A través de una extensa carta abierta que compartió en sus redes, Teresa Costantini decidió hablar públicamente y se refirió al reclamo judicial que, según explicó, busca que deje de usar el apellido con el que se la conoce desde hace décadas.
En ese texto, la actriz, directora, productora y guionista expresó su sorpresa por tener que atravesar esta situación más de 30 años después de su divorcio de Eduardo Costantini y resumió su postura con una frase contundente: “No van a borrar mi historia ni mi identidad cultural y creativa”. En el mismo mensaje, aseguró que el tema no se limita a una cuestión formal, sino que toca de lleno una parte central de su recorrido personal y profesional.

El eje de su descargo estuvo puesto, sobre todo, en el valor simbólico y laboral de ese apellido. “Tengo 76 años, cuarenta de carrera artística y un apellido con el que firmé cada película, cada obra, cada guion. Hoy enfrento una demanda para que deje de usarlo”, escribió.
Para Teresa, el nombre con el que desarrolló su obra no puede pensarse únicamente como una referencia marital del pasado, sino como parte de una identidad pública construida durante años en la cultura, el cine y el teatro. En esa línea, remarcó que buena parte de su trabajo fue difundido, archivado y reconocido bajo esa firma, y que cambiarla ahora implicaría alterar una marca profesional consolidada con el tiempo.

En su publicación, además, contó que el conflicto no se agota en el uso del apellido. Según detalló, también enfrenta una presentación en el tribunal eclesiástico para anular el matrimonio religioso que mantuvo con el empresario.
Teresa relató que allí se habría invocado una presunta “falta de madurez” al momento de casarse, algo que ella cuestionó al recordar que la pareja estuvo unida durante 28 años, tuvo cinco hijos y hasta renovó sus votos al celebrar las bodas de plata. “Han pasado treinta años desde nuestro divorcio, lo que resulta hoy una embestida incomprensible”, señaló en el mismo texto, en el que dejó ver que su decisión de hablar públicamente tiene que ver con el impacto emocional y simbólico que le produce la situación.
La directora también explicó por qué eligió romper el perfil bajo que había mantenido hasta ahora. En el comienzo de su carta hizo referencia al llamado “efecto Streisand”, el fenómeno por el cual un intento por suprimir o limitar una información termina provocando una difusión todavía mayor.
Desde esa idea, planteó que el conflicto terminó generando exactamente lo contrario de lo que se buscaba: visibilizar aún más el nombre con el que se la conoce públicamente. “Están logrando lo contrario de lo que pretenden: que todo el mundo sepa que soy Teresa Costantini”, escribió, en una línea que volvió a poner el foco en cómo la identidad profesional, en ciertos casos, excede largamente los términos estrictos de una disputa legal.
Por el momento, Eduardo Costantini no realizó declaraciones públicas sobre el descargo de su exesposa. Esa ausencia de respuesta pública hace que, por ahora, toda la atención esté puesta en la voz de Teresa y en el modo en que decidió exponer su mirada sobre el conflicto. Más allá del aspecto judicial, su planteo quedó formulado en términos de memoria, obra e identidad: una defensa del nombre con el que se presentó durante décadas en el ámbito cultural y con el que todavía hoy se la reconoce.
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