A horas de que se concrete la eutanasia programada de Noelia Castillo, la joven española que tomó la decisión de morir tras sobrevivir a una violación múltiple y con una paraplejia irreversible, se conoció la identidad de la persona que le hizo un ofrecimiento para reconstruir su vida. Se trata del pianista británico James Rhodes quien, luego de saber que la madre de la joven de 25 años había leído su mail en la televisión, dio a conocer el mensaje enviado, íntimo y urgente, que impactó en redes y medios europeos.

El músico le ofreció ayuda económica total, acompañamiento psicológico y algo más difícil de cuantificar, pero probablemente más potente que el dinero: su propia historia de resiliencia como prueba de que es posible reconstruirse después del trauma. “No me atrevería a decirte que tu decisión es incorrecta”, escribió Rhodes.
El prestigioso pianista y marido de Micaela Breque fue víctima de abusos en su infancia que narró con brutal honestidad en su potente biografía titulada Instrumental: Memorias de música, medicina y locura. Una descarnada voz en primera persona en que Rhodes revela cómo la música se convirtió en un refugio esencial, transformando el dolor en arte y sentido.

“Solo quiero darte herramientas para que puedas tomar una decisión tan permanente desde un lugar de relativa tranquilidad y no desde el dolor extremo”, sumó en el emotivo posteo. No fue un mensaje cualquiera: fue un sobreviviente hablándole a otra sobreviviente.
En el texto que difundió públicamente luego de que la madre de Noelia leyera parte de su contacto en televisión, Rhodes fue claro: está dispuesto a financiar “la mejor atención médica y psicológica durante el tiempo que sea necesario” para acompañarla antes de que tome una decisión irreversible.
Rhodes se ofrece como herramienta viva e interviene como alguien que conoce desde adentro el territorio del trauma extremo, la disociación, la desesperanza y la sensación persistente de que la vida dejó de tener salida. “Ambos compartimos muchas similitudes”, escribió en un intento desesperado de persuadir a Noelia en sus últimas horas de vida.
Castillo libró una batalla con la justicia durante 20 meses para conseguir su objetivo de terminar con su vida y, a pesar de que su familia se opone, la joven nacida en Barcelona continúa firme ante el desenlace que decidió: quiere morir en paz y de forma prematura.

En su mensaje, Rhodes también hizo una aclaración significativa. “Esto no tiene nada que ver con religión ni política”, escribió, marcando distancia del debate público que atraviesa España sobre el derecho a la eutanasia en situaciones de sufrimiento extremo posterior a la violencia sexual. Su propuesta, en cambio, se ubica en otro plano: el del acompañamiento humano.
“Te pido que seas valiente una última vez y esperes un poquito más”, expresó, sin cuestionar la decisión de Noelia ni apelar a argumentos morales o familiares, sino planteando la posibilidad de abrir un margen antes de que la decisión –que, según se supo está programada para las 17 horas de España– se vuelva definitiva.

Tal vez el momento más revelador de su mensaje sea cuando reconoce que él mismo pasó largos períodos investigando “formas legales y no tan legales de terminar con mi vida”, y que hoy ese tiempo le parece “un mundo aparte”. Una confesión que sirve como evidencia de su experiencia personal en medio de la urgencia. En un gesto de esperanza, Rhodes insiste en que se puede atravesar el trauma.
En su libro, James Rhodes relató las internaciones psiquiátricas, los intentos de suicidio y su lento proceso de reconstrucción personal. Ese libro no fue una autobiografía convencional sino un testimonio incómodo y profundamente político sobre el silencio alrededor de la violencia sexual y sus consecuencias psicológicas.
Allí contó algo que hoy vuelve a resonar con fuerza en su mensaje dirigido a Noelia: sobrevivir no es un proceso lineal ni heroico, es largo, caótico, imperfecto y aun así posible. Por eso su intervención no suena paternalista ni distante, sino horizontal. Es la mano tendida de quien atravesó un camino parecido y logró salir de ese lugar.
Para cerrar su conmovedor escrito, Rhodes eligió estas palabras: "Estoy aquí cuando quieras querida. Si no creyera al 100% que hay un camino a seguir, no estaría escribiendo esto. Con amor, James".

