A un paso de los 40 y tras terminar una relación de 7 años, Nazareno Casero dice que se siente mejor que a los 20 y que le llegó la hora de "hacer lo que debo hacer" – GENTE Online
 

A un paso de los 40 y tras terminar una relación de 7 años, Nazareno Casero dice que se siente mejor que a los 20 y que le llegó la hora de "hacer lo que debo hacer"

Mientras brilla sobre el escenario con la adaptación teatral de Bebé Reno, el actor repasa su particular momento personal y confiesa que a veces lo atraviesa su propio "síndrome del impostor". Además, nos brinda su mirada sobre la fama, devela si planea tener hijos y cuenta qué siente cuando lo etiquetan de "galán".
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Dueño de una mirada indagadora y de un look effortless, Nazareno Casero (39) tiene la capacidad de adaptarse como un camaléon al ambiente que lo circunda.

Prueba de ello es que estamos con él en una lujosa torre de Puerto Madero a la que nos invitó y no quedan dudas de que el espacio le sienta a la medida. Pero, a la vez, cuando le preguntamos por la taza de café que lleva su nombre y el logo del Club Comunicaciones, automáticamente "el cartero" -como nos cuenta que le dicen a los hinchas del club de Agronomía- se sumerge en sus recuerdos de cancha y deja a la vista su costado más callejero, nómade y desapegado de los lujos. Una faceta todoterreno que nos da el pie perfecto para romper el hielo.

Nazareno Casero es el protagonista de la nueva tapa de GENTE.

–Naza, ¿puede ser que el año pasado hayas estado durmiendo en la puerta de una iglesia?

(Asiente con orgullo) Sí, ¡es cierto! Hicimos el Camino de Santiago de Compostela con Rulo, mi perro, y por ansiosos recorrimos la primera etapa de noche caminando ocho horas hasta un pueblo español que se llama Portomarín. Y cuando llegamos, cerca de las 4 de la mañana, estaba todo cerrado y con el perro era muy difícil encontrar un alojamiento. Así que la opción más rápida y aventurera fue dormir en la puerta de la iglesia.

–¿Había alguien más con vos?

–No, estábamos los dos solos.

En este 2026, el hijo de Alfredo enfrentó un tsunami de cambios que lo llevaron a mudarse de casa y buscar un refugio.

–¿Y te despertó alguien o despertaste con los rayos del sol?

–Me desperté solo, porque en esas situaciones estás alerta, y vi que ya había gente moviéndose, así que armé mi bolso, tomé un desayuno y le dije a un cura que pasó "ya me voy, ya me voy". "Tranquilo, no hay problema", me contestó (risas).

–¿Habías dormido antes en la calle?

–Sí, en otro viaje que hicimos con Rulo... Pasa que viajar con el perro es complejo porque no siempre encontrás alojamiento. Entonces, si tenés que esperar unas horas para que abra una estación de tren o algo así, a veces es más sencillo descansar en un lugar tranquilo. Por suerte siempre fue en ámbitos amenos, divertidos y de viaje.

–Siempre de turista, nunca de local.

–Es que si estás en Buenos Aires hay más lugares donde caer muerto, pero cuando estás afuera y no conocés a nadie, no te quedan opciones.

Nos recibió en un lujoso departamento de Puerto Madero. "Necesitaba irme de mi casa y cambiar un poco la cabeza", reconoció.

–Hablando de lugares "donde caer", en este momento estamos haciendo la nota en un lugar que no es tu casa. ¿Estás parando en lo de un amigo?

–Sí. Me vine a guarecer un poco porque estoy a full con la obra y, además, me acabo de separar después de siete años en pareja. Lo de Caro (Nota de la Redacción: Carolina Puntonet, su ex) se juntó con el tema de la mudanza: viajaba ayer, están remodelando mi edificio... fue todo un combo. Así que hace unos días estoy acá, y calculo que me quedaré un tiempo más. Necesitaba un refugio. Pasa que también la obra de teatro que estamos haciendo es compleja, requiere mucho laburo y ensayos, así que busqué irme de mi casa y cambiar un poco la cabeza.

