La última imagen de Agostina Madeleine Vega con vida muestra algo que hoy resulta imposible de mirar sin el peso de lo que vino después: la adolescente ingresando por el portón amarillo gastado junto a Claudio Gabriel Barrelier, un empleado municipal de 33 años que la había esperado en la esquina de la propiedad y pagó con lo justo el remise en que ella se trasladaba.
Era la casa ubicada en Juan Del Campillo 878, en el barrio Cofico de la ciudad de Córdoba. Después de ese momento, no se supo más nada de ella. Durante una semana, su familia la buscó con desesperación. El sábado 30 encontraron su cuerpo desmembrado en un descampado de 240 hectáreas en el barrio Ampliación Ferreyra. Los detenidos y principales sospechosos son tres: el propio Barrelier –imputado por el femicidio, abuso sexual y posterior descuartizamiento–, y Soledad Andreani y Osvaldo Fassetta, por encubrimiento.

Tras el levantamiento del secreto del sumario, continúan apareciendo imágenes del interior de la vivienda que se convirtió en la escena del macabro crimen y el lugar en el que se mantuvo el cuerpo oculto por más de 24 horas antes del traslado.
Un laberinto de ambientes y una habitación clave
Allí vivían en total seis personas: él, su mujer, Marianela, la hija de ambos de 11 años, Osvaldo Fassetta, y un matrimonio amigo del principal acusado, Ludmila y Matías. Hoy el inmueble tiene custodia policial.
Las imágenes que trascendieron son tétricas. La vivienda tiene varios ambientes dispuestos como un laberinto –ninguno especialmente amplio– y es precisamente la habitación de Fassetta donde los investigadores creen que Barrelier habría llevado a cabo el asesinato. El cuarto es pequeño y está todo amontonado: una moto, un mueble con herramientas y una cama de una plaza con un acolchado gris y otro blanco.

Ese detalle del acolchado es uno de los que los investigadores tomaron con atención. El propio Fassetta declaró que regresó a la casa el domingo 24 y que lo único que le llamó la atención fue que habían colocado un acolchado blanco donde él dormía, cuando siempre usaba unos grises, y que todo estaba "muy limpio".
El hombre agregó que el garaje supo ser un taller –tiene dos tableros de herramientas y llaves– y que también funcionó como su dormitorio. Ese espacio está al lado del portón de entrada y del baño, pero separado del resto de las habitaciones.

"Mar te amo, sos mi vida": la inscripción en la pared
En la pared al lado de la cama hay una inscripción escrita a mano: "Mar te amo, sos mi vida". Una dedicatoria de Barrelier a su pareja Marianela, en el mismo cuarto donde los investigadores sospechan que ocurrió el crimen. Alrededor, cajas con juguetes y papeles acumulados que refuerzan el aspecto de caos doméstico y "garage de cosas viejas" que define al lugar.
El mismo desorden se replica en la cocina y el comedor: platos colgados en la pared que dan un aspecto antiguo al ambiente, estampitas de santos pegadas en la heladera y una palangana verde en plena cocina porque el techo tiene una pérdida.
Según la investigación, Barrelier le habría mandado un mensaje a Fassetta el sábado 23 a la noche que decía: "No vengas que tengo algo".

Ya en la vista aérea de la vivienda de dos plantas –con paredes despintadas y señales de abandono– que difundieron previamente, el fondo de la casa parecía un descampado o el hogar de alguien acumulador. La imagen del terreno baldío: lleno de basura, escombros y cajones de cerveza

"A nosotros nos cagó la vida": la palabra de un amigo del principal sospechoso
David jugaba al fútbol todos los sábados con Barrelier. Lo conocía desde hacía años, compartían asados, salidas a la cancha de Instituto, habían forjado lo que él describe como una amistad genuina. "Viste esas personas macanudas que vos decís qué piola, era un chabón que no te ibas a imaginar que podía hacer algo así. A nosotros nos cagó la vida. Me reprocho no haber estado atento", declaró a Clarín.
Fue Barrelier quien trajo a Melisa Heredia –la madre de Agostina– al grupo, y ella empezó a formar parte del círculo. David conocía a Agostina y a Felipe, el otro hijo de Melisa. "Me tocó salir a un baile con Melisa y no la he visto una persona descuidada. Es una chica normal, que le gustaba salir, que le gustaba ir a la cancha, comer asado y quedarse en el tercer tiempo con los hijos. Pero nunca la vi maltratar a sus hijos, nunca la vi descuidar a los hijos", contó la misma fuente.
Y agrega algo que habla del horror que siente el círculo íntimo: "Así como estaba Agostina, estaba mi sobrina".
La chica del gimnasio: otra que pudo haber sido
El testimonio de David incluye un detalle que estremece. Barrelier había invitado a la hija de un compañero –una joven de 19 o 20 años que juega al hockey– para que fuera "la cara visible" de un gimnasio. Ella le dijo que quería ir con su mamá. Él le respondió que fuera sola.
"Cuando salió todo esto a la luz, no sabes cómo la abrazaban los papás a esta chica", cerró David.
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