"¿Brillamos mucho?", pregunta María Laura preocupada por cómo da el brillo de su piel bajo la luz de los reflectores. Rápida de reflejos, es María Emilia quien alza su voz y responde con aplomo: "Siempre brillamos Laura, quedate tranquila".
Las risas y la mirada cómplice de María Eugenia no se hacen esperar. Es que las hermanas Fernández Rousse saben sonreír y tienen algo en su chispeante ida y vuelta que se vuelve inevitablemente contagioso.

A 58 años de su debut mediático...
–¿Recuerdan su vida sin cámaras?
–Laura: Sí, porque la mitad de nuestra vida fue sin cámaras. Lo que pasa es que siempre estuvimos conectadas con la gente porque nos buscaban las revistas para hacer notas con nuestras familias y demás, pero estuvimos muchos años sin cámaras. Y recordamos ambas vidas.
–¿Y cómo fueron esos años en los que estuvieron fuera del radar?
–Laura y Eugenia: ¡Maravillosos! (Estallan las dos a carcajadas).
–Emilia: Estuvimos fuera del radar porque tuvimos la oportunidad de viajar con nuestros maridos. Ellos viajaban afuera, y nosotras caminábamos tranquilas y nadie nos decía nada. Bah, un día nos tocó a las tres estar en Estados Unidos y fuimos al supermercado. Cuando fuimos a pagar en la caja, la mujer hizo así (Hace un gesto de sorpresa) y dijo: "Oh my God, twins!". Y yo dije: "Uf... ¿Qué va a hacer cuando venga la otra?". Y vino la otra y gritó: "Triplets! Eleonora, Norma!". ¡Un quilombo se armó! Pasa que las tres juntas llamamos un poco la atención. Pero estando solas en otros países, estamos felices. ¿No? (Mira a sus hermanas)

–Eugenia: Seeeeh.
–Laura: Si vos lo decís (Levanta las manos como entregándose)
–Hablando de ese período en el que estuvieron solas, en varios lados salió que ustedes dejaron sus carreras por sus maridos. ¿Lo sienten así?
–Eugenia: No, por nuestros maridos no, por la familia. Lo que pasa es que el viajar en esa época se nos hacía un poco duro teniendo hijos. No solamente por nosotras, sino por nuestros hijos que extrañaban a sus papás. Y sus papás no se iban quince días, se iban cuatro o cinco meses. Entonces los acompañábamos sin ningún problema. Estábamos chochas. Lo que sí es que en esa época no había internet, así que teníamos que llevarnos los libros para que cuando los chicos volvieran al colegio, después de meses, estuvieran a la altura de sus compañeros. Pero la verdad, no nos costó nada. Bah, hablo por mí, no sé ustedes.
–Laura: No, para nada. Lo que pasa es que se nos dio todo muy fácil. Nosotras cuando emprendemos las tres una familia, ya habíamos hecho muchas cosas antes. Fijate que nosotras empezamos a los ocho años. Y de ahí hasta los veintiún, veintidós y veintitrés años, que nos casamos, hicimos teatro, cine, televisión, publicidades, viajamos profesionalmente, vivimos afuera casi dos años cuando nos contrató Julio Iglesias, hicimos televisión afuera y acá. Entonces, cuando empezó a darse el tema de los novios, dijimos: "Sí, ¡es el momento!". Nunca dijimos: "Ay, no, porque tenemos que hacer algo en la RAI...". Y así lo encaramos.

–Laura: Nosotras, las mujeres de los polistas, somos como gitanas. Porque es estar tres meses en un lado, tres meses en el otro, y los últimos tres meses en Argentina. Entonces, ¿qué podés hacer? Gimnasia nada más porque si sos médica o si sos abogada, no podés hacer nada. Y eso a nosotras nos dio un espacio -no me digas por qué, ponele que fue el destino-, por el que terminamos de hacer una carrera profesional y tuvimos toda una parte personal que nunca habíamos desarrollado. Y se nos dio muy fácil (Asienten las tres convencidas).
–Cuando llegaron a ese punto de sus vidas, ¿cuál de ustedes se descubrió como la más romántica?
–Emilia: ...En realidad, las tres somos románticas. Pero la más soñadora siempre fui yo.
–Laura: Y enamoradiza (Acota rápida de reflejos).
–Emilia: ¡Y enamoradísima! (Confirma sin siquiera mirarla). Pero todas somos muy Cáncer.
–Laura: Somos Susanita. ¿Vieron el personaje de Mafalda? El proyecto era enamorarse, formar una familia y tener un hombre para toda la vida. Y nosotras somos de esa época.

