"La fama me asustó mucho": el crudo testimonio de Tamara Paganini y el fuerte recuerdo del momento más duro de su vida – GENTE Online
 

"La fama me asustó mucho": el crudo testimonio de Tamara Paganini y el fuerte recuerdo del momento más duro de su vida

En diálogo con GENTE, cuenta cómo fue regresar a la casa que la hizo famosa, habla de la experiencia más dolorosa de su vida y revela por qué decidió finalmente hacer las paces con Gran Hermano.
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En 2001, Tamara Paganini entró a la primera edición de Gran Hermano en la Argentina sin imaginar que aquella experiencia iba a cambiar su vida para siempre. La joven que cruzó la puerta de la casa lo hizo en un momento en el que el concepto de reality todavía era nuevo para el público argentino y también para quienes participaban. No había redes sociales, no existía la experiencia acumulada de tantas temporadas y nadie sabía realmente qué iba a suceder después.

Su salida fue el comienzo de una etapa de exposición extrema. Conocida como "India" se convirtió en una de las caras más populares de la televisión, pero eso tuvo un costo altísimo. Según contó, no podía caminar por la calle sin que la gente la rodeara, le gritara, la fotografiara, la tocara o incluso la escupiera. Frente a una fama que no había elegido y que llegó a asustarla, tomó una decisión que en ese momento parecía difícil de entender: alejarse de los medios.

Con el paso de los años, atravesó distintas etapas personales, incluida una de las experiencias más dolorosas de su vida: la muerte de sus hijos. La terapia, su familia y especialmente su pareja fueron fundamentales para poder seguir adelante. También necesitó tiempo para transformar el enojo que durante años sintió hacia Gran Hermano y hacia quienes habían formado parte de aquella exposición que padeció.

Tamara Paganini volvió a cruzar la puerta de la casa de Gran Hermano 25 años después de su primera experiencia en el reality.

Por eso, 25 años después, volver a cruzar la puerta de la famosa casa tuvo para ella un significado mucho más profundo que el de un simple regreso televisivo. Detrás de aquella puerta volvió a encontrarse con una parte de sí misma que durante mucho tiempo había querido dejar atrás. Entró con miedo, con el cuerpo temblando y preguntándose qué estaba haciendo, pero también con una sensación que nunca antes había tenido: la de poder finalmente darse la mano con aquella experiencia y pasar la página.

¿Qué sentiste cuando estabas detrás de la puerta, a punto de volver a entrar a la casa después de 25 años?

— Fue muy raro. Ya estando atrás, cuando la puerta se estaba por abrir, me temblaba todo. Se me cruzaba por la cabeza: “¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy entrando de nuevo?”. Pero no, la verdad es que me hacía falta. Me hacía falta hacer las paces. Entré feliz. Refeliz.

¿Alguna vez, durante este tiempo, se te había cruzado la posibilidad de volver?

— No era algo que yo tuviera en mis planes. En los 25 años desde mi Gran Hermano, no me hubiese imaginado nunca que iba a volver a entrar a la casa de Gran Hermano. Pero cuando arrancó esta edición dorada, yo sentí que ya no le tenía bronca, cosa que sí me pasaba antes. Más allá de que las últimas dos temporadas las vi, las previos no vi ninguna. Y era como darme cuenta de que ya el enojo había pasado. Se dio la oportunidad de entrar y dije: “Bueno, es la frutilla del postre”. Era darme la mano con Gran Hermano y decir: “Chabón, está todo bien, estamos bien”.

“Me temblaba todo”, contó Tamara sobre los segundos previos a volver a entrar a la casa que cambió su vida.

La Tamara de 2001 y la Tamara que volvió a jugar

¿Qué cambió y que queda de aquella Tamara que entró en 2001?

— La Tamara de 2001 era más inocente, creo. De hecho, la Tamara de 2001 nunca jugó a Gran Hermano, siempre votó. Es que antes no había tanta conciencia de qué era. Todos sabíamos que era un juego, pero nadie se animaba realmente a jugarlo. Entendíamos que la palabra reality era que la gente tenía que ver la realidad, no actuar ni hacer estrategias ni demás. Era vivir y que la gente elija al ganador. Ni sabíamos por qué.

