El primer dato que sorprende de Joaquín Navajas es que llegó a la neurociencia por una moneda. En 2008 ganó su lugar en el laboratorio de Mariano Sigman –uno de los más influyentes de América Latina en el estudio de la mente– gracias a ese resultado azaroso que él describe con una mezcla de humor y asombro. "Me pareció increíble poder hacer preguntas acerca de la naturaleza de la mente de manera científica", dice hoy, desde la posición de investigador consolidado que dirige su propio laboratorio en la Torcuato Di Tella.
Su formación base es la Física, carrera que cursó en la UBA antes de doctorarse en la Universidad de Leicester, en el Reino Unido. Pero la irrupción en las neurociencias no fue una traición a esa disciplina sino su lógica extensión: los físicos, explica, suelen actuar como colonizadores en el buen sentido, llevando rigor experimental y una mirada fresca a territorios donde antes solo había teoría.
"Vengo de una familia de economistas", admite el director del Laboratorio de Neurociencia y la Licenciatura en Ciencias del Comportamiento de la Universidad Torcuato Di Tella. Y es esa paradoja la que organiza su trabajo: un físico que estudia decisiones humanas, que termina hablando de democracia pero también en la carrera que creó incluyó materias de negocios.

En charla telefónica desde Vancouver, Canadá, uno de los 10 disertantes de todo el mundo en subirse al reputado escenario de TED Global, cuenta la trastienda de su –para muchos– enigmático trabajo. Aún desafía esos "nervios lindos" que cuenta que lo atacan cada vez que llega el countdown para difundir ante el gran público y con un mensaje claro todo lo que descubrió. Viene de reunirse con Malala Yousafzai, la activista paquistaní que ganó el Nobel de la Paz a los 17 años, y con una diplomática palestina que habla con políticos de ambos frentes para generar consensos "tomando acción pragmática ante la violencia".
Mientras tanto, esta última participante tiene varios puntos en común con su polémica temática: "La polarización (la discrepancia, el disenso) es necesaria para la democracia". Por supuesto, tal como explica, el límite es la intolerancia y "la violencia que deshumaniza con términos como gorilas o mandriles". Pero su investigación demuestra con datos que la moderación y lo que llama "grises confianzudos" permiten puntos de consenso en lugar de la demonización y de los enfrentamientos dicotómicos que alimentan como chanchos la grieta del eterno retorno.

La vida de un científico del CONICET: muy diferente a lo que se cree
Su recorrido como neurocientífico también suma expertise en el CONICET, donde, además, trabaja su mujer, bióloga y madre de sus dos hijos. Entre papers, training, repasos del guión de 6 minutos exactos –que ya tuvo seis versiones– Joaquín hace todo lo posible para separar trabajo de hogar.
–¿Cómo es un día normal de tu vida en tu laboratorio y qué parte de esa rutina sorprendería más de uno que cree que un científico solo trabaja entre tubos de ensayo?
–Tengo esposa y dos hijos, uno de 8 y otro de 4. Éste es nuestro primer viaje sin hijos, que quedaron al cuidado de nuestros padres. De hecho, más miedo que subirme al escenario me genera la angustia de escucharlos decir que nos extrañan.
Todos los días los llevo al colegio caminando, vuelvo y voy al gimnasio. Más tarde me voy a trabajar a 35 cuadras, recorrido que a veces también hago a pie y otras hago en un colectivo que nos ponen en el Di Tella.
Tal vez algo que no sé si se imaginan es que mi vida no es cien por ciento ser científico y que puedo hacer un buen balance entre trabajo y vida, ya que disfrutar de mi familia y lo privado es uno de mis innegociables y parte de lo que me trae éxito. Cuando no estoy trabajando, logro desconectar. Eso no siempre se dice de los científicos y creo que debería decirse más.

–¿Cuánto hay de vocación y cuánto de resistencia personal al elegir hacer ciencia en Argentina?
–La verdad es que la mía es una situación privilegiada, porque tengo una universidad que me apoya y me da todos los recursos, pero no es la media. Mi mujer es bióloga del CONICET y están en una situación crítica a nivel económico y muy precarizados. En nuestro caso contamos con financiamiento privado e inversores, con eso se sortea la gran crisis y dificultad que vivimos. Pero sería deshonesto generalizar desde mi caso.
La temática de Joaquín Navajas para la charla TED: una idea difícil de digerir
"Cuando cuento que voy a dar una charla sobre aspectos positivos de la polarización, rara vez la gente se muestra convencida", dice Navajas. La premisa choca bastante en un mundo donde disentir parece haberse convertido en deporte de contacto. Pero los datos lo respaldan: la polarización de ideas puede generar ciudadanos más comprometidos, mayor diversidad en la oferta electoral y, en ciertos contextos, resultados colectivos de más calidad.
El punto de partida de su investigación más conocida es el fenómeno de la sabiduría colectiva, que nació con Sir Francis Galton en 1906. Galton –que desconfiaba de la democracia– descubrió que el promedio de las estimaciones de una multitud sobre el peso de un buey era casi exacto, superando a cualquier experto individual.
Navajas fue más lejos. En experimentos masivos durante charlas TED comparó la precisión de miles de individuos con la de grupos pequeños que conversaron antes de responder. El resultado fue claro: la deliberación supera al promedio estadístico. No suma, corrige. "Conversar es mucho más poderoso que lo que creemos", dijo al ver que incluso en dilemas morales polarizados el 50 por ciento de los grupos alcanzaba un acuerdo en apenas cinco minutos.