–Son de esa época y a pesar del paso de los años, las tres lograron no divorciarse, lo cual es destacable.
–Laura: Bueh. ¡Nos hemos divorciado muchas veces! Lo que pasa es que no fuimos nunca al abogado. Adentro de casa yo he estado divorciada mucho tiempo (Risas de las tres).
–Emilia: Pero tenés razón. Tenemos unos matrimonios muy estables. La verdad que sí.
–Eugenia: Suerte.
–Emilia: Es como la escalera: Yo llevo 45 años, Eugenia 44 y Laura 43.
–Laura: Sí, porque nos casamos con un año de diferencia. Igual eso es suerte, eh. No es que tenemos un parámetro y pensamos seguir hasta que nos muramos porque así nos lo dijeron...
–Emilia: La remamos bastante (Afirma ladeando la cabeza con una mirada y un tono que lo dicen todo).
–Laura: (Asienten con la cabeza) No solemos estar diciendo pálidas, pero también las tenemos. Si no, no sería la vida, ¿no?

–Ese ejemplo fuerte de fidelidad y compromiso que le dieron a sus diez hijos, ¿cómo ven que lo tomaron ellos?
–Emilia: Hay algunos que lo toman y otros que no (Se tientan Laura y Eugenia). Porque hoy la generación es distinta. Hoy las chicas tienen otra cabeza, otra información. Se casan más grandes y ya vienen con un backup, ¿viste? No es lo mismo casarse a los 21 años (Se señala), que una está fresquita, con paciencia y con todas las mariposas en el estómago, que casarse a los 35. Es distinto, ni mal ni bien.
–Laura: Igual les transmitimos felicidad. Si esa felicidad es con un hombre para toda la vida, bienvenida sea. Y si en un momento no están contentas, la felicidad también puede ser otra cosa. Yo creo que nosotros en la familia transmitimos felicidad, seguridad y valores. Eso después si lo llevás a un matrimonio...
–Emilia: Claro. El amor es importante en cualquier rumbo de tu vida. Y el enamorarse de tu marido y de tu pareja también hay que mantenerlo. No siempre es igual enamorarse. Porque el matrimonio es primero pasión, después realidad y a lo último compañerismo.
–Laura: (Rompe en aplausos celebrando la frase) ¡Bravo!, ¡bravo!
–Emilia: ¡Gracias, gracias! ¡La viví, la viví! (Se ríen las tres a carcajadas).

–Laura: O sea, ¿en qué etapa estás? (Mira a Emilia)
–Emilia: Padeciendo (Ríen todas). No, no (Sigue tentada). Hay etapas y etapas. ¡Hay que pasarlas! ¿Cómo hay que pasarlas? Bueno, eso depende de cada uno. Pero cuando hay amor, todo vale. Todo pasa. Si vas a cerrar la puerta, y... yo te diría que la entornes. Porque si hay amor, no la cierres (Eugenia se muestra sorprendida por las palabras de su hermana).
–Hablando de diferentes etapas, ¿en qué etapa están ahora?
–Laura: De nosotras tres juntas yo creo que es la peor.
–Emilia: Sí.
–Eugenia: No. Yo no creo eso. Ah, paren, ¿están hablando de la parte profesional?
–Laura: Personal también. Porque a veces tenemos algunas cosas en la que no nos llevamos bien, aunque profesionalmente las tres juntas coincidimos... ¿O a vos te parece que estás bárbara? (Mira fijo a Eugenia)
–Eugenia: Yo estoy normal. O sea... bárbara (Sopesa la palabra y levanta los hombros). Estamos normales. Con el hecho de que cada una tiene su familia, sus nietos, su vida, la edad. La edad, ¿viste?, te condiciona un poquito a tener menos paciencia (Emilia asiente con la cabeza), y a estar con más humor o menos humor algunos días. Pero en realidad estamos bien.

