Así es hoy la vida de Mercedes Funes, entre un nuevo desafío y su percepción del fin de la ficción en la TV argentina: "Siento que está todo como en una nebulosa" – GENTE Online
 

Así es hoy la vida de Mercedes Funes, entre un nuevo desafío y su percepción del fin de la ficción en la TV argentina: "Siento que está todo como en una nebulosa"

En diálogo con GENTE, la actriz revela su lista secreta de actores que "hay que ver una vez en la vida" y confiesa que tiene una manía que el público desconoce. Además, íntima, devela secretos de su cotidianeidad junto a Cecilio Flematti.
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Conversar con Mercedes Funes (47) es sacar un boleto con destino a un viaje colmado de emociones, porque ella, siempre carismática, atenta y ultra receptiva, es una mujer que sabe transmitir lo que siente, y lo hace con miradas, tonos y gestos elocuentes. Quizás porque tiene el don de interpretar sus palabras, pero más probablemente porque es una mujer apasionada. Una mujer que no pasa inadvertida. Una mujer que es tan única, que no hay espectador que no gire a mirarla cuando pisa el escenario o cuando entra a un set de filmación.

Y acá está, entrando a una charla con GENTE a días de haber estrenado Por el placer de volver a verla, la obra teatral en la que interpreta a la madre del gran Miguel Ángel Solá.

–Estás acompañando a Miguel Ángel Solá en su vuelta a los escenarios tras haber sufrido un ACV, todo un gran desafío para él. ¿Cómo lo vivís?

–Siento que es un privilegio (Muestra su franca sonrisa que brilla extra por la luz natural que se cuela por la ventana). Es que Miguel es inmenso. Por supuesto que él está atravesando una situación de salud específica, y todo lleva su proceso, y él está en el medio, pero su inmensidad está intacta. Y lo tengo en el escenario todo para mí y solo para mí.

Miguel Ángel Sola y Mercedes Funes en Por el placer de volver a verla
Un dúo que hace vibrar la platea: Meme Funes y Miguel Ángel Solá.

–Son sólo ustedes dos.

–¡Así es! Y yo me nutro todo el tiempo... (Ladea la cabeza). Te diré que él siente más fragilidad de la que se le ve. Todos los sentires son válidos, obvio, y acá él tiene todo un marco amoroso porque con Manuel González Gil, nuestro director, tienen un vínculo de hermanos que es muy hermoso de ver. ¡Y yo fui invitada a esta familia!

–¿Cómo te llegó esa invitación?

–De la mano de Manuel, que lo conocí cuando me convocó para Me duele una mujer, y ahí nos enamoramos mutuamente. Yo siempre había querido volver a trabajar con él y él conmigo, y me siento muy privilegiada de que haya pensado que yo era "la indicada". (Hace una pausa) Yo sé que es un regreso a los escenarios después de un momento muy tremendo para Miguel y sé que está más que capacitado para hacerlo, es arte pura este hombre, y es doblemente conmovedor verlo en el escenario porque está en carne viva y eso es precioso.

–¿En qué sentido está en carne viva?

–En que todo lo que tiene para ofrecer como artista lo ofrece en cada texto y en cada escena, no se guarda nada. Es genuino, es verdadero, es puro.

–¿Te emociona sobre el escenario?

–¡Uf, no sabés, no sabés! Me emociona y me alegra, y me emociona verme a mí en este contexto, es como que a veces me saco fotos desde afuera. Son estos momentos en que decís "yo elegí esta profesión para vivir estas cosas".

Radiante y auténtica. Lejos de las posturas inalcanzables, Meme confiesa que su secreto para verse tan bien es simple: "Uso muchas cremitas".

–¡Qué lindo es cuando pasa eso!

–Sí, súper lindo. Y no pasa muy seguido. Pero si uno tiene la lucidez de abstraerse un segundo y mirar de afuera y decir "yo a esto le saco fotos". Por suerte soy una privilegiada y tengo varios espacios de mi vida en donde saco fotitos.

–¿A qué "le sacás fotos" últimamente?

–A mi casa, a mi vida con Cecilio (Flematti)... a cuando se terminó el día y nos acostamos a comer en la cama con bandejita mientras miramos una serie y una peli. Y el mundo quedó de la puerta del cuarto para afuera y los teléfonos quedaron en silencio. Estamos ahí los dos solos charlando en pijama... Sí, tengo muchos momentos y muchas personas a las que me detengo y, siguiendo esta analogía, le saco una fotografía y me lo guardo.

–Siento que estás teniendo un buen 2026.

–Sí, sí, sí. Empezó de la mano de este proyecto junto con otros.

–¿Qué otros?

(Lanza una mirada pícara) Hace un año y medio o dos me aboqué a encerrarme a escribir. Encontré algo muy interesante de mí que siempre estuvo de una manera informal, que decidí formalizarlo y darle cauce. Y logré escribir mucho y filmé un capítulo piloto.

–¿Estás escribiendo una ficción?

–Dos. Dos ficciones distintas. Y estoy trabajando en el proceso de encauzarlas. Por otro lado estoy trabajando también en un unipersonal para hacer en la segunda mitad del año.

Entre el éxito de su protagónico teatral y su sorpresivo debut como escritora, la actriz demuestra que siempre hay tiempo para crear nuevas oportunidades.

–¿También escrito por vos?

–Es idea mía pero es escrito por Franco Verdoia, que ya ganó el premio del Concurso Dramaturgia Ricardo Monti. Es un material bellísimo que habla del edadismo y de los expulsados.

–¿Expulsados?

–Sí, ¿viste que cada vez hay más gente que se queda afuera del sistema?, porque los trabajos están cambiando, porque aquellos que se prepararon para ser profesionales en determinados oficios y están en la flor de sus capacidades ven como cierta parte del sistema los desestima... Si mirás las búsquedas laborales, pretenden jefes y líderes que no pasen los veintipico de años. ¡Y por otro lado el ser humano vive más tiempo! Entonces nos interesó ahondar en todo eso y armamos algo bastante fantasioso, porque la obra habla de una mujer a la que la mandan al espacio a hacer una misión, y cual perra Laika queda allá porque a nadie le interesa traerla de vuelta. Entonces queda en el espacio.

–¿Te imaginás sobre el escenario con un casco de astronauta, todo?

–No sé. Veremos, veremos (Risas).

–Cuando me contaste hace un ratito que estabas escribiendo por un momento te imaginé escribiendo una novela...

–No. Me pegó por el lado de escribir ficción y encontré ahí un camino bastante entretenido. Y ahora empieza el otro camino, que no es tan entretenido, que es tratar de que se haga realidad. Bueno, ya hicimos un rodaje bastante extenso de un primer capítulo con actores de primerísima línea que se recontra coparon con el proyecto y ahí vamos.

Decidida a no esperar que suene el teléfono, Meme se animó a escribir sus propios guiones -y con talento-.

–Imagino que son amigos de la vida y de tu gran recorrido laboral. ¿La idea es que ellos lo protagonicen si se hace realidad o fue solo para mostrar el material?

–La idea es que todo esto pueda llegar a generar trabajo, porque antes los espacios donde se generaban los trabajos estaban estipulados y al menos de mi parte se trataba de ir a hacer mi mejor casting y ver si tenía o no el personaje, y hoy está todo como en una nebulosa. Un poco anárquico por momentos, y por otros momentos reacomodándose, entonces te encontrás en esta nueva estructura de decir "bueno, capaz que yo tengo que producir mis propios espacios".

–Es que la ficción entró en un parate en los canales de aire.

–¡No existe más! Y no creo que vuelva a existir.

–¿Tan segura estás?

(Sacude la cabeza) Yo creo que va a existir en perlas particulares, porque todavía por suerte hay un público que sigue eligiendo los canales, que son por ahí las personas más grandes que tuvieron toda la vida el hábito de esperar a las 9 de la noche para ver la novela. Pero hay todo un nuevo público que no tiene esa cultura y también hay que entenderlo. Lo que sin duda no ha muerto es el apetito por la ficción, las historias, los cuentos y el teatro.

–¿Cuál creés que es el secreto del teatro?

–Que la gente encuentra uno de los pocos espacios en donde te desconectás un poco de la vorágine permanente del cosito este (Toma de la mesa su celular con funda magenta). Porque podrías gestionar casi todo tu conocimiento, lo que estudiás, lo que leés, con lo que te informás, con quienes hablás, hasta una relación amorosa a distancia con esto, pero algunas experiencias que tienen que ver con enfocarte en observar a una persona en carne y hueso y transitar lo que le pasa y dejarte conmover, que es lo que pasa en el teatro, ¡eso es irremplazable!

–Esa magia sigue intacta... ¡Y esta vez, en Por el placer de volver a verla, vos sos una madre sobre el escenario!

–Sí, soy la madre de Miguel Ángel Solá (Ríe). Soy todas las madres, y eso es lo alucinante de este personaje. Bueno, en algún punto yo volqué mi experiencia de ser hija de una madre...

Un momento de la función que dieron el sábado en el Teatro Helios. "Qué bien se siente ver una obra donde toda la fuerza, la expresión y la magia surge de los actores. Teatro puro", escribió una espectadora en redes sociales.

–¿Cómo se llamaba tu mamá?

–Nelly. Mi mamá era muy personaje y muy particular. Pero no sólo la reflejo a ella, también a las madres de mis amigos y a las madres que he observado yo que no soy madre. ¡En mi personaje las ves a todas!

–¿Y qué sucede con Miguel?

–Él es un autor de teatro que se anima a jugar a volver a esos momentos de la infancia y a teatralizarlos junto con su mamá. Y su madre, ¡entra a hacer de madre! Él empieza teniendo 11 años y mi primer texto es en off diciéndole "¿vos sos tonto?", y él está tapado con una manta porque se acaba de mandar una macana tremenda. Son esos retos que les hacés a los chicos. Todo eso está: la madre de un niño, de un adolescente, de un joven/adulto.

–¿Quien vea la obra se va a ir modificado?

Absolutamente, y eso me encanta. Me gusta salir de una obra de teatro y llevarla conmigo unas horas, al café que me tomo después o a la cena. Y esta obra la llevás. Y aparte te llevás el hecho de ver a un actor como él, que para mí hay ciertos actores que no te podés poder de verlos en un escenario.

–¿Qué otros actores están en tu lista?

–Uf, bueno... Yo pude ver en un escenario a Alfredo Alcón, a Norma Aleandro, a Danilo Devizia que hizo el Fausto y pensé "Dios mío este hombre, ¿cómo puede ser de verdad?", a Ana María Picchio, a Hugo Arana, a Arturo Bonín -que además trabajé con él y me morí-, a Graciela Dufau, ¡y a Moria Casán! Es deslumbrante Moria en el escenario. Y seguramente me voy a olvidar de muchos, pero tenemos unos actores en nuestro país (Se nota que no logra abarcar con sus palabras todo lo que siente). A mí me encanta mirarlos y mirar cómo ponen las manos y cómo se paran, si se paran chuecos, si se paran derechos, cómo respiran, cómo tragan.

–¿Hay alguien en particular de quien trates de tomar cosas cuando los ves?

–No. Yo soy re público en el público. No me pongo en actriz ni analizo. Me dejo llevar al viaje. De hecho, soy de las que más aplauden, de las que se ríen fuerte, a veces soy un papelón (Ríe). Soy súper expresiva.

"Me encanta espiar a ver qué tiene puesto el público o si están agarraditos de la mano, me hago mis películas", le confiesa a GENTE.

–Es ser auténtica también.

–Es que yo creo que el rol del público es sumamente activo. El teatro te permite expresarte: aplaudir, reír, hacer comentarios...

–¿Qué te produce cuando ves al público llorar?

–Me encanta (Se muerde el labio de costado), porque sé que no están sufriendo. Sé que están conmoviéndose, que están entendiendo lo que nosotros queremos transmitir, que estamos en la misma sintonía. Es divino, es hermoso. A mí me gusta mucho mirar al público cuando trabajo. Mucho. A veces peco por demás y los espío, ¡me encanta espiarlos! Me gusta ver qué tienen puesto, cómo se sientan, si están agarraditos de la mano...

–O sea, ¿podés hacer todo en paralelo?

–Sí, estoy en mil lados. Es algo muy particular lo que sucede cuando estoy en el escenario, no me pasa en ningún otro lado del mundo. De hecho, yo no soy multitasking en lo absoluto. Y en el escenario sí. Te diría que mi mejor versión es arriba de un escenario. ¡Qué triste! (Se ríe sola)

–Probablemente Cecilio no diga lo mismo.

–No, yo imagino que no. ¡¡¡Espero que no!!! (Más risas)

Agradecemos a Martina Valía y Javier Faroni



 
 

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