La fuerte historia de Emanuel Di Gioia, entre una infancia marcada por la violencia y el día en el que descubrió que estaba deprimido: "Quedé destruido por dentro, pero nadie se dio cuenta" – GENTE Online
 

La fuerte historia de Emanuel Di Gioia, entre una infancia marcada por la violencia y el día en el que descubrió que estaba deprimido: "Quedé destruido por dentro, pero nadie se dio cuenta"

El exparticipante de Gran Hermano abre su corazón como nunca antes: por qué tuvo que salir a trabajar cuando era sólo un niño y la durísima etapa que decidió atravesar en silencio.
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Quince años después de su primer paso por Gran Hermano (Telefe), Emanuel Di Gioia sintió que todavía tenía una cuenta pendiente con el reality que lo hizo conocido. Esta vez no entró buscando más fama ni exposición. Lo hizo impulsado por una necesidad mucho más personal: demostrarse a sí mismo cuánto había cambiado desde aquel joven que participó de la edición 2011.

Ahora, padre de Nina, de 10 años, y dueño de un taller de chapa y pintura en San Martín, asegura que su prioridad durante el juego fue otra. Trató de evitar las discusiones que consideraba innecesarias, pensó cada movimiento minuciosamente y procuró cuidar la imagen que su hija vería del otro lado de la pantalla.

Pero fue fuera de la estrategia fue donde apareció el relato más conmovedor. Durante una íntima charla con GENTE, Emanuel recordó la violencia que vivió durante su infancia por parte de su padre, el momento en que su mamá decidió abandonar el hogar para escapar de los malos tratos y cómo, siendo apenas un adolescente, tuvo que hacerse cargo de su casa mientras ella emigraba a Estados Unidos para conseguir trabajo y sostenerlos.

Quince años después de su primera experiencia en Gran Hermano, Emanuel asegura que esta vez entró para demostrarse a sí mismo cuánto había cambiado.

También reveló que durante años atravesó una profunda depresión que nunca había contado públicamente. Recién dentro de Gran Hermano, dice, encontró el tiempo y el espacio para ponerle palabras a heridas que llevaba décadas guardando.

El motivo por el que volvió a GH y qué lo hizo cambiar su forma de jugar

—¿Qué se siente volver a esa casa después de 15 años?

—Se siente una revancha propia, pero no una revancha a nivel juego, sino una revancha personal. Cuando pasó lo de 2011 todavía no existía el boom de las redes sociales. Creo que estaba nada más Twitter. Después fui papá en 2015 y me dediqué de lleno a eso. Me alejé completamente de las redes. Mi Instagram me lo hice hace apenas dos años. Pasaron un montón de ediciones de Gran Hermano y ninguna me había despertado las ganas de volver. Pero cuando mi hija cumplió 10 años me picó el bichito otra vez y dije: "Tengo que estar".

—¿Cómo fue ese casting?

—Mandé el video desde el taller, con la ropa de trabajo. No preparé nada. Les dije: "Estoy acá en el taller. Soy Ema. ¿Se acuerdan de San Martín?". Y fue pasando todo: el casting, otro casting, hasta que un día me confirmaron que estaba adentro.

Padre de Nina, de 10 años, el exparticipante revela que cada decisión dentro de la casa estuvo atravesada por una pregunta: "¿Qué ejemplo le estoy dando a mi hija?".

—¿Tu familia te apoyó desde el principio?

—Sí. Lo primero que hice fue hablar con la mamá de mi hija porque nosotros estamos separados, pero soy un papá muy presente. La llevo al colegio, la paso a buscar, la acompaño a todas sus actividades. Pensaba que ella iba a quedar sola con toda esa responsabilidad. Cuando se lo propuse, me dijo que sí enseguida. Incluso tenía más confianza que yo. Después se lo conté a mi hija y, cuando finalmente me confirmaron que entraba, yo estaba muy angustiado porque sabía que podía estar seis meses sin verla. Ella me miró y me dijo: "Entrá y ganalo". Ahí sentí que tenía que ir con todo.

—¿Qué cambió del Emanuel que entró en 2011?

—Cambió todo. Antes era mucho más "chispita". Donde había un quilombo, ahí estaba yo. Esta vez una de las cosas que me propuse fue no pelear guerras que no fueran mías. En 2011, cuando volvió Cristian U., yo salí a defender a toda la casa. Me ponía al frente de conflictos que ni siquiera eran míos. Ahora decidí no hacer eso más. No iba a pelearme por cosas sin sentido como por un huevo o la temperatura del aire acondicionado. Mi objetivo era otro: quería ganar Gran Hermano. No me interesaba gastar energía en conflictos que no me aportaban nada.

