-¿La (Juan Román) Riquelme del hockey?
–Mmmnnnno sé.
–Entonces, parada de volante, ¿siente que de compararse con un futbolista apuntaría a Maradona? Sus apiladas desde el medio del campo nos recuerdan a las de él.
–Quizá. Adoro los zigzags de Diego.
–¿O se considera la Messi del hockey?
–Já. No defino tan bien como Lionel. Aún estoy aprendiendo a definir.

Ya era (y sigue siendo) la mejor jugadora en la historia del hockey sobre césped y, sin embargo, fuera de la alfombra verde de 91,40 metros por 55, a sus 34 años, no lo parecía, cuando se aprestaba a viajar como abanderada nacional a sus últimos Juegos Olímpicos y nos recibía en el por entonces Vilas Club (hoy Racket Club), para relatar, desde la intimidad de una deportista de elite, su vida, su derrotero, sus desafíos y sus sueños en aquellos días. Una gran historia que catorce años después, mientras Luciana Paula Aymar celebra sus 49 dedicada a la familia y a transmitir experiencias y conocimientos adquiridos, nos resulta relevante recuperar del archivo de GENTE para honrarla y. homenajearla. Como ahora lo haremos, republicando aquella nota tal cual la habíamos publicado en su momento:
“AL PRINCIPIO ERA NENAS, PERO AHORA SE ME ACERCAN MUJERES DE 50 CONFESÁNDOME QUE EMPEZARON A PRACTICAR HOCKEY"

“Y no te conviene seguirla por tevé", le preguntó el miércoles 13 de junio por la tarde su pareja de entonces, mientras ella, ansiosa, acompañaba vía celular la nominación del abanderado argentino para Londres 2012, comunicándose con los representantes de la Confederación (CAH), concentrados en el Comité Olímpico. Hablamos de Carlos Retegui, técnico de Las Leonas, Luis Barrionuevo, preparador físico y Lucía Caride, jefa de equipo. “¡¿Por tele?!”, se sorprendió Lucha. “Es que lo pasan en TyC”, le contestaron minutos antes de que la votación que la consagrara (10 votos contra 5 del tenista Juan Martín Del Potro, 3 del basquetbolista Luis Scola y 2 del ciclista Walter Pérez) llegara acompañada de un sonoro beso, un abrazo y su partida hacia el CeNARD. “El celular explotaba –memora–. Llegué y nadie me dio bolilla. Hasta que no aguantaron y corrieron a felicitarme. Si me faltaban llenar dos casilleros de sueños concretados en mi trayectoria, después de aquella gloriosa noticia, me queda uno”, sentencia la chica de 1,72 metro, 60 kilos y 38 de calzado que les escapa a los tatuajes, relojes, anillos y collares.

–Significa que el último casillero lo completaría obteniendo la medalla olímpica dorada, tras una de plata y el par de bronce, ¿cierto?
–Exacto. Igual, aunque sería el mejor broche para mi carrera, siento que el hockey me dio todo. Te explico... El otro día cené con Gaby Sabatini, una amiga que adoro. Y me recordó lo fuerte que le resultó cargar nuestros colores en Seúl 1988. Era chiquita, de apenas 18, y el planeta la estaba mirando llevar su bandera celeste y blanca. Imaginate, si yo, casi doblándola en edad, ando nerviosa. La noticia me puso la piel de gallina.

–Bueno, en un par de aspectos determinantes usted y Gabriela han sido y son claves: reinventaron, para las damas, a fuerza de idolatría, sus deportes.
–Ayudamos, seguro. Gaby a través del tenis, y yo desde el hockey. Al principio se trataba de nenas, ahora a mí se me acercan mujeres de 50 confesándome que se pusieron a practicarlo. Inédito e increíble. Disculpá, ¿dos aspectos, nombraste? ¿Cuál sería el segundo?
“CUIDAR LA ESTETICA NO SOLO DENTRO DE LA CANCHA”

En realidad no hace falta explicarle demasiado a qué segundo aspecto nos referimos. Apenas ponderamos su look de calzas doradas al cuerpo, boina marrón estilo canillita, zapatillas de básquet floreadas, remera modernosa y uñas pintadas con esmalte negro, Lucha baja la cabeza en señal de sonrojo, y explica: “Tal cual, como Gabriela al principio, Magui Aicega y yo empezamos a cuidar la estética no sólo dentro de la cancha. Al dejarla nos producíamos. Ahora nosotras, las atletas, nos ponemos coquetas para salir”, ilustra la santafesina nacida el 10 de agosto de 1977.

-Retrotraigámonos a los inicios... ¿Se acuerda cuando tomó un palo de hockey por primera vez?
-A los ocho años, por pedido de mi hermana, que se prendía en partidos y me buscaba para sumar jugadoras. Ambas íbamos al Club Fisherton, del barrio. En mi caso ya practicaba danza, patín y tenis, aparte de un poco de fútbol, en el jardín de casa, entre parientes. El tiempo transcurrió pero el palo nunca lo largué.
–¿Podría haberse dedicado a una actividad individual?
–Tal vez. Aunque la confraternidad de equipo, las vivencias, la adrenalina del vestuario son momentos únicos.

