Cómo es Coronado, el restaurante del MALBA que tiene los mejores chipirones a la chapa de la Ciudad – Revista GENTE
 

Cómo es Coronado, el restaurante del MALBA que tiene los mejores chipirones a la chapa de la Ciudad

Comer en un museo nunca tuvo tanto nivel. El icónico espacio donde Elina Fernández y Eduardo Costantini se enamoraron se renovó por completo y hoy deslumbra con su cocina abierta, sus mesas bañadas por los rayos del sol y su irresistible menú de autor.
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Comer en un museo siempre tiene un encanto especial, pero Coronado le da una vuelta de tuerca definitiva a las salidas por Barrio Parque. Instalado en la planta baja del icónico MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), este spot dejó atrás las típicas cartas de cafetería de paso para convertirse en un all day hecho y derecho (abre de 8 a 01 horas), de esos en los que te sentás a tomar el té y, sin darte cuenta, te quedaste a cenar.

El lugar funciona como un imán visual. Gracias a su inmensa estructura vidriada de doble altura, los árboles de la calle, los agapantos del jardín y la luz natural se meten de lleno en las mesas del salón.

Coronado queda en la planta baja del MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415, Palermo) y es el refugio ideal para disfrutar de la verde arboleda de Barrio Parque sin estar a la intemperie.

Y si la vista hacia afuera es linda, hacia adentro el espectáculo pasa por su enorme cocina abierta: impecables mesadas de acero inoxidable, estanterías rebalsadas de alcauciles frescos y un equipo trabajando a ritmo frenético a la vista de todos.

Los cocineros trabajan a la vista con la precisión, el respeto y la disciplina que Martín Lukesch trajo de su paso por las grandes cocinas de Europa.

El hit de la carta y quién está detrás de los fuegos

Al mando de esta cocina está Martín Lukesch, un chef con mucho recorrido en la escena porteña que acá apostó por una carta de sabores nítidos y respeto absoluto por el producto de estación.

Martín Lukesch es el talentoso chef que logró que la gastronomía de Coronado esté en boca de todos.

Su mano no improvisa: trae encima el rigor que absorbió trabajando en el País Vasco dentro de Mugaritz (el gigante de dos estrellas Michelin de Andoni Luis Aduriz) y la sensibilidad que afinó pasando por cocinas icónicas de Buenos Aires como Restó o El Preferido de Palermo. Todo ese bagaje hoy se traduce en platos que no buscan ser pretenciosos, sino reales y expresivos, pensados para dialogar de forma natural con el entorno del museo.

El mejor ejemplo de esta filosofía bajada a la mesa es el plato que el circuito foodie ya coronó como el gran capricho del lugar: los Chipirones de Mar del Plata a la chapa con huevo frito ($25.000). Fiel a ese estilo sin artificios y con puro foco en el producto, los chipirones llegan a la mesa bañados en una salsa rojiza súper tentadora, abrazando en el centro a un huevo frito de yema perfecta y acompañados por un buen puñado de hierbas frescas.

Entre la textura tierna de los chipirones y esa yema que estalla para mezclarse con la salsa, pedir un poquito más de pan para disfrutar hasta la última gota del plato no es una sugerencia, es una obligación.

Qué más hay en el menú y cuánto sale

La experiencia no termina en los chipirones. Para nada. De hecho, la propuesta de Lukesch está pensada para que armes tu propio recorrido gastronómico siguiendo el reloj.

Para arrancar el día

Si sos de los que prefieren el plan matutino, los precios de su cafetería resultan súper amigables para el barrio: un Espresso intenso en pocillo corto sale $4.500 (o un Lungo por $5.000). Sumale una de sus impecables Medialunas de manteca ($4.900), de esas que se deshacen en la boca, y tenés armado el desayuno perfecto con vista a la plaza República del Perú.

El lugar también es conocido por su exquisita pastelería de elaboración propia.

Los principales que justifican la salida

Cuando llega la hora de almorzar o sentarse a cenar, la cocina saca la artillería pesada con platos que no fallan. Para los paladares más carnívoros, la Entraña jugosa ($92.000) es una verdadera fiesta: un corte ejecutado a la perfección (y libre de gluten) que sirven escoltado por papines y cebollas al rescoldo. Por otro lado, si la brújula te pide mar, la Fideuá de pesca ($76.000) es un viaje directo al Mediterráneo, rebosante de calamares y gambas frescas.

Atardecer, ostras y alta coctelería

Hacia el final de la tarde, cuando la luz dorada baña el salón, la barra toma el protagonismo. Las mesas que dan a los ventanales se llenan de copas de Aperol Spritz, Bloody Marys bien picantes (preparados con jugo de tomate y tabasco) y Martinis helados.

¿El maridaje perfecto para ese momento? Un tapeo de lujo a base de ostras frescas con gajos de lima, que salen escoltadas por unas infalibles papas fritas y espumante.

Un tip extra: si ordenan las papas fritas, asegúrense de pedir el kétchup de la casa. Es artesanal y es una de-li-cia.

Aunque también podés ir por el Hummus de zanahoria ($17.500), una delicia plant-based y sin TACC que sale con hinojo y una vibrante vinagreta de caroteno, o apostar por la frescura absoluta de la Trucha curada ($19.500), acompañada con arvejas salteadas.

En definitiva, un planazo que demuestra que en el MALBA el buen gusto no solo cuelga de las paredes, sino que también se sirve a la mesa.

Agradecemos a Consuelo Bianchi de Majo Loss PR


 
 

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