–Laura: Está muy bien ella (Ríe Emilia). Hablando en serio, tenemos más de 60...
–Emilia: ¡No te puedo creer que ya cumpliste 60! (Se tientan una vez más) ¡Estás bárbara, Laura!
–Laura: Hablo de mí. Yo creo que en muchísimas cosas sigo aprendiendo. Y en otras cosas ya aprendí y me siento un poquito más tranquila, más segura. No sé si la palabra sería sabia, porque eso es medio ególatra, ¿no? Pero ya sé cómo termina la película, y en algunas situaciones estoy en la mitad. Y siento que viene una etapa divertida y joven, entre comillas, dentro de nuestra adultez. Eso está bueno.
–Emilia: (Asiente) Estamos en una etapa profesional divertida. Distinta. Que eso también llena mucho. Yo, personalmente, estoy en una época de revolución, pero se me va a pasar (Extiende la mano hacia la cámara como poniendo un stop).
–¿De revolución?
–Emilia: ¡De revolución interna! Pero a mí todo se me pasa. Ojo, tengo muy buen humor, así que todo lo que me viene, sea bueno o malo, siempre lo tomo con humor. Y me encanta.
–Laura: Y está bueno a nuestra edad tener proyectos. Esto que estamos haciendo nosotras ahora, de volver con los chicos a un programa infantil por YouTube, ni se nos pasaba por la cabeza.

–¡Y con inteligencia artificial!
–Laura: Sí. Tenemos un dibujito en el programa que es hecho con inteligencia artificial, pero después está el live action que somos nosotras, que somos de carne y hueso -aclaro porque puede pasar que en otros países, que no nos conocen de chiquitas, crean que somos de IA-. Yo creo que como herramienta la IA ayuda, porque hace que esté como más actualizado, pero siempre la base de las voces, de lo que nosotros decimos, de los valores y del fondo, no es IA. Es un programa para chicos en donde se deja un mensaje y donde se canta todo estilo K-pop, que es una nueva música.
–Tengo entendido que una de ustedes es fanática del K-pop, ¿puede ser?
Emilia: (Eugenia y Laura señalan a Emilia y ella levanta la mano). ¡Soy fanática! Me encanta su cultura, me encantan los grupos, me encantan. Me parecen distintos. Son unos genios, porque no estamos acostumbrados a ver grupos de música que bailan y cantan a la vez. Y realmente me parece fascinante cómo cantan, las historias que tienen en las canciones y también sus series. Adoro. Tienen toda una cultura rarísima, y a nuestra edad, como decía Laura, es realmente increíble. Digo, "¡qué bárbaro, todavía me quedan cosas para aprender!". Y me sorprende.
–Laura: ¿Vamos a Seúl, Emilia?
–Emilia: ¡Vamos! (Las dos voltean a mirarla a Eugenia).
–Eugenia: ¡No, yo no!
–Emilia: No, ¡ella no los entiende! Yo sí los entiendo. Hasta el idioma... ¡me fascina!

–¿Van a ir a ver a BTS?
–Emilia: Soy ARMY (N. de la R.: es el nombre del fandom de la banda surcoreana), ya te lo digo.
–Laura: Ella me invitó a ver a BTS y estoy feliz.
–¿Van solas?
–Laura: Pero obvio, ¿con quién iríamos? Nuestras hijas no se enganchan para nada, los maridos dijeron: "Vayan tranquilas". Así que... seremos nosotras y miles y miles de mujeres.
–Emilia: Es un programón.
–¿Van a ir lookeadas, todo?
–Emilia: Obvio.

