En un convento que irradia luz, encontramos a una mujer de mirada chispeante que rompe el molde.
La Hermana Verónica -¡sí, la misma de la tele!- viene a recibirnos con una sonrisa inmensa y nos invita a adentrarnos en el rincón de Palermo en el que vive junto a tres hermanas. "Esta es la casa de Dios y cuando entrás lo sentís, y no es por nosotras, es por Él", nos dice mientras pasamos debajo de una galería cubierta de enredaderas, plantas colgantes y alegrías del hogar. Estamos a apenas dos cuadras del shopping El Solar de la Abadía, pero en este espacio no hay bullicio, teléfonos sonando ni gente preocupada por la hora, el dólar o el tráfico. Solo hay paz, y se siente.
A la derecha está la huerta de la que cosecha sus propias hierbas aromáticas y el edificio en el que está su cocina, la misma en la que filmó los capítulos del ciclo televisivo que se emite de lunes a viernes a las 18, pero ella no nos guía hacia ahí. No. Nuestra primera parada es un enorme salón de paredes color caoba en el que da cursos de Biblia desde hace once años. Pero Verónica no es una religiosa tradicional. Es un torbellino de espontaneidad y risas que cuenta grandes anécdotas, que toca la guitarra y el órgano, que alienta con pasión a su club de fútbol -River Plate-, y que hoy trasciende los muros del convento predicando y cocinando a través de la pantalla de elGourmet.
¿Pero cómo fue que una profesora de geografía de Laferrere llegó hasta acá? De eso y de mucho más vamos a conversar con ella.

Su imperdible charla con GENTE
"¿Sabés qué me dijo mi mamá cuando le conté que entraba en el convento? '¡Esa es culpa mía por ponerte esos nombres!', porque Verónica significa 'imagen verdadera', y es la mujer que enjuga el rostro de Jesús en el Vía Crucis, y Evangelina es 'buenas noticias'", nos cuenta con un tono que denota orgullo, aunque después confiesa que ni ella ni su mamá -que falleció hace veinte años y "ahora está en el cielo"- tenían idea de esos significados cuando la vocación llegó a su alma.
–¿A qué se dedicaba tu mamá?
–Mi mamá era ama de casa e instructora de yoga.
–¿Creciste en una casa muy tranquila? Los profesionales del yoga tienen fama de ser tranquilos.
–Sí, pero no, porque el yoga no estuvo siempre. Para nada. Lo que pasó es que hubo un momento en que mi papá se quedó sin trabajo y ella salió a dar clases de yoga, una disciplina con la que conectó por mi hermano. Él tenía una enfermedad autoinmune -¡ay, te estoy contando todas pálidas!-, y el médico le recomendó que pruebe con actividades físicas sencillas. Y como mi hermano no quería ir, porque eran todas señoras mayores las que iban, mi abuela y mi mamá empezaron a acompañarlo a yoga, y así surgió el tema.

–Fue un ejemplo de unión familiar.
–Totalmente. Lo acompañaron para que no esté solito con todas las señoras mayores.
–¿Y con tu vocación, tuviste el mismo acompañamiento que tu hermano?
–No... La verdad que no. Yo soy la oveja negra de la familia.
–Fuerte lo que decís.
–(Mira con resignación) Sí. Porque mi mamá iba a la iglesia el Viernes Santo, para el Vía Crucis, y mi papá no pisó nunca una iglesia porque era ateo. Recién mis padres se casaron por iglesia cuando yo tenía 15 años para que yo pudiera confirmarme porque en la iglesia del barrio los sacerdotes lo pedían.
–¡Se casaron por vos!
–Sí.

–Eso es lindo.
–(Asiente con la cabeza) Dios hace las cosas así, ¿viste? Tiene sus formas. Igual después, ya siendo hermana, invité a mi papá a un retiro y le voló la cabeza: encontró a Dios, a Jesús, y a partir de ahí empezó su camino cristiano como mi hermano.
–¿Te seguís considerando la oveja negra?
–La distinta (Mueve la cabeza a ambos lados). Porque eran todos un poco distanciados de Dios, y yo era la única que iba a la iglesia, la única que leía cosas de Dios. Y mi hermano me decía: "¡Me tenés harto con esa religión boludes!" (Se tienta).
–Y ahora te estás diferenciando también de tus hermanas de alguna manera, porque sos la hermana que está en un programa de televisión...
–¡Viste vos! Qué gracioso.

