Para Emilia Mazer, volver a 8 Mujeres no significa simplemente recuperar un espectáculo que funcionó en el pasado. La actriz estuvo en la obra desde su estreno hasta el final de aquel exitoso recorrido, que incluyó Buenos Aires, dos temporadas en Mar del Plata y dos años de gira. Quince años después, reencontrarse con aquel universo también implica mirar cuánto cambió su propia vida.
“Me da mucha ilusión, en principio porque lo hice con mi hija muy chiquita. Cuando le conté que iba a hacer esto me dijo: ‘Es la mejor obra que vi en mi vida’. Ella era muy chiquita, cuando empecé tenía 3 años. Ahora tiene 18 y me da mucha alegría porque es parte de mi vida”, cuenta en diálogo con revista GENTE.

Aquellos años hicieron que el vínculo entre las protagonistas trascendiera el escenario. La convivencia durante las giras convirtió al elenco en una suerte de familia y su hija también formó parte de ella. “Me criaron a mi hija en gira. Juanita le enseñó a escribir a mi hija. Hoy tiene tres hijos, pero mi hija no se olvida de que le enseñó a escribir ‘papá’, ‘mamá’ y el nombre del papá y el mío en un restaurante”, recuerda sobre Juana Repetto.
Por eso, Mazer no duda cuando intenta definir qué lugar ocupa este espectáculo en su trayectoria. “No fue algo más y, además, fue un éxito. Uno puede tener varios éxitos en la vida, pero hay éxitos que son fenómenos y 8 Mujeres fue un fenómeno”, dice con entusiasmo.

Esta nueva versión vuelve a reunirla con Marita Ballesteros, Cecilia Dopazo, María Leal, Silvia Pérez, Juana Repetto y Mónica Villa, mientras que Linda Peretz completa el elenco dirigido nuevamente por José María Muscari.
Las ausencias que emocionan a Emilia Mazer y un homenaje a sus antiguas compañeras
El paso de los años también hace que este regreso esté inevitablemente atravesado por las ausencias. Mazer recuerda especialmente a Norma Pons e Hilda Bernard ,figuras que formaron parte de distintas etapas del espectáculo.
“Yo creo que todas ellas tuvieron largas y lindas vidas, fueron muy reconocidas y a 8 Mujeres le sumaron mucho. Pienso que ellas están aplaudiendo desde el cielo”, expresa. La emoción apareció desde el primer encuentro con el material. “Me emocionó la primera lectura y cuando la escuché a Marita empezar con los textos que hacía Norma Pons, me emocioné mucho, como si Norma estuviera presente”, recuerda.

Aunque admite que no es una persona particularmente inclinada a buscar explicaciones sobrenaturales, aquella sensación fue difícil de ignorar. “Me cuesta mucho creer en la reencarnación y en esas cuestiones, pero a veces siento que espiritualmente sus energías están. Siento que es un homenaje a todas ellas", dice con emoción.
Para la actriz, tampoco es el mismo José María Muscari quien vuelve a dirigirlas. Quince años de experiencias modificaron tanto a las intérpretes como al responsable de la puesta. “Creo que Muscari creció mucho como director. Ya venía teniendo muchos éxitos y, cuando funcionó esta obra, creo que él fue el primer sorprendido”, señala.
El desafío de reencontrarse con su costado más sensual
Pese a conocer profundamente a Luisa, Emilia Mazer no siente que regresar al personaje implique trabajar en piloto automático. Para ella, actuar continúa siendo un desafío en sí mismo, independientemente de cuántas veces haya interpretado un papel.
“Yo nada tengo de taquito. No me divierte. Ya actuar para mí es un desafío y elijo cosas, fundamentalmente, donde me sienta bien y que me causen ilusión”, explica.
Luisa, la empleada doméstica de la casa y amante del hombre alrededor de cuyo asesinato gira la historia, además le permite recuperar una faceta que hoy observa con humor. “Es un papel al que me encariñé mucho y me vuelve a despertar toda mi parte sexy. Yo ya soy grande, bastante grande y más grande de lo que parezco también”, bromea.

“Reencontrarme con esa parte sensual me divierte mucho. Me despierta una energía mágica, divertida. Contonear mi cintura, sacar los pechos... Me reencuentra, siendo una señora grande, con esa sexy que supe ser”, agrega entre risas.
Y hasta se permite ironizar sobre el paso del tiempo: “Antes nos despertábamos de la cama sexies, ahora nos tenemos que producir para la foto. El glamour de las viejas telenovelas o del teatro de época... Ahora ya hay que actuarlo, hay que producirlo”.
La otra gran vocación de Emilia Mazer: 30 años formando actores
La actuación no es la única profesión que ocupa un lugar central en la vida de Emilia Mazer. Hace 40 años que actúa y 30 que da clases, una actividad que desarrolló en paralelo a su carrera y que rechaza definir como una alternativa laboral o una fuente secundaria de ingresos.
“Soy docente de alma. No es una segunda actividad por una cuestión económica”, remarca. La vocación, además, tiene raíces familiares: es hija y nieta de docentes y sus padres ejercieron la enseñanza universitaria.
“Me tomo muy en serio la docencia y con mucha responsabilidad”, explica. Actualmente tiene su propio estudio, donde trabaja junto a un equipo de profesores que complementan la formación con técnica vocal, entrenamiento corporal, trabajo frente a cámara e historia del teatro. Las clases de actuación, en cambio, continúan bajo su responsabilidad y están dirigidas a niños, adolescentes y adultos.

Después de tres décadas enseñando, hoy disfruta especialmente de haber construido también un nombre desde ese lugar. “Disfruto a esta altura de la vida el reconocimiento de ser también profe de teatro, además de actriz. Hay que currárselo, como dirían los españoles, hay que laburárselo toda la vida. Y me vuelve en este momento con un lugar de reconocimiento de mis alumnos y exalumnos hermoso, gratificante”, expresa sobre su profesión.
Incluso el espacio en el que enseña tiene una historia particular. Funciona en un PH que, según cuenta, perteneció a la familia de Jorge Luis Borges y por eso decidió bautizarlo El Aleph.
Para Mazer, enseñar forma parte del mismo recorrido que comenzó hace cuatro décadas sobre los escenarios. “Lo hago como una cuestión personal de transmitir lo que a mí también me fue dado”, resume.





















