–Laura: Emilia el otro día me dijo: "Hay que llevar un pañuelito celeste".
–Emilia: Porque todas las fans están organizadas. El 21 de octubre es una cosa, el día 23 -que es el que vamos- otra. Es lindo porque organizan que las 80.000 personas tengan la misma imagen...
–Laura: Ella sabe todo. Por eso, cuando salió el proyecto nuestro del programa, con las TrixiPop, que tienen toda una onda de K-pop, la miramos a ella y le dijimos: "Emilia, empezá a usar todos tus conocimientos".
–Emilia: ¡Porque el nombre de TrixiPop lo puse yo!
–¿Basado en qué?
–Eugenia: En el anime. Porque en realidad la mitad del programa -que va por el canal de YouTube de BABIDIBU TV- eran unos dibujitos, pero más tirando a Disney. Entonces cuando nos mostraron el dibujito de las tres, Emilia dijo: "¿Y qué pasa si lo llevamos al K-pop? Si hacemos como Hunter x Hunter". Entonces de repente dijimos: "¿Cómo seríamos las tres en un animé tipo K-pop?". Y ahí nos lo mostraron, y ella dijo...
–Emilia: "TrixiPop".

–Eugenia: Hicimos canciones de hace 40/50 años, remixadas, y otras nuevas. Pero todas están elevadas al K-pop.
–Laura: Además tenemos un coach que nos enseña porque cada estilo musical tiene su forma de cantar. Y nosotras somos de la época de la balada. ¡No te puedo explicar lo que nos reímos! Porque lo ves al tipo que nos dice: "Bien, bien, les salió bien... ¡Pero vamos de vuelta!" (Ríe).
–Emilia: Lo hacemos mil veces. Pero nos sale.
–Laura: Sí. Y tenemos un coach de K-pop, porque es una forma de cantar, y de terminar las oraciones, y de hacer las terminaciones, y subidas y bajadas, que es diferente.
–Emilia: Pasa que nosotras somos más melódicas. Porque nosotras, cuando cantábamos para los chicos en El Club de Mickey y Las Tres Marías, hacíamos canciones más melódicas.
–Eugenia: Más tranquilas.
–Laura: Esta es otra forma de cantar.

–¿Se animarían a hacer una versión de Golden, la canción de K-pop que ganó el premio Oscar a la Mejor Canción Original?
–Emilia y Laura: (Hablan a la vez y niegan con las manos). ¡No, no! Primero está altísima. Y la que canta Golden es una maestra.
–Laura: Cuando es una exigencia total y fue brillante, no podés hacer otra versión porque siempre va a ser la versión chota. No, no. Para nada. Lo divertido es poner La Locomotora, que era la canción de la época de El Club de Mickey -que hoy, esos chicos que nos escuchaban tienen 40 años-, versionada al estilo K-pop. Eso me parece genial.
–¿Cuál sienten que va a ser su canción que más va a sorprender?
–Laura: Ya está sorprendiendo La Locomotora en estilo K-pop. Y hay otra que se llama La ley de atracción, que todavía no salió, que tiene una letra que es lindísima y es bien K-Popera.
–Laura: Y nosotras somos TrixiPop, y la canción de TrixiPop también está buena porque los chicos chiquitos, los que no saben mucho hablar, dicen: "Pipi pop... pipi pop, mami, poné pipi pop". Y eso nos da alegría, y es una excusa para estar de vuelta nosotras tres juntas, porque la gente piensa que las Trillizas de Oro vivimos una al lado de la otra y eso es mentira, tenemos vidas totalmente diferentes con horarios diferentes.

–Emilia: Piensan que somos más trillizas de lo que somos. Imaginan que vivimos juntas, que estamos todo el día juntas, que dormimos juntas... ¡No!
–Laura: Pero la profesión nos une. Y el espíritu nuestro ya no es de abuelas. Dejamos todo afuera de la puerta de la casa, y volvemos a ser las Trillizas de Oro del Club de Mickey o de más atrás también.
–Eugenia: Y todo eso que estamos haciendo está elevado a la inteligencia artificial -o sea, nos modernizamos- y al K-pop.
–¿Lo hacen pensando tanto en el público como en sus nietos?
–Eugenia: Lo pensamos para el público pero nos pasa que tenemos un reflejo muy grande de nuestra familia. Porque mi hija me dijo: "Mamá, qué bárbaro, que yo cuando era chica te miraba y ahora tus nietos te van a mirar". Pero los chicos que vienen ahora, no son los chicos que nos veían hace cuarenta años. O sea, obviamente que crecieron, pero la forma en la que el chico ahora nace y ya tiene la pantalla, que la madre no lo deja, que escucha canciones de las cuales la letra capaz que no pertenece a su edad. Todo eso es una movilización para nosotras tres, que empezamos a hacer esto con la misma característica y la misma intención que teníamos hace cuarenta años, pero modernizadas.
–Emilia: El mensaje es el mismo, pero elevado un poco a los ritmos que hoy se escuchan, que no se escuchaban antes. Antes el pop no era tanto para los chicos. A los chicos se les cantaba otro tipo de melodías. Es más, mi hija, la más chica, que tiene un chiquito que va a cumplir tres años, dice: "Ay, no, mamá, este no, no lo pongamos porque es demasiado fuerte. Vamos a ponerle a La Niña Enamorada, que tiene más o menos un pop, pero no es tan fuerte y elevado".
–¿Cuál es la canción fuerte de la que te habla?
–Emilia: La Locomotora. Pero lo mismo le pasa con 911, Emergencia Pop. Fuerte quiere decir que es muy ¡pum, pum, pum! para arriba. Y hay chiquitos que, evidentemente, tienen otra sensibilidad.
–Laura: Es difícil hoy ir a los chicos, porque tenés cuatro chicos de la misma edad y los cuatro son diferentes y cantan canciones diferentes.
–Emilia: Por eso nosotras abarcamos a un montón de chicos de distintas edades. Tenemos de todo: La Niña Enamorada, La Locomotora, el 911, TrixiPop, para cada uno tenga su espacio.

–¿A sus 22 nietos, los reúnen seguido o es un caos?
–Eugenia: (Niega con la cabeza) No muy seguido, pero sí para cumpleaños, comuniones y navidades. Pasa que cuando nos juntamos somos muchos. Cincuenta de mínima de familia.
–Laura: Y la casa queda hecha un desastre y nosotras agotadas.
–Eugenia: Pasa que hay muchas edades, tenemos nietos de 18 años hasta un mes. Y en el medio hay 20. Así que imaginate.
–Laura: Y hay una sola casa grande.
–Emilia: Que es la mía. Entonces siempre dicen "a lo de Meme, a lo de Meme", ¡y Meme queda destruida! Por eso digo, fechas específicas.
–Laura: Igual eso es ahora. En etapas anteriores la casa de Eugenia era como un club. Igual estamos tratando de que nuestras hijas -las que tienen las casas más grandes- empiecen a tomar el bastión, y que nosotras nos relajemos. Porque entre preparar todo y lo que sigue... la casa queda detonada. ¡No sabés lo que es! O sea, es así: nosotras estamos re contentas cuando vienen... ¡y felices cuando se van! (Exclama con voz aguda)
–Emilia: Además tenemos una madre que tiene 88 años que es la matriarca, y así como nosotras tenemos 22 nietos, ella tiene 22 bisnietos. Y se acuerda de todos y de sus fechas de cumpleaños. Así que aprovechamos que está tan bien para juntarnos dos o tres veces al año todos.
–Laura: Yo en mi casa, que tengo muchos nietos y una pileta chiquita, digo: "Vénganse por familia, por día". Porque si se tiran a la pileta todos juntos, ¡me dejan la pileta vacía!
–Emilia: Lo que pasa es que Laura tiene nueve nietos, ¡son muchos!
–Las veo a las tres radiantes y con mucho espíritu, pero también es verdad no están tan lejos de cumplir 70 años. ¿Analizaron cortarse el pelo?
–Eugenia: (Quedan todas tildadas, sopesando el peso de sus palabras) Eh... sí, yo me lo he cortado varias veces. Lo que pasa es que el pelo largo es muy cómodo.

–Emilia: Nosotras si nos cortamos el pelo tenemos que estar por lo menos cada 25 días en la peluquería, ¡que detesto! Nosotras nunca fuimos a la peluquería y no hacemos peluquería nunca.
–¿No se hacen color?
–Emilia: (Se toma mechones de pelo con ambas manos) No, nuestro color no es de peluquería. Es el sol, que tomamos mucho sol, porque nuestros maridos viajaban mucho y nos quedó este color. Y tenemos el pelo veteado. Yo me acuerdo cuando trabajábamos en Las Tres Marías, que íbamos a lo de Roberto Giordano a alisarnos un poco y a peinarnos, y la gente le decía: "Ay, mirá, yo lo que quiero es el color de las chicas". Y Giordano nos decía: "¿Qué hago? ¿Les digo o no le digo?". Y al final les decía que era "un marmolado". Nosotras lo que sí tenemos es un producto americano, que es baratísimo, que se llama Sun In, que lo mantenemos en verano, que es un producto con mucho limón para las rubias. Para que no nos quede el pelo verde. Porque a nosotras en verano, con el sol y la pileta y el cloro, nos queda el pelo verde. ¿Sabés lo que es verde? Verde. Entonces, este producto nos deja el color rubio. Pero eso en verano. Si no, no nos hacemos nada.
–Laura: Bueno, igual fijate que ellas estuvieron en el verano europeo y yo no, y se nota que estoy un poquito más morochita.
–Emilia: (Señala a cámara) Y no tenemos canas. Eso es importante.
–Laura: A mí me encantaría tener el pelo más corto. Lo he tenido muy corto y también con la raya al costado... Lo que pasa es que fue en una época en la que las cámaras no estaban, ¿entendés? En realidad nosotras tenemos buena calidad de pelo. Entonces nos miramos y decimos: "Chicas, aprovechemos, porque no sabemos si en un par de años nos quedamos peladas, porque ya estamos como en los setenta".
–Emilia: Además, cuando viene el verano, hacemos esto (Se hace una colita de pelo) y en dos minutos estamos listas. Ya está.
–Laura: Es mucho más cómodo.
–Y es parte de su identidad de alguna manera.
–Laura: Sí. De atrás y de lejos no tenemos edad con los pelos. Ya cuando nos damos vuelta (Ríe), más o menos te identifican.

–Emilia: Y ahora que estamos trabajando juntas...
–Laura: ¡Forbidden!, ¡prohibido!, porque tenemos que estar lo más parecidas posibles, y con la edad no estamos tan parecidas.
–Emilia: Y las TrixiPop llevan pelo largo (Levanta las manos como pidiendo disculpas y las tres se tientan una vez más).
–Laura: Están buenísimas esas TrixiPop.
–¿Apuestan a que estas TrixiPop k-poperas aumenten aún más su popularidad?
–Emilia: A nosotras acá en Argentina ya nos conoce la gente. Pero YouTube es global y apostamos a eso. No sé si queremos ser más o menos populares. Lo que queremos es que los chicos -porque va a estar doblado en inglés, japonés y varios idiomas más- reciban un mensaje que está buenísimo.
–¿Cuál es el mensaje?
–Laura: En cada capítulo, a través de los sueños, está el pedido de un chico que no la está pasando bien. Tiene un problema, una frustración, un miedo. Y en cada capítulo, por medio de una canción logran sentirse acompañados y seguros. Eso es muy lindo. Así que queremos que los chicos puedan verlo, usarlo para sentirse mejor y cantar en sotto voce. Y como es un proyecto familiar, porque las voces de los dibujitos son nuestras hijas, tiene algo tan lindo que yo ni apuesto al éxito.
–Emilia: Ojalá que sirva.
–Laura: ¡Y que a los chicos les haga bien! Eso, a esta etapa inesperada de nuestras vidas, ya nos llena un montón. ¿Qué más podríamos pedir?
Fotos: Rocío Bustos
Retoque digital: Roshi Solano
Video: Candela Petech, Martina Cretella y Rocío Bustos
Agradecemos a Lorena Martínez de LMZ Comunicación























































