La muerte de Luis Brandoni volvió a despertar interés no solo por su trayectoria, sino también por las personas que marcaron su vida fuera de los escenarios. Y en esa historia, un nombre aparece inevitablemente: Marta Bianchi, su primer gran amor, compañera durante tres décadas y madre de sus dos hijas, Florencia y Micaela.
Su historia estuvo atravesada por mucho más que una relación sentimental. Compartieron una vida, una familia, el oficio, la militancia política e incluso algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Cuando se conocieron, ambos eran jóvenes actores con carreras en construcción. Con el tiempo formaron una de las parejas más reconocidas del ambiente artístico argentino.

Estuvieron casados durante 30 años, atravesaron distintas etapas juntos y criaron a sus dos hijas en una vida marcada por la intensidad del trabajo y también por el compromiso político. Durante la última dictadura militar, ambos fueron secuestrados en 1976 y trasladados al centro clandestino Automotores Orletti, una experiencia traumática que dejó una huella profunda en sus vidas. Más tarde, atravesaron el exilio, y en ese recorrido vivieron incluso una Nochebuena en Nueva York junto a Robert De Niro, una postal inesperada dentro de una historia atravesada por contrastes.
La vida de Marta Bianchi más allá de su amor con Luis Brandoni
Pero si Brandoni fue una figura central en su vida, Marta Bianchi construyó también un camino propio, sólido y singular. Desde muy joven supo que quería ser actriz. Tras terminar la secundaria ingresó en la Escuela Nacional de Arte Dramático, donde se formó antes de debutar en televisión en 1963 con El sátiro. Ese mismo año llegó también al cine con Racconto.
A partir de allí construyó una extensa carrera en televisión, cine y teatro. Participó en ficciones como Mi cuñado, Como pan caliente y Campeones de la vida, mientras en teatro protagonizó más de 50 obras. Entre ellas, Made in Lanús se convirtió en uno de los hitos que consolidaron su reconocimiento.

Tras décadas dedicadas a la actuación, su recorrido tomó también otro rumbo: el activismo. Hace más de 30 años fundó la asociación La Mujer y el Cine, una organización orientada a impulsar mayor participación femenina en la industria audiovisual. Desde entonces, mantuvo un compromiso activo con causas vinculadas a los derechos de las mujeres, la lucha contra la violencia de género y distintas iniciativas feministas.
Lejos de replegarse tras la separación de Brandoni, continuó desarrollando una vida profesional y pública propia. Se instaló en un departamento en Palermo y mantuvo un perfil mucho más reservado que el de sus años de mayor exposición, aunque sin abandonar sus convicciones ni su presencia en espacios culturales y de militancia.

Mientras Brandoni rehízo su vida sentimental en distintas etapas, incluyendo matrimonios y relaciones posteriores, Marta siguió otro camino, más silencioso pero no menos intenso. Hoy, en medio de las despedidas al actor, su nombre vuelve a aparecer no solo como parte del pasado amoroso de una figura emblemática, sino como el de una mujer con trayectoria, historia y legado propio.
Mirá También