–¿Fuiste vos el que tomó la decisión de irse?

–Principalmente sí. Como Caro se volvía a ir a España, y ella no es de acá, me pareció que era más sencillo que me fuera yo. La verdad es que todo fue súper armonioso y de común acuerdo. No hubo enojos, ni broncas, ni peleas, ni tampoco la necesidad de precipitar nada.

"De poder elegir, elijo vivir en paz, vivir bien", es la actual filosofía de vida del argentino.

–¿Qué sí hubo? ¿Qué fue lo que detonó la separación después de tanto tiempo?

(Duda antes de hablar) Estábamos haciendo un régimen de alternar entre tener una relación a distancia y convivir, las dos modalidades que más complican y hasta matan las parejas, y en un momento se nos complicó. La realidad es que cuando hay amor y estás bien con alguien, ninguno de los dos quiere soltar, y nosotros no queríamos soltar. Pero llegó un punto en el que nos dimos cuenta de que así como la relación era un anclaje del que nos podíamos agarrar, también era un ancla que nos retenía. O sea, ella está haciendo su carrera, le va bien afuera, viene sacando música, y que se viniera acá por mí, porque yo estoy haciendo mis cosas, o que yo me fuera para allá teniendo mis proyectos acá, en uno u otro caso, era una dificultad extra.

–No suena fácil congeniar dos carreras que corren a miles de kilómetros de distancia...

–No. Es que, cuando estás con la otra persona llega un momento en el que decís: "No puedo acompañarte como quisiera y tengo miedo de estar siéndote un lastre". Entonces me parece inteligente y noble poder plantear: "Che, me parece que nos tenemos que bajar de esto porque nos va a terminar haciendo mal". Prefiero toda la vida tener una separación de común acuerdo y con amor, y que prevalezca todo lo lindo de la pareja en lugar de llegar a una pelea. De poder elegir, elijo vivir en paz, vivir bien.

Tras siete años en pareja con Carolina Puntonet, el actor transita una etapa de cambios profundos. "La relación era un anclaje del que nos podíamos agarrar, pero también un ancla que nos retenía", asegura con madurez.

–¿Se puede eso? ¿Elegir vivir bien?

–Me parece que muchas veces tomamos malas decisiones y no nos damos cuenta. Pasa que a veces uno siente que no merece algo y eso te lleva a empezar a hacer cosas que pueden ser contraproducentes. Y cuando ves que te estás corriendo de lo que querés hacer o de adonde querés apuntar, llega el momento de tener que empezar a tomar buenas decisiones.

–¿Y vos sabés con claridad hacia dónde querés apuntar?

(Hace un "prrr" resonando los labios mientras elabora una respuesta) Tal vez quisiera profundizar como vengo. Tratar de hacer cosas que me gustan, tratar de crecer, de desarrollarme en lo laboral, en la vida, porque a veces aparecen las posibilidades pero perdés el tiempo pensando si lo merecés o no. Existe algo que es el síndrome del impostor. Esto de creer "yo estoy acá, pero en realidad no me corresponde"... ¡y por ahí sí te corresponde!

–¿Esa inseguridad tiene que ver con tu apellido y con la herencia artística que tenés?

–No, creo que es una cuestión de autoestima, de aceptarse, de entender cosas y de la manera en la que uno se ve. Igual, llega un momento en que ponés las cosas en perspectiva y decís: "Me parece que estoy siendo muy duro conmigo". Y cuando te das cuenta me parece saludable decir: "Bueno, voy a agarrar el timón de esto y hacer lo que tenga que hacer".

Debutó en la televisión participando junto a su papá en el mítico ciclo de humor Cha Cha Cha, y hoy, a punto de cumplir 40, cuenta con una trayectoria ininterrumpida de más de tres décadas.

–Y acá estás, timoneando el 2026.

(Sonríe) Sí, sí. Y por suerte arranco bien.

–Ah, ¿arrancó bien el año?

