Comenzó como un juego en redes sociales y terminó convirtiéndose en una verdadera gesta digital. Este fin de semana, la Catedral de La Plata (cuyo nombre oficial es Catedral de la Inmaculada Concepción) se consagró como la "más linda del mundo" tras ganar el Mundial de Catedrales, un certamen organizado por la cuenta de Instagram @documentales_de_bolsillo, que movilizó a cientos de miles de usuarios.
El templo platense fue la única construcción no europea en llegar a la instancia final, donde se midió nada menos que ante la mítica Catedral de Santa María del Fiore de Florencia, cuna del Renacimiento italiano. La pulseada era total: el orgullo bonaerense contra una cúpula que desafió los límites de la ingeniería mundial. Sin embargo, el resultado fue aplastante: La Plata se llevó la victoria con el 93% de los votos frente al modesto 7% que cosechó su par italiana.

El camino del "matagigantes" bonaerense
La coronación frente a Florencia no fue casualidad ni un golpe de suerte. Para levantar el trofeo virtual, la maravilla platense tuvo que dejar en el camino a los pesos pesados de la arquitectura mundial. Su recorrido hacia la final incluyó victorias contra íconos indiscutidos: eliminó a la legendaria Notre Dame de París con el 63% de los votos y aplastó al majestuoso Duomo de Milán con un 82%.
Pero el duelo más poético se dio en la semifinal, donde arrasó (también con el 93%) frente a la Catedral de Colonia, Alemania. El triunfo tuvo un sabor especial porque el templo alemán había sido justamente una de las grandes referencias que tomaron Pedro Benoit y el arquitecto Ernesto Meyer para trazar los planos originales de La Plata a fines del siglo XIX. Sí. La "alumna" superó a su máxima inspiración.

El encanto del ladrillo a la vista y una historia de 115 años
Más allá del "aguante" popular y del voto masivo de argentinos y latinoamericanos que apostaron por lo propio, existen razones de peso para considerar a esta construcción una verdadera obra de arte a escala global.
A diferencia de las opulentas catedrales europeas, casi siempre revestidas en piedra blanca o grisácea, la de La Plata luce su estructura de ladrillo a la vista. Esta particularidad casi inédita para construcciones de su escala le otorga un color rojizo inconfundible y la acerca a la singularidad del "gótico de ladrillo" del norte de Europa.

Además, su encanto también reside en su historia épica, marcada por el esfuerzo y la resiliencia. Con su piedra fundamental colocada en 1884 (apenas dos años después de la fundación de la ciudad por Dardo Rocha, cuyos restos hoy descansan allí), la obra demandó más de un siglo. Aunque se inauguró de forma incompleta en 1932, los trabajos se detuvieron durante décadas por temor a que los cimientos no soportaran el peso. Recién a fines de los años 90 se reforzaron las bases y se utilizaron 350 toneladas de estructura metálica para erigir finalmente sus imponentes torres, culminando la obra en noviembre de 1999.

Los imponentes números de un gigante monumental
Ubicada en el corazón geográfico de la ciudad, frente a la Plaza Moreno, la campeona del mundo deslumbra con cifras que marean. Se trata del mayor templo neogótico de Sudamérica, con una superficie de 7.000 metros cuadrados y una capacidad para albergar a más de 10.000 personas.
Su silueta icónica está definida por las torres gemelas "Jesús" y "María", que se alzan hasta los 112 metros y se coronan con 50 toneladas de cobre, convirtiéndolas en una de las más altas de América. Semejante monumentalidad no pasa desapercibida ni en Roma: desde 1996, el nombre de la Catedral platense está inscripto en los mármoles de la mismísima Basílica de San Pedro en el Vaticano, un reconocimiento reservado solo para las iglesias más grandes del planeta.
En su interior y exterior, el cuidado por el detalle es extremo. La fachada ostenta un rosetón monumental de 180 metros cuadrados compuesto por 25.000 piezas de vidrio brillante. A esto se suman 200 pináculos, 800 agujas y 89 enormes ventanales (de los cuales 37 son maravillosos vitrales franceses y alemanes con escenas bíblicas). Como si fuera poco, su torre María esconde un carillón de 25 campanas, uno de los pocos de su tipo en el país, capaz de inundar las calles de la ciudad con decenas de melodías.

"La belleza de lo simple" frente al turismo masivo
Pero el gran secreto de su victoria va mucho más allá de los metros de altura o el color de sus ladrillos. Lo que finalmente volcó la balanza de las redes sociales fue una profunda conexión emocional y espiritual con el espacio.
Durante la campaña, uno de los comentarios más "likeados" en el anuncio de las semifinales resumió a la perfección el sentir popular: "Va a ganar porque la Catedral de La Plata sigue siendo una Iglesia y no un centro turístico. Se puede entrar a rezar sin tener 500 personas sacando selfies al lado tuyo. Por otro lado, sin perder majestuosidad, tiene la belleza de lo simple, opuesto al exceso de ornamentación y opulencia de las grandes catedrales europeas".
Así, con la mezcla perfecta entre monumentalidad, identidad sudamericana y un ambiente que invita a la verdadera desconexión, la Catedral de La Plata dejó de ser solo el orgullo de las diagonales para coronarse, de manera indiscutida, en lo más alto del planeta.


