Hay casas que buscan ser elegantes, otras que intentan transmitir calma y algunas que parecen diseñadas para impresionar. La de Moria Casán (80) en Parque Leloir juega en otra liga: es prácticamente una extensión de su personalidad. La propiedad tiene unos 300 metros cuadrados cubiertos distribuidos en dos plantas y está rodeada por un espacio verde de aproximadamente 700 metros cuadrados.
Originalmente había sido pensada como una residencia de fin de semana, pero terminó convirtiéndose en su vivienda principal por una razón bastante lógica: el verde, la amplitud y la privacidad del entorno le ofrecieron a la artista una suerte de oasis a pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. La propia Moria lo definió alguna vez de una manera muy suya: “no es una mansión”, sino una casa con “mucha vida vivida” y una “vibra energética impresionante”.
Desde afuera, la propiedad tiene una apariencia bastante más discreta que lo que sucede puertas adentro. La fachada combina amarillo suave, detalles blancos y un portón negro, mientras que la vegetación funciona como una barrera natural que preserva la intimidad del interior.

Animal print, luces de neón y una decoración que no pide permiso
Si hay una palabra capaz de definir el interior de la casa es eclecticismo. Moria no eligió una estética minimalista ni buscó neutralizar los ambientes: empapelados animal print, esculturas, objetos personales, obras de arte y luces de neón conviven en una composición deliberadamente excesiva, creando un efecto entre lo almodovariano y lo casanesco.

La decoración refleja una búsqueda por ambientes personalizados: básicamente captura el espíritu, la osadía y el genio de la One. El living y las áreas sociales muestran esta mezcla entre lo teatral y lo doméstico, una clave elemental de su performatividad.

El living es uno de los mejores ejemplos de esa lógica. Las paredes aparecen intervenidas con estampados impactantes y las luces de neón suman una dimensión casi escenográfica, mientras distintas piezas artísticas y objetos de la colección de la artista ocupan los espacios disponibles. Incluso hay obras que forman parte de la propia historia de Moria, como la escultura “Moria iluminada”, realizada por el artista Alejandro Marmo.

“Yo voy cambiando constantemente mi casa porque no me gusta decorarla, sino escenografiarla. A mí la decoración me parece muy rutinaria y me gusta escenografiarla porque estoy muy acostumbrada a estar en un teatro”, contó tiempo atrás la conductora.

El jardín y la pileta: el otro gran escenario de La One
El exterior tiene una lógica completamente diferente, aunque mantiene la misma identidad. El parque está protagonizado por árboles altos, palmeras y una abundante vegetación, que convierten el terreno en una especie de refugio privado dentro de Parque Leloir, zona conocida como "el Cariló del Oeste".

"El lugar es lo más, el mejor del planeta", suele contar Mo, que ama la impresionante pileta climatizada que mantiene los 30 grados, así que es un espacio soñado para el relax nocturno o disfrutar cuando recibe a amigos. No siempre fue así: en un principio, la piscina estuvo cubierta por una estructura vidriada ("estilo jardín de invierno") pero que luego fue abierta para integrarse al parque.

El resultado es un espacio que mezcla arquitectura y naturaleza con una puesta casi cinematográfica. Las columnas de inspiración clásica, la vegetación y la piscina generan un escenario que durante años también funcionó como locación para producciones fotográficas y contenidos televisivos. Durante la pandemia, incluso, Moria utilizó distintos sectores de la propiedad para realizar su programa Incorrectas.

Los duendes: el rincón más secreto de la casa
La fascinación de Moria por los duendes, que hacen un cameo estelar a los pies de la pileta en la serie de Netflix, no nació como una moda decorativa. Su vínculo está relacionado con la duendología, una práctica que, según la especialista Liliana Chelli –la duendóloga que acompaña a la artista– trabaja con los llamados seres elementales de la naturaleza. Chelli sostiene que no se trata de fantasmas ni de brujería, sino de fuerzas benévolas vinculadas con el mundo natural.

En verano suelen custodiar su piscina, en invierno se trasladan a su habitación y, en ocasiones especiales, hasta viajan en su cartera como aliados invisibles. Según le contó a GENTE, cada uno tiene una misión específica y un carácter particular. Moria los trata como amigos con poderes, una forma de compañía que la mantiene protegida y en sintonía con un plano más espiritual.
"Lo que hago no es un ritual", clarificó Ana María Casanova. Pero sí hay rutinas: repite sus nombres en un orden especial y, con la ayuda de energética de los llamados "ángeles naturales de la tierra", se protege de las energías negativas. "Me sé los nombres de todos, que son veinte, los repito y doy una palabra especial que, al ser capicúa, de cualquier manera la uses, te da un sentido", agregó, siempre sin revelar el contenido.

El animal print, las esculturas, el neón, la pileta, el verde y esa particular legión de duendes forman un mismo lenguaje. Uno que, como la propia One, no está interesado en lo más mínimo en pedir permiso para existir.




















































