Cris Morena, a corazón abierto: "Me cuesta aceptar las partidas, pero soy de las que creen que el alma nunca se termina" – GENTE Online
 

Cris Morena, a corazón abierto: "Me cuesta aceptar las partidas, pero soy de las que creen que el alma nunca se termina"

En el marco del lanzamiento de la segunda temporada de Margarita (HBO Max), la creadora de los universos que hicieron soñar a generaciones enteras se entrega a una charla íntima y sorprendente, desde la que recorre sin filtro pero a pura emoción su carrera y a la vez sus dolores y sus anhelos más profundos.
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El 7 de agosto de 1995 estrenó Chiquititas, y desde el minuto uno Romina Yan -que encarnaba a Belén Fraga- dejó en claro que, con amor y magia, todo era posible. De un segundo a otro el día más oscuro se iluminaba cuando ella comenzaba a leer un cuento, y de las páginas de su libro podía salir cualquier cosa. Bueno, algo así se siente conversar con su mamá, con la mítica e inigualable Cris Morena (69).

Charlar con ella es un viaje impredecible. Es sumergirse en su infancia, repasar el origen de su nombre artístico -"mis amigas me decían que era una grasada"- y espiar cómo es su refugio privado de picaflores. Es también adentrarse en sus batallas terrenales: su desazón con la mujer que se apropió de sus canciones, su rechazo por los celulares y los haters, y la intimidad de una mujer que se reconoce "solitaria". Y es, irremediablemente, asomarse a su alma: un espacio donde el dolor desgarrador por la pérdida de su hija y de su pequeña nieta convive con el orgullo vital de seguir haciendo historia.

Pero, por sobre todas las cosas, charlar con Cris Morena es sorprendernos con sus ojos cargados de emoción y conectar con preguntas que van mucho más allá de Margarita, la exitosa ficción que nos convoca. "A veces una canción te sana o te salva, ¿no?", nos lanza mirándonos fijo en plena charla. Y en esas palabras, como en un pase de magia, vuelven a latir todos los personajes que alguna vez creó.

Cris Morena en su costado más íntimo.

Así comienza la historia de Cris Morena: De la biblioteca de su abuelo a "todos los sueños del mundo"

–Cris, llevás años hablándoles de magia, amor y sueños a las personas. ¿Quién te hablaba de todo eso a vos?

(Desvía su mirada al cielo) Yo no tuve la suerte de que me hablaran a mí de magia, de sueños y de todo eso. La mía fue una infancia diferente, con muchas más problemáticas, por así decirlo. Pero fui una gran lectora. Mi abuelo era el dueño de la Editorial Pitman y tenía unas bibliotecas gigantes, y a veces yo me quedaba horas y horas en esa biblioteca, que tenía un piano, una máquina de escribir y libros. Y leí de todo: desde las viejísimas selecciones del Reader's Digest hasta libros inimaginables que no podía leer a una edad tan temprana.

–¿Cuáles fueron los libros que te marcaron?

–Los más simples. El Principito para mí fue una gran experiencia a la edad que lo leí, porque creo que tenía seis años. Yo entré a los cinco años al colegio, que era un colegio francés porque mi abuelo era francés, así que también leía libros en francés. Me gustaban mucho las poesías; (Fernando) Pessoa, por ejemplo, es uno de mis poetas preferidos. Él dice una frase que me fascina y que hace mucho que no digo: "No soy nada, no quiero ser nada, aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo".

–Linda frase.

–Y real.

Citando a su poeta favorito, Fernando Pessoa, la virginiana asegura tener en su interior "todos los sueños del mundo".

–¿Sentís que tenés todos los sueños del mundo?

–Todos. Después, que los pueda cumplir es otra cosa, pero soy una soñadora vital, absolutamente vital. Amo la vida, tengo una canción que se llama Estoy enamorada de vos vida, y todas mis canciones hablan de los planos, de la vida. Casi Ángeles hablaba del agujero negro, de la teoría de las cuerdas... O sea, todo servía para aprender y para zambullirte en un mundo que a la vista no era el mundo real, y eso es lo que más me fascina. Me encanta la magia. Soy ferviente admiradora de los magos además.

–Me lleva a preguntarte qué es la magia para vos.