¿No ibas con la mente en juego, digamos?

— Cero. El único que sí metió estrategia y que hizo complot y todo fue Gastón, que entendió. Él le entró a jugar. Tengo entendido que Gastón ya había visto la primera edición de Gran Hermano en Holanda, por eso también él tenía más conciencia de juego. Pero nosotros nada. Si ves los videos de Gran Hermano 1, ya un día antes de votar estábamos todos llorando. Toda la casa con cara triste porque teníamos que votar a alguno. Lo vivíamos de esa manera, todos llorando. El día de la eliminación era terrible, parecía que se nos había muerto alguien (se ríe).

¿Qué te pasó cuando viste cómo se vive ahora el formato?

— Ahora todo lo contrario: te saltan, gritan. Eso me resultó muy extraño cuando vi que alguien queda eliminado y el otro grita y salta en la cara. Dije: “Qué loco cómo cambiaron los tiempos”. A mí si bien pude jugar en esta edición, todavía me pesaba votar. A Pincoya, por ejemplo, me hubiese convenido votarla mucho antes, pero me costó. Dejo el juego de lado y voto a otra persona.

Después de años de bronca hacia el programa, Tamara sintió que su regreso era una manera de “darse la mano con Gran Hermano”.

¿Y desde lo emocional, cómo fue tu paso por este Gran Hermano?

— Otra cosa que noté es que, en mi edición, me encariñé con todos. Salí de ahí sintiéndolos mis hermanos. Y acá no. En esta edición, como eran más participantes, yo pensé que me iba a encariñar, que al menos a la mitad los iba a querer, y no me pasó que sintiera cariño. No sentía que quería a nadie, salvo a Brian en su momento.

¿Y qué te pasó con Nazareno?

— Estuve muy poco con él en la primera parte, antes de que él entrara como acompañante. Me divertía mucho con Nazareno, mucho. Me reía mucho, me parece totalmente disparatado, me gustaba estar con él, pero no sentía todavía como que lo quería. Me divertía mucho.

Lo que más sufrió de la exposición

Cuando saliste del primer Gran Hermano, sufriste una exposición enorme. ¿Qué fue lo más difícil de ese momento?

— Hoy, que haya redes, a los famosos les hace la vida más fácil, la vida mucho más linda y tranquila en la calle. Cuando nosotros salimos de Gran Hermano, no podíamos ni caminar por la calle. Sencillamente salir y caminar por la calle. Porque de repente uno te veía y ya empezaba a gritar. Y ya todos los de alrededor miraban y también gritaban, y los de alrededor de los de alrededor. De repente, en un minuto tenías 100 personas alrededor tuyo y no podías manejarlo.

La fama después de Gran Hermano fue una experiencia traumática para Tamara: “No podíamos caminar por la calle”.

¿Llegaste a sufrir agresiones?

— Sí. Nos escupían. Las veces que me han manoseado, no te puedo decir, son incontables. No me alcanza la memoria para contarte las veces que me han tocado en la calle, sin mencionar todos los gritos en la calle, que no sé si podría reproducirlos.

¿Cómo pasó esa ola de euforia desenfrenada hacia vos?

— Creo que se dio que el tiempo pasó y ya Gran Hermano no provocaba a la gente tanta euforia como con la aparición de las redes. Ya el que te hagas famoso no provocaba en la gente endiosarte, ya te veían más accesible, más cercano. Entonces el famoso pudo vivir un poco más tranquilo. Así que con el pasar del tiempo, también yo, sin trabajar en los medios, logré capaz que mi cara resonara menos.

La drástica decisión tras el fenómeno GH

¿Fue una decisión tuya alejarte de la televisión?

— Sí, lo hice por decisión propia. Porque entendía que a mí la fama me asustó mucho. No quería ser famosa, o al menos no quería esa fama. Entonces, cuanto menos apareciera en la tele, yo decía: “Bueno, de a poco esto va a servir para que no me reconozcan tanto en la calle, que mi cara aparezca menos”.

— ¿No te pesó después?

— Es que en ese momento no sabía qué oportunidades tenía después. Yo salía de ahí y me iba a mi casa. Yo creía eso, que salía de Gran Hermano y decía: “Hola, ma, vamos a casa a tomar mate”. Es difícil que hoy puedan imaginarlo, pero era lo que pensaba en ese momento, sin dimensionar el alcance o las oportunidades de haber estado en un reality así.

