"Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias". Esas fueron las palabras que dijo Abel Guzmán (45) el martes 15 de abril, ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°24, al comienzo del juicio que lo tiene como único acusado del asesinato de su compañero de trabajo Germán Gabriel Medina, ocurrido el 20 de marzo de 2024 en la peluquería Verdini, ubicada en Beruti 3017, en el corazón del barrio de Recoleta.
Medina no tuvo tiempo de defenderse. Según el requerimiento de elevación a juicio elaborado por el fiscal Patricio Lugones y leído durante la primera audiencia, Guzmán extrajo un arma de fuego que llevaba en la cintura, le quitó el seguro, apuntó directo a la cabeza de la víctima y disparó. Lo hizo frente a cuatro personas. La secuencia quedó registrada en las cámaras de seguridad del local. Medina murió instantes después.
El arma, el formol y los 55 millones que nunca llegaron
En su declaración indagatoria, Guzmán reconstruyó ante el tribunal –integrado por los jueces Javier Esteban de la Fuente, Maximiliano Dialeva Balmaceda y Marcelo Roberto Alvero– el mapa de conflictos que, según su relato, antecedió al crimen.
Conocía al dueño de la peluquería desde 2006: habían estudiado juntos, y cuando el hombre abrió el negocio propio le ofreció trabajo. Ganaba, dijo, tres millones de pesos por mes. Pero la relación se fue deteriorando.

El primer foco de tensión era el formol, sustancia tóxica prohibida que Guzmán usaba en los alisados y que sus compañeros y su empleador le pedían que dejara de usar. Él aseguró que nunca se lo prohibieron formalmente.
El segundo era la indemnización: pedía 55 millones de pesos para irse, y el acuerdo nunca se concretaba. El día del crimen, dijo, había ido a cerrar ese tema. La respuesta que recibió fue que los abogados del dueño lo resolverían. Fue entonces que escuchó a Medina decir, según su versión, que lo iban a echar porque era "un empleado más".
"Me enojé", repitió. Y disparó. El arma, explicó, la llevaba encima desde que lo asaltaron dos veces volviendo a su casa en Merlo. Nunca hizo la denuncia. Desde esos hechos, aseguraba, se movía armado cuando llevaba dinero encima.
70 días prófugo, una ventana y el final en Moreno
Después del disparo, Guzmán escapó por una ventana. Tiró el arma y el teléfono. Durante 70 días estuvo prófugo, hasta que la Unidad Fiscal Especializada en Investigación Criminal Compleja (UFECRI) lo encontró en el partido bonaerense de Moreno y lo detuvo.
"Me escapé porque tenía miedo de quedar preso, me angustié por lo que hice, me arruiné la vida y la de mi familia", declaró ante el tribunal entre lágrimas. "Quedé desempleado, sin indemnización, sin futuro, no tengo palabras para transmitir la bronca", agregó.
La fiscal general Ana Helena Díaz Cano, titular de la Fiscalía N°15 ante los Tribunales Orales en lo Criminal y Correccional, que interviene en el debate junto al auxiliar fiscal Nicolás Tecchi, sostiene que el homicidio fue cometido con alevosía: el agravante que en el Código Penal define un ataque ejecutado sobre seguro, sin riesgo para el atacante, con la víctima en situación de indefensión.
Si el tribunal acepta esa calificación, la condena posible es prisión perpetua.

Privación de la libertad: el cargo que se sumó
El expediente suma otro delito al cuadro acusatorio: privación ilegítima de la libertad agravada. Según la acusación, minutos antes de ejecutar el homicidio, Guzmán mantuvo encerradas dentro del local a la víctima y a las otras cuatro personas que presenciaron el crimen. Un detalle que complejiza la defensa de la impulsividad que el acusado intentó instalar en su relato.
El martes 21 de abril comenzará la etapa de declaraciones testimoniales. El juicio acaba de empezar.