–La magia para mí es imaginarte cada cosa de la vida con algo diferente que te sorprende. Es ese nivel de sorpresa que te deja extasiado, que vas por un camino y de golpe se te cruza algo, ¡y te cambió!, y te sigue sorprendiendo. ¿Viste como los perros que están todo el tiempo así (mira con velocidad para un lado y para el otro)? Lo uso de ejemplo porque ahora tengo un perro y me fijo mucho. Bueno, yo soy medio así. Y me parece que sin magia, sin sueños y sin un apasionamiento, no hay camino y no hay vida.

Para el encuentro, Cris eligió un vestido gris de cuello blanco y botones dorados, combinado con botines negros.

–Siento que te esforzaste mucho por volcarle eso a la gente, porque hay muchos nenes y nenas que crecieron abrazando eso.

–No diría que me esforcé. Diría que me fascina contarle a la gente que se puede vivir una vida muy difícil y, a la vez, vivir una vida muy mágica también. Depende de uno, básicamente, y creo profundamente en que hay una creación que nos sostiene desde todos los lugares. Aliados fue eso, ¿no? Fue el cruce de mi desierto después de que mi hija amada (Romina Yan) pasó al otro plano.

–Tenías ese Vive Ro.

–Sí... tenía ese vivero, que era un vivero, pero era "vive Ro" (despliega una sonrisa genuina y eterna). Y hasta los nombres más insólitos de las series tenían algo que ver con... Bueno, Margarita no justamente, pero todos tienen que ver con algo que parece no existir y en mi vida existe.

–En la tira de Margarita... ¿hay algo en particular que la gente no sepa y que esté ahí dando vueltas?

–Sí, hay cosas. Hay algunas cosas mágicas. De hecho están las haditas, que son como las emociones. Por cierto, a mí me sorprendió mucho cuando vi la película de Disney (Intensa-Mente) porque yo ya había hecho las EmotiHadas antes. Es increíble cómo el universo a veces junta a personas que hacen cosas muy parecidas. Y nuestra canción pegó muchísimo con los varones, los chicos de la serie aman esa canción. Y volviendo a lo anterior, creo que uno tiene que vivir un poquitito ensoñado. Hay una forma más amable de vivir esta vida que no es nada sencilla.

Imagino que te debés abrazar a esa búsqueda en más de una ocasión.

–Generalmente veo la parte mejor de la vida, y la otra no trato de sortearla... trato de pasarla con hidalguía.

A sus 69 años, admite que los golpes más duros de la vida intenta atravesarlos "con hidalguía".

–¿Tratás de enfrentarla de la mejor manera posible?

–Sí. Soy enfrentadora, soy rebelde.

–¿Te abrazás mucho a tus afectos?

–Sí, pero soy una persona bastante solitaria. Así como me ves, me gusta mucho estar sola y amo la soledad pero porque me gusta mucho leer también, y eso medio que combina. En mi casa tengo frecuencias puestas todo el tiempo. Bueno, hoy justo la chica que me vino a maquillar, que es un sol, me dijo: "Cris, salgo de acá y parezco que fuera a flotar". Y yo estoy llena de flores en mis terrazas... Ojo, todo suena maravilloso, pero hay una parte que no es tan maravillosa y que no te la voy a contar. Pero lo que es maravilloso y se puede contar es que de verdad es maravilloso ver cómo a las flores les pega la música de las frecuencias.

–¿Qué flores tenés en tu casa?

–Orquídeas, rosa china, unas flores blancas, y flores de muchos colores.

–Te imagino con un espacio muy colorido.

–Sí, es colorido, y hay mucho verde también, porque tengo como dos terrazas en una esquina a las que les da mucho el sol, y siempre vienen los colibríes, que para mí son mágicos. Siempre lo fueron. Logré tener uno en mi mano, que es rarísimo, y entraron dos o tres veces a mi casa porque siempre tengo los ventanales abiertos. (Se señala el ojo con picardía como diciendo "ojito"). Yo también les pongo flores que les gustan. A ellos la rosa china les encanta, los jazmines les gustan y sobre todo la salvia. Y, cuando llueve, quedan las gotitas, y ahí aparecen.

Desde que inició su camino en la producción en 1995, Cris craneó más de una docena de ficciones (Rebelde Way, Floricienta, Casi Ángeles y Aliados, entre otras).

–Y vos estás atenta, porque hay gente a la que la vida le pasa por delante y no se da cuenta.

–Yo tengo una atención permanente a la vida. A lo que yo veo la vida, ¿no?, porque por ahí me pisa un auto. Me refiero a que yo no estoy atenta a cruzar la calle bien, tengo atención a la vida normal. Me llama la atención mucho la vida. Me fascina.

