La historia de Sebastián Cola, de ser “el raro” del grupo a soñar con entrar a Gran Hermano: “Nunca fui convencional y aprendí a no encajar” – GENTE Online
 

La historia de Sebastián Cola, de ser “el raro” del grupo a soñar con entrar a Gran Hermano: “Nunca fui convencional y aprendí a no encajar”

El ex participante de Gran Hermano habló con GENTE sobre sus 68 días en la casa, su amistad con Charlotte Caniggia, el impacto de la exposición y el camino personal que lo llevó a llevar el ser diferente como marca personal.
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Sebastián Cola salió de Gran Hermano: Generación Dorada después de 68 días de aislamiento y, ya fuera de la casa, habló con GENTE sobre el impacto de volver a la vida cotidiana, su historia personal, su amistad con Charlotte Caniggia, su mirada sobre el juego y el futuro que imagina en los medios.

El participante había ingresado el 20 de mayo a la edición especial del reality de Telefe y quedó eliminado en la gala del 27 de julio, en un mano a mano contra Alejandra Majluf, con el 77,2% de los votos del público.

Sebastián Cola estuvo entre los últimos 13 participantes y pasó 68 días dentro de la casa de Gran Hermano Generación Dorada.

Todavía con la adrenalina de haber dejado la casa más famosa del país, Cola definió su salida con una palabra: “Épico”. No lo dice como una exageración televisiva, sino como quien acaba de comprobar que el afuera también tiene su propio vértigo. “Siempre cuando se iba alguien, yo le decía: ‘Pero acordate que afuera hay un mundo, afuera pasan cosas’. No es que se terminó para siempre”, contó. Y en su caso, el regreso a la vida cotidiana tuvo una bienvenida bastante literal: “Viniendo para acá se pinchó un caño arriba de casa y me chocaron. Los estímulos son un montón. Afuera es espectacular. Soy Elsa de Frozen: ‘Libre soy’”.

Su salida ocurrió en una de las galas más tensas de la temporada. La placa negativa había quedado integrada por Tamara Paganini, Matías Hanssen, Mariela Prieto, Sebastián Cola y Alejandra Majluf. Primero fueron salvados Tamara, Matías y Mariela, hasta que el versus final quedó entre Cola y Majluf. Antes de que Santiago del Moro anunciara el resultado, los participantes debieron ubicarse detrás del nominado al que querían ver continuar en competencia. Solo Charlotte Caniggia se paró del lado de Sebastián, una escena que terminó reforzando la alianza más visible que él construyó dentro de la casa.

En la despedida, Cola se tomó unos segundos para agradecer y cerrar una etapa que, según repite, soñó durante más de dos décadas. “Algunos de ustedes han sido los mejores compañeros que pude tener. Jueguen, diviértanse, sean felices, jueguen con la cabeza y el corazón. Los quiero, soy feliz, cumplí un sueño”, dijo antes de abandonar la casa.

El dato no es menor: Sebastián venía aplicando para entrar a Gran Hermano desde 2004. “Hace 22 años que venía aplicando y finalmente se me dio”, recordó con GENTE, todavía sorprendido por haberlo conseguido en una edición que define como particularmente difícil.

Cola charló con GENTE y dio cuenta de su fanatismo por Gran Hermano y lo que significó para él ser parte de esta edición del reality.

La edición Generación Dorada comenzó el 23 de febrero de 2026 por Telefe, con Santiago del Moro al frente, y fue presentada como la 14ª temporada argentina del formato. Desde su inicio tuvo una impronta especial: combinó famosos, influencers, exparticipantes, cantantes, tiktokers y perfiles desconocidos con alto potencial televisivo. En ese ecosistema, Cola ingresó como uno de los nuevos jugadores de una casa ya en movimiento, con vínculos armados, disputas activas y personalidades fuertes.

Entrar en un repechaje, en una Generación Dorada, con gente que ya venía jugando, con personas famosas, con gente influencer y... bueno yo”, enumeró entre risas. La frase resume una de las claves de su recorrido: Cola no entró a una casa en blanco, sino a un tablero que ya tenía estrategias, alianzas y heridas. “Jamás me imaginé una casa tan belicosa”, admitió. Sin embargo, lejos de sentirse intimidado, aseguró que estuvo a la altura.