Tamara recordó las agresiones que sufrió durante sus años de mayor exposición: “Las veces que me han manoseado son incontables”.

¿Qué te encontraste cuando finalmente saliste de la casa?

— Cuando salí me dijeron: “¿Qué querés hacer?”. “Lo que vos quieras: radio, cine, televisión, ¿querés hacer novela?, ¿querés tener un programa?”. Tenía las opciones que quisiera. Y mi respuesta siempre fue: “Yo me quiero ir a mi casa”. Era demasiado.

¿Alguna vez pensaste que quizás podrías haber aprovechado más aquella fama?

— A veces pienso que si en aquel momento la fama que nos daba Gran Hermano hubiese sido como esta de ahora, que pudiera estar tranquila, que voy caminando por la calle y más que fotos no te piden nada más. No te insultan, no te gritan barbaridades de la esquina... capaz que hubiese podido aprovechar y disfrutarlo más. Pero no fue así.

Una fama que nunca desapareció

¿La gente dejó de reconocerte con el paso de los años?

— La gente nunca dejó de reconocerme en la calle, nunca. Es más, en la pandemia, hasta con barbijo me pidieron fotos. Llegó un momento que me sorprendía mucho. ¿Cómo puede ser que después de más de 20 años vaya por la calle y digan: “Tamara, Tamara”? Yo no podía entender cómo me reconocían.

¿En algún momento te arrepentiste de haberte alejado de los medios?

— No. Fue lo mejor que pude haber hecho. La verdad es que en cierto momento, cuando yo estaba pasando hambre, porque estaba pasando hambre, ahí me replanteé si había hecho bien en alejarme de los medios, si hubiese estado mejor que lo aprovechara, aunque sufriera.

Alejada de la televisión por decisión propia, Tamara aseguró que con el tiempo confirmó que había tomado la mejor decisión para cuidar su salud mental.

¿Y hoy qué pensás de aquella decisión?

— Ahora estoy convencida de que la mejor decisión que tomé fue alejarme de los medios. Porque no lo iba a aguantar, iba a caer en cosas feas. No lo iba a aguantar. Así que creo que sí, la mejor decisión que tomé para mi salud mental y física es más o menos poca.

Tamara se emociona al hablar de la pérdida de sus hijos

— Hay una parte muy dolorosa de tu historia que durante mucho tiempo no contaste y decidiste hacerlo en Gran Hermano. Tiene que ver con la pérdida de tus hijos.

— La verdad nunca lo había contando así. El fallecimiento de mis hijos lo pude procesar con el psicólogo y me tomó mi tiempo. Me costó tanto hablarlo porque había otras personas involucradas, y cuando vos contás algo triste, percibís también la tristeza del otro que te está escuchando. Así que fue muy fuerte para mí contarlo adelante de tanta gente, mis compañeros de casa y tomando en cuenta que a través de las cámaras eran millones de personas las que me estaban viendo.

¿Cómo fue atravesar ese duro momento?

— Como a los nueve meses que pasó lo de mis bebés, salió en una revista diciendo que yo había perdido el embarazo. Yo venía remontando, venía sintiéndome mejor y bueno, ahí habían dicho que yo había perdido un embarazo y eso me hizo caer otra vez. Empezaron a poner cada cosa... pero nunca salí en ninguna revista o medio a contar que en realidad no perdí el embarazo, que mis hijos nacieron y fallecieron.

La ex Gran Hermano lleva años escribiendo un libro en el que promete contar, con detalles, las experiencias más dolorosas de su vida.

— Por lo que contás fue un proceso que te tomó tiempo sanar.

— El primer año, año y medio, no pude alzar a ningún bebé a upa. Justo había nacido mi sobrinita y no la podía tocar. La veía, decía: "Qué linda, qué linda". Pero era como si tuviera radiación, ¿entendés? Me la daban para que la alzara y yo me iba para atrás y decía: “No, no, no, no, no”.

Tremendo.

