—Cuando salgo de laburar me saco el traje en todo sentido. Soy un tipo que vivo de jean, zapatillas y remera básica de cuello redondo y no más que eso. Mi vida es una vida recontra común y corriente, es decir, con mis amigos de toda la vida, de mi barrio de toda la vida, de mis viejos, de mis tíos, de mis primos... Me gusta y disfruto mucho de hacer otro tipo de actividades. Estoy muy ligado a la música. La música es una una actividad que me fascina.
—¿Es cierto que soñabas con ser músico?
—Así es. Me encanta la música. Toco el piano, toco la guitarra, me encanta cantar, donde voy trato de tocar, de cantar. Este trabajo de analista político me ha conectado con muchas bandas, y de repente algún día terminé tocando con Sandra Mihanovich, que es muy de la época de mi familia, hasta Cruzando el Charco, que es una banda muy famosa en el país. Mi vida personal, cuando llego a Adrogué es toda de eso. Sumado a que me gusta mucho andar en moto, disfruto mucho de viajar en moto. Termina mi trabajo de analista político y le levanto el volumen a una vida personal que para mí hoy es lo más importante que tengo.

—¿En esa mesa familiar se debate sobre política?
—Sí, se habla, se habla de política. Tratamos siempre de que sea lo más serenamente posible. Como toda familia, hay personas que tienen opiniones diferentes. También estamos en un momento del país donde el nuevo modelo económico beneficia a unos y afecta a otros y esto pasa siempre. Entonces, en mi familia tengo algunos que están beneficiadas por este modelo económico y otros que están en áreas vapuleadas. Entonces, las opiniones son diversas, es entendible que sean diversas, pero tratamos igual de que ese momento de familia sea un momento de familia.
Asados, pileta, música y su bebida favorita
—¿Te gusta hacer asados? ¿Cocinás?
—Sí, sí, cocino mucho. De hecho, hice un asado el domingo pasado. Mi mamá festeja su cumpleaños mínimo seis veces por año, y el domingo fue la sexta edición de su cumpleaños número 74, así que hice asado y me divierte mucho. Me divierte mucho pasar tiempo en familia y al aire libre. Si pudiera viviría fuera de la ciudad. Me gusta mucho esta ciudad, pero prefiero siempre un patio. Nunca tuve pileta, así que el sueño de mi vida es algún día tener una casa que tenga una pileta propia. Me encantaría, porque me encanta mucho esa situación del asado, la pileta, la familia, los amigos.
—¿Y con qué lo acompañás: con vino o fernet?
—Fernet siempre. El vino también, pero el fernet es mi trago favorito. Me encanta, pasa como agua y es peligroso. Y aparte me remite mucho a Córdoba, que es una provincia que para mí tiene algo en Argentina que ojalá el país completo lo tuviese, en cuanto a que son muy alegres, muy fiesteros... Hablan en voz alta y el fernet me remite a eso, a festividad, alegría. Es una bebida solemne.

—Sos hijo único, pero tenés por lo que me decís, muchos hermanos de la vida.
—Mis viejos siempre me criaron con una casa de puertas abiertas. Tengo muchos hermanos de la vida, que son mis primos y mis amigos de siempre. Aunque sería hipócrita decirte que no me hubiese gustado tener hermanos, me hubiese encantado tener hermanos. Si yo hubiese tenido hermanos, sería súper feliz con hermanos, siempre digo lo mismo. Si tengo la suerte de ser papá, me gustaría desquitarme y tener mínimo dos o tres hijos, mínimo.
El ejemplo de sus padres y el deseo de formar una familia
—Tus papás están juntos desde los 16 años, ¿cómo te sentís con ese ejemplo de amor y familia?
—Y además son compañeros de colegio desde los cinco, te dejan la vara bastante alta. Es cierto que ellos son un caso que no se repite habitualmente. La vida es mucho más compleja para lo que son las relaciones entre las personas hoy. Al mismo tiempo te diría que me dejó una buena enseñanza de la cual estoy orgulloso y la llevo como una bandera. No voy a claudicar en el hecho de estar convencido de que para estar en pareja tenés que estar feliz. En ese punto estoy agradecido porque tuve en mis papás y en mis abuelos referencias de lo que son parejas felices.
—Es un ejemplo que mirás en primera fila.
—Mi papá está enamorado de mi mamá y mi vieja está enamorada de mi papá, y aparte se admiran mutuamente, la pasan bien juntos. No es que es un matrimonio forzado. Desde ese punto de vista estoy súper agradecido. Ahora, si eso vos lo llevás al extremo, no es tan real. Después la vida real tiene sus momentos de dificultad. Hoy es mucho más fácil separarse, no tiene las mismas consecuencias sociales.

