Chino Darin: La increíble historia del abuelo que nunca conoció, le dio el nombre, aprendió a amar a través de su padre y ahora recuerda en su centésimo aniversario – GENTE Online
 

Chino Darin: La increíble historia del abuelo que nunca conoció, le dio el nombre, aprendió a amar a través de su padre y ahora recuerda en su centésimo aniversario

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A un siglo del nacimiento del primer Ricardo de la familia, que llegó al mundo en 1926 y falleció en 1996 -nueve días antes de que viera la luz su nieto-, recorremos el increíble derrotero de tres generaciones aunadas bajo un mismo apellido, la misma profesión y una misma vocación de vida.
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El homenaje mediante una historia vía Instagram del Chino hacia su abuelo Ricardo (llamémoslo Ricardo III, para no marear al lector), de quien heredó el nombre.

No lo conoció, pero como que sí. Y no sólo porque su padre le contó quién había sido, sino porque lo lleva en la sangre. Bueno, en la sangre, en su nombre y en el recuerdo. Tal sucedió días atrás, cuando el Chino Darin (37) posteó una foto del protagonista central de esta nota acompañada por la inscripción: “Hoy mi abuelo Ricardo Andrés cumpliría 100 años”.

Ricardo II y Ricardo III (o el Chino), durante su última producción para GENTE.

Un homenaje que en los días que corren, a la distancia, nos permite descubrir cierta maravillosa historia de amor, vocación y principios que involucra a tres generaciones, historias y fechas que bien parecen salidas de la ficción, ellos tanto han honrado siempre y se refuerza desde una vieja declaración del Chino a GENTE hace siete años, cuando presentó con su progenitor el filme La odisea de los giles: “Soy Ricardo por mi abuelo, no por mi papá”.

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Ricardo Darin y la abuela Renée Roxana junto a sus hijos, los no menos legendarios Ricardo (el papá del Chino) y Alejandra, posando para una de las escasas fotos públicas que se conocen de los cuatro juntos.

Nació el 11 de abril de 1926 en Buenos Aires. Poeta y aviador, a los 18 años partió hacia Europa, intercalando viajes a Asia y África, conociendo al legendario cineasta Orson Welles y llevando una existencia cargada de aventuras, que incluyó haber participado en la elaboración de uno de los primeros manuales sobre primeros auxilios confeccionados en Portugal y una breve incursión -cuando se quedó sin dinero y fue a golpear las puertas del consulado argentino en Francia- como guardaespaldas en la tercera línea del presidente galo Charles De Gaulle.

De regreso a nuestro -su- país comenzó a trabajar como actor en la Radio El Mundo, donde conoció a su futura esposa, la actriz Renée Roxana, mientras ambos formaban parte del culebrón Las aventuras del zorro. Además participó en filmes como Pobre mariposa y La culpa, en obras de teatro como El conventillo de la paloma, Confidencias y La boca está de fiesta y en ciclos televisivos como Juan sin nombre, Historias fantásticas de suspenso, Nosotros tres y alguien más, Boleta de empeño, Por amor y Apunten fuego. Entretanto, junto a Roxana se convirtió en padre de sus grandes herederos en el arte y en la vida, Ricardo (69) y Alejandra Darin (fallecida el 15 de enero de 2025, a los 62).

La apertura de la nota de GENTE que treinta y siete años atrás anunciaba la llegada del Chino: "¡Darin papá!". Sí, Ricardo, Florencia y toda sus ternura para el nacimiento de Ricardo Mario (cuyo primer y segundo nombre heredó de cada uno de sus abuelos): la imagen de la felicidad en la habitación 208 de la Clínica San Nicolás.

Aunque en los últimos años aprendió a controlarlo un poco, hablar de su padre siempre movilizó el alma, el corazón y las pupilas de Ricardo Alberto Darin. La partida de don Ricardo aquel 5 de enero de 1989, víctima de cáncer, se había consumado nada menos que nueve días antes del nacimiento de su primer nieto -sí, el Chino, quien, como mencionamos al inicio de la nota, aún sin conocerlo decidió homenajearlo un siglo después-. ¿Cómo había sido aquel momento crucial? Así lo recordaba el mismísimo protagonista del El Eternauta en la edición 1226 de GENTE, con fecha 19 de enero de 1989:

-Sucedió algo (le explicaba sensaciones al inolvidable periodista Luis Pazos, mientras el  no menos talentoso Fabián Mauri le tomaba fotos-)... no sé, mi hijo abrió los ojos y vi que eran los de mi viejo. En ese momento supe que no era cierto que papá no había llegado a conocer a su nieto. ¿Cómo no lo iba a conocer si era él? Bueno, no, no quise decir eso.

-No sabemos nada de la vida y de la muerte, Ricardo, excepto que las dos duelen. Por distintos motivos, claro, pero las dos duelen -continuaba la entrevista Pazos.

-¿Vos conociste a mi viejo?

“No lo puedo creer... nació mi hijo", repetía el treintañero actor respecto al arribo del Chino. Flor transitaba las dos décadas.

-No.

-Era un crack. No digo que después de él se rompió el molde pero… Era un tipo que cuando se le ponía una idea, chau. Nada lo pudo doblar en la vida, ni siquiera el año y medio que vivió sabiendo que iba a morir. Yo sé que por dentro estaba destrozado. Siempre se valió por sí mismo en todo y al final era casi inválido. Pero tuvo un momento, al final, que lo disfrutamos. Y mucho.

-¿A pesar de que la muerte ya había decidido todo por ustedes?

-Sí, a pesar de eso. Era cuando lo afeitaba. A pesar de que yo tenía miedo de cortarlo y que él, como era muy duro, decía que no quería, su cara de placer no la voy a olvidar jamás. Y hoy, bueno, hoy que no está… ¿no está nunca más no?

-Nunca más en ninguna parte.

-Bueno… hoy hablo con él más de lo que hablé en los últimos años. El día que murió le escribí  una carta que mis dos hermanas (Nota de la Redacción: Alejandra y Daniela, de otra pareja del padre), leyeron y aprobaron y se la puse en el cajón. Para el camino, por las dudas.

-Si es cierto que el amor vence a la muerte, creo que esté donde esté la va a leer. Si no es cierto, si es nada más que la creencia desesperada de los que sobrevivimos, no importa. El amor ganó en tu corazón, que es, en definitiva el lugar donde él va a sobrevivir.

Decía Ricardo aún movilizado, en 1989: "Yo mismo empujé la camilla para entrar a la sala de parto y recibir a mi hijo”. Su propio padre -el abuelo del Chino- había fallecido nueve días antes.

-Pero pará, pará. Estábamos hablando de mi hijo.

-Claro, de tu hijo, del nieto de Ricardo Darin. ¿Cómo no íbamos a hablar del abuelo? A propósito, ¿le dijiste a los demás en la sala de parto que era igual a tu padre?

-¿Cómo no lo iba a decir?

-¿Qué te contestaron?

-Que era cierto. Aunque mi hermana Ale llama todos los días para decirme que cada hora que pasa se parece más a mí. Estuve pensando que yo ahora soy el padre de todos. Porque si mis hermanitas necesitan al viejo ¿a quién van a llamar? A mí, claro. El día que mi hijo me necesite, ¿a quién va a llamar?

-A vos, claro.

-(Agarrándose la cabeza). ¡Huy! Pobre familia -Ricardo se reía por primera vez en la charla.

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El actor Ricardo Darin (además padre del protagonista de El Eternauta y abuelo del Chino) falleció el 5 de enero de 1989, nueve días antes de que viera la luz el último. Sus restos fueron sepultados en el panteón de la Asociación Argentina de Actores y Actrices del Cementerio de la Chacarita.

Décadas después, cuando el Chino ya formaba parte de este mundo, el propio Ricardo Darin se animó a recordar de corrido en un párrafo cierta anécdota que tiempo atrás su emoción no le hubiese permitido expresar. “Mi padre, que siempre me trataba de usted, solía repetirme una frase, en esos tiempos para mí tal vez inexplicable: ‘No tenga nada, porque todo esto es mentira’. Cuando murió y fuimos a retirar sus pertenencias a la pieza en la que vivía, entendí el enorme significado de sus palabras. Allí, atravesado por el dolor, en medio de un cuarto austero, me di cuenta de que mi papá había usado para sí, como máxima, aquella frase, porque literalmente no tenía nada, pero nada en serio: dos pares de zapatos, dos sacos, dos camisas. Había sido íntegro hasta las últimas consecuencias. Me quedé sentado en su cama mirando todo. Fue una lección tremenda", remataba quien heredó su nombre, de la misma manera que lo heredó el Chino, “un librepensador como su abuelo”, añadía Ricardo II. Tiempo para retomar aquel reportaje consumado nueve días luego de que falleciera su padre sin poder conocer su nieto:

Los Ricardo padre e hijo junto a Florencia Bas en la primera producción juntos. Salió publicada en la tapa de la edición 1226 de GENTE, con fecha 19 de enero de 1989. El Darin mayor sumaba 32 años y el pequeño, cuatro días.

-¿Alguna vez hablaste con tu padre del nieto que llegaba? -le preguntaba GENTE desde el grabador de Luis Pazos.

-Lo intenté, aunque él nunca aceptó la conversación. Porque lo conozco y sé que era el tema que más le importaba, pero sabía que nunca lo iba a tener en sus brazos. Así que nunca quiso aceptar la ilusión de que sí lo iba a tener. El decía que uno no decide nada en la vida, que todo está escrito de antemano, que lo único que hace el hombre es sacar el polvo que cubre lo que ya está escrito.

-¿Supo al menos que se iba a llamar Ricardo como él?

-El día que le dije que se iba a llamar Ricardo Mario como sus dos abuelos, me miró fijo y me dijo: 'Siempre me gustó Mario'. ¡No era increíble el viejo! Tan increíble que después de aguantar nadie sabe cómo, tres meses, se murió justo a tempo para que yo hiciera mi duelo y pudiera disfrutar del nacimiento de mi hijo.

-¿Va a tener hermanos?

-A Florencia (Bas) la veo muy, pero muy madraza. Por lo menos va a tener un hermano. Es muy pesado eso de ser hijo único. Este…, ¿cuándo es que dicen "papá"?

-Por lo general después de los meses. A los ocho, casi seguro.

El Chino le muestra por videollamada a su mujer, la actriz española Úrsula Corberó, la camiseta albiceleste de Messi que le compró a su hijo Dante, nacido el último 9 de febrero.

-¿Y no dice primero "mamá"?

-No, porque papá tiene que ver con papa. La primera necesidad.

-Pa-Pá. Fuerte, ¿no?

-Terrible. El 5 de enero murió tu padre, al 14 nació tu hijo, el 6 cumpliste 32 años. ¿Qué pensaste en el momento de festejarlos? -empezaba a cerrar la entrevista Pazos.

-Dos días antes de que el viejo muriera lo llamé por teléfono al hospital. Le pregunté cómo estaba y me dijo, como quien te da la hora: 'Perfectamente'. Si mi hijo es capaz de ser ese tipo de hombre, voy a dormir tranquilo para el resto de mi vida -culminaba entonces aquella perla periodística de GENTE.

Fotos Archivo Atlántida ([email protected]) y redes sociales
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)



 
 

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