El diseño de interiores dejó de ser una simple cuestión estética para convertirse en una profunda búsqueda emocional. "¿Cómo nos queremos sentir al llegar a casa?". Esa fue exactamente la premisa y la pregunta guía que utilizó Flor Torrente para renovar su refugio más íntimo.
A partir de esa interrogante, la actriz desplegó un abanico de posibilidades y llegó a una conclusión innegociable: quería sentirse inmersa en un bosque, rodeada de naturaleza. El resultado final es una verdadera clase magistral de diseño emocional, donde cada objeto, textura y color juega un papel fundamental para crear lo que ella misma define como "la habitación más linda del mundo".

Un empapelado con textura y arte orgánico
El gran protagonista del espacio es el revestimiento de las paredes. Flor eligió un empapelado en un tono verde oliva profundo con una trama texturada que emula un tejido natural, aportando una extrema calidez al ambiente.

Sobre este lienzo verde oscuro, rompiendo la monocromía de forma elegante, resalta una imponente obra de arte enmarcada en negro: un cuadro que exhibe una figura abstracta y texturada -similar a un arco de musgo- sobre un fondo claro, reforzando la estética orgánica y natural del lugar.

El cielo del bosque: un techo de cuento
El detalle más espectacular de la habitación exige levantar la mirada. Llevando la temática del bosque al extremo, la actriz transformó el techo en un ecosistema propio. Sobre una base verde oscura, el cielorraso está poblado por delicadas ilustraciones flotantes de mariposas, libélulas, caracoles y hasta unas simpáticas ranitas, creando la ilusión óptica de estar durmiendo a la intemperie bajo la copa de los árboles.


Textiles cálidos y detalles con mucha personalidad
La cama es el centro absoluto del descanso, enmarcada por un gran ventanal de piso a techo con cortinas color crema que dejan espiar la vegetación del jardín exterior.

La composición textil se completa con una ecléctica selección de almohadones que aportan un toque lúdico y hogareño: hay opciones con volantes románticos, tonos óxido, verdes lisos y uno muy especial que se roba todas las miradas, protagonizado por la ilustración vintage de un gato luciendo un sombrero de paja con una gran flor rosa.

A los lados de la cama, la estética combina calidez y modernidad. Acompañando el conjunto, se observan mesas de luz de madera clara con tapas símil mármol blanco y cajoneras, y una mesa auxiliar minimalista con tapa negra y estructura de alambre blanco. Sobre ellas descansan unas modernas lámparas de diseño en forma de cúpula blanca, pequeños frascos de esencias y un infaltable portarretratos con una foto íntima en pareja.

Un vestidor a medida
Esta impronta estilística se extiende también hacia su vestidor. Allí, la misma paleta de tonos oscuros y puertas verdes enmarca un sistema de estanterías de piso a techo.

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