—Las maneras de relacionarse cambiaron y hay más distracciones también, creo.
—Sí. Entonces vos decís: no es fácil venir de una familia de papás y abuelos con parejas exitosas para después uno tratar de pensar o pensarse a uno mismo en pareja. Quizás uno se pone un poquito exigente. Ahora, repito, no es que estoy siendo exigente con algo que está mal. Creo que soy exigente conmigo mismo. Pienso que para estar en pareja uno tiene que estar mejor que estando solo, si no te quedas solo para eso.
Estar solo, el amor y la manera de vincularse
—¿Hacés terapia?
—Hago terapia hace 6 años, cognitiva conductual que me encanta. Hice antes 8 años terapia psicoanalítica. Me encontré con una terapia más moderna, muy sintonizada con los tiempos que corren, donde no tenemos tanto tiempo para resolver las cosas. Esta terapia no te deja pedaleando en el pasado, sino que te ayuda rápidamente a tomar las riendas de tu presente para cambiar tu futuro.
—¿La decisión de no estar en pareja hoy tiene que ver con esto que hablamos de tener una carrera tan demandante?
—Estar solo obedece a muchas cosas. Creo que la decisión de estar en pareja incluye una parte propia y después una cuota de destino. Viste que está esta metáfora que aparece en varias canciones de estar a la misma hora, en el mismo lugar...

—¿Todavía no te pasó?
—Todavía no ha pasado. Me ha pasado en el pasado, algunas veces sí, hoy no me está pasando, pero estoy abierto a que me pase. Porque también ahí es donde uno tiene que estar disponible y dispuesto. Las dos cosas: disponible es un estado, dispuesto es una actitud.
—Hace poco dijiste que no te animarías a buscar citas por apps.
—No es que estoy negado, es que este trabajo te expone mucho y las redes sociales tienen mucha maldad también. No me quiero exponer a que mi trabajo se vea afectado por alguna maldad o por alguna operación. Aparte, porque a mí me gusta la vieja escuela. La vieja escuela es la del hombre tomando las riendas de la valentía y conquistando. Esto de estar chateando permanentemente me parece una boludez total. No mirás a la otra persona, no tenés ese contacto, no sabés ni siquiera cómo es.
—Claro. Sos vos y una pantalla.
—Tal cual. Las veces que he iniciado una relación a través del teléfono, que no ha sido nunca con una aplicación, sino quizás a través de un WhatsApp, inmediatamente viene la invitación: "Che, tomamos un vino, vamos a un bar, tomamos un café...".
Viajar en moto como refugio y desconexión
—Viajás en motos, ¿cuáles han sido tus rutas favoritas hasta ahora?
—¡Uf! La verdad que recorrí mucho en moto, casi todo este país, menos la Patagonia austral. Me falta recorrer Santa Cruz y Tierra del Fuego al sur, también el Litoral. Después tengo el resto del país casi todo hecho. Recorrí todo Chile en moto de norte a sur. Hice el sur de España en moto, el norte de España en moto, todo el Reino Unido con excepción de Irlanda e hice el sur de Italia en moto.
—Increíble.
—Sí, mucha aventura. Me quedan un montón de viajes por hacer, tengo muchas ganas de terminar de recorrer Argentina. Me gusta mucho recorrer Argentina en moto.
—¿Esperás tener compañía para esos viajes o te aventurás solo?
—Hice las dos cosas. No soy grupero. Hay gente que en el mundo de los viajes en moto, de las motos grandes, son gruperos. Yo ando solo o con una moto más, no mucho más, porque me gusta tener la libertad de poder disfrutar también del silencio, que es lo que no tengo todos los días. Andar en moto por Argentina te reconcilia mucho con este país que es hermoso, es espectacular.

—¿Qué cosas encontrás en los viajes en moto que te hacen repetir?
—La moto te permite vincularte con la gente de cada lugar de una manera distinta. Te vinculás mucho más. Llegás a una estación de servicio, a un parador y te preguntan muchas más cosas que si llegases en auto.El último viaje que hice por Argentina fue por Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquen y llegué a Villa La Mostura. Fue un viaje espectacular de 14 días. Dos semanas clavadas en moto. Me hace muy feliz.
—Están muy de moda los vlogs de viajeros en moto, ¿te animarías a grabar tus recorridos?
—No es que no me animo, te cuento qué me pasa. Cuando ando en moto trato de no trabajar de nada. Y cuando tenés que grabarte andando en moto, si querés hacerlo muy seguro, tenés que montar cosas en la moto y después tenés que editar, preparar, etcétera. Y honestamente, cuando ando en moto es un momento de desconexión total. Entonces, sí saco fotos, pero no hago del viaje contenido para los demás.
—Lo elegís como un momento para vos.
—Sí, porque mí me gusta ir con la mente en blanco, me gusta ir pensando en la nada misma. Es un momento donde estás en un casco cerrado, escuchás poco, sentís el vientito y después vas pensando cosas. Pensás en tu familia, pensás en tu pareja si tenés, en tus amigos... Hay momentos que te ponés triste, momentos que te alegrás. Siempre te lleva dos días aclimatarte, a viajar en moto acá en tu cabeza, me refiero. Pero es espectacular.
Fotos: Cande Petech.
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