–Sí. No podría decir que estoy mal o que no estoy haciendo lo que creo que tengo que hacer.

–Con Bebé Reno te sumergiste en un desafío actoral fuertísimo.

–Sí.

–¿Por qué elegiste meterte en un personaje tan intrínsecamente difícil?

–Será porque me gustan los problemas. No, no sé, creo que me gustan las aventuras y tengo la suerte de haber hecho tantas cosas que me cuesta encontrar otras que me hagan sentir vivo, ¿no? Que me permitan sentir el miedo, adrenalina y ansiedad. Un poco es como la droga del artista esta cosa de saber que "para una fecha, tenés que subirte ahí, ante equis cantidad de personas, decir equis cantidad de texto en equis cantidad de tiempo"... Es un trabajo intenso que además requiere de explorarte emocionalmente y encontrar un montón de cosas que te movilizan.

Desde el 28 de abril, Nazareno interpreta a Richard en la versión local de Bebé Reno. Presenta la obra los martes a las 20.30 en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza.

–¿La historia te emocionó desde el arranque?, porque imagino que primero viste la serie como un espectador más.

–Me parece que la historia resulta fuerte porque su verosimilitud. Es algo que le pasa a alguien y nos lo está contando de una manera desgarradora. Y eso tiene una verdad que de alguna manera te atraviesa. Además, la obra profundiza en lo que es la historia de Richard, en por qué llega a donde llega y de qué manera llega. Hay algo mucho más visceral que lo que se puede ver en audiovisual.

–En tu familia, o a vos, ¿les pasó alguna vez de tener algún fan que se obsesione fuerte?

–Creería que no. Sí creo que en un momento podés naturalizar que alguien te acose. No es ilógico ni imposible. Y la obra me parece que va un poco de eso, de naturalizar cosas que por ahí no están bien.

A raíz de su rol en la adaptación teatral del éxito británico, reflexiona sobre los límites de los fans y asegura: "En un momento podés naturalizar que alguien te acose".

–Quizás por la familia en la que naciste vos desde chiquito naturalizaste que la gente te mire o te señale, cosas que por lo general no suele ocurrir.

–Hay algo de eso. Sí. Yo me acuerdo cuando mi viejo empezó a trabajar en la tele, que de golpe era difícil o especial ir a un lugar donde hubiese gente, porque siempre había personas queriendo hablarle o sacarse una foto.

–¿Qué te hacía sentir eso?

–Al principio era medio como "uy, qué pesados". Después lo entendés, y la verdad es que le quito mucho drama a todo eso.

–¿No te quedó el mal recuerdo de estar parado en una multitud esperando a que tu papá te vuelva a prestar atención?

(Aprieta los labios) No, no. Pero digamos que en un momento empecé a naturalizar que la gente crea que vos tenés que frenar todo para darle un beso, o bajarte del auto y acercarle un abrazo a alguien. Después, cuando lo analizás, te das cuenta de que muchas veces es por cariño y para vos pasa a ser algo cotidiano, pero para la persona que te para en la calle es un momento extraordinario. Entonces es entender que no es un acoso, aunque a veces pueda tener esa vibra, sino que resulta lindo que alguien te quiera dar un beso o un abrazo, o decirte "che, loco, me gustó lo que hiciste". Por eso a veces cuestiono que las celebridades se enojen con eso: trabajamos para el público y hay que tener cierta comprensión con eso.

Nazareno luce con naturalidad un look audaz, masculino y profundamente moderno que coquetea con la tendencia dark core.

–¿Te imaginás algún día estando del otro lado con tus propios hijos?

–Sí, no lo pienso, pero sí.

–¿Tendrías hijos?

–Sí. En principio porque es parte del desarrollo humano, ¿no? "Nacen, crecen, se reproducen y mueren". Hay algo de eso a lo que me parece que hay que quitarle un poco de peso... Bah, ahora hay cierta idea también como de "no hijos", algo que puede hasta ser ideológico o pragmático. Pero me parece que es la humanidad también. Pero bueno, en algún punto no podés quejarte de hacia dónde va el mundo si vos no estás sembrando gente para que en el futuro lo puedan cambiar.