–¿Su talento excede el hockey? Por ejemplo, raqueta en mano, balón número 5 en pie, ¿muestra pasta?
–Modestia al margen, me banco un partido de tenis a aceptable nivel. Y con la pelota, haciendo jueguito, te apuesto a que no se me cae tan rápido.
–¿Revélenos su relación con el palo de hockey?
–Pesa casi medio kilo, es rosado, marca Malik, con una leve curva reglamentaria que me lo torna cómodo. La verdad, lo siento una extensión de mi brazo, con su autonomía de cara a la bocha. Sólo le faltaría hablar.

“¿VERME ENOJADA? ES RARO, PERO NO LO RECOMIENDO”
... responde cuando le consultamos sobre esa personalidad afable que le pertenece, alejada de ceños fruncidos e intolerancia, “salvo cuando puteo en la cancha”, concede. Puertas adentro, “hay que buscarme bastante para que reaccione. Ahora, si me caliento, te mando hasta el último reprochecito que me quedaba guardado”, admite la morocha de impactantes ojos verdes amarronados que reside en un departamento de Núñez, rodeada de los caniches Starsky y Hutch (“Obvio que Hutch es el de pelo clarito”), plantas que si pudieran hablar reclamarían agua a gritos, una cocina desde la que se luce preparando el pastel de carne que le enseñó la madre, y potes de crema (“Huelo a cremas. Me cuido la piel e incito a mis compañeras a que cuiden la suya. Si no te protegés del montón de horas que nos pasamos bajo el sol, en el frío y en el calor, ¡lo pagás con manchas y arrugas!”).

El mundo íntimo de Lucha incluye, además, una radio encendida en la Metro FM 95.1, un plasma que le permite acceder a informativos y filmes de acción, suspenso y comedia, y un iPad “todo terreno”, subraya. “Pronto, antes de los Juegos, papá abrirá mi sitio: www.aymarlucha.com... No, no, perdón -acude a su BlackBerry-, www.lucianaaymar.com”, corrige la hija de René (empresario) y Nilda (docente) y hermana de Fernando, Lucas (el del medio, conmigo) y la mencionada Cintia. “Mis fanáticos del alma”, resume Luciana.

–¿Qué pondrá en la valija que llevará a Londres?
–Tres palos, dos o tres bandas de capitana, dos pares de botines nuevos, la ropa de combate (risas), un manojo de medallitas que me fueron regalando, pilchas personales, algún libro, alguna peli y lo que combinemos mi eventual compañera de cuarto y yo, porque una lleva la Epilady, otra el termo, una el mate y la yerba, y así. Ah, y también cargaré el gran anhelo, el lógico: retornar luciendo la medalla de oro. Vamos con un team joven y experimentado. Confianza sobra.

–¿Y después qué? ¿El adiós a la Maga?
–Mirá, el hockey ha sido mi vida. No me veo afuera. Al mismo tiempo necesito tranquilidad, dedicarle tiempo a mi pareja, a mi familia. Me llegaron ofertas para jugar afuera, para dirigir... Luego de Londres, con medalla o no, te cuento.
–¿Traerla representaría agregarle la frutilla del postre a la habitación de recuerdos que le armó su madre en Rosario?
–Seguro. Ojalá se dé.
–Nos encantaría mostrar en GENTE ese santuario.
–Dejame pensarlo. Dale, a la vuelta lo conversamos.
CONCLUSIÓN: 100 % HUMILDAD, 100 % EJEMPLO, 100% LUCHA

Así -dejasndo abierta la posibilidad- cerraba ella la entrevista, aunque no se apagaban en nosotros las sensaciones que, como secuencias de una película, saltaban de escena a escena en la mente del periodista. ¿Estuvimos con la mejor jugadora de hockey de la historia, porque no lo parecía?, nos consultamos seriamente. Un flashback a vuelo de águila de los 116 minutos de nota y producción que acababa de dedicarnos la última semana de junio de 2012 nos permitía ir llegando a una conclusión terminante... Antes, repasamos: llegó al Vilas Club sola –y un poco dormida–, sobre su Audi cubierto de tierra. Bromeó frente a uno de los guardias de la entrada (“Ni preguntes por mi prima que te gusta: no la traje”). Posó simpática junto a un señor negro y extranjero que, admirado, la abordó. Le sonrió a una nena que le gritó “Luchita”. Entró silenciosamente al restó (donde invitaría "lo que gusten" al equipo de GENTE -nos abstendríamos-, donde pediría su "comida nutritiva" y bebida light y donde, al partir, sacaría la billetera para pagar). Apagó su teléfono, silenciando el ringtone de The Wall para no interrumpir la entrevista. Contestó. Reflexionó. Rió. Soñó. Pidió permiso. Partió un instante. Regresó maquillada. Se entregó sin peros ni reparos a las fotos. Dedicó y firmó la remera escolar de la hija del redactor (“Para Lola, con mucho cariño”, agregando el 8 -su puesto- entre paréntesis). Agradeció. Saludó cálida y partió... Sí, sí, señoras y señores: Luciana Paula Aymar, la mejor jugadora en la historia del hockey sobre césped, fue, es y será de las personas que, si se la creen, no demuestran ante nadie que se la creen.

Producción: @LeoGente
Fotos: Archivo Atlántida ([email protected]) y redes sociales
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Infografía: Gemini NotebookLM
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