Las confesiones de Andy Kusnetzoff: Del exótico pato que visita anualmente a la profunda angustia que llegó a sentir por la TV – GENTE Online
 

Las confesiones de Andy Kusnetzoff: Del exótico pato que visita anualmente a la profunda angustia que llegó a sentir por la TV

En un alto de su vertiginosa vida, el conductor de Podemos Hablar (Telefe) baja la guardia con GENTE. El idioma que usa en la intimidad con su pareja, el fuerte aprendizaje que le dejó su psicólogo y por qué encuentra el sentido de la vida en las películas de Pixar.
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"Andy vuelve con una nueva temporada de encuentros, historias y confesiones impactantes", dice la promo que puso Telefe al aire hace un par de semanas anunciando la esperada vuelta de PH, Podemos Hablar. Y al escucharla, desde GENTE nos preguntamos por las historias ocultas de su carismático conductor. Para ir tras ellas, pedimos charlar a solas con él.

El esperado encuentro se dio en los pasillos de Kuarzo. Ahí, rodeado de su tropa, Kusnetzoff recibió piropos mientras iba a posar en la terraza. "¡Qué fuerte estás!", le gritó uno jodonamente para que todos los escucharan. A lo que el escorpiano, lejos de achicarse y siempre rápido de reflejos, replicó: "¿Viste? En la tercera edad estoy fuertísimo".

El clima no podía ser mejor. Así que era solo cuestión de encender el grabador -como tantas veces hizo él- y empezar a preguntar.

Andy Kusnetzoff en la tapa de GENTE.

–Andy, ¿hace cuánto que nadie te dice Andrés?

–Hay mucha gente que me dice Andrés. Pero no en el medio.

–¿Quiénes son?

–Andrés me decía mi mamá cuando se enojaba. Ahora me dice Andresito u otras variantes. Flor ("Kourny" Suárez, su pareja) de vez en cuando también me dice Andrés, y algunos padres del jardín también, porque yo me presento como Andrés. Me gusta.

–¿Y tus compañeros de primaria?

–Están todos muertos los de mi primaria (Risas). No, mentira. Con los de la primaria hace mucho no me veo. Tengo un amigo sí desde los dos años, pero me dice Andy. En realidad... Yo soy Andrés, mis amigos me decían Andy, entonces quedó Andy, y después me transformé en Andy, y para diferenciar, me empezaron a volver a decir Andrés.

–Tuvo todo un ciclo tu nombre.

–Exacto. El ciclo de la vida.

Andy Kusnetzoff posando para GENTE.

–¿Tenés algún otro apodo con el que te conozcan en la intimidad?

–Mmm... No que te pueda contar. (Sacude la cabeza indudablemente con un apodo en mente). Con Flor tenemos una forma de decirnos, pero...

–¿Es un apodo cariñoso?

–Sí. Y no es ni "gordi", ni "cielo", ni "nubes", ni nada de eso.

–Ninguno de los clichés clásicos.

–No... A veces usamos palabras en portugués.

–¿Por qué en portugués?

–No sé, pintó así. No tendría una explicación. Bah, yo me crié en Brasil, entonces muchas veces tengo cosas de Brasil, pero eso es más en la intimidad, no tanto en lo laboral (Empieza un diálogo en portugués que cambia en segundos su tonada y que deriva en risas grupales).

Para las fotos, Andy eligió un estilo total black compuesto por una remera de cuello redondo, una campera de jean intervenida por él mismo y una gorra de Urbana Play, la radio en la que conduce el famoso ciclo Perros de la Calle.

–En la solapa de tu campera de jean llevás tres pines. ¿Hay alguna historia detrás?

–Me gusta que te hayas fijado en ese detalle (Levanta su mirada y devuelve una gran sonrisa antes de apuntar con su dedo índice al primero). Este es el pato de Mar del Plata. Es un Pato Donald nacional, made in acá, que me trae suerte y buena onda. Creo mucho en el pato de Mar del Plata, casi religiosamente. Es más, cada vez que voy tengo que parar en Punta Mogotes a sacarme una foto con él, y así sé que ese va a ser un buen año. Es así, no hay discusión. (Señala una botellita rosada) Este es uno de Gin porque tuve una época de barman; me gustan mucho las bebidas, las botellas, e hice todos los cursos. Solo no laburé de eso porque me va mejor haciendo esto, pero me encanta (Muestra el tercer pin que dice Barcelona en celeste y amarillo). Y Barcelona, porque es una ciudad que amo. En un momento me quería ir a vivir... Pero este no es el momento más español que estoy viviendo.

–¿Es culpable el Mundial de ese distanciamiento emocional con España?

