El monovolumen que todavía despierta nostalgia – GENTE Online
 

El monovolumen que todavía despierta nostalgia

Citroën Xsara Picasso
Con un diseño diferente, gran habitabilidad y una propuesta centrada en el confort, el Citroën Xsara Picasso dejó una marca profunda en la historia de la marca francesa.
Autos y Motos
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Hubo un tiempo en que las marcas todavía se permitían ser raras. No raras por marketing, ni por una pantalla gigante ni por un guiño de diseño para redes sociales. Raras de verdad. Capaces de romper un molde industrial con una idea nueva, incluso cuando esa idea no encajaba del todo en las categorías tradicionales. En ese territorio apareció el Citroën Xsara Picasso, un auto que hace 25 años puso en circulación una forma distinta de entender el espacio, la practicidad y el confort. Y lo hizo con una naturalidad tan francesa que hoy, visto a la distancia, parece todavía más singular.

Citroën Xsara Picasso
El Citroën Xsara Picasso fue uno de los monovolúmenes compactos más influyentes de comienzos de siglo.

Cuando llegó al mercado a comienzos de los 2000, el Xsara Picasso no era solamente un producto nuevo dentro de la gama Citroën. Era una respuesta muy concreta a una necesidad que muchas familias empezaban a sentir con fuerza: