La puerta de la casa de Gran Hermano (Telefe) se cerró para Manuel Iberó hace apenas unos días, pero él todavía siente que está en el juego. Después de permanecer 141 días dentro del reality, el participante que muchos imaginaban entre los finalistas se convirtió en una de las eliminaciones más sorpresivas de la edición.
Lejos de quedarse con el sabor amargo de haber quedado afuera, asegura que el programa cumplió el objetivo con el que decidió anotarse. "Fui yo durante cuatro meses y medio", resume durante la charla con GENTE, convencido de que la exposición le permitió derribar muchos de los prejuicios que lo perseguían antes de su ingreso a la competencia.
Durante la entrevista también se permite mostrar un costado mucho más vulnerable. La muerte de su perra, mientras permanecía aislado marcó un antes y un después en su paso por la famosa casa. Aunque llegó a pensar en abandonar el juego, decidió seguir adelante. Hoy reconoce que todavía no pudo duelar esa pérdida y que el verdadero proceso comenzará cuando vuelva a su hogar y note su ausencia.

Con la misma sinceridad habla de la historia de amor que nació con Lola frente a las cámaras, de la campaña de odio que asegura haber atravesado y de la nueva etapa que comienza fuera del programa. Entre proyectos vinculados a los medios y las redes sociales, también hay una cuenta pendiente mucho más personal, una promesa que les hizo a sus padres y que espera cumplir cuanto antes.
—Estuviste casi cinco meses dentro de la casa. ¿Cómo estás viviendo estos primeros días afuera?
—Así es. Estuve casi cinco meses, sí. Fueron 141 días. Los contaba adentro, imaginate. Todavía estoy procesando un poco todo lo que pasó.
—¿Qué fue lo más difícil de esta experiencia?
—Lo más difícil, en primer lugar, es bancarte una convivencia con 28 personas que no conocés. Pero también hay una convivencia con uno mismo todo el tiempo. Estás en un contexto que no es normal y creo que la verdadera batalla de Gran Hermano está en la mente de cada uno. Es poder adaptarte constantemente a todo lo que pasa ahí adentro.
—¿Sentías que esa era tu batalla personal?
—Sí, aunque siempre me consideré una persona con una mentalidad bastante fuerte. Sabía que el aislamiento o extrañar a mi familia no me iban a afectar tanto. Lo único que realmente me quebró fue otra cosa.

"La muerte de mi perra fue el momento más duro de toda la competencia"
—¿Te referís a la muerte de Ámbar, tu perra?
—Sí. Lo de mi perra fue durísimo. Nunca en mi vida me había sentido tan triste. Era muy unido con ella. Creo que la mencioné todos los días desde que entré a la casa. Para mí fue gravísimo. Incluso llegué a plantearme abandonar el juego.
—¿Pudiste atravesar el duelo mientras competías?
—No, para nada. De hecho, ahora mismo no tengo ganas de volver a mi casa porque sé que cuando entre y vea que ella no está voy a vivir el verdadero duelo. Creo que esa va a ser la parte más dura de todo esto. El resto de las cosas que estoy viviendo son muy lindas, pero eso todavía lo tengo pendiente.
—¿Qué te hizo seguir en el reality cuando pensaste en irte?
—Mi mentalidad. Yo sabía que estaba destruido, pero también entendía que si los demás me veían demasiado vulnerable podían aprovechar esa situación para sacarme del juego. No sé si atacarme, pero sí usarlo como un punto débil. Entonces uno termina armándose una especie de coraza para que no se noten esas debilidades.

El principal objetivo al ingresar a Gran Hermano
—Cuando se confirmó tu ingreso al reality, mucha gente te conocía por lo que otros decían de vos. ¿Sentís que lograste revertir eso?
—La verdad es que sí. Me dijeron que, incluso antes de salir, mucha gente ya me veía como uno de los favoritos. Es una locura para mí. Me contaron que la primera semana estuve bastante complicado y cerca de irme, pero era lógico. Yo sabía que tenía muy poco tiempo para demostrar quién era realmente.
—¿Y en qué momento sentiste que eso empezó a cambiar?
—Simplemente fui yo. Durante cuatro meses y medio mantuve un comportamiento muy lineal. La gente empezó a ver que el relato que existía sobre mí no coincidía con lo que hacía dentro de la casa. Entonces empezaron a desestimar una historia que, además, era infundada porque nunca hubo pruebas de nada.
—¿Entraste con miedo a lo que pudieran decir de tu pasado?
—No, porque ya había vivido el hate antes. Cuando sufrí toda esa difamación ya había pasado por lo peor.
—¿Qué fue lo que más te dolió de todo lo que se dijo?
—Me dijeron manipulador, pero hubo cosas muchísimo más graves. Llegaron a decir en un stream que yo podía ser un posible femicida y hasta inventaron que tenía enfermedades de transmisión sexual. Mi caso fue muy fuerte. Después, incluso, la misma persona que había dicho todo eso reconoció públicamente que me había difamado. Entonces, todos esos prejuicios tendrían que haberse caído. Conté un poco mi versión durante la primera semana del reality porque sentía que tenía derecho a hacerlo. Después nunca más hablé del tema. Mi intención nunca fue usar esa historia para jugar.
—¿Qué sentíste al escuchar a tu expareja hablar de esa manera? ¿Te dolió?
—Yo le tengo muchísimo cariño. Fueron dos años muy importantes para mí y guardo un recuerdo muy lindo de esa relación. Siempre dije que fui infiel por mensajes y me hago cargo. Que me llamen infiel no me molesta porque fue algo que hice y lo asumí públicamente. Lo que sí me duele son todas las otras acusaciones muchísimo más graves que fueron falsas. Por eso decidí entrar a Gran Hermano: para mostrar que la realidad era otra.
—Si hoy se diera la posibilidad de tener una charla con ella, ¿lo harías?
—No. La verdad es que no tengo nada más que hablar. Ya tuve mi derecho a réplica dentro del programa y nunca sentí la necesidad de dirigirme a ella. Hoy estoy en otra etapa.