–¿Cómo sucedió eso?
–Eso fue providencial. Dios también. Creo que Dios sabe que me apasiona mucho el contarle a las personas acerca de Él. Y tengo una amiga que tiene una amiga que trabaja en elGourmet, y hace un tiempo estaban buscando a una hermana que cocine. Y ella le preguntó: "Che, vos que conocés curas y monjas, ¿no conocés alguna hermana que cocine?". Y ella le respondió: "Sí". Y cuando me lo contó, yo le dije: "¿Dónde me anoto?". (Risas). Y bueno, hice unas pruebas, tuve algunas entrevistas por Zoom, y después el casting. Y en la última entrevista que tuvimos por Zoom, la capa de elGourmet, me dijo: "Hermana Verónica, estás invitada a grabar una serie en elGourmet". (Gesto de asombro) What?! Y acá estoy. Súper agradecida, porque esta es una oportunidad divina de evangelización, de que Dios llegue a los hogares y a las cocinas, y también de compartir mis recetas, que son fantásticas.
–¿Tenés recetas desde hace años?
–Muchas vienen de mi madre, y otras son el resultado de probar y probar hasta que el plato salga bien. Incluso hasta tomo tips del señor de la dietética donde yo compro, que me tira montones de tips. "Mirá, probá esto, ponele el otro, sacale acá, poné allá". ¡Es un genio!

–¿Y cuál es tu caballito de batalla, lo que mejor te sale?
–Las pastas. Me salen muy bien. El asado también. Y el pan de ajo... ¡Uf! Cuando viene gente a comer asado al monasterio, comen tanto, pero tanto pan, que después no comen... ¡Es que es riquísimo! Esa sí es una receta mía.
–No puedo evitar imaginarte con el hábito haciendo el asado. ¿Lo hacés sola o te ayudan?
–Quedo bastante solita... Porque, ¿viste que te ensuciás, estás en el fuego, hace calor...? Bueh, las monjitas me abandonan un poco. Pero me traen un vasito de algo de tomar. Eso sí.
–Tengo entendido que en este convento convivís con tres monjas, ¿no?
–Sí. Somos cuatro. Poquitas. Cuando yo entré éramos doce... Pero fueron falleciendo, algunas salieron, entran pocas. Y las que entran no están acá en los primeros años de vida consagrada porque hacen la formación en Brasil. Pero somos pocas, y nunca, en ningún lado, Jesús dijo que íbamos a ser muchas. Pero cuando la Hermana Úrsula entró había más de 200 hermanas en Alemania.

–¿Y ahora?
–Ahora son 60. Son un montón igual, pero eran más de 200... hoy somos pocas. Algunos dicen: "Bueno, porque hoy hay otras opciones". Y es real. Antes tal vez algunas personas elegían la vida consagrada como una forma de vivir una profesión que de otra forma no podían. Entonces había muchas enfermeras, profesoras y profesionales también. Y hoy no necesitás ser hermana para estudiar.
–¿También será que hoy requiere más convicción quizás?
–No es que requiere más convicción, pero sí, las que estamos es por convicción. Porque no podés ser hermana si Dios no te llama. Eso, segurísimo.

–¿Cuándo sentiste que te llamó?
–No puedo dar una fecha específica porque me llamó de muchas formas, pero sí te puedo decir que conocí a Jesucristo en un retiro, cuando tenía 21 años, y después me fue llamando durante dos años de muchas formas. Me acuerdo que cuando leí la vida de San Francisco, pensé "¡Wow, quiero ser igual que él!". Y después cuando trabajaba en Laferrere...
–¿Haciendo...?
–Era profe de Geografía. Y en ese colegio donde yo trabajaba, mis alumnos fumaban marihuana en el baño. Entrabas en el baño y... (Hace gesto de desmayo) caías desmayada. Y yo sentía que Dios me decía: "Vos tenés acá una misión. Para estos que no tienen quién se preocupe, vos tenés que dedicar tu vida". Eran como convicciones o inspiraciones en mi corazón que me decían "vos tenés que ser madre de los que no tienen madre, ser guía de los que no tienen guía"... Era ese sentimiento. Igual me costó mucho, eh. Llegaba a la puerta del monasterio, iba a tocar el timbre y no tenía el coraje. Así que me iba, daba la vuelta manzana a ver si me animaba... y no. Y así hasta que un día me animé.

