Quién es Jazmín Marturet, la cocinera que transformó una vieja panadería de barrio en un fenómeno recomendado por la Guía Michelin – GENTE Online
 

Quién es Jazmín Marturet, la cocinera que transformó una vieja panadería de barrio en un fenómeno recomendado por la Guía Michelin

Quién es Jazmín Marturet, la chef de Santa Inés
A los 42 años, la creadora del aclamado restaurante Santa Inés vive un presente inmejorable. Mientras se prepara para presentar su biografía culinaria en la Feria del Libro, la chef se anima a hablar de su intrigante historia de amor y de la distinción mundial que la tomó por sorpresa: "Haber sido elegida es como ser una princesa de Disney".
Gastronomía
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La vida de Jazmín Marturet transcurre a un ritmo vertiginoso, marcado por el fuego de las hornallas y una pasión innegable por lo que hace. A sus 42 años, la chef porteña está al frente de Santa Inés, su primer y único restaurante, un espacio que levantó con sus propias manos y que la llevó a lo más alto de la gastronomía.

Sus días son larguísimos: pueden arrancar en la cocina a las ocho de la mañana y terminar pasadas las nueve de la noche. Duerme poco -se levanta habitualmente a las cinco y media o seis de la mañana-, pero encuentra la felicidad absoluta en la simpleza de su hogar, haciendo las tareas domésticas y disfrutando de sus tres grandes amores felinos: Felipe, Tilín y Morcilla. Esta última es una gata carey, predominantemente negra, a la que bautizaron así porque "parece una morcilla con pintitas de grasa y pintitas de condimento". "Pobre, es fea, fea, pero es hermosa", bromea Jazmín, demostrando su humor característico.

Los platos de Jazmín Marturet cruzan culturas y celebran el producto desde una mirada libre y estacional.

Esa misma simpleza y autenticidad son las que enamoraron al público y a la crítica. Recientemente distinguida por la prestigiosa Guía Michelin en la categoría Bib Gourmand 2025 (un galardón que premia la excelente calidad a precios accesibles), Jazmín se prepara para un nuevo hito: el próximo 8 de mayo, a las 17.30, va a presentar su biografía culinaria en el marco de la Feria del Libro.

De los tropiezos escolares a la vocación culinaria

Aunque hoy comanda su cocina de una manera ejemplar, la adolescencia de Jazmín estuvo lejos de ser la de una alumna modelo. Nacida en la Ciudad de Buenos Aires, se crio en la zona de la clínica Finochietto hasta los 11 años, para luego mudarse a Palermo, "cuando todavía Palermo no era Palermo".

¿Cómo era como alumna? Se define, entre risas, como alguien que fue "un poco repetidora". Le apasionaba la historia, la geografía y la lengua, pero las matemáticas y la física eran su peor pesadilla. Irónicamente -lo que son las vueltas del destino-, hoy los números son fundamentales en su rutina para calcular costos y armar los stocks de su restaurante.

Esa rebeldía frente a las estructuras escolares tradicionales no fue un drama familiar. Criada por dos padres artistas, Jazmín creció en un ambiente donde la exploración personal valía más que un mandato académico.

"Cuando me asomo de la cocina y veo que hay cola… se me llenan los ojos de lágrimas, ¡todavía no lo puedo creer!", le confiesa Jazmín a GENTE con suma humildad.

En ese contexto de libertad, la vocación por la gastronomía asomó de manera casi fortuita. Mientras todavía cursaba el secundario, empezó a estudiar en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) como si fuera una actividad extracurricular más, "como patín o bajo". En aquella época, la gastronomía recién empezaba a profesionalizarse y, como ella misma reflexiona, ir al IAG a los dieciséis o diecisiete años era empezar a explorar un camino sin tener del todo claro hacia dónde la llevaría.

Eso sí: financiar esos estudios no fue sencillo y fue su abuela Diana -quien hoy tiene 86 años- la que apostó ciegamente por ella. "Salía 150 pesos que eran 150 dólares", recuerda la chef sobre la cuota, reconociendo que "era un montón de guita".

Pero Diana, con la sabiduría de su edad, le marcó la cancha desde el día uno y le preguntó: "Jaz, ¿pero lo empezás y lo terminás?, ¿o cómo es?", queriendo asegurarse que no fuera un capricho pasajero. Jazmín, que en ese momento consideraba que "recién empezaban los restaurantes", no la defraudó y forjó su carrera a la par de la maternidad, ya que tuvo a su hija Juana (hoy de 20 años) siendo muy joven, compartiendo con ella su crecimiento profesional "desde el día uno".

Santa Inés: un sueño construido a pulmón

El camino hacia la apertura de su propio restaurante no tuvo alfombras rojas ni grandes inversores. Tras años de trabajar de manera independiente haciendo catering para shows de música y eventos privados, Jazmín encontró una enorme y antigua casona que estaba lejos de ser un local gastronómico listo para usar.

Es por eso que la remodelación fue una verdadera odisea que duró entre ocho y nueve meses, enfrentándose al enorme desafío de mantener en pie la estructura y hacer a nuevo los caños, la electricidad y el gas. Sin grandes presupuestos, la obra se hizo "casi toda a pulmón". Aunque contrataron albañiles, la familia entera puso el cuerpo: su padre ayudaba incansablemente, mientras que ella y sus allegados iban de noche a revocar paredes y pintar, armando literalmente la cocina con sus propias manos.

De pie frente a la puerta de Santa Inés, su restaurante que queda en Ávalos 360, La Paternal, CABA.

