Horas atrás, Mauro Icardi (33) provocó a Benjamín Vicuña (47) en Instagram con un texto con el que cuestionó su rol como padre, se refirió a las pocas veces que vio a Amancio (6) y Magnolia (8) en los 80 días que llevan con la China Suárez (34) en la "casa de los sueños", lo tildó de "víctima" por contar cómo vive la distancia con ellos en PH: Podemos Hablar y lo destrozó con una frase delicada, que, recapitulando lo sucedido con Maxi López en el pasado, hoy cobra otra relevancia: "Me preocuparía porque te quieran ver".

A raíz del polémico mensaje que el exjugador del Galatasaray que pareció más una advertencia que un consejo, los usuarios de Twitter se volcaron a los viejos posteos del ex de Wanda Nara para analizar las claves de un patrón que se repite: un característico caos que tensiona la dinámica de las familias ensambladas que arma.
Las viejas indirectas de Icardi a Maxi López: el patrón que se repite en bucle
La cuenta En lo picante, por ejemplo, se remitió a antiguas publicaciones de Icardi en X donde se refería a los pequeños hijos de López y Nara como "Mini Icardis". No solo lo ponía por escrito, también se tomaba fotos en poses clonadas o básicamente vestía a Valentino López, el mayor de los hermanos, igual que él –a la par que hacía un product placement de Philipp Plein– y disparaba: "Icardi Junior".

Apenas unos días después de la foto de Valu, Mauro compartió una imagen con Benedicto López bebé, peinado igual que él, y escribió, casi como una provocación para su padre que no podía disfrutar de sus hijos: "Benchu style. Minis Icardi crecen".

Las fotos de Amancio con Mauro: ¿El nuevo Valentino López?
Si bien a fines del año pasado, la China ya había mostrado a su hijo menor jugando al fútbol (ingresó a una academia infantil del Barcelona), haciendo jueguitos con Icardi y hasta festejando los goles exactamente como él, en medio de la tensión con Vicuña nuevas imágenes que subió la actriz días atrás fueron analizadas con especial interés.
"La hinchada firme", escribió Eugenia con una serie de fotografías familiares y un video que hacía gala de la destreza del niño con el balón. Además, ese material parecía querer resaltar la presencia de Mauro –incluso estando en Argentina y no en Turquía, donde residen–, a la par que la "ausencia" dejada al descubierto también podía generar ruido.

Distintos usuarios analizaron las similitudes y compararon a Amancio con Valentino López. "La obsesión de hacerlos jugar al fútbol y ponerles la 9... De verdad, vemos repetir patrones una y otra vez con niños ajenos. Mauro Icardi es para estudio psicológico, no?", cuestionó @cuentadelgato en Twitter.

Algunas de las respuestas que generó ese posteo: desde "Y todos nenes muy chiquitos muy fáciles de manipular" y "además los hace mimetizarse con él", a "Hasta que la relación fracase y aparezca otra víctima con niños varones".
Un psicólogo analiza las conductas tóxicas en las familias ensambladas
Hay un patrón que Mel Gregorini, psicoterapeuta cognitivo-comportamental y especialista en psicología forense, identifica con frecuencia en las consultas vinculadas a familias ensambladas que se rigen a partir de la rivalidad: el castigo al otro progenitor. "Es un mecanismo muy común y muy dañino: el chico se convierte en el terreno donde se libra una pelea que en realidad es entre los adultos", explica el especialista.
Para Gregorini, ese rasgo narcisista no queda en lo íntimo: se traslada a la dinámica familiar completa y termina salpicando a los hijos. "El espectáculo que se arma alrededor de su vida personal genera un desorden que impacta directamente en los más chicos. Se transforma en una especie de juego delirante, donde todo es confrontación con su entorno", indica
La diferencia, remarca, está en el límite entre lo público y lo real: "Una cosa es el entretenimiento, y otra muy distinta es cuando la vida real se convierte en un espectáculo grotesco. Ahí los chicos quedan atrapados en situaciones de tensión constante y muy conflictivas".
"Cuando este tipo de estructura narcisista se instala, los chicos dejan de ser sujetos protegidos para pasar a ser moneda de cambio", señala. Y agrega: "Los convierte en botines emocionales, en piezas de ajedrez. Se ven obligados a tomar partido o adaptarse a situaciones que no eligieron. Y eso vulnera derechos fundamentales".
Lo más preocupante, plantea el especialista, es la falta de conciencia sobre el costo real de estas dinámicas. "La exposición constante no sólo no ayuda, sino que dificulta muchísimo. Tensiona, intoxica", advierte, para luego ser más contundente: "hay una banalización absoluta del sufrimiento infantil. No hay conciencia del daño que se les está haciendo".
Para finalizar, Gregorini plantea que una nueva pareja se convierte en figura de referencia para los hijos cuando entra de forma respetuosa, positiva y empática, "sin intentar suplantar sino sumar," y sostiene que si hay respeto por los tiempos y los espacios –y los adultos acuerdan los roles con claridad–, esa incorporación se da de manera natural, al punto de transformarse en un sostén para el chico y en un aliado para los vínculos entre los adultos.

