El dolor por la pérdida de un ídolo popular suele ser una marea incontrolable, pero a veces, en medio del caos del dolor, surgen gestos de una humanidad conmovedora. Eso fue exactamente lo que ocurrió todo el día de ayer durante la despedida a Carlos Alberto "Indio" Solari (1949-2026) en el Polideportivo José María Gatica (Villa Dominico, partido de Avellaneda), una jornada cargada de una profunda emotividad donde los fanáticos se acercaron a darle el último adiós al mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
En un video que se volvió viral en las últimas horas, quedó registrada una escena que sintetiza el lazo único que unía al músico con su público, pero esta vez, a través de los ojos de su compañera de vida. Virginia Mones Ruiz, conocida cariñosamente por todos como "Viru" –madre de Bruno, el hijo de 26 años que tuvo con el artista–, protagonizó un momento que conmovió a todos los presentes y a las redes sociales.

Un consuelo cara a cara para ganarle al olvido
Mientras una multitud rodeaba el féretro colmado de remeras, banderas y ofrendas ricoteras bajo un cartel que rezaba "INDIO 1949-infinito", una fanática rompió en un llanto desconsolado frente a la valla de contención. Al ver el nivel de angustia de la joven, Viru no dudó en actuar desde la empatía absoluta.
Lejos de mantener una distancia fría o protocolar, Virginia se acercó, la tomó delicadamente del rostro con ambas manos y la miró fijamente a los ojos. En un intento por transmitirle paz y entereza en un momento tan difícil para ella, la tranquilizó, le pidió que se calme, que esté con sus compañeros y le expresó palabras de aliento: "Tenés que estar fuerte. Dale".

La fanática, visiblemente quebrada, apenas podía articular palabras mientras recibía el tierno gesto. Antes de despedirse, la esposa del músico selló el encuentro con un cálido abrazo y un beso, y le dijo: "Dale, yo le doy un beso al Indio de tu parte".
Mientras tanto, los presentes expresaban su agradecimiento hacia ella. "¡Viru, la mejor compañera fuiste! ¡Toda la vida! Gracias por todo lo que hiciste por el Indio", se alcanza a escuchar entre los gritos de la gente, reconociendo el rol fundamental que Virginia tuvo al lado de Carlos Alberto.

El mensaje oficial: "Que su música no pare nunca más"
Poco después del cierre de las puertas y bajo una lluvia que pareció acompañar durante horas y horas el luto colectivo, la cuenta oficial de Instagram del artista (@indiosolarioficial) publicó un texto definitivo para despedir la jornada y abrazar a la "militancia ricotera" que organizó el homenaje en tiempo récord.
"Ya está. Todas y todos los que tuvieron la posibilidad de acercarse a despedirlo, lo hicieron. Ahora la lluvia nos manda a todos a casita, a seguir penando por dentro y a recordarlo como era: humano, infinito", arranca el posteo.

El comunicado no solo agradeció a las "toneladas de muchachos y muchachas" que montaron la descomunal logística, sino que dejó una revelación poética sobre las últimas directivas que dejó el propio Solari antes de partir: "Como no podía ser de otro modo, pensó en todo antes de irse. Y por eso dejó encendido el equipo Marshall de su guitarra y el equipo de sonido donde escuchaba las canciones en las que trabajaba. Nos sugirió, así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso. Que su música no pare nunca más".

La mujer que sostuvo al mito
Virginia y Carlos se conocieron a principios de 1981, cuando Los Redondos eran todavía una banda del underground platense que tocaba en pubs y teatros pequeños. Desde el principio apostaron por el hermetismo absoluto: los detalles de su historia los guardaron para la intimidad y cuando finalmente se casaron, en 1988, el casamiento se llevó a cabo con máxima discreción, sin ningún tipo de festejo público ni cobertura mediática.
Para entonces la banda ya había publicado Gulp! y Oktubre y el Indio era una figura masiva. Le importó exactamente nada. Virginia lo resumió años después en sus redes, citando una canción: "Nos conocimos promediando el verano del '81. Años después, cuando escuché por primera vez 'Me quedo contigo', por Los Chunguitos, encontré las palabras que describían mis sentimientos. En la actualidad lo siguen haciendo".

El hermetismo no fue una postura de prensa: fue una arquitectura de vida que incluyó el aislamiento deliberado en una quinta de Parque Leloir, protegida por pastores alemanes, cámaras de circuito cerrado y la decisión de no existir mediáticamente más allá de la música. Virginia permaneció a su lado hasta sus últimos días, acompañándolo especialmente durante los años en que el Parkinson avanzó.

Virginia no solo fue el gran amor del Indio Solari, sino también su refugio y su sostén más firme. Este gesto en el velatorio, sumado a las directivas artísticas que la familia hoy comparte, no hace más que confirmar la madera de la que está hecha: una mujer que, a pesar de atravesar su propio e inmenso duelo junto a su hijo Bruno, eligió abrir su corazón para contener a quienes compartían ese mismo vacío. El Indio ya es eterno, y el Marshall quedó encendido.
Fotos: RS Fotos y redes sociales.
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