— Me acuerdo que una vez mi mamá la tenía a mi sobrinita a upa, muy chiquita, tenía siete meses, ponele. Yo estaba sentada al lado haciéndole caras, viendo. Y mi mamá como diciendo: “Bueno, ya está, loco, agarrala, que se te pase”. La agarró así a mi sobrina y me la puso en brazos y me dio un ataque de “sácamela”, como si tuviera una abeja. Durante mucho tiempo me pasó eso.

La terapia y el sostén de su familia

— ¿En quiénes te refugiabas para levantarte?

— En mi familia, sobre todo mi novio. Mi novio fue mi pilar. Fue mi pilar para poder estar acá parada y andando. En cierto momento sentí que él se tragó todo su dolor para poder estar para mí. Lo admiro (se quiebra). Y la anteúltima de las veces que caí de nuevo, me levantó una amiga. Me pateó la puerta de mi casa, entró, me abrió la habitación, me sacó de la cama.

¿Qué papel tuvo la terapia en ese proceso?

— Después de los bebés, hice mucha terapia. Mucha terapia, años, muchos años. Ya venía en un proceso de aceptar que a los buenos también nos pasan cosas malas y a los malos les pasan cosas buenas. La pregunta era: “¿Por qué, por qué, por qué tanta hazaña?”. Pero ahí no hay un por qué. No siempre hay un por qué.

Tamara habló de la muerte de sus hijos y contó cómo la terapia y el acompañamiento de sus seres queridos fueron fundamentales para atravesar el dolor.

¿Qué cambió en tu manera de vivir después de todo lo que atravesaste?

— A ver. No creo en el cielo ni en el infierno ni en que las almas van a un lugar desde donde te pueden mirar, y si existe, eso no lo vamos a saber nunca. Entonces, a veces, de vez en cuando hago algo divertido, algo que hago por primera vez y siento algo que no había sentido nunca. Por ejemplo, el versus. Esa sensación de vivir un versus en Gran Hermano yo no la había tenido nunca.

¿Y qué pasa por tu cabeza en esos momentos?

— Cuando me pasa eso, a veces se me cruza por un momento, por un microsegundo, se me cruza en la cabeza que lo estoy compartiendo con ellos. Es como si estuvieran en algún lugar, y digo: “Uy, mirá, mirá lo que estamos sintiendo. ¿Qué onda con esto?”. Eso fue lo que hice cuando supe que Vitorio, ya cuando naciera, se iba a morir.

¿Qué hiciste en ese momento?

— Arranqué a hacer de todo. A meterle sensaciones, sensaciones a mi vida, que él las viva porque una vez salido de la panza no las iba a poder vivir. Fui a museos, escuché música de todo tipo, le ponía música de todo tipo, nadé, me tiré de montañas rusas. Hice todo lo que se me cruzaba en el camino.

El futuro después de volver a empezar

Si pudieras volver a hablar con la Tamara que entró a Gran Hermano en 2001 y que luego atravesó tantos momentos duros, ¿qué le dirías?

— Le diría que no le crea a los demás. Que nadie la va a poder ayudar porque nadie pasó por lo mismo. Nunca nadie pasó por lo mismo. Entonces, que se prepare porque nadie la va a entender.

“A los buenos también nos pasan cosas malas y a los malos les pasan cosas buenas”, reflexionó Tamara sobre una de las grandes enseñanzas de su vida.

¿Qué esperás de ahora en adelante?

— Quiero comenzar a reactivar todo. De hecho, ya me llamaron para hacer una obra de teatro que tengo que leerla. Quiero seguir con mi streaming y quiero aprender a vivir de las redes. Actuar en redes. Incoporar las redes a mi vida laboral, digamos. Quiero aprender eso. Tengo que darle más bola al teléfono. Yo no me saco fotos, no hago vivo. Quiero meterle más a eso.

¿Y qué otros proyectos tenés además del streaming?

— Estoy escribiendo mi libro donde cuento todo lo que atravesé estos 25 años, con mucho detalle, eso también tengo que terminarlo. Y me gustaría también escribir alguna obra de teatro sobre mi vida, sobre algún capítulo de mi vida.

Fotos: @ph.candela
Estilismo: @ernie_ba @claraaled
Maquilló y peinó: @bynahuelmakeup
Looks: @annarossattiok
Accesorios: @alomejorcarlota


 
 

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