Lejos de soñar con tener "Caseritos", Nazareno sorprendió y compartió una reflexión inesperada sobre la paternidad.

–O sea que lo ves más por el lado de la sociedad y no como un pensamiento que te llega porque estás a un mes y medio de cumplir 40 años.

–... Ah, gracias, no lo había pensado (mira pícaramente a cámara). Sí lo había pensado. Pero bueno, lo trajiste acá y fue impactante. Igual el reloj biológico para el varón es diferente, entonces creo que más allá de que tal vez pueda jugar menos a la pelota con mi hijo en la plaza porque soy más adulto, me siento bastante mejor que a los 20 en varios aspectos. O sea, más que alguna cana que pueda llegar a tener.

–Me intriga cuáles son esos "varios aspectos".

–Creo que estoy más tranquilo. Puedo ver las cosas desde otro lugar, analizar un poco más, estar menos reactivo. Aprendí a dejar pasar cosas por las que en otro momento hubiese levantado el dedo.

"Me cuesta encontrar cosas que me hagan sentir vivo", confiesa.

–¿Eras súper polvorita?

–Un poco, pero tampoco sé si era mi rasgo particular. Creo que empecé a poner la energía en lugares más puntuales y a ocuparme de lo que realmente me interesa, o de lo que me tuve que ocupar.

–Asumiste responsabilidades.

–Es que hay que ocuparse, ¿viste? Es hacerse cargo de lo que uno tiene, de lo que uno hace, de lo que uno puede dar. Son cosas que uno puede entenderlas haciendo terapia, haciendo algo que a uno le gusta o hablando con amigos. Es parte de ir creciendo. Y yo no puedo pensar como a los 15 años, porque a los 15 años tenía un pedo en la cabeza. Bah, lo sigo teniendo, pero desde otro lado. Ya es diferente.

–El año pasado sorprendiste a mucha gente contando un montón de historias tuyas en el programa de Mario Pergolini.

–¡¡¡Y las que no conté!!! Inclusive las contaba modificándolas para que sean televisivas. Y muchas veces me decían: "estás mintiendo", pero juro que mis historias son verídicas.

–¿Cuál es la historia que menos te creen?

–Que me pagué el colegio un año.

La mirada atenta de un actor aclamado por la crítica. Su elogiado papel en la película Crónica de una fuga (2006) le valió alzarse con dos Premios Sur y dos Premios Clarín.

–Es que dijiste que lo pagaste cuando tenías apenas 12 años. ¿Vos tenías tu propia billeterita e ibas a pagar la cuota?

–No. Lo pagaba mi madre, pero con mi dinero. Porque era un colegio que no era para nada barato y tenía cierta orientación a una cosa más vocacional que terminó siendo un bluff o, por lo menos, a mí no me pudo contener como hubiese querido. Digamos que fue un año divertido que no me dejó tanto desde el lado académico.

–Pero te dejó una historia increíble.

–Varias. Pero sí, me acuerdo que yo dije "quiero ir a este colegio" y me contestaron "pero vale un montón de dinero", y como me lo podía pagar, ¡lo hice!

–¿Siempre te dieron ese nivel de libertad?

–Yo jodo diciendo que "me destruyeron dejándome hacer siempre lo que quise". Claramente no me destruyeron, ¿no?, pero igual creo que en algún momento es necesario ponerles límites a los niños. Decirles "no, mirá, vas a hacer lo que yo digo". Igual, reconozco que siempre hice bastante lo que quise. Y ahora la vida trata de lo que debo hacer.

Nazareno Casero dixit: "Yo no me vendería como galán".

–¿Lo que debés hacer para tu carrera o para qué?

–Para lo que deba hacer. Hay veces que tenés que hacer cosas que no quisieras, pero lo tenés que hacer. ¿Por qué? Porque tenés que invertir en vos, porque tenés que desarrollarte de una manera, porque tenés que dejar algo de lado y elegir algo de lo que por ahí no estás seguro, o algo que no metabolizaste pero tenés que hacerlo.