–¿Eso pasó en la puerta de este monasterio?
–De otros, porque conocí muchos antes de entrar acá. Creo que ni Dios sabe cuántas congregaciones hay (Risas). A este monasterio vine un noviembre, hace muchos años, y en febrero conocí a las mismas hermanas de esta espiritualidad, pero de vida de clausura. Y yo sabía que la clausura para mí no era. Entonces dije: "¡Ya está, es esta espiritualidad, pero con la vida misionera!". Y acá vine y dije: "¿Cuándo entro? ¿Dónde está mi cuarto?" (Risas).
–Lista para cambiarlo todo.
–Sí.
–¿Hace cuánto fue eso?
–25 años.
–¿Hace 25 años? Parecés súper joven.
–No. Tengo 50 años, y me gustaría tener la sabiduría de hoy con la edad de aquel tiempo. ¡Sería fantástico!

–Igual, que a los 50 años te animes a comenzar en televisión, es destacable. ¿Cómo te afecta el comienzo de la popularidad?
–Y... ahora le tengo que dedicar un poco más de tiempo al Instagram, porque me gusta responder los mensajitos y eso lleva tiempo, y eso mucho no me gusta. Pero me gusta ser amable, y ya que la persona se tomó el tiempo de escribirme, me gusta responder. Y nada, la verdad que mi vida es la misma. Para mí lo más importante es Dios y la evangelización. El resto viene después. Sin desmerecer los medios ni la tele ni nada, ¡al contrario!, estoy súper contenta y agradecida, pero mis trabajos de evangelización son primero que nada. De hecho, ahora en septiembre me voy a misionar a Santiago del Estero con mis alumnitos, y estoy preparando eso, y viendo de dónde voy a sacar la plata para tantos pasajes.
–¿Cuántos son?
–Somos 20. Y no es fácil porque es Santiago al norte, es decir que de la capital tenemos tres horitas más de viaje, y hay que pagar ese traslado... Pero vale la pena. No hay experiencia más satisfactoria en esta vida que cuando un adolescente encuentra a Dios. Es una locura cuando un joven encuentra a Dios. Se le transforma la vida. Y ser testigo de eso... Imaginate que vamos a lugares sin internet y a veces sin agua, y ellos ven a otros pibes de su edad que viven una vida totalmente austera, sin celular, felices, contentos, bailando chacarera en el recreo, chochos de la vida... no tienen marihuana, no tienen nada. Y ven eso y se preguntan: "¿Qué estoy haciendo yo que estoy deprimido, amargado y ansioso, y ellos están felices si no tienen nada?". Y ahí Dios irrumpe en esas vidas y es lindísimo.

–También estás irrumpiendo vos en las casas de la gente trasladando todo este amor que tenés por Dios.
–¡Sí! Y aunque no estén en la tele igual la gente es muy amorosa con los religiosos. Nosotras somos queridas por la sociedad. La gente nos da el asiento en el tren y nos deja pasar en las colas antes, aunque no es necesario, porque nosotras no somos especiales para nada, pero la gente nos tiene respeto y cariño. Tenemos ciertos privilegios inmerecidos que son por amor.
–¿No será que un poco merecidos son?
–No, para nada. ¿Por qué?
–Y, porque le hacen bien a la gente...
–Porque Dios nos mandó. Y en mi casa no hay santas. Salvo una.