El nombre del lugar también esconde una historia particular. En ese mismo espacio funcionaba previamente una panadería homónima, llamada así por su cercanía con la iglesia Santa Inés. En un principio, a la chef le parecía un título "muy pacato" o "extraño" para su propuesta. Sin embargo, fue su sabia abuela Diana quien bajó el martillo con una frase irrefutable: "Al barco no se le cambia el nombre", dijo. Hoy, Jazmín reconoce que fue la decisión correcta porque siente que verdaderamente "es el nombre de la casa".

"Una princesa de Disney" en la cocina, el sello Michelin y la magia de lo simple

A la hora de definir su cocina, Jazmín confiesa que le resulta "más simple comunicarse con la comida" que intentar explicarla con palabras.

Su filosofía se basa en cocinar desde el amor, trabajando con productos nacionales y de cercanía, pero sin apelar a ingredientes prohibitivos. Por una cuestión de cuidar el bolsillo de los clientes, en su menú no van a encontrar insumos como caviar o pulpo.

"Cuidar el producto y el bolsillo": la premisa innegociable de Jazmín para que ir a comer a su restaurante no sea un lujo exótico.

Esa misma coherencia fue la que la llevó a ganar la codiciada placa Bib Gourmand de la Guía Michelin. Eso sí, en charla con GENTE reveló que la noticia le llegó de la forma menos glamorosa posible: fue a través de un correo electrónico que aterrizó en la casilla general del restaurante, la misma que casi ni revisan y donde suelen entrar solo mensajes del banco o de proveedores.

"Yo pensé que era joda, que me estaban haciendo un chiste", confiesa sin filtro sobre su primera reacción. Sin embargo, cuando confirmó que era verdad, la invadió una ola de "mucha alegría" y un orgullo inmenso por el esfuerzo de sus compañeros de trabajo y de su familia.

Hoy, con una mezcla de humildad y fascinación, reflexiona sobre lo que significa este galardón: "Es la Guía Michelin, es algo que uno como gastronómico tiene dentro de tus sueños. Y que te toque es un montón, es como ser una princesa de Disney". "¡Pero ya está!, esto no me lo saca nadie. Voy a tener 90 años y voy a decir 'ay, yo que soy Bib Gourmand'", comenta con la simpatía que la caracteriza.

"Esto no me lo saca nadie. Voy a tener 90 años y voy a decir 'ay, yo que soy Bib Gourmand'", asegura con la felicidad a cuestas por el reconocimiento recibido.

La vida más allá de las ollas

Cuando no está en el restaurante ni viajando por el mundo con su hija, la cocinera encuentra su cable a tierra de una manera inusual: pescando. Su fanatismo nació de chica, cuando vivía en Bariloche y su padre le armaba una caña improvisada con una lata de duraznos y un "palito de escoba" al que le ataba la tanza. Hoy, siempre que puede, se escapa a Esquina (Corrientes) o a Zárate buscando esa conexión total con la naturaleza.

Pero si de su lado más íntimo hablamos, su vida romántica también esconde condimentos dignos de un guion de cine. Su corazón le pertenece a Patrick, un estadounidense que vive en California y con quien mantiene una apasionada relación a distancia. Se conocieron en el año 2010 cuando él viajó a la Argentina por trabajo, y tras varios años separados, la vida los volvió a unir porque, como ella misma define sin dudarlo, son "almas gemelas".

La chef elige mantener el misterio sobre las bandas internacionales para las que trabaja su novio, Patrick.

Sin embargo, el nombre de su pareja encierra un verdadero misterio en la industria del espectáculo. Patrick es técnico de sonido y trabaja girando por el mundo con una famosísima banda estadounidense.

Ante la consulta sobre para quién trabaja exactamente, Jazmín pone un candado absoluto: "Ni yo hablo de sus bandas ni tampoco hablo de las bandas para las que yo trabajé por una cuestión profesional". Un pacto de silencio que mantiene intacta la intimidad de la pareja, alimentando aún más la intriga sobre el círculo internacional que la rodea.

Un libro con "el sabor de Santa Inés" y con cartas de amor en los márgenes

Este mes, en el marco de la Feria del Libro, Jazmín presentará su esperada biografía culinaria.

La obra forma parte de la nueva colección 'Huevos al Plato' de Grupal Libros, tiene 235 páginas y una imponente encuadernación de tapa dura, y no se limita a enumerar 40 recetas exitosas sino que también sino que también invita al lector a descubrir la intimidad de la mujer detrás de Santa Inés.

Esta es la tapa del primer libro de Jazmín Marturet.

Al sujetar por primera vez el libro en sus manos, Jazmín no salía de su asombro. Es que la chef se emocionó profundamente al comprobar que el espíritu de su cocina estaba intacto en el papel. "Las fotos -de Rodrigo Ruiz Ciancia- tienen movimiento, es como que el libro agarró el sabor de Santa Inés. Es como que lo ves y decís 'ah, ok, sí, es Santa Inés'", asegura con orgullo sobre el resultado final.

Eso sí, su único ejemplar, lejos de dejarlo inmaculado, decidió transformarlo en una bitácora viva. Feliz, se lo entregó a familiares, colegas gastronómicos y amigos para que le firmen en los márgenes y le dejen "cartas de amor". Y su próximo objetivo es llevar esa dinámica al salón para que los comensales sumen sus propias dedicatorias. De esta manera, esa primera y única copia se convertirá en su "recuerdito para la caja de tesoros". Un tesoro invaluable, y el broche de oro perfecto para una historia de vida que se cocinó a fuego lento.

Agradecemos a Adriana Balaguer y Mauro Caver



 
 

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