–Siento que implícitamente estás tocando el tema de haber dejado a tu pareja para apostar por tu carrera profesional.

–Sí, y por suerte fue mutuo. Caro también tenía que hacer lo mismo. Y nos pasaba que estábamos en diferentes continentes. Entonces viene todo un poco aparejado. Pero hay algo que es como cambiar la óptica: cambiar el modo de provisión a previsión.

–Estás pensando en el futuro.

–Es que lo tenés que hacer en algún momento. ¿Cuánto falta para que cumpla 40?

Con personalidad, bromeó una y otra vez con su próximo -e inevitable- cambio de década.

–Un mes y medio.

–Bueno, un mes y medio antes de cumplir 40 es el momento. Porque no puedo toda la vida decir "ay, me quiero ir de viaje", "bueno, me voy". Encima ahora empeoré todo porque me voy de viaje con mi perro, lo cual todavía lo hace más caprichoso y tal vez más excéntrico. Llega un momento en el que tenés que cultivarte para el futuro, para lo que sea que vayas a querer.

–Te cambio un poco de tema... ¿Puede ser que le escapes un poco al rol de galán?

–Bueno, eso puede ser parte de lo que hablábamos de que uno no cree en sí mismo o no se elige. Y para tomar el rol de galán primero tenés que tener con qué, y segundo te la tenés que creer, porque si no te la creés vos, no se la cree nadie. Y yo no me vendería como galán.

–Pero te pueden venir a buscar.

–Eso es una cosa, pero otra cosa es decir "pasa que nosotros los galanes de la televisión...". ¡Si hacés eso sos un fantasma! Yo dejo que los halagos los digan otros. Si sucede, okay. También creo que cuando uno tiene cierta exposición, por ahí robás un poco más de atención y de miradas.

"Me podés decir cualquier cosa y muy posiblemente me ría. Más si te quiero, ¿no?", nos dice reflejando el valor que tienen para él sus afectos más cercanos.

–¿Cómo se llevan tus amigos con ese robo de miradas?

–¡Con mis amigos nos morimos de la risa!, nos divertimos, hacemos chistes. Yo soy bastante poco susceptible con un montón de cosas. Me podés decir cualquier cosa y muy posiblemente me ría. Más si te quiero, ¿no? Creo que en todos lados puede haber humor, hasta en los momentos más terribles. Siempre. Hay una definición de la comedia, que es "Algo correcto en un lugar incorrecto". Entonces, de golpe, en un funeral dijiste algo que no debías, y por ahí genera risa cuando no debería generarla. Pero el humor está en todos lados y hay que divertirse mientras sea espontáneo y cause el menor daño colateral posible.

–¿Sos de hacer reír vos?

–Si yo me divierto, sí. Pero no tengo en la cabeza la estructura del humor ni sé "que si ahora hago esto y digo lo otro...". Eso no me funciona y con el humor siempre fui muy respetuoso porque me parece que no es lo mío, desde el lado de que no me dedico a ello. O sea, puedo hacer reír y puedo divertirme, pero no es lo mío. No es por lo menos cómo yo me presento.

Nazareno Casero bajo el lente de GENTE.

–Esta definición no la puedo dejar escapar: ¿Cómo te presentás, Nazareno Casero?

–Como un actor dramático, porque me gusta el drama y creo que tengo herramientas para eso. Considero que soy un prestador de servicios actorales de la rama del drama.

–Curiosa definición.

–Es como cuando paso mi factura, escribo "Prestador de servicios actorales, guion, drama" y firmo (lo recrea al aire con teatralidad, hace que nos la acerca y extiende la mano para despedirse).

Fotos: Rocio Bustos
Estilismo: @alegarcia360
Video y edición de video: Candela Casares

Arte de portada y retoque digital: Darío Alvarellos
Maquillaje y peinados: @mauriciocamilomaquillador
Agradecemos a @roparevolver @boliviauniverso @oggizapatos @cenidor @verapasionadas y Anto Cores



 
 

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