“Vuelvo a atender a mi niño”: el impactante audio de la mujer que mató a su hijo y se suicidó – GENTE Online
 

“Vuelvo a atender a mi niño”: el impactante audio de la mujer que mató a su hijo y se suicidó

A días del hallazgo de Gisela Mercedes Yurka y su hijo Gabriel Saru Ovejero sin vida en un hotel de Recoleta, se viralizó una grabación previa que hoy es clave para los investigadores.

El caso sacudió a la Ciudad de Buenos Aires y al país entero. A días del hallazgo de Gisela Mercedes Yurka, de 41 años, y de su hijo Gabriel Saru Ovejero, de 7, sin vida en una habitación de hotel de Recoleta, un audio que se conoció en las últimas horas volvió a poner el foco sobre las horas previas al desenlace y abrió nuevos interrogantes en la investigación.

La grabación, difundida en las últimas horas y ya incorporada al expediente, estaba dirigida a la madre de Gisela. En ese mensaje de voz, la mujer decía una frase breve, aparentemente cotidiana, pero que hoy resonó con una crudeza imposible de ignorar: “Vuelvo a mi casa a atender a mi niño”. Para los investigadores, ese audio podría dar pistas sobre el estado emocional de la mujer y sobre una decisión que, según sospechaban, ya estaba tomada.

El material fue analizado por la Fiscalía Criminal y Correccional 59, a cargo de Laura Belloqui, que investigó el hecho ocurrido en el hotel Ker, ubicado en Marcelo T. de Alvear 1368. Allí, en la habitación 306, Gisela y Gabriel fueron encontrados muertos el viernes pasado, luego de que no realizaran el check out ni bajaran a desayunar, como estaba previsto.

Gisela Mercedes Yurka con su hijo Gabriel en una tierna postal tomada meses atrás.

El hallazgo que confirmó lo peor

Gisela y su hijo habían llegado al hotel el jueves y solicitaron una habitación para pasar la noche. A la mañana siguiente, ante la falta de respuesta desde la habitación, el encargado del lugar alertó a la Policía. Cuando el personal del hotel y los efectivos ingresaron al baño, encontraron una escena que dejó en shock incluso a los investigadores más experimentados.

Ambos cuerpos estaban en la bañadera. Según el informe preliminar de las autopsias, el niño murió primero. Presentaba signos compatibles con asfixia por sumersión y también hipoglucemia. Gisela, en tanto, falleció por un “mecanismo mixto”: hipoglucemia, cortes y ahogo. Tenía 11 cortes en ambos antebrazos y dos en el cuello, todas lesiones autoinfligidas.

En el baño había una gran cantidad de sangre, un bisturí, jeringas y dosis de insulina. Con esos elementos y los resultados forenses, la principal hipótesis de la causa apuntó desde el inicio a un crimen seguido de suicidio.

Gisela y Gabriel fueron encontrados sin vida en la bañadera de un conocido hotel del barrio de Recoleta el viernes pasado.

El audio que ahora se escucha distinto

Antes de que se conociera el desenlace, la familia y amigos de Gisela la buscaban desesperadamente. La mujer y su hijo eran intensamente buscados en González Catán, partido de La Matanza, y sus fotos circulaban en redes sociales con pedidos de ayuda y datos para dar con su paradero.

En ese contexto, el audio que hoy está bajo análisis había pasado inadvertido. Para quienes la conocían, se trataba de una frase más dentro de una rutina marcada por el cuidado de su hijo. Sin embargo, tras el hallazgo de los cuerpos, esa grabación cobró otra relevancia y se transformó en una de las piezas más sensibles de la investigación.

Familiares y allegados aseguraron que Gisela no atravesaba una crisis personal ni familiar evidente. Era docente y preceptora, había trabajado en distintas instituciones educativas y en sus redes sociales mostraba una vida dedicada casi por completo a Gabriel, a quien definía como “mi vida, mi todo”. Esa imagen pública contrastó de manera brutal con el final que tuvo la historia.

Los movimientos bancarios bajo la lupa

Otro punto clave que se sumó a la causa fueron los movimientos bancarios previos a la desaparición. Según consignaron en Crónica TV, Gisela habría retirado la totalidad del dinero de su cuenta antes de llegar al hotel. Se trataba de una suma cercana a los 28 millones de pesos, vinculada a la venta de un vehículo y a préstamos personales.

Para los investigadores, ese dato reforzó la hipótesis de una planificación previa. El vaciamiento de las cuentas, sumado al audio y a los elementos hallados en la habitación, formó parte del rompecabezas que la Justicia intentó reconstruir para entender qué llevó a una mujer sin antecedentes visibles de conflicto a tomar una decisión tan extrema.

Conmoción en el ámbito educativo

La noticia generó un impacto inmediato en el ámbito educativo. Gisela había trabajado en la Asociación Civil Hogares del Espíritu Santo, en el Colegio San Mauricio y en el Instituto Nuestra Señora del Hogar. Compañeros, alumnos y familias expresaron su desconcierto y dolor ante lo ocurrido.

“Era una mujer muy dedicada, siempre hablaba de su hijo”, repitieron quienes compartieron espacios laborales con ella. Esa percepción volvió todavía más difícil de asimilar el desenlace del caso, que dejó una herida abierta en todos los que la conocían.

Una investigación que sigue abierta

Aunque la hipótesis principal fue clara desde el inicio, la fiscalía continuó analizando cada elemento. El audio, los movimientos bancarios, las pericias forenses y los testimonios del entorno formaron parte de una causa que buscó reconstruir las últimas horas de Gisela y Gabriel.

Mientras la Justicia avanzaba, la frase “Vuelvo a mi casa a atender a mi niño” quedó resonando como un eco inquietante. Una oración breve, dicha sin dramatismo, que hoy, a la luz de lo ocurrido, condensó el horror de un caso que conmocionó a Recoleta y dejó más preguntas que respuestas sobre los límites del dolor, la soledad y las decisiones que se toman en silencio.



 
 

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