–Y... El posmundial nos dejó medio sensibles con el tema.

–¿Te peleaste con algún amigo español?

–No, no me peleé con ninguno, pero quedamos medio distanciados. Después se va a arreglar, pero se siente eso.

El hombre que brilla por la pantalla de Telefe todos los sábados a las 21:30hs, reconoce que ya no sufre la presión de los números. "Fui entendiendo que la vida es un tema, el trabajo es otro, y que el éxito y aquello de lo que estoy orgulloso como persona son dos cosas totalmente distintas", reflexiona con madurez.

–Igual Argentina es un país de pasiones.

–Sí, pero con España no teníamos un tema. Está claro Inglaterra, está claro Brasil futbolísticamente... España no era un tema, pero entró en el club me parece. Sobre todo por las declaraciones de España, no porque nos hayan ganado a nada, ¿eh?

–De alguna manera descubrimos que hay más haters contra Argentina de los que pensábamos.

–Y, ¿viste? A veces hay cosas que están ahí agazapadas, como el antisemitismo, y hay un momento en que sale. Y bueno, el antiargentinismo está ahí y de repente sale con personas, después se calma... Pero quedó medio raro ese sentimiento posmundial con respecto a la Argentina desde afuera. Desde adentro, yo me quedé feliz con el Mundial, porque estuve los 40 días afuera y los disfruté.

–¿Qué fue lo que más disfrutaste de haber viajado al Mundial?

–Ver a mis dos hijos (Helena, 10, y León, 4) de azul y blanco viviendo un sentimiento de argentinismo increíble. Es algo difícil de enseñar. Y verlos vestidos, cantando las canciones de Malvinas y la Selección fue increíble, súper emocionante.

–Este mes cumplen años los dos, ¿no?

–Sí. Son de Leo los dos. Cumplen el 4 y el 20.

Una de las imágenes de Helena y León que subió Flor -la mujer de Andy- a sus redes sociales, y que él comentó públicamente con ternura.

–Comentaste el signo al toque. ¿Sos de creer en los signos?

–No sé... Tienen su carácter los dos, y cuando hablás con los que saben de signos te dicen "ah, ¿son de Leo?, ¡uy!". Y mi signo también siempre viene acompañado de un "¡uhhhh!", así que estoy acostumbrado.

–¿Ves que alguno de tus hijos esté heredando algo tuyo?

–Yo creo que uno viene a aprender lo que traen en su personalidad. Hay momentos que vemos reflejados, porque seguramente hay cosas que todos los chicos hacen y uno dice "uh, esto yo lo hacía". Pero a veces la veo a Helena que estornuda con el sol y distintas características y digo "uy, yo también pasé por esto". Es lindo, son guiños. Igual yo no estoy tan conectado con eso, me parece algo más egocéntrico. A mí me gusta que tengan su personalidad e ir conociéndolos.

–Y vos también te irás descubriendo como padre, porque vas enfrentando diferentes desafíos a medida que crecen.

–Como yo fui padre a los cuarenta y pico, es como que ya tenía resueltos un montón de temas y un montón de conocimientos, y como padre arranqué de cero y me di cuenta de que no sabía absolutamente nada y tuve un montón de miedos... Es salir a la vida. Pero es una experiencia increíble, intensa, difícil y hermosa.

–Hace dos semanas volviste a la tele después de tomarte un break de dos años, ¿te dio algo de miedo o te resulta algo tan conocido que ya sabés cómo manejarlo?

–¿La verdad?, no me dio miedo. Quiero que salga bien, así que me ocupo, hablo con producción, vemos qué tenemos de nuevo, cómo lo hacemos, quién viene... No es miedo. Sí hubo momentos de mi vida en que sufría la tele. Sentía angustia y era como si se me fuese la vida. Después, a eso de los cuarenta, fui entendiendo que la vida es un tema, el trabajo es otro tema, y lo que vos sos como persona y la autoestima que puedas tener no dependen del éxito que vos logres en otro aspecto. Eso fue muy importante: darme cuenta de que estaban escindidos el éxito y lo que yo estoy orgulloso de mí como persona. Son dos cosas totalmente distintas. Yo puedo estar muy contento con lo que soy como persona, mis valores e integridad, y por ahí me va como el orto. Bueno, no importa eso. Pero antes, hasta que no supe eso, estaba medio relacionado: si me iba bien, era bárbaro; y si me iba mal, la puta madre, ¡qué angustia!, ¿entendés?

–Eso debía generarte muchísima ansiedad.

