Nahir Galarza cumple su condena en la Unidad Penal N°6 “Concepción Arenal”, ubicada en la ciudad de Paraná, Entre Ríos. Se trata del establecimiento al que fue trasladada para cumplir la prisión perpetua dictada por el crimen de Fernando Pastorizzo y que, con el paso de los años, se convirtió en el escenario central de una historia que nunca dejó de generar interés público.
En las últimas horas, tras una nueva entrevista dada desde prisión, volvió a crecer la curiosidad sobre cómo es por dentro el lugar donde pasa sus días.
Lo primero que aparece al mirar ese penal es que no responde a la imagen clásica de una cárcel de máxima seguridad. La Unidad Penal de Mujeres de Paraná tiene paredones bajos, sectores complementados con alambrados y alambre de púa, un patio central pequeño y pabellones que rodean ese espacio común.
Se compara más con “un colegio con rejas” que con una prisión de gran escala, aunque el control interno es constante y el lugar cuenta con monitoreo por cámaras.
A la vez, el Ministerio Público de la Defensa de Entre Ríos confirmó en una reciente visita institucional que el establecimiento tiene distintos pabellones, talleres y sectores específicos, además de ser objeto de monitoreos sobre condiciones de detención, higiene, salud y situación edilicia.
Más allá de esa estructura austera, la UP6 tiene un perfil fuertemente orientado a la resocialización de las internas. Allí funcionan una rotisería, un taller textil y una lavandería, todos espacios de trabajo administrados por mujeres privadas de la libertad.
En esos sectores se preparan viandas, se confeccionan productos como mochilas, mantas o fundas, y también se presta servicio tanto dentro como fuera del penal. Ese esquema les permite a las internas aprender oficios, generar ingresos para gastos mínimos y, a la vez, sostener una rutina vinculada con la reinserción.
Además, el penal cuenta con un pabellón de madres para las detenidas que conviven con sus hijos pequeños y con una zona de visitas destinada al contacto con familiares y abogados.

Ese costado menos conocido del penal se complementa con otras iniciativas institucionales. En enero de 2025, por ejemplo, el Gobierno de Entre Ríos informó la inauguración de un Espacio Amigo de la Lactancia dentro de la Unidad Penal N°6, el primero de ese tipo en una cárcel de la provincia.
La medida fue presentada como una política de derechos tanto para trabajadoras como para internas, y mostró que la unidad no solo funciona como lugar de encierro, sino también como un ámbito donde conviven medidas de seguridad con programas específicos vinculados con maternidad, salud y acompañamiento.
De hecho, trabajos académicos de la Universidad Nacional de Entre Ríos también registraron la existencia del pabellón de madres y el modo en que allí se articula la vida cotidiana de mujeres privadas de su libertad con la crianza y el acceso a la educación.
La única vez que Nahir Galarza salió del penal
En el caso puntual de Nahir Galarza, lsu vida diaria en prisión transcurre hoy con un perfil más bajo que en sus primeros años de encierro. Desde marzo de 2026 que la joven participa de actividades laborales y de capacitación dentro del penal, que recibió el título intermedio de operadora preventiva en Salud Mental dentro de su formación en Psicología Social y que también asiste a talleres de yoga y meditación.
Esa rutina se complementa con el cursado de estudios a distancia, manteniendo una organización cotidiana atravesada por tareas formativas y recreativas. Tras más de ocho años detenida, esa agenda interna aparece hoy como uno de los ejes de su permanencia en la unidad penitenciaria de Paraná.
El régimen, de todos modos, sigue siendo estricto. En marzo de este año, Galarza recibió una autorización excepcional para salir por unas horas de la cárcel y visitar a su abuela materna en Gualeguaychú por razones humanitarias.
Esa salida no implicó un beneficio de libertad ni un cambio en su situación procesal, sino un operativo puntual, con custodia penitenciaria, chofer, personal a cargo y supervisión previa del domicilio.
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