El marco del encuentro no podía ser más sorpresivo. Juan Alberto Mateyko, el gran conductor y anfitrión de las tardes marplatenses, transmitía su clásico El Show del Verano desde el emblemático Torreón del Monje cuando, tras una entrada aparición repentina en autobomba, nos presentó al mismísimo Sandro. "Él es un periodista amigo que quisiera hacerte unas preguntas", nos acercó, generoso, lejos de mayores preámbulos y aclaraciones. Pronto, tras un saludo campechano y un "dale, hermano", Roberto Sánchez, sonrió, se sentó en un pequeño sillón individual, miró que el REC del grabador apareciera encendido y comenzó a responder con su calidez habitual. No obstante, a espaldas del cronista la escena presagiaba otro desenlace: Aldo Aressi, legendario mánager del Gitano, un tanto desesperado, levantaba un cartel improvisado que decía "Es de GENTE".

Hora de retroceder el calendario y aclarar: por esos días el legendario músico se encontraba distanciado de nuestro medio fruto de la inconcreción de un par de portadas concensuadas aunque no consumadas, pospuestas por el rigor de noticias y hechos de actualidad. Si bien en cierto momento el enviado de esta revista notó que el entrevistado desviaba levemente su mirada, no llegó a percatarse de la maniobra. De igual modo, el ídolo prefirió conservar su legendaria elegancia, continuar respondiendo y regalarnos una nota intimista, distinta y... productiva, ya que con los días, ante el posterior reclamo editorial de Aressi y la promesa de una futura portada más producida y elaborada, el texto y las fotos terminaron archivada en el Archivo de Atlántida, sin ser publicada. Bueno, hasta hoy, 19 de agosto, en que decidimos rescatar de la penumbra -y publicar sin tocarle una coma, respetando su origen- este tesoro guardado durante treinta y dos años, para que vea la luz y celebrar el día en que Sandro cumpliría 81 de edad.
"TENGO LA AMANTE MÁS FIEL QUE PUEDE DESEAR CUALQUIERA"

Llegó en autobomba, como para apagar el incendio de cientos de corazones femeninos que palpitan el mismo ritmo desde hace treinta años. O quince. O cinco... O una semana. ¿Qué más da? Corazones que palpitan por él, al fin. Llegó en autobomba, como para despedir con bombos y platillos una temporada de verano que "hizo reír a mis bolsillos y llorar a mi emoción". Llegó en autobomba, como para desafiar a las oscuras nubes que cubrían aquel Torreón del Monje, donde su amigo Juan Alberto Mateyko lo esperaba con champán y sorpresas y miles de personas cargadas admiración... Llegó en autobomba, se mojó hasta las pestañas, fue ovacionado, agasajado y partió. Como para dejar bien en claro quién es Sandro.
-Se cumplen tres décadas desde su debut oficial... ¿Cuánto hace que no se presenta al aire libre, piel a piel con la gente?
-Hace tiempo. No sé bien... Una experiencia muy linda. Me divirtió la idea de Juan (Mateyko) de recordar una época de mi carrera donde estas cosas se hacían más frecuentemente.
-Algunos dicen que después de lo de Sandro, Mateyko se jubila. ¿Tanto le costó convencerlo?
-(Risas) No sé si tanto. Lo que sí, me dio una serie de explicaciones... Esto es muy difícil porque uno está en el límite, al borde del ridículo.

-¿Ridículo?
-Ridículo... Una frase a destiempo, un gesto inapropiado, una actitud que quizá te plantea la vida, y toda una carrera puede desaparecer en un instante... Le temo al ridículo.
-¿Y eso tiene alguna relación con su reticencia a conceder reportajes?
-No. Yo no doy notas cuando no tengo qué decir. En años imaginate si habré hablado, imaginate qué no me han preguntado... Nada. Entonces prefiero hacer una nota cuando hay algo que comentar o que difundir. Si no no tiene sentido.
-Habla del perdurar. ¿En qué etapa de su carrera lo encontró este aniversario?
-Estoy en el mejor momento de mi carrera. Treinta años no se cumplen todos los días en un mundo tan duro como el del espectáculo. Y se lo debo al público. Tengo la amante más fiel que puede desear cualquier tipo: la gente. Tanto tiempo conmigo. Es un privilegio de Dios.
–¿Le pesan los treinta años de artista, los treinta años de magia sobre la espalda?
–Para nada. Me siento como si fuera un muchacho de veinte.
"NOSOTROS TENEMOS UNA OBLIGACIÓN: QUE LA GENTE SE DIVIERTA. SOMOS EN-TRE-TE-NE-DO-RES. SI SUBIMOS CON ALGUNA HISTERIA O BRONCA, EL PÚBLICO SE DA CUENTA"

Más allá de la tensión soterrada por el contexto editorial, en el ida y vuelta con nuestro medio, el Gitano se había mostrado distendido, renovado y con ganas de revelarlo todo. Uno de los puntos más llamativos de la entrevista fue su notable cambio físico: venía de someterse al método del médico chino Liu Pai Lin, un tratamiento basado en la medicina tradicional oriental y en ejercicios respiratorios de Qi Gong (buscan calmar la mente y mover la energía vital) con los que logró bajar 20 kilos sin dietas milagrosas y "podría volver a resistir tres horas de show arriba del escenario", recalcaba.
-¿Acaso el tratamiento chino además de adelgazar, rejuvenece? -le consultábamos...
-(Sonríe) El tratamiento no es ningún cuento chino. Sus ejercicios respiratorios me hicieron bajar veinte kilos. ¿No me ves desinchado? (se acaricia el vientre con la mano derecha)? Me devolvieron la energía y la polenta que había perdido. Ahora estoy con una fuerza y una dinámica impresionantes. Recién me doy cuenta de que se me fue la mano con el tiempo cuando la gente me pedía "ooootra...".

-El fiel reflejo de que a allá arriba usted sube a pasarla bien.
-Yo subo al escenario a divertirme, no a trabajar... Aunque trabajo muchísimo.
-¿Cómo es eso?
-Nosotros tenemos una obligación: que la gente se divierta. Somos en-tre-te-ne-do-res. Si subimos con alguna histeria o bronca, el público lo detecta. Entonces lo que uno debe hacer es mentalizarse con que tiene que divertir a la gente. Y para eso hace falta un gran trabajo.
-¿A qué se refiere?
-A tener atrás una máquina perfecta, aceitada. Pensar que tal o cual cosa pasa porque sí, cuando en realidad está todo calculado para que las luces sigan tal paso y tal palabra presente a la orquesta. Para mí es lo más importante de un espectáculo: que la máquina esté pero no aparezca. Eso requiere de una gran concentración, de mantener las antenas al taco, porque en cualquier momento esa máquina, como buena máquina, puede descomponerse y terminar en un bache.
-¿Eso no atenta contra su creatividad en escena?, ¿o nos estamos desayunando con que Sandro no es tan espontáneo?
-No, no atenta. Yo todos los días acerco piruetas nuevas. Le busco vueltas a la maquinaria y acudo a la improvisación, al "¿haber qué se me ocurre?", para que la noche tenga su pimienta y el público se sorprenda.
-¿Una manera de cuidar a la gente?
-Cierta vez alguien me dijo: "El mejor de los negocios es no perder lo que uno tiene". Hay que cuidar a la clientela.

–¿Y cómo más cuida usted su "clientela"?
-Dándole valor a cada palabra de afecto, a cada alabanza que me llega. Y no cantando para la multitud.
-¿Perdón?
-Cuando yo subo al escenario, no subo a cantarle a la gente. Subo a cantarle sólo a una persona. Hago de cuenta que hay una sola persona y a esa persona le canto. Si yo puedo convencer a esa persona, ahí está la magia. Y una vez convencida, mi obligación es cuidarla y agradecerle.
-Sandro, no podemos retirarnos sin acercarle una duda que nos embarga desde que empezamos a conversar: ¿Usted vino en autobomba para que los bomberos le apaguen las colillas? Porque a quien le habla ya le presentó a tres de sus cigarrillos...
-No, del faso voy a encargarme yo, y pronto. Me prometí largarlo. En cuanto a lo del autobomba, me gustó la idea del Muñeco (Mateyko) de recordar buenos viejos tiempos. Como cuando los de Fuego, que llegábamos con los bomberos a los recitales. ¡Qué‚ linda época!
–¿Más linda que ésta?
–Tan linda cómo ésta.
"ES DE GENTE"...

La escena final de aquella jornada marplatense en el Torreón del Monje guardaba una última sorpresa. Mientras Sandro partía entre aplausos y un afecto imborrable de su público, el periodista comprendía la bomba de tiempo sobre la que había estado sentado durante la entrevista: con el grabador repleto de declaraciones valiosísimas y la ansiada nota buscada durante tanto tiempo, escuchaba desde la voz del fotógrafo informarle sobre aquel cartel improvisado que Aressi (con todo su derecho, desde su condición de manager) agitaba a sus espaldas: "Es de GENTE". La clase, caballerosidad y grandeza del eterno Roberto Sánchez merecían -tres décadas y dos años después, cuando hubiese cumplido 81- remover este tesoro guardado en el Archivo de Editorial Atlántida.
rProducción: @LeoGente
Fotos: Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Infografías: NotebookLM
Mirá También