En su presentación pública, Sebastián había llegado con una declaración fuerte: se definió como “el jugador más peligroso” que iba a ingresar a la casa. También se lo presentó como crossfiter y director creativo, con experiencia en manejo de grupos grandes y negociación bajo presión. Esa autopercepción de estratega se confirmó, al menos por momentos, durante su paso por el reality: el 10 de junio se convirtió en líder semanal tras imponerse en una prueba de ingenio de piezas y paneles, donde destacó su velocidad mental y su capacidad para resolver bajo presión.

La crianza no convencional de El Cola

Pero la experiencia de Cola no se explica sólo desde el juego. En la charla con GENTE, su recorrido se vuelve más interesante cuando deja de hablar como participante y empieza a hablar como persona. Nacido en Capital Federal y criado en San Isidro, cuenta que creció en un entorno familiar y escolar que lo marcó profundamente.

Con una historia particular, Cola vive su presente de la misma forma que su crianza: corriéndose de lo convencional.

Su madre es colombiana, su padre uruguayo, y él fue a un colegio que define como “bastante especial y abierto”, orientado a lo humano, lo artístico y la tolerancia. “Tenía huerta, había un mariposario, animales en los patios. Era un colegio muy creativo, no tenía ni puertas ni ventanas. Era Waldorf, pero no tan Waldorf”, describió.

Ese origen, dice, lo convirtió en alguien distinto desde muy chico. “Nunca fui convencional. Y de chico me sentía medio raro, que no encajaba, pero siempre fui fiel a mí mismo. Aprendí a no encajar y a ser yo por sobre todas las cosas”, reflexionó.

La frase podría funcionar como una declaración de identidad, pero también como una explicación de su paso por Gran Hermano. Cola no se presenta como alguien que buscó adaptarse al molde de la casa a cualquier costo. Al contrario, insiste en que su mayor victoria fue no traicionarse.

De muy chico me fui armando esta autoestima o esta aceptación de: ‘Che, vas a ser diferente toda la vida y está bien’”, detalló. Durante años, esa diferencia estuvo asociada a la soledad, al sufrimiento y a la sensación de ser observado desde afuera. Sin embargo, con el tiempo, logró convertir esos lugares incómodos en una forma de fortaleza: “Pasando los 25, llegando a los 30, la gente empezó a decir: ‘Che, al final el raro es copado’. Invitémoslo al raro. Y ahora la gente me quiere. Estoy contento de que la gente me quiera”.

La casa, sin embargo, volvió a poner a prueba esa forma de plantarse en el mundo. Cola asegura que el clima de confrontación permanente le resultó difícil porque, en su manera de entender el juego, no todo vale. “Había gente que decía: ‘Quiero destruir a tal persona’. Y a mí eso no me sale. El juego se puede jugar de un montón de formas distintas, pero para mí fue un desafío”, explica.

Su dilema fue claro: endurecerse para quedarse un poco más o irse siendo fiel a sus valores. “Era: ‘¿Peleo y me quedo dos o tres semanas más o me voy fiel a mis valores, a mi identidad, a mi valentía diciendo lo que pienso?’. Y acá estoy, me sacaron”, dijo entre risas.

-En ese sentido, ¿Cómo ves tu paso por el reality?

-Uno como fanático, siempre se queda preocupado de 'Che, hice lo suficiente? Logré dejar mi huella?' Y creo que sí. Creo que fui yo mismo, que para mí eso es muy importante. Si bien todos los jugadores siguen siendo ellos mismos, hay gente que se escuda atrás de otro para hacer o decir cosas y en mi caso, personas y jugadores estaban aliñadísimos con aciertos y desaciertos. Lo veo como una experiencia increíble en mi vida que no sé si se va a volver a repetir. 

Tras su paso por Gran Hermano, Cola se muestra entusiasmado con lo que se viene y asegura que se le abrieron muchas puertas.

Su fanatismo por Gran Hermano no es nuevo ni impostado. Cola asegura que vio todas las ediciones posibles, incluso internacionales, y que formar parte del programa fue “un hito” en su vida. Por eso, cuando se le pregunta si volvería a entrar a un reality, no duda. “Sí, re. Estoy tentado en aplicar a Chile. Y que la pongan a Pincoya de vuelta”, respondió con picardía, anticipándose a las futuras peleas.

Dentro de la casa, su vínculo más fuerte fue con Charlotte Caniggia, quien terminó siendo su sostén en uno de los momentos más expuestos de la competencia. La relación entre ambos creció en una convivencia marcada por alianzas móviles y desconfianzas constantes. Para Cola, generar vínculos genuinos en ese contexto fue una tarea compleja. “Es una casa difícil para tener vínculos genuinos porque te dicen una cosa y por atrás van y te clavan una daga”, resumió. Aun así, rescata algunos nombres con los que cree que podría construir una buena relación fuera del juego, como Luana, Zilli y Mariela.