El shippeo con Lola que nació dentro de la casa
Uno de los vínculos que más llamó la atención durante esta edición de Gran Hermano fue el que Manuel construyó con Lola. Aunque ambos evitaron ponerle un título a la relación dentro de la casa, hoy reconoce que lo que sintió fue mucho más que una estrategia de juego.
—¿Cuándo te diste cuenta de que Lola te empezaba a gustar?
—Creo que después de la segunda semana. Obviamente, cuando la vi me pareció una chica muy linda, pero después empecé a conocerla y, dentro de la casa, todo se magnifica. Me parecía adorable. Me acuerdo de pensar: "Che, me está gustando esta chica, ¿qué hago?". Y seguimos avanzando como amigos hasta que ya era evidente para todos.
—Ustedes lo negaban, pero el resto de la casa ya lo veía...
—Sí. Todos se daban cuenta y nosotros seguíamos diciendo que no pasaba nada. También era por respeto, ella tenía novio en ese momento. Pero era muy difícil ocultarlo.
—Cuando Lola salió de la casa y después volvió, ¿qué sentiste?
—Los chicos me decían que, si volvía, era porque estaba haciendo campaña por mí. Cuando la vi entrar pensé: "Ya está". Lo primero que hice fue mirar si seguía teniendo el anillo de su expareja. Después vino, me abrazó y me dijo: "Tengo algo que contarte: estoy soltera". Ahí sentí que todo cambiaba.
—Muchos hablan de un simple shippeo, pero vos lo describís de otra manera...
—Para mí no fue un shippeo. Fue una historia de amor. Afuera capaz se ve como un shippeo, pero yo lo viví así. Nunca busqué acercarme a ninguna mujer para hacer estrategia. De hecho, mantuve mucha distancia con todas. Con Lola simplemente no lo podía evitar. Tenía una debilidad muy grande por ella.
—Cuando saliste y no la viste esperándote en la tribuna, ¿qué pensaste?
—Me quería morir. Venía de quedar eliminado y encima pensé: "Ya está, me quedé sin Lola". Después mi familia me explicó que ella estaba en Madrid, que nadie esperaba que yo saliera esa semana y que por eso no había podido estar. Ahí me tranquilicé.
—¿Ya pudieron hablar?
—Sí, estamos hablando todo el día por teléfono.
—¿Y cuándo se vuelven a ver?
—No tengo idea. No me quiere decir cuándo vuelve porque creo que quiere sorprenderme. Le dije que la quería ir a buscar al aeropuerto, así que voy a tener que investigar un poco... Y, si no, iré a verla.
—¿Hoy te imaginás una relación con ella?
—La quiero conocer acá afuera, pero me gusta, me gusta y ahí adentro compartí un montón de tiempo con Lola y me gusta. Novios todavía no somos, pero me gusta mucho y me encantaría construir una relación a futuro, conocernos mejor. Tenemos que ver qué nos depara esta nueva vida para los dos. Ella ya estaba acostumbrada a la exposición porque era influencer; para mí todo esto es completamente nuevo.

"Quiero cumplirle una promesa a mi mamá"
—¿Siempre soñaste con este mundo?
—No. De chico soñaba con ser abogado. De hecho, ese es mi próximo proyecto. Es una promesa que les hice a mis viejos, especialmente a mi mamá. Me falta una sola materia para recibirme y la dejé de rendir por vago, no porque me costara estudiar. Ahora quiero terminarla.
—¿Te gustaría combinar esa profesión con todo lo que apareció después del reality?
—Sí. Me encanta todo esto. Estoy viviendo algo increíble y recibí muchísimo cariño de la gente. Obviamente el hate siempre existe, pero yo venía de creer que solamente había personas que me odiaban. Hoy descubrí que hay muchísima más gente que me quiere y eso me emociona. Creo que tener un título y, al mismo tiempo, aprender a desenvolverme en este ambiente puede abrirme muchas puertas.
—¿Cómo lograste mantenerte en juego por tantos días?
—Siempre traté de mostrar quién soy como persona más allá del jugador. Para mí eran dos cosas relacionadas. Mi juego tenía tres pilares: esencia, convivencia y estrategia. Todo iba de la mano. Yo no me siento cómodo haciendo un juego sucio porque no soy así afuera.
—¿Te sorprendió descubrir que eras uno de los favoritos del público?
—Muchísimo. Adentro intuía que me iba bien en las placas positivas porque veía los resultados, pero nunca me la creí. Nunca pensé: "Ya está, soy el ganador". Gran Hermano cambia todas las semanas y hoy estoy acá afuera. Eso demuestra que puede pasar cualquier cosa.
Fotos: Diego García
Producción: Ernie BA
Traje: Dilect @dilectmartinez
Locación: Banu restaurante