–Y en este momento, ¿cómo te encuentra la vida?

–Me encuentra en un momento muy particular, con una mezcla de felicidad inmensa de haber armado un equipo de gente maravillosa -tanto atrás como delante de cámaras- y una serie que me tiene fascinada. Porque después de haber hecho tantas ficciones lindas, y muy exitosas, es difícil volver, pero siempre hay algo que nos guía. Yo tengo un equipo con el que trabajo muy a fondo desde hace años y con el que nos entendemos con mirarnos. Eso hace que todo fluya, que armemos las cosas en conjunto y que no haya secretos... (Se queda pensando) Me olvidé la pregunta.

–Te preguntaba cómo estás ahora.

(Alza la mirada y comienza a hablar desde ahí) Estoy en un momento especial, sobre todo porque se repitió una historia muy dolorosa y me cuesta mucho (N. de la R.: se refiere a la muerte de su nieta de siete años). Soy virginiana y me cuesta no entender el "para qué" de las cosas. Soy una persona que se pregunta todo el tiempo el "para qué". No "por qué", sino "para qué". Y me cuesta mucho y tengo que aceptar que, como es la creación y el nacimiento, también es la partida. Creo en los planos y en que el alma nunca se termina; sigue en otro ser, en un animal, en una planta o en algo. Lo veo porque veo lo que pasa con los colibríes, con las mariposas y con las plantas que florecen con la música por ejemplo. Entonces la música para mí es mágica. Creo que es el regalo más grande que nos hizo el universo.

–Hiciste tantas canciones que la gente canta como si fuesen propias... ¿cuál es la que más te llega a vos?

–Hay gente que las canta como si fuesen propias, cosa que no me divierte (nace un "no" cortante con su dedo indice en el aire y la gente a su alrededor se ríe). Hay gente que se aprovecha de otros (N. de la R.: se refiere a Flor Bertotti y a las canciones de Floricienta que canta en sus shows). Pero, en general, bienvenidos sean si cantan las canciones. Las van a recibir un montón de niños y jóvenes que están esperando encontrar la palabra justa. Y a veces una canción te sana o te salva, ¿no? O un libro. Lo único que no sana ni salva son los teléfonos, que para lo único que sirven es para saber a dónde vas y para alguna pavada más.

"Creo que la música es el regalo más grande que nos hizo el universo", le dice a GENTE.

–Queda más que entendido que con las redes te llevás mal.

–Re mal. Pero además soy bruta, soy mala. No entiendo nada y no pretendo entender nada. Yo no tengo redes. Sí @bycrismorena y todo esto, pero yo personal no tengo. Solo una 'cosa' para poder ver, porque lo único que veo es Instagram, las otras no las conozco. Sin embargo estoy haciendo una serie animada con inteligencia artificial, ¡es rarísimo!, que se llama Wizzy, que es una maravilla y es de una familia mágica. Salió hace unos diez días. ¿Mezclo todo, no?

–No tanto. Me da curiosidad que decís que tus redes no las manejas pero vi que hace poco subiste a @bycrismorena unas fotos con tu perrito.

–Sí, estuve mal poniendo las fotos con el perrito, porque en general no muestro nada, pero lo quiero tanto que tenía ganas de que lo vieran. No, lo que te quiero decir es que si vos estás conectada con lo que querés, y la red te contesta lo que estás buscando y te habla de cosas como estas de las que yo te estoy hablando a vos, a mí me encanta porque me dice cosas que quizás yo nunca hubiera llegado a saber quizás. Pero no soy asidua al celular (pone cara de disgusto).

–No te genera nada positivo.

–No, y me irrita profundamente. También me irrita la gente que está todo el día con el teléfono en la mano. Yo llegué acá hace tres horas y no agarré nunca el teléfono. Y hay gente que vive la vida en Zoom o a través de un teléfono.

–¿Te preocupan los niños y los jóvenes que están hiperconectados?

–Sí, pero no solo por la conexión, sino por toda la gente que se mete, por los haters que no tienen nada que hacer. ¡Qué fácil ser malo cuando no tenés que poner ni nombre ni apellido!, o ponés un invento. No entiendo la maldad. La maldad es una palabra que no... Yo me puedo equivocar, puedo ser... quizá, en algún momento, irresponsable de algo, puedo cometer un error, ¿pero queriendo? Tengo mucha gente que no me gusta y jamás le escribiría algo malo. ¡No entiendo cómo hay gente que pueda hacer eso! Esta parte de la vida no la comprendo.