También es frontal cuando habla de quiénes jugaron con herramientas que él no habría usado. Menciona a Pincoya y a Sol, aunque aclara que no juzga a las personas sino las estrategias. “Hay gente que juega muy fuerte y capaz pasó un poco mis límites de juego, donde se mezcla lo personal con el juego. Yo no estoy juzgando a la persona, sino el juego que hacen”, explica. Esa distinción es importante para entender su mirada: Cola puede ser filoso, pero busca no perder del todo la diplomacia.

-Siendo que sos fanático del formato y que querías estar en el reality hace muchos años. ¿Qué cambió en vos haber pasado por Gran Hermano?

-Siento que soy mucho más fuerte de lo que pensé que era, porque hay que bancarse esa casa y me la recontra banqué. Todos los días decía 'un día más, un día más, un día más' y después le vas perdiendo el miedo de la casa y a las personalidades fuertes. Capaz que cuando entrás alguien te parecía "wow" y después terminas diciendo "es un ser humano igual que yo". Y vas tomando fuerza, sintiéndote capaz. Yo puedo fulminar... fulminé a Andrea Del Boca, no nos olvidemos de eso. Soy mucho más fuerte, mucho más valiente de lo que pensé que era y siento que no me frena nada... Ah, qué bien se siente decir eso. 

El post reality lo encuentra en un momento de apertura. Cola siente que, después de años de puertas cerradas, algo empezó a cambiar. “Siento que estoy en un gran momento, donde se están abriendo muchas puertas. Todas las puertas que alguna vez me cerró la vida o todas las personas que me bloquearon, o mis examores que me pegaron una patada en el traste, siento que se está revirtiendo todo”, dijo. Su deseo más claro está vinculado al mundo de los medios. “Me encantaría algo en los medios. Me encanta el rubro televisivo. Y ahora que estoy digo: ‘Che, esto puede funcionar’”.

En lo personal, también se muestra disponible a lo que pueda venir, aunque sin forzar nada. Durante su estadía en la casa tuvo un momento 'flechazo' y él no lo niega. “Mi corazón sigue solo, chicos. Pasaron dos semanas desde que salí. Sigue solo”, dijo con humor. Reconoce que le gustó Debi, pero también entiende que no siempre el deseo propio encuentra respuesta del otro lado. “Cuando te gusta alguien que no gusta de vos, ¿qué vas a hacer? Te corrés”, resume. Aun así, cuenta que mantienen buena onda por redes, entre likes, videos y risas compartidas.

La exposición también le abrió conversaciones sobre su intimidad y su forma de vincularse, temas que él prefiere manejar con discreción. “Yo siempre fui muy discreto con mi vida privada. Hay gente que le gusta contar todo. Yo lo que hago en cuatro paredes es mi vida personal”, señaló. No le sorprende, de todos modos, que el público hable. Desde chico, dice, estuvo acostumbrado a ser mirado como alguien diferente. “Siempre me gustó vestirme con colores, ser extravagante y esas cosas. Entonces siempre hablaron de mí. Estoy acostumbrado a que la gente hable bien o mal de mí”.

"¿Será que soy algo de Pepito?", bromea Cola sobre las comentarios que recibe comparando sus habituales looks cargados con los del reconocido director teatral.

Esa extravagancia también se expresa en su estética. Con anillos, colores, referencias pop y una lógica visual que no busca pasar inadvertida, Cola construyó un estilo propio. Cuando se le mencionan posibles resonancias con Pepe Cibrián, se ríe: “Me lo re dijeron varias veces”. Sus referentes son claros: Marta Minujín, Andy Warhol, Marc Jacobs, el arte pop, el kitsch y lo bizarro. Su regla, asegura, es simple: “Más es más, siempre más”.

Para vestirse, tiene una fórmula que podría funcionar como manifiesto: “Cuando nada combina con nada, pero todo combina con todo, ahí, quedate ahí. Ese es mi estilo”. En esa frase hay algo más que una definición estética. También aparece la lógica con la que atravesó su historia: convertir lo desencajado en identidad, hacer de la diferencia una marca y aceptar que no siempre hace falta entrar perfectamente en un molde para encontrar un lugar.

Fotos: Christian Beliera.
Vestuario: 𝑵𝒐𝑿𝒕𝒓𝒂 y Boasecomercedes PaulS&M.



 
 

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