–¿Por qué salvo una?
–Y, porque la Hermana Úrsula lo es. Yo conviví con hermanas durante 25 años y te puedo asegurar que ella es una persona muy especial. Y va a estar en algunas recetas, así que ¡no se la pueden perder a la Úrsula cocinando! (Como si fuese una entrada de teatro, se acerca Úrsula con una bandejita con cafés con leche calientes y obleas de vainilla para el equipo de GENTE). ¡Ahí está! Mirá, ¿ves? ¡Que te digo yo! (Risas).
–Impresionante. ¿Cuántos años tiene la Hermana Úrsula?
–76, ¡pero tiene una energía! A veces le digo: "¡Hermana, basta, terminó el día, ya está! ¡Terminó!" (La Hermana Úrsula la mira con amor, sabiendo que se lo seguirá diciendo, y se retira como vino, tras dejar una sonrisa amable).
–En elGourmet aseguran que sos la sucesora de la Hermana Bernarda, ¿cómo te sentís con eso?
–¡Uh! Es un montón. Yo no le llego ni a los talones a la Hermana Bernarda. Porque ella era una crack de la cocina... yo cocino lo que se cocina en una casa, ¿verdad? Pero ella sabía mucho. Así que para mí es una honra, un privilegio, y espero también poder transmitir algo de Dios. Eso es lo más importante. (Se acerca) Bueno, y cuando estuvieron grabando acá fue una locura, porque la grabación fue acá en el convento... que lo tunearon un poquito.

–¿Cómo que tunearon el convento? ¿Qué cambiaron?
–¿Vos tenés plantas en tu cocina?
–No.
–Yo tampoco (Ríe). Bueno, ellos pusieron plantitas y unas cosas divinas, y el clima que se vivió durante los días de grabación fue de un amor total: todo el mundo ayudando a todo el mundo, cuidando de que todos tuviesen lo necesario. También me cuidaron un montón a mí y a mis hermanas...
–¿Tuviste maquillaje, todo?
–¡Sí, sí! Un poquito, porque tampoco vamos a exagerar. Soy una hermana, no puedo aparecer con unos aros así (Dibuja unas argollas enormes en su oreja). Pero un poco sí.
–¿Te preguntaron si querías aritos y toda la cosa?
–¡No, no! ¡No va, no combina! (Risas). Así que muy contenta. Lo que vi me dejó una imagen recontra positiva de la tele, que a veces no es el estereotipo, ¡como pasa con nosotras! El estereotipo de una monja es una persona seria, un poco distante, y yo no soy eso para nada. Yo entro en confianza y en dos minutos somos amigas.
–¿Conociste al Papa Francisco?
–Sí. Cuando todavía estaba en Buenos Aires, antes de las confirmaciones, él visitaba todas las parroquias donde los chicos se iban a confirmar. Y en esa reunión, él decía: "Pregunten lo que quieran". ¡Y los pibes se despachaban! Yo los quería matar, pero el Papa Francisco, en el momento Bergoglio, era divino con los pibes y respondía todo. Era re cercano. No era un obispo con el que tenías que marcar audiencia ni nada de eso.

–¿Te sorprendió cuando lo eligieron Papa?
–Sí, obvio, no lo podía creer. Yo vivía en Estados Unidos en ese momento, y cuando escuché "Jorge Bergoglio", dije: "¡No es posible!". Y cuando llegué al convento, fue toda una revolución.
–Como lo debe haber sido el 6 de julio, el día en que estrenó tu programa.
–(Risas) ¿Te puedo preguntar algo?
–Sí, claro.
–¿Podremos poner en la nota mi celular?, quisiera que puedan contactarse conmigo las personas que estén interesadas en tomar los hábitos. Eso es muy importante para mí.
–Entiendo... pero, ¿te parece que dejemos tu instagram y les pidamos que se contacten primero por esa vía?, es más seguro.
–Si vos decís... lo que quiero es que no se pierdan. Que me encuentren, porque para mí no hay nada más importante.
–Acá lo dejamos: @hnaverito. Gracias.
–A ustedes. Y cuando quieran venir a aprender sobre la Sagrada Escritura, ¡que es lo máximo!, acá me encuentran.
Fotos: Diego García
Retoque digital: Roshi Solano
Video: Juan Rostirolla
Agradecemos a Marina Funes y a Urban