–No podés entender a quien lastima por lastimar.

–No. Te juro que no lo entiendo.

–Lo curioso es que todas tus tiras siempre tienen un villano.

–Sí, pero siempre terminan mal...

Cris señala el póster oficial de la segunda temporada de Margarita, la gran apuesta que expande su inconfundible universo en la plataforma HBO Max. En la imagen están Mora Bianchi e Isabel Macedo.

–¿Te asegurás de que terminen mal para que quede la enseñanza?

–Así es. Es que terminás mal en la vida, eh. No conozco un villano que haya terminado bien. Y sí conozco a mucha gente maravillosa que ha hecho cosas increíbles para el mundo y para sí mismos. No, la maldad me parece algo increíble. No sé cómo hace alguien para, a propósito, hacerle daño a otro. Ni aun entendiendo que el otro le haya hecho algo.

–Ahí se cruza la venganza, y tus villanos, en general, la tienen como punto de partida.

–Mis malos son casi malos graciosos, ¿no?, como de Carlitos Chaplin. Son malos ridículos, en general los ridiculizamos mucho. El malo aporta a que el bueno sea más bueno, o que sea más pícaro por contraste. Yo no sé en qué parte de la vida existe la maldad, pero sí que existe, y mucho, y es una pena espantosa.

–Vamos a algo más luminoso: ¿te verías de nuevo actuando?

–No, eso seguro que no. Hice de todo en la vida, eh. Empecé muy chica, a los 15 años, en modelaje y todo eso, y al toque empecé con una novela que se llamaba Recordarás a Laura o algo así, y la gente me llamaba Laura porque mi personaje se llamaba Laura Morena, que era como una actriz muy joven que se había ido por el mundo y había desaparecido, y el fotógrafo -que era Gerardo Romano- la estaba buscando. Esa era la gran historia. Y como la gente no me conocía, yo firmaba autógrafos así, poniendo "Laura Morena". Y en la siguiente novela me dijeron que me tenía que cambiar el nombre. Y yo era la mujer de Gustavo Yankelevich, que nunca nadie se iba a acordar de Yankelevich porque es dificilísimo, mi apellido De Giácomi tampoco era fácil. Quizás me podría haber puesto el de mi abuelo... Pero busqué nombres en la guía y nunca me entusiasmaba. Así que me puse Morena y pensé "ya que me pongo Morena, me quedó con el Cris".

Con Otro Mundo, su semillero de talentos artísticos, Cris busca romper definitivamente con los moldes tradicionales de la educación, un sistema que ella misma sintió ajeno. Fiel a su estilo rupturista, la productora defiende la necesidad de hacer del aprendizaje una aventura constante: "No concibo el aprendizaje sin lo lúdico".

–Y desde ahí te aseguraste de que nunca más nadie se olvide de tu nombre.

–Qué se yo. Me acuerdo que todas mis amigas del colegio, que era súper paquetérrimo, me decían que era una grasada que me llamara Cris Morena.

–No imaginaban todo lo que podías llegar a hacer.

(Levanta los hombros) No sé. Lo elegí de casualidad y creo que cocreamos permanentemente con el universo. En Otro Mundo (N. de la R.: su academia para talentos), que es un lugar soñado y un verdadero legado infernal donde van los chicos a hacer artes escénicas, audiovisuales y musicales... Ya el solo hecho de entrar en ese lugar que tiene el árbol de la vida, que tiene la mancha de Jugate, que tiene toboganes... Yo no concibo el aprendizaje sin lo lúdico y sin la magia. No entiendo que a un niño lo tengan sentado 24/7 en un asiento explicándole geografía sin hacerlo viajar, ¿entendés? Charlo mucho, ¿no?

–Yo me quedaría charlando sin dudarlo un segundo, pero me hicieron señas de que se nos terminó el tiempo. Así que te agradezco muchísimo por lo que pudimos charlar.

–Son dos segundos más, pero quiero terminar diciendo esto: "Hagamos que nuestro cuento valga la pena" (termina de decir la frase de Floricienta y Margarita a cámara, y después lanza una mirada maternal, de esas que los cientos de miles de chicos que crecieron escuchando sus historias y consejos les gustaría recibir).

Fotos: Candela Petech
Video: Gentileza HBO Max
Agradecemos a Sofía Buschiazzo



 
 

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