Nati Jota volvió a quedar en el centro de la conversación digital y, ya entrada la noche de este martes, eligió sus historias de Instagram para decir lo que no quiso dejar flotando: cómo vivió el “tema del día” que se armó a partir del incómodo cruce que tuvo en vivo con Estanislao Bachrach durante una columna en Sería Increíble, su programa en Olga, y por qué siente que el relato que se instaló en redes no refleja lo que ocurrió en el estudio.
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El episodio que detonó la polémica se originó el lunes, cuando Bachrach fue invitado al streaming y, en medio de una charla sobre neurociencia y hábitos, la conductora -sobre el final de la columna- le preguntó por una idea que había leído: que después de tomar alcohol al cuerpo “le cuesta más producir serotonina”.
La respuesta del divulgador —un tajante “no lo sé”— y el ida y vuelta posterior terminaron en un cierre abrupto al aire y en una frase que se viralizó: “cualquiera que tenga un micrófono dice cualquier pelotudez con tal de no decir ‘no sé’”. Ese recorte final circuló durante todo el martes y encendió un debate feroz: sobre el tono del invitado, la conducción, el lugar de la divulgación científica en formatos descontracturados y, sobre todo, el poder de los clips editados.
En paralelo, durante la mañana Nati ya había dado su versión públicamente al hablar en televisión: remarcó que el fragmento que se viralizó era “un recorte sacado de contexto”, que la columna había durado más tiempo y que su reacción tenía que ver con haber intentado cerrar la entrevista varias veces. También dejó una idea que se repetiría horas después en Instagram: que la indignación que se armó alrededor del clip no representaba “la realidad” del segmento completo.
Pero fue en las historias, ya de noche, donde Nati se mostró más emocional y menos “modo entrevista”. Allí agradeció los mensajes que recibió —incluso sabiendo que algunos venían por lo “incómodo” de la nota— y naturalizó que en un vivo “pueden pasar un montón de cosas” que no necesariamente son “del otro mundo”. Su planteo fue otro: lo que la dejó “debilucha” no fue el momento al aire, sino el “ruido injusto” posterior, la manera en que un recorte parcial puede quedar como “la verdad” definitiva por encima del programa completo y del trabajo de conducir en tiempo real.

Ahí apareció la frase que le dio marco a su descargo: “Eso sí me frustra un poco, la verdad”. En su reflexión, Nati puso en palabras una sensación muy propia de la era streaming: la de esforzarse por “ser mejor cada día”, hacer “una buena entrevista” y construir “buen contenido”, para que finalmente —según ella— todo quede reducido a “lo que se le canta a la primera persona que hizo el recorte”. Y, al mismo tiempo, encontró una respuesta: el sentido de seguir, dijo, está en quienes la acompañan en el programa entero, no en la versión recortada y amplificada del escándalo.
Sobre el final, además, sumó un pedido que funcionó como declaración de principios: valoró no solo los mensajes privados de apoyo, sino también que muchos seguidores se metieran en comentarios y debates para discutir en publicaciones de medios. “El mundo no puede ser de los que gritan más fuerte”, señaló, en una frase que convirtió el episodio en algo más grande que una polémica pasajera: una pelea por el relato en tiempos de indignación instantánea.
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