–Sí. Yo nunca tuve temas de ansiedad, pero sí (Se levanta el cap). Me preocupan más hoy todos los adolescentes que, sin tener en claro todo eso, están con las redes sociales súper expuestos a la aprobación externa, a una tercerización de la autoestima. Eso es re complicado, porque le estás dando el poder a otra persona de que te diga si valés o no, si servís o no. El otro camino es decir: "Mirá, no me ponen un puto like, no tengo seguidores, pero soy bárbaro, me gusta lo que hago y me gusta lo que posteo aunque me vean mi vieja y dos más". Pero es difícil eso, porque termina siendo: "Che, a vos nadie te da like, no servís". Y hay mucha fragilidad cuando uno se está formando como persona en la adolescencia. El tema de la salud mental en la adolescencia es súper complejo y creo que hay que darle mucha más cabida.

–Es el futuro, básicamente.

–Es el presente, te diría. "El futuro no llegó. El pasado ya pasó. El presente es un regalo". No lo dijo Borges, se lo dijo Oogway a Shifu en Kung Fu Panda 1.

–Hermosa imagen.

–Te tiro otra de Ratatouille: "Un artista puede venir de cualquier lado". Y esto es lo mismo. A mí no me interesa venir acá a nombrarte griegos, hacerme el sociólogo o decirte lo que decía Saussure, Sartre o Nietzsche. Para mí no hay mejor biblia para citar textuales que las películas de Pixar y Disney. Además, para que haya aparecido ahí es porque muchos guionistas lo pensaron y pasó muchos filtros.

–¿Te imaginabas cuando eras adolescente que ibas a llegar a donde llegaste?

–Cuando era adolescente me imaginaba cortarme el pelo como Simon Le Bon de Duran Duran. Fui a la peluquería, le mostré la foto y el flaco me miró como diciendo "no hay con qué" (Se muerde los labios). La verdad, estaba muy perdido de adolescente sobre qué quería hacer de mi vida, y seguía más que nada mandatos. Me anoté en el CBC de Kinesiología, porque hacía buenos masajes que mi papá me había enseñado, pasé por Medicina, pasé por Economía, me anoté en la UBA en Psicología y llegué hasta tercer año... Estaba perdido hasta que me encontré con la televisión a raíz de un productor de La TV ataca y blah, blah, blah. Y el día que entré a un estudio de tele en Canal 7, donde hacían el programa que conducía Mario (Pergolini), miré y por fin sentí que encajaba algo. Dije: "Esto es lo que quiero hacer". Y como productor, eh, ni pensaba hacerlo yo frente a cámara. Me parecía espectacular. Así que ahí encontré mi vocación y nunca paré.

Relajado y con la madurez de quien ya tiene mil batallas ganadas en el medio, Andy mira hacia atrás y recuerda al adolescente perdido que llegó a cursar tres carreras distintas antes de pisar un estudio de televisión.

–¿Hace cuánto fue eso?

–Hace treinta y pico de años, tenía 20, y yo anotaba y llevaba miles de ideas. Y no te puedo explicar lo que sentí cuando vi a Juan Di Natale usando una consigna mía en la calle. ¡La estaba viendo en televisión! Fue una revelación. Un wow. Y después, a los 21, llamé a Pergolini y le dije que quería laburar en la radio. Empecé como productor de él y fui encontrando mi camino.

–Perseguiste tu carrera, la fuiste armando.

–Es una cagada porque si bien parece que tiene mucho mérito -de hecho lo tiene-, yo sufrí mucho. Siento que le tuve que meter mucho esfuerzo a todo. Nada fue regalado, nadie me dijo "¿querés hacer esto?" o "copiá esto", todo lo fui encontrando, lo cual también me sirvió para desarrollar una autoestima que me sirve. A mí no me gusta la gente que dice "no me llaman para laburar". Pienso: "Bueno, hermano, andá, hacete un proyecto, pateale la puerta a diez personas y metelo". Yo soy así. Por supuesto hablo desde un contexto privilegiado de alguien que puede buscar un trabajo dentro de lo que hay, no de la gente que está en una situación súper difícil porque no hay empleo. Hablo de gente que podría conseguir un trabajo y está ahí sentada esperando.

–Después de tantos programas y tantas cosas, ¿cómo te gustaría que te recuerde la gente?

–Hace diez años te hubiera dicho "que fui una persona tal...", pero hoy estoy impactado por lo rápido que va todo. ¿Viste esos reels que te dicen "en tres generaciones nadie se va a acordar de vos"? Me impacta. Entonces estoy más enfocado en que mis hijos recuerden un montón de cosas que en los premios que gané o los éxitos y fracasos de la tele. Pero para no evadirte, te digo: me gustaría que recuerden que hice programas personales en donde traté de que tengan verdad. La radio tiene mucha verdad, no hay nada careta. Y la televisión, que cuesta más, siento que tanto CQC en su momento como PH son programas que tienen mucha verdad, y en PH trato de encontrar historias y humanidad en todos los invitados.

"Me gustaría que recuerden que hice programas personales en donde traté de que tengan verdad", asegura Kusnetzoff.

–Es impresionante cómo lográs que los invitados se abran con vos.

–Es que te juro que lo busco porque quiero que salga eso. Me gustaría que digan: "Mira, es una buena persona que trató de ayudar a los demás". A veces no lo logro, pero yo estoy convencido de que lo hago. A algunos les llegará más y a otros menos, porque muchas cosas no dependen solamente de lo que vos querés generar. Todos van a opinar de tu laburo y no a todos les va a gustar, y es válido. Hay críticas que son de mala leche, y no las escucho, pero hay otras que me resuenan y está bien. Yo, por ejemplo, soy fanático de Notting Hill, y a muchos les parecerá hermosa y otros dirán que Hugh Grant es una mierda. Cuando te exponés hay que bancar que todos tengan una opinión.

–Refleja una parte muy tierna de tu personalidad que tengas películas como Notting Hill y Ratatouille de cabecera.

–Hay muchas cosas más. Me gusta Gladiador y me gusta Notting Hill. Igual para mí la vida está en Ratatouille, en Coco y en El rey león. Entre esas tres películas encontrás todos los conflictos de la vida.

–¿Tenés objetos en tu casa de esas películas?, tuyos, no de tus hijos.

–Tengo una taza de Ratatouille, sí. Y un platito también (Se tienta). Y de El rey león tuve cosas pero ya fue hace muchos años (Risas). Por cierto, el otro día descubrí un dato sobre Ratatouille... ¿Viste la película?

–Sí, obvio.

–Bueno. Me estoy re yendo de tema, pero ¿cómo sabe la rata Remy qué plato cocinarle a Anton Ego, el crítico gastronómico? ¿Y por qué no usa el libro del chef Auguste Gusteau, que consultaba permanentemente? Hay una teoría en internet que reflota que cuando empieza Ratatouille, Remy se escapa con la colonia de ratas de la casa de una vieja que les dispara con una escopeta. Bueno, esa señora sería la mamá de Ego. Entonces él se crió viendo cómo preparaban la comida que a Ego le gustaba de chiquito. Por eso sabía perfectamente qué cocinarle.

–Tendría muchísimos años la rata. ¡Estaría toda canosa!

(Se tienta con ganas) Te arruiné la nota con esta teoría, pero a mí me encanta. Y vos estarás diciendo "¿para qué me quedé para escuchar esto?". Bueno, bancatela (Muchas más risas). Es lo que tengo para dar (Siguen las risas).

–Siento que tenés muchas de estas teorías, y esto manifiesta mucho tiempo en Instagram scrolleando fuerte.

–Manejo mucho Ratatouille, entonces el algoritmo me lo ofrece (Risas). ¿Qué más? Tenés una pregunta más, dale (Dice a pesar de que ya nos dijeron que estamos pasadísimos de tiempo).

Detrás de su imagen de conductor consagrado y su look urbano y rockero, se esconde un fanático empedernido de la cultura pop. Sin prejuicios ni poses intelectuales, asegura que no necesita citar a grandes filósofos para entender el mundo: "Para mí no hay mejor biblia que las películas de Pixar y Disney. En Ratatouille, Coco y El rey león encontrás todos los conflictos de la vida".

–¿Tenés algún deseo para este año?

–Siempre salud y ser feliz. Estamos en esta vida para ser felices. Me lo dijo mi psicólogo hace un montón, y a medida que pasan los años creo que es lo único importante. Vos tenés que tratar de acercarte a eso en lo que hagas. Si hago televisión y me hace feliz, buenísimo; y si no, hay algo que no va. Lo mismo en la pareja, lo mismo en todo. Sacando por supuesto los temas que te van pasando, como cosas de salud o muertes, claro. Pero trato de ser feliz, de pasarla bien en PH, que salga bien, que generemos buenas historias, seguir haciendo radio y cuidar lo más importante: la familia, la salud y el amor. No hay mucho más que eso.

–O sea que el día que no te veamos feliz, ¿no te vamos a ver en la tele?

–Bueno... los últimos dos años no estuve porque me parecía que estaba bueno parar. Y ahora con las autoridades de Telefe que siempre apoyaron el programa, sentí que era un gran momento para hacerlo y volví con ganas. Es que hacer algo sin ganas... ¡¿para qué sufrir?! Tengo que agradecer que hoy puedo hacer lo que me gusta. ¡Gracias!

Fotos y video: Ramiro Palais
Agradecemos a Sabrina Castel



 
 

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