Cómo es el restaurante que despierta la nostalgia con los míticos huevos quimbo de Doña Petrona – GENTE Online
 

Cómo es el restaurante que despierta la nostalgia con los míticos huevos quimbo de Doña Petrona

Este postre esponjoso y empapado en almíbar, que reinaba en las mesas familiares del siglo pasado, parecía haber quedado atrapado en los recetarios de las abuelas. Pero hoy, un inspirador restaurante de Chacarita los devolvió a la carta emocionando a sus comensales.
Gastronomía

A veces, un solo bocado alcanza para viajar en el tiempo. Un sabor familiar, una textura olvidada o un aroma dulce pueden devolvernos de golpe a la cocina de nuestra infancia o a las mesas largas de los domingos en familia. Eso es exactamente lo que sucede con los míticos huevos quimbo, un postre con siglos de historia que Doña Petrona inmortalizó en los hogares argentinos y que hoy, gracias a un moderno restaurante porteño, vuelve a ser el protagonista de la sobremesa.

El origen del convocante postre

Los huevos quimbo (también llamados chimbos o tajadón en otras partes de América) encierran un origen tan antiguo como curioso. Durante la época colonial, las bodegas utilizaban grandes cantidades de claras para clarificar el vino y donaban las yemas sobrantes a los conventos. A esta costumbre se sumaba la tradición de las novias, quienes regalaban docenas de huevos a las monjas para pedirles buen clima el día de su boda. Para no desperdiciar absolutamente nada, las religiosas transformaron esas yemas en dulces, dando origen a un postre legendario.

Sin embargo, en la Argentina su masividad tiene una responsable indiscutida: Doña Petrona.

Gracias a Doña Petrona, los huevos quimbo se convirtieron en el postre estrella de la clase media argentina durante el siglo pasado. Hoy, su icónica receta vuelve a emocionar.

Fue ella quien canonizó la receta en 1934, llevándola a la mesa de la clase media. Gracias a sus recetarios, las familias aprendieron el secreto técnico para lograr esa textura de esponja perfecta (batir a "punto letra") y el postre se volvió un clásico, bañado en almíbar y muchas veces con un chorrito de licor. Lamentablemente, con el paso de las décadas, esta delicia desapareció de los menús comerciales, quedando refugiada casi exclusivamente en la memoria afectiva. Hasta que un equipo de audaces decidió traerla de vuelta.

Bochinche: pastas, espíritu de barrio y tecnología

A fines de enero de este año, abrió sus puertas Bochinche, ubicado en el polo gastronómico de Chacarita (Santos Dumont 4056). El proyecto del chef Gaspar Natiello nació con una premisa clara: ofrecer una lectura actual de la tradición ítalo-argentina, con foco en el producto, la técnica y el disfrute sin solemnidad.

"Hacer el lugar al que me gustaría ir a comer", fue la premisa fundacional del chef -formado en la Escuela Gato Dumas- para abrir las puertas de este local ubicado en Santos Dumont 4056.
El amplio salón combina un diseño industrial con iluminación cálida, creando un ambiente descontracturado y "sin poses" ideal para relajarse, tomar un vino y compartir una buena charla mientras se degustan pastas artesanales y postres inolvidables.

El local se consolidó rápidamente por ser un espacio relajado, "sin poses", donde el plato fuerte es la elaboración diaria de más de diez variedades de pasta. El menú propone un recorrido por diferentes formatos, desde cortes tradicionales como el Fussillone a la amatriciana y los Penne rigate al pomodoro, hasta platos de impronta contemporánea como los Canelones de cerdo y langostino con bechamel trufada o los singulares Giglio con anchoitas y peperoncino.

El toque cítrico que hace llorar a los comensales

Un día cualquiera, a una de las integrantes de la cocina se le ocurrió incluir los míticos huevos quimbo para el momento dulce. Su idea fue aceptada con emoción y el postre generó un fenómeno impensado: los clientes que los piden suelen emocionarse -algunos incluso hasta las lágrimas- al reencontrarse con ese sabor exacto que saboreaban cuando eran chicos.

Eso sí: la versión de Bochinche respeta la esencia histórica de la receta de Doña Petrona, pero le suma un giro fresco para el paladar actual: salen acompañados de una crema de naranja. Este toque cítrico equilibra a la perfección la intensidad del almíbar, dándole una identidad contemporánea sin perder su alma de bodegón.

Así, este rincón de Chacarita demostró que el mejor cierre para una cena no siempre es el plato más vanguardista, sino aquel capaz de abrazar los recuerdos familiares más profundos.

Agradecemos a Diez Comunicación


 
 

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