En pleno centro porteño, a pasos del ritmo frenético de la Avenida Santa Fe y frente a la icónica Plaza San Martín, existe una puerta que funciona como una cápsula del tiempo. Quienes se animan a cruzarla dejan atrás el ruido del tránsito para entrar a un universo de mármoles, arañas de cristal y salones que remiten a la Belle Époque. Es que allí, dentro del imponente Palacio Paz, funciona un café abierto al público que, por su estética maximalista, permite vivir una experiencia digna de una serie de época como Bridgerton… pero sin salir del territorio porteño.


Muchos desconocen este espacio que combina el encanto de una de las residencias más fastuosas de Sudamérica con la posibilidad de sentarse a tomar un café, sacar fotos y recorrer espacios que parecen detenidos en el tiempo. Una joya arquitectónica que, además, es completamente instagrameable.
El café que permite vivir el palacio desde adentro
Lo más sorprendente es que no hace falta ser socio ni participar de un encuentro privado para conocer este lugar. Dentro del edificio funcionan espacios gastronómicos abiertos al público, entre ellos uno operado por Croque Madame que desde 2021 ocupa uno de los salones históricos y el jardín interno.


En la planta baja el jardín ofrece mesas al aire libre rodeadas de columnas, esculturas y arquitectura clásica, creando una postal que parece salida de otro siglo. Es un espacio ideal para desayunar, almorzar o simplemente hacer una pausa con café y pastelería, mientras el entorno hace el resto.
En los pisos superiores, antiguos sectores privados de la familia Paz fueron transformados en salones, desde donde el pasado sigue presente en cada detalle: molduras, lámparas, boiserie y ventanales que conservan la esencia original. Sentarse allí es experimentar el edificio de una manera distinta, no como visitante, sino como parte de su historia cotidiana.


"Las personas que nos visitan quedan encantadas con la grandeza del lugar. La arquitectura francesa, los monumentos, las decoraciones, sumado al servicio gastronómico que brindamos, es una opción única y especial para todo el que nos visita", detalla Tomás Borgmann, socio del local gastronómico.
Cómo es el menú y cuáles son sus precios

Conviven opciones simples, como medialunas, tostados y tortas, con preparaciones más elaboradas como croques gratinados, pastas caseras, risottos y carnes. También hay ensaladas frescas, postres tradicionales y una selección de bebidas que incluye café de especialidad, tés, vinos y cócteles.

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"Nuestra carta está basada en la gastronomía francesa. En nuestro sándwich de origen francés Croque Madame se origina el nombre de la cadena. Sin embargo, tenemos una gran variedad de platos internacionales en la carta. En ella predominan las carnes, las pastas y los risottos. También contamos con un producto único en nuestra sucursal, el famoso té Premium: un té completo pensado para dos personas que contiene opciones dulces y saladas y va variando según las estaciones del año". Servido en un triolé, está acompañado de infusión Nespresso o té", cuenta Borgmann.
¿Las opciones y sus precios?

- Café espresso simple: $4.500.
- Capuchino italiano: $6.800.
- Té: $5.600.
- Medialuna: $3.100.
- Tostado de jamón y queso: $12.000.
- Porción de torta (a elección): $15.000.
- Crumble de manzana tibio con helado: $16.000.
- Croque Madame: $21.000.
- Ensalada Caesar con pollo: $16.000.
- Raviolones de calabaza y mozzarella con crema de hongos: $19.500.
- Sorrentinos de hongos y mozzarella: $21.000.
- Risotto de hongos: $23.000.
- Bondiola teriyaki con puré de batatas y miel: $25.000.
- Milanesa de bife de chorizo con tagliatelle caccio e peppe: $26.000.
- Ojo de bife con puré de papas y vegetales asados: $29.000.
- Lenguado con salsa de pimientos ahumados y papines: $26.000.
- Tiramisú clásico italiano: $10.000.
- Flan con dulce de leche y crema: $11.000.
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Construido por encargo de José C. Paz, fundador del diario La Prensa, el edificio fue diseñado por un arquitecto francés inspirado en el Castillo de Chantilly. El resultado fue una residencia de más de 12 mil metros cuadrados cuyos materiales y detalles decorativos fue traídos de Europa.
Paradójicamente, su creador nunca llegó a verlo terminado: murió antes de que concluyeran las obras, y el palacio fue habitado por su familia y una numerosa servidumbre. Hoy el edificio es sede del Círculo Militar. Fue declarado Monumento Histórico Nacional, conservando así intacto su espíritu original.
Recorrerlo es descubrir una sucesión de salones con identidad propia. El Gran Hall de Honor impacta desde el primer momento con un piso compuesto por miles de piezas de mármol colocadas una por una y una cúpula coronada por un vitral en el que aparece Luis XIV, el célebre “Rey Sol”. Más allá, el Salón de Baile evoca directamente a la Galería de los Espejos de Versalles, con arañas de cristal que parecen suspendidas en el aire sobre el parquet.

También hay espacios más íntimos, como el antiguo salón de señoras, con espejos y paredes revestidas en telas, que remiten a las reuniones sociales de la aristocracia porteña. Cada rincón es un escenario perfecto para fotos: no es raro ver visitantes capturando imágenes como si fueran protagonistas de una producción de moda o de una serie de época.
Un escenario que fascina a turistas y porteños
El Palacio Paz no solo atrae a curiosos y amantes de la arquitectura. También fue elegido como locación para videoclips, como el de Frío de Ricky Martin, y producciones televisivas, gracias a su estética única. Sus salones reproducen distintos estilos europeos, desde el Renacimiento francés hasta el rococó, creando una escenografía natural difícil de igualar.
Pero más allá de su valor histórico, lo que convierte a este lugar en un "secreto" bien guardado a descubrir es su accesibilidad. Por el precio de un café, cualquiera puede recorrer sus pasillos, admirar sus detalles y disfrutar de una experiencia que combina patrimonio, historia y vida contemporánea.

A apenas cinco minutos del Obelisco, este palacio demuestra que Buenos Aires todavía guarda rincones capaces de sorprender. Solo hace falta animarse a cruzar la puerta para descubrirlos.