—¿También influía saber que tu hija te estaba mirando?

—Cien por ciento. Cuando Sol volvió de México me decía que, si alguien me prepoteba, lo empujara. Yo la miré y le dije que no. Me di cuenta de que quería sacarme de mi eje. Mi hija me estaba viendo, mi familia me estaba viendo. Yo practico artes marciales desde chico. No podía dar ese ejemplo.

Durante la entrevista con GENTE, Emanuel recordó por primera vez la violencia que sufrió en su infancia y cómo esa experiencia marcó su vida.

"Mi papá era violento y un día mi mamá decidió irse de casa"

—Tuviste que salir a trabajar desde muy chico, ¿por qué?

—Porque mis papás se separaron cuando yo tenía nueve años. Hasta ese momento tenía una vida perfecta. Vivíamos en Villa Ballester. Mi papá era diácono de la iglesia, pero era machista y muy violento con mi mamá. Un día ella no aguantó más y dijo: "Me voy". Nos preguntó si queríamos ir con ella y, con mi hermana melliza, no lo dudamos. Después de eso mi papá hizo cosas muy feas.

—¿Qué pasó?

—Prendió fuego toda nuestra ropa. Yo me quedé con lo puesto durante meses. También quemó todas las fotos de mi infancia. Hoy no tengo una sola foto de cuando era chico. Me sacó la cama, mi casa, mis amigos, mi colegio... Me arrancó toda mi vida de un día para el otro. Pasé de tener una vida perfecta a vivir en la pobreza. Nos fuimos a la casa de mi abuela y dormíamos donde podíamos, mientras mi mamá trabajaba en cuatro lugares distintos para salir adelante.

"No olvido, pero lo perdono", dice sobre el vínculo con su padre, de quien permanece distanciado desde hace décadas.

—¿Cuándo empezaste a trabajar?

—A los 11 años empecé a trabajar en una verdulería. Fue porque necesitábamos comer. Mi hermano trabajaba ahí y necesitaban un chico. Y bueno, fui yo. Era un chico, pero no había otra. Era trabajar para poder comer.

El día que se convirtió en el hombre de la casa

—¿Qué cosas te tocó ver en casa para decidir trabajar?

—Nosotros estuvimos más o menos cinco años cenando mate con pan y paté. En ese momento era barato. Años cenando eso. Mi mamá guerreaba. Mi mamá tenía cuatro trabajos. Maduré muy rápidamente. A los 14 años a mi mamá le salió un trabajo en Estados Unidos. Necesitaban una persona para cuidar una casa, cocinar, y ella cocinaba muy bien. Entonces se fue para poder ayudarnos. No se fue con nosotros, se fue sola. Y desde los 14 hasta los 17 años y medio no la vi. Me tuve que hacer cargo de la casa con mi hermana. Me convertí en el hombre de la casa.

—¿Cómo fue ese momento?

—Yo trabajaba en una fábrica de cerámica donde hacían veladores, floreros, esas cosas. Ganaba 580 pesos por mes y pagaba 280 de alquiler. Me quedaban 300 pesos para comer, ir al colegio, tomar el colectivo. Nada. Fue una etapa donde tuve que ser hombre de verdad. Cuidar a mi hermana melliza, María Belén, y hacerme cargo.

El exhermanito cuenta que atravesó una profunda depresión durante años y que recién en Gran Hermano encontró el espacio para empezar a sanar esas heridas.

—Todo eso, siendo aún chico.

—Sí. Me acuerdo que 2001 fue terrible, una época de crisis total. Yo tenía una casa alquilada y una madrugada, tipo tres de la mañana, escucho golpes. Veo fuego por el ventiluz y no entendía nada. Era mi tío que había venido porque me decía que venían personas de la villa a robar todo. Yo tenía 17 años y estaba bancando que no pasara nada. Había fogones en todas las esquinas. Mi hermana ponía todos los muebles contra la pared para que no entrara nadie. Fue una época muy heavy.

Cómo fue atravesar una depresión silenciosa

—¿Cómo fue sanar a ese niño que vivió todo eso? Porque hoy sos un papá muy presente.

—¿Sabés que ni yo sé? Por eso me siento tan realizado. Creo que no gané el premio, no llegué a la final, pero gané algo interno. Descubrí otro Ema.

—¿Sentís que Gran Hermano te ayudó a encontrarte?

—Sí. Yo tuve una etapa fea cuando nació mi hija, a los 5 o 6 años de ella. Tuve una etapa oscura hasta que entré a Gran Hermano ahora. Era como un laberinto sin salida para mí. Estaba con una depresión, pero como me cuesta tanto hablarlo, nunca lo exteriorizaba. Mis amigos del taller vienen a contarme sus problemas, pero cuando me preguntaban cómo estaba yo decía: "Sí, sí, todo bien". Y por dentro estaba destruido, roto, en mil pedazos.

