Pablo Lescano y Cecilia Calafell sobrevivieron juntos durante dos décadas de bajo perfil en un mundo donde el escándalo es moneda corriente. Superaron adicciones de él, crisis de salud y el ruido permanente de la fama. Hasta que esta semana, con un posteo reflexivo en Instagram y la respuesta de una sola palabra a una seguidora, Cecilia confirmó lo que muchos no querían creer: la relación finalmente llegó a su fin.
La confirmación llegó cuatro días atrás de la mano de la propia protagonista a través de sus redes sociales: ella escribió un posteo reflexivo, una seguidora le preguntó si se habían separado, y ella contestó que sí. Así, sin drama adicional pero mucho balance de su parte, se abrió el capítulo más doloroso de una historia que había sabido sostenerse contra todo pronóstico.

"Hay momentos que la vida te lleva por diferentes caminos y de todos vamos aprendiendo algo", dijo la compañera del ex líder de Damas Gratis. A sus 44 años, la mujer, además, reflexionó acerca de haber sido madre joven y se propuso "trabajar en mí, en mis prejuicios y mi rigidez que fue tan útil para esa estructura familiar pero hoy ya no la necesito".

Según trascendió, hace dos meses Pablo y Cecilia entraron en una crisis y decidieron vivirla en casas separadas. Tienen dos hijos juntos, Tomás y Mara, que ya están grandes y se habían ido del hogar para armar sus vidas ("crecen y vuelan y vos quedás solita con tus luces y sombras"). Pero la historia es más larga y más densa que eso.

La mujer que bancó todo
Cecilia Calafell no es un personaje nuevo en la vida de Lescano: es, en muchos sentidos, el eje alrededor del cual giró todo lo demás. Ella fue la mujer que lo acompañó cuando estuvo internado por adicciones, que crió a sus hijos, que perdonó infidelidades y que sostuvo el hogar mientras él construía uno de los legados más importantes de la cumbia argentina.

Pablo tuvo dos hijos antes de Cecilia –a uno de ellos lo reconoció después– pero su mujer oficial siempre fue ella. Eso también formó parte del trato silencioso entre ellos: una lealtad asimétrica que ella mantuvo durante dos décadas y que, al parecer, llegó a su límite.
A su hijo Brian, Lescano lo reconoció en 2022: le dio su apellido tras aceptar hacerse una prueba de ADN en 2019. Es fruto de su relación con Angélica Ayrala, quien le comunicó al músico que estaba embarazada a tres meses de gestación. Su otra hija es Bianca, de un vínculo anterior.

Según reveló Fernanda Iglesias en el ciclo de Pampito (Puro show), él tuvo muchos amoríos que ella soportó siempre, claramente enamorada de su marido. "Fue una separación bastante fuerte porque ella le aguantó muchas cositas a él. Parece que algunas aventuras", destacó la periodista.
Iglesias también apuntó que Lescano "está un poco flojo de papeles como padre", y recordó el episodio de su hija Bianca, quien cantaba con él y cuando quedó embarazada él se enojó porque no iba a poder seguir en la banda.

El legado intacto, la vida privada en llamas
Líder de Damas Gratis y creador de la cumbia villera, Lescano trascendió los límites musicales y ganó el respeto del rock nacional e internacional. Su trayectoria incluye grabaciones con Los Fabulosos Cadillacs y Miranda!, una versión cumbiera del Himno a Sarmiento con Lito Vitale, y presentaciones en España y Estados Unidos. Además sacó a la cumbia del margen y con sus canciones trascendió los prejuicios divirtiendo a todas las clases sociales.
El artista compartió su cruda experiencia con la adicción a las drogas en 2003, tras la muerte de su hermano y la separación de sus padres. Consumió desde cocaína hasta pasta base (paco). Llegó a estar preso y sufrió graves consecuencias. “Drogándote no aguantás. Yo no veía la hora de bajarme del escenario”, relató. Su familia intervino, internándolo forzosamente, y a través de la comunidad Proyecto Uno, Lescano logró recuperarse, revalorizando a su familia y su salud.

Entrevistado por GENTE en 2009, Lescano habló de la adicción: "Antes no consumía nada; decía 'la droga es para los giles'. En las letras de las canciones contaba las cosas que veía en el barrio, pero yo no me drogaba".
En relación al detonante, describió: "Se murió mi hermano Junior (tenía 16 años), mis viejos se separaron, me fui a vivir solo, y de la noche a la mañana, descontrolé. No fui de a poquito. De nada, pase a tomar todo: desde cocaína, la más cara, hasta pegamento, pastillas". Además contó que tener dinero no era justamente un problema: "Y no conocía el bajón, porque siempre tenía plata. Pensá que yo venía tocando desde antes de terminar el secundario, con Amar Azul, así que el dinero no me faltaba".

Lescano llevaba disfrutaba de su vida familiar su mujer Cecilia y sus hijos en un barrio privado, aunque mantenía su estudio de grabación en Villa del Carmen, su barrio de origen. Orgulloso de ser "100% Negro Cumbiero”, Lescano celebraba poder darle a su familia lo que él no tuvo, sin perder su conexión con su gente. Para él, la música jamás tuvo clase social. "Si la gente se divierte, la misión está cumplida", aseguraba.
Por ese entonces Lescano sostenía que “para salir a tocar tenes que estar bien: la gente se merece respeto”. Una filosofía que se reflejaba en su estricto compromiso de tocar siempre en vivo, rechazando el playback, y en su incansable "ética de trabajo, grabando y produciendo siete días a la semana".
Fotos: redes sociales y archivo GENTE.
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