La madrugada del viernes, Rosario quedó atravesada por una noticia dolorosa: Sophia Civarelli y Valentín Alcida, ambos de 22 años y estudiantes de Psicología en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), fueron hallados sin vida en dos puntos distintos del barrio Lourdes, sobre la calle 3 de Febrero. En medio de la conmoción, la investigación judicial avanza con peritajes y testimonios.
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Sophia, nacida y criada en Villa Amelia, una localidad santafesina ubicada a unos 25 kilómetros de Rosario, vivía allí con su mamá y durante un tiempo sostuvo el ritmo de viajar seguido para cursar. Con el paso de los meses, y ya instalada en la dinámica universitaria, tomó una decisión que suelen tomar muchos jóvenes del interior: mudarse a la ciudad para estar más cerca de la facultad y evitar los traslados.
Ese cambio de etapa coincidió con el inicio de su relación con Valentín, a quien conoció en el ámbito académico, compartiendo aulas y pasillos de la misma carrera. Según las primeras reconstrucciones, la pareja había empezado a salir en 2025 y, con el tiempo, decidió convivir en Rosario. En la superficie, el vínculo se mostraba como el de tantos noviazgos jóvenes: fotos juntos, escenas cotidianas y gestos públicos de cariño en redes sociales.

Valentín, por su parte, había llegado a Rosario desde Los Surgentes, una localidad del sudeste de la provincia de Córdoba, también con el mismo propósito: estudiar Psicología. Tenía 22 años, se había instalado en la ciudad para cursar en la UNR y, al menos en su perfil público, solía dejar mensajes afectuosos hacia Sophia en redes.
En Villa Amelia, el impacto fue inmediato. Sophia era muy querida en su pueblo y tras conocerse la noticia, el club local Atlético Unión Erín decretó el duelo y suspendió sus actividades, acompañando públicamente a la familia. Ese gesto —simple, comunitario— suele decir mucho más que cualquier descripción: no habla solo de una estudiante, sino de alguien que tenía un entramado de afectos alrededor.
En Rosario, la historia se vuelve más opaca porque se mezcla con el expediente judicial. Los dos eran jóvenes que estaban en la etapa de construir: una carrera, amistades nuevas, una casa compartida, una rutina universitaria. Y, sin embargo, los datos duros del caso obligan a decir que fueron encontrados sin vida en distintos puntos de la misma calle 3 de Febrero, a pocas cuadras de distancia, en un hecho que la Justicia investiga bajo la hipótesis principal de femicidio seguido de suicidio, tras haber comenzado con una carátula de “muerte dudosa”.
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