Dueño de un taller de chapa y pintura en San Martín, Emanuel sueña con dejar ese oficio para construir una carrera en los medios de comunicación.

—¿Cuándo sentiste que esa herida volvió a aparecer?

—Un día mi hija me dice: "Pa, yo quiero conocer al abuelo". Yo pensé que hablaba del abuelo de ella, la pareja de mi mamá. Pero me dice: "No, a tu papá quiero". Y yo me quedé sin saber qué responderle. Mi hija tenía cinco años y me preguntaba algo que yo no había podido resolver. Creo que ahí tuve una etapa de depresión muy fuerte que nadie supo. Mi vieja, incluso, un día vio una foto mía de esa época y me dijo: "¿Qué te pasó? Estabas piel y hueso". Ella se dio cuenta dos años después viendo una foto. Yo por dentro estaba destruido.

Emanuel de Gran Hermano sobre su padre: "Lo perdono, pero no olvido"

—¿Con tu papá, nunca más tuviste vínculo?

—No, nunca más tuve vínculo. Sé que ahora apareció porque conté la historia en la casa. Él vive en Caseros. Creo que salió a desmentir algunas cosas, pero toda la familia de él está de acuerdo conmigo.

—Si algún día te pidiera tomar un café o charlar, ¿lo aceptarías?

—Sí, lo aceptaría. Lo que pasa es que yo lo intenté muchas veces y él se victimizaba. Lo que te estoy contando es el 1% de lo que pasó. Mi papá hipotecó la casa, falsificó la firma de mi mamá, sacó un préstamo y después no pagó para que remataran la casa. Hizo todas.

Lejos de buscar conflictos dentro de la casa, el participante eligió vivir esta edición desde un lugar mucho más reflexivo y consciente que en 2011.

—¿Sentís que lo perdonaste?

—Sí, siento que perdoné. En un momento dije: "Tengo que perdonar". No porque sea fácil, sino porque yo necesitaba soltar. Imaginate que hoy puedo hablar de esto sin quebrarme. Para mí eso ya es un montón. No olvido, pero lo perdono. Sinceramente, lo perdono de corazón.

El futuro con el que sueña Ema después de "Gran Hermano"

—¿Qué esperás después de esta vuelta a Gran Hermano?

—Es reloco porque salgo con mi hija y ella está viendo todo esto. Para mí es algo que ya viví, pero para ella es un flash. Vamos al chino y me piden fotos. El otro día me saqué tres fotos y dos videos. Me encanta que la gente me dé ese amor. Fui a la gala y, cuando salimos, en vez de irme por el pasillo donde salen todos los participantes, me fui por donde estaba la gente porque me gusta ese contacto. Se me acercó una señora con dos chicos y me dijo que gracias a mi historia su hija había podido sanar un montón de heridas. Me emocionó mucho porque ese era el mensaje que yo quería dar.

—¿Tenés ganas de quedarte en los medios?

—Me encantaría seguir en los medios. Me gustaría que me puedan dar un lugar. No soy hijo, primo ni hermano de nadie, y sé que a veces es difícil llegar, pero quiero perfeccionarme. Quiero estudiar periodismo. No sé todavía en qué rama, pero me gusta mucho. Me gustan los autos, me gustaría un programa de autos, de artes marciales, lo que sea. Me gustaría seguir en el medio, estar en televisión y en redes sociales. Tengo mi trabajo y no reniego de eso, pero me encantaría no tener estos callos en las manos (risas). No quiero lijar nunca más. Quiero dedicarme a la televisión y a las redes sociales.

Emocionado por el cariño que recibe en la calle, Emanuel asegura que el mayor premio de su paso por el reality fue comprobar que su historia pudo ayudar a otras personas a sanar.

—Por último, ¿quiénes son tus candidatos para la final de esta Generación Dorada?

—Yo siempre prevalezco que hayan estado en la casa y no se hayan ido. Lo digo porque puede ser que entre alguien por repechaje, no se sabe. Es muy fácil entrar con el diario del lunes y hablar de todo. Me gustaría que sean los cuatro originales que están desde el primer momento. Puede ser cualquiera: Pincoya, Zilli, Luana. Éramos cinco, quedamos cuatro, y eso es un montón. Todos se lo merecen por igual porque cada uno tiene su historia.

Fotos: Diego García
Maquillaje: Nahuel Puentes por Estudio Sebastián Correa
Estilismo: @amelie.coral
Looks: NO END



 
 

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