El piso 22 del edificio ubicado en la calle Aguilar al 2300, en el barrio de Belgrano, se convirtió en una trampa mortal la noche del 16 de mayo de 2022. Y hoy, casi cuatro años después, los fantasmas de esa madrugada volvieron a hacerse presentes en la segunda jornada del juicio oral que tiene a Felipe Pettinato en el banquillo de los acusados.
Imputado por el delito de estrago doloso seguido de muerte -figura que podría costarle entre 8 y 20 años de prisión-, el imitador de Michael Jackson de 32 años decidió seguir las instancias de este lunes a través de la pantalla, conectado por Zoom desde el despacho de sus abogados y tomando mate.

Del otro lado de la cámara, ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 14, las palabras de los testigos fueron pintando un cuadro oscuro y asfixiante sobre los últimos segundos de vida de su amigo y neurólogo, Melchor Rodrigo.
Un grito de siete segundos y un escenario de película de terror
Si la primera audiencia estuvo marcada por el desgarrador reclamo de la madre de la víctima, esta nueva jornada le dio voz a los que vivieron el pánico de cerca: los vecinos del edificio.

El testimonio de un hombre que vive en el piso de abajo al de Pettinato fue uno de los que más impactó en la sala. "Estaba acostado. Escuché una explosión y, de repente, vi una lengua de fuego bajando por la ventana de mi escritorio", relató. Lo que siguió, según sus propias palabras, fue escalofriante: "Escuché un grito desgarrador. No pudo haber durado más de cinco o siete segundos".
En medio de la oscuridad y el humo espeso, los habitantes del edificio intentaron socorrer a las víctimas. Fue en ese pasillo donde encontraron a Felipe. Los testigos lo describieron en un estado de alteración total, llorando, descalzo (solo en medias) y visiblemente aturdido. "Lloraba y no paraba de gritar: '¡Hay un incendio, tengo que ayudar a mi amigo!' Estaba como en shock, como un zombi", detalló otra vecina. Sin embargo, a los investigadores siempre les llamó la atención un dato clave: mientras el cuerpo de Rodrigo terminó calcinado en un 90% sobre el sillón del living, Pettinato logró salir del departamento sin sufrir heridas graves.

La pista metálica: el desodorante que aceleró el infierno
Otro de los testimonios centrales de la jornada llegó de la mano del primer bombero que logró ingresar a las ruinas del departamento. El rescatista contó que, al proceder a despejar los escombros para examinar el cuerpo de la víctima, algo metálico llamó su atención.
"Prácticamente tropiezo con un envase metálico de un aerosol que conservaba su forma", declaró el oficial. Este detalle no es menor: la pericia posterior de Bomberos confirmó que para iniciar el fuego se empleó un "líquido acelerante", que presuntamente habría salido de un envase de desodorante.
"La culpa es mía" y una relación bajo la lupa
Más allá de las pericias técnicas, hay frases pronunciadas en medio del caos de aquella noche que hoy resuenan con peso de sentencia. Una testigo que presenció la evacuación ratificó haber escuchado a Pettinato balbucear una justificación fatal mientras el fuego consumía su departamento. "Me mandé la cagada porque encendí el pucho. La culpa es mía" (o "Mi amigo, el cigarrillo", según otras versiones aportadas), habría repetido el mediático.

Estos nuevos elementos se suman al duro perfil que trazó Delia Beatriz Muzio, madre de Melchor, quien actúa como querellante. La mujer de 81 años aseguró bajo juramento que Felipe “tenía una obsesión” con su hijo, que “lo llamaba a altas horas de la noche” y que había tenido actitudes violentas previas en la vivienda. Pero su sentencia más dura fue respecto a la noche de la tragedia: "No hizo nada para salvarlo. Conociendo a Melchor, si hubiese sido a la inversa, él no lo hubiese dudado".
El juicio pasó a un cuarto intermedio y se reanudará el próximo lunes. Con ocho testigos aún por declarar, el cerco sobre lo que realmente ocurrió aquella trágica madrugada parece cerrarse cada vez más.