El ejemplo que mejor lo ilustra es incómodo para los apocalípticos digitales: "Artículos de Wikipedia editados por personas con posiciones políticas opuestas tienden a ser más precisos y neutrales que los escritos por grupos homogéneos". La diversidad de perspectivas, bien canalizada, produce mejor información que el consenso fácil.
¿Vamos a algún ejemplo más argentino con pasiones que nos polarizan?
Qué polariza más, ¿la política o el fútbol?
Joaquín es fanático de Gimnasia de La Plata desde hace veinte años. Va a la cancha con su padre y con su hijo de ocho años y se sientan en la Platea Favaloro, el sector que lleva el nombre del médico cardiólogo que fue gran amigo de su abuelo, uno de los primeros anestesistas de la provincia de Buenos Aires.
Esa geografía familiar importa porque es desde ahí que desarrolló una de sus observaciones más afiladas: "El fútbol es un terreno de amor propio y odio ajeno, pero basados en datos, el amor vence al odio. En la política, en cambio, los datos muestran lo contrario: uno odia más a los votantes del otro lado que lo que ama a los propios".
"Los hinchas, sacando del tema a los barrabravas, conviven fuera de la cancha y pueden construir comunidad. Se polarizan en los momentos que corresponde", agrega.
La diferencia no es menor. El fútbol tiene rituales, tiempos acotados y una cancha que contiene el conflicto. La política carece de esos límites. Y cuando se le suma el combustible de los algoritmos, el resultado es una espiral hacia los bordes.

–¿Por qué nos incomoda estar tanto en desacuerdo?
–Porque vemos amenazada nuestra identidad. Son esos momentos en los que "perdés" una conversación o "dejás de tener razón". El hombre se aferra a una identidad y a partir de eso, percibe e interpreta, lo cual también se vuelve una limitación, ya que es una interpretación limitada. Ante la incertidumbre de no tener razón, se nos cae el disfraz y lo que cuesta es "ceder". Se sabe que online no nos vamos a poner tan de acuerdo como sí podríamos hacerlo cara a cara.
Navajas y el rol de las redes en la polarización
"Las redes nos alimentan esa división, nos ayudan a encontrar burbujas donde todos tienen opiniones parecidas a las mías, entonces se genera la falsa creencia de que todo el mundo piensa como yo", dice, y añade algo que relativiza la lectura tecnofóbica más simple: el sesgo hacia lo similar es anterior a los algoritmos. Es humano. Las plataformas lo amplifican, pero no lo inventaron.
–¿Los algoritmos toman decisiones mejor que los humanos?
–Gran pregunta. Creo que para algunas tareas sí. Bueno, un ejemplo muy bueno para esto es lo que dijo el fundador de Ethereum sobre una IA aplicada al ajedrez. Se llegó a la conclusión de que un humano junto a un agente siempre le podían ganar al mejor modelo. Porque el punto central acá es colaborar y todo lo que eso implica.

El experimento inesperado en la red más polarizante y su interés por indagar a la mente con rigor científico
Una de las anécdotas que más sorprendieron al neurocientífico en el último año fue su contacto con las personas que crearon Community Notes, el sistema que en X (ex Twitter) reemplazó al fact-checking institucional. El mecanismo es simple en su descripción y complejo en su resultado: cualquier usuario puede cuestionar o ampliar el contenido de una publicación, y esa anotación es "curada" por una dinámica colectiva "de tira y afloja".
El resultado, detalla, "son consensos sorpresivos que emergen en la red más polarizante del ecosistema digital, creada por el CEO más polarizante si los hay (Elon Musk)". El sistema migró luego a YouTube, TikTok, Twitch y Meta.
–¿En qué momento te diste cuenta de que tu trabajo iba a exceder los problemas técnicos?
–Siempre supe que cuando estudié Física mi objetivo no iba a ser investigar en esa disciplina. Quería aprender pero no convertirme en físico. Lo que me atrapó fue la posibilidad de hacer preguntas de manera científica sobre la naturaleza de la mente. Usar todas las herramientas del rigor experimental para entender cómo nos comportamos, cómo decidimos, qué pasa cuando interactuamos con otros. Eso me pareció increíble desde el primer momento en que lo vi funcionar.

La línea que no se puede cruzar
El punto en que Navajas se pone más firme es el de la deshumanización. No la polarización de ideas, no el disenso apasionado, no el odio deportivo al rival político. El peligro real empieza cuando el lenguaje animaliza: cuando los términos "gorilas" o "mandriles" dejan de ser insultos y se convierten en marcos cognitivos que le quitan dignidad al otro. Porque una vez que el adversario deja de ser humano, la violencia política se vuelve aceptable.
–¿Estamos perdiendo la capacidad de pensar juntos como sociedad?
–Pasamos mucho tiempo no diseñados para colaborar. Pensá todo el tiempo que transcurrimos en las redes, y específicamente en el teléfono. En mi caso yo no mido el tiempo en pantalla porque no me quiero asustar, pero en mi dispositivo tengo lo personal y el trabajo por igual, todo en apps similares como Whatsapp, donde ahora estamos haciendo esta videollamada, y después seguramente le voy a escribir a un amigo para hablar de algún partido. Nos encontramos "presos" de la economía de la atención.
La charla ya está lista y no tiene fisuras. El comienzo y el final, ya están súper aceitados. Su mujer, que conoce el guión de memoria, le prometió una vez más –como hizo en 2017, cuando él dio su primera charla TED y ella lo miraba desde la platea embarazada de su hijo mayor– que si se queda en blanco, de tanto que la escuchó, podría subir ella "sin problemas".
Agradecemos a Silvina Barletta


