A siete días del accidente que conmocionó a Villa Devoto, el papá de Bárbara Granado Schönholz, médica neuróloga de 31 años, publicó un mensaje desgarrador en redes sociales para recordarla y agradecer el vínculo que los unía. Ocurre mientras la investigación judicial sigue su curso para determinar responsabilidades por la muerte de la joven, atropellada por un colectivo en el barrio porteño.
“Hoy ya una semana sin mi doctorcita Bárbara Granado, siempre estarás en mi corazón…”, escribió su padre, Carlos Granado, en un texto que rápidamente se multiplicó por la potencia de su dolor. En esa publicación, el hombre también dejó una frase que se volvió el núcleo emocional del posteo: “Siempre serán lo más valioso de la vida”, en alusión a su hija y a sus otros dos hijos. El mensaje llegó, además, después de que el propio padre hubiera sido quien confirmó públicamente la identidad de la víctima en los días posteriores al hecho, al compartir que un accidente con un colectivo se la “arrebató”.

La tragedia ocurrió el viernes 10 de abril de 2026, cuando Bárbara bajaba de un colectivo de la línea 134 en la intersección de Chivilcoy y Nazarre, en Villa Devoto. De acuerdo con las primeras reconstrucciones difundidas por la prensa, la secuencia se desencadenó cuando su mochila quedó enganchada en la puerta mientras descendía, y el vehículo retomó la marcha antes de que pudiera liberarse. La inercia la hizo caer al asfalto y, en cuestión de segundos, quedó debajo de las ruedas traseras del mismo colectivo, muriendo en el acto por la gravedad de las lesiones.
Tras el llamado al 911, llegaron efectivos de la Policía de la Ciudad y una ambulancia del SAME, pero los profesionales solo pudieron constatar el fallecimiento. En paralelo, el chofer —un hombre de 41 años— fue demorado y sometido a un test de alcoholemia, mientras se resguardaba la unidad para peritajes. La causa quedó en manos de la Justicia nacional y fue caratulada en forma preventiva como “averiguación de homicidio”, una figura habitual en este tipo de hechos hasta que las pericias determinen si hubo delito o negligencia punible.
En ese contexto, el posteo del padre volvió a poner el foco en el costado más humano del caso: el duelo de una familia atravesada por un final abrupto. “Tu padre no es perfecto… pero tengo una gran virtud: haber aprendido a ser padre”, escribió Carlos Granado, en una reflexión que mezcla culpa, orgullo y amor, y que explica por qué el mensaje impactó más allá de la noticia policial. A su alrededor, el acompañamiento se extendió también al plano profesional: colegas y compañeros de residencia despidieron a Bárbara con mensajes que recordaron los años compartidos en hospitales porteños.
Parte de la conmoción pública se explica por la historia de la víctima: Bárbara era neuróloga, se había formado en la Universidad de Buenos Aires, realizó prácticas y residencia en hospitales como el Posadas y el Ramos Mejía, y atendía pacientes en consultorio, incluso en la zona donde ocurrió el accidente. Ese recorrido, sumado a la brutalidad del episodio —una muerte instantánea en plena calle y a la vista de pasajeros y vecinos—, amplificó el impacto de cada publicación familiar, especialmente las de su padre y su madre.
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