Así era la casa de Sofía Gala a sus 14 años: búnker "anti-Moria", bolas de boliche y fotos del Potro Rodrigo – GENTE Online
 

Así era la casa de Sofía Gala a sus 14 años: búnker "anti-Moria", bolas de boliche y fotos del Potro Rodrigo

En el mismo terreno de Parque Leloir donde se emplaza la monumental mansión de su madre, pero con cerradura propia, la joven actriz construyó un refugio adolescente sin cocina y a pura rebeldía.
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A los catorce años, Sofía Gala Castiglione logró independizarse instalándose en una construcción propia dentro del predio de su madre. El espacio funcionaba como una edificación completamente separada de la vivienda principal de Moria Casán en Parque Leloir, tal como se muestra en la biopic inspirada en la vida de La One que es un suceso total en Netflix.

Junto a una amiga, Sofía descendiendo de la "casa de huéspedes" a la que se mudó a los 14.

Un refugio independiente dentro del imperio familiar

La propiedad carecía intencionalmente de una cocina entre sus ambientes. Un juego de llaves exclusivo le permitía a la adolescente controlar el acceso total a su residencia. ¿Lo más importante? El inmueble estaba estratégicamente configurado para evitar cualquier tipo de intromisión materna.

Una nota de Telefe en la que abrió las puertas de su casa se titulaba: "A los 14 años se fue a vivir sola".

Fue en esa misma casa donde tiempo después vivió Fernando Jorge "Coco" Shedden, el chofer que trabajó durante una década con la diva y cuya relación terminó en conflicto con denuncias cruzadas y su posterior alejamiento. De hecho, fue gracias al poder protector de los duendes que Mo logró alejarlo de la vivienda. "Fue un tema muy difícil porque lo sufrí por 14 años, se había instalado en la casa de huéspedes", rememoró sobre el chantaje y las amenazas que recibía por parte de quien luego se descubrió que lideraba una banda narco y terminó preso.

Al igual que su madre, en su espacio personal, Sofía estaba protegida por una colección de duendes.

Estética nocturna y devoción por el cuarteto cordobés

La decoración interior integraba elementos retro mediante la suspensión de clásicas bolas de boliche esféricas y las paredes del dormitorio lucían empapeladas con retratos e imágenes del cantante Rodrigo Bueno.

La cama de la adolescente, con respaldo de hierro.

Toda la decoración estaba a cargo de la osada hija de La One que, así como por entonces mostraba su casa para todo el país, decidió mudarse a la casa de huéspedes para ganar discreción y evitar estar expuesta ante las dinámicas de su madre que vivía de móvil en móvil.

Con su estilo irónico y desenfadado, una pequeña Sofía abría las puertas de su espacio personal por primera vez.

El diseño del espacio reflejaba la marcada impronta rebelde que caracterizó el desarrollo adolescente de la actriz. La atmósfera del lugar combinaba la estética de un club nocturno con la fascinación por la cultura pop de los años 2000 y su idolatría por el cuartetero.

Las fotos de Rodrigo Bueno, su gran ídolo por entonces. La devoción era total: como se capta en la nota original de Telefe, curiosamente hasta ella hablaba con tonada cordobesa.

Mientras que un juego de comedor de fórmica amarilla dominaba el ambiente central de la vivienda, su cuarto era su gran altar. Un corcho con fotos de amigos íntimos pegado en la pared le recordaba tener los pies en la tierra.

En un corcho tenía pegadas fotos personales, en su gran mayoría con amigos.

Cada rincón del entorno funcionaba como una declaración de identidad propia frente al peso de la figura pública de su madre.

Un sillón lleno de almohadones con géneros rayados y florales, en tonos neutros.

Criterios de privacidad y convivencia a metros de distancia

Madre e hija establecieron un código claro para respetar la intimidad de cada residencia. Moria debía golpear la puerta antes de ingresar al recinto de la adolescente y era la propia Sofía quien gestionaba la limpieza y el orden interior de su espacio privado.

Un momento gracioso de la nota fue cuando la notera destacó en su mesita de luz un portarretrato en forma de caja y la adolescente le rogó que no lo abriera. "¡¿Qué habrá ahí?!", comentó entre carcajadas la notera, a lo que So respondió: "¡Es para disimular!".

Las ventanas de la edificación daban hacia la pileta de natación del predio compartido y uno de los detalles más llamativos de la deco eran las cortinas traslúcidas, llenas de brillos.

Las cortinas traslúcidas en clave pop se sumaban a su "más es más".

“De acá espío todo. Y cuando no quiero que vea, bajo la cortina”, contó la adolescente. Moria, por su parte, por ese entonces la definía como una suerte de versión mini de ella misma y aseguró: “Dicen que es igualita a mí y me supera mentalmente. Tengo un cloncito maravilloso, la amo”.

Los cortinados que resguardaban su privacidad en su casa independiente. Según contó, por entonces, si bien la casa estaba detrás de la mansión de Mo, desde allí era posible ver en qué andaba su madre.

La experiencia duró varios años hasta que la joven cumplió la mayoría de edad y se mudó definitivamente. El lugar quedó en la memoria familiar como el primer paso hacia la autonomía de la artista.

La bola disco marcaba el ritmo nocturno y su forma libre de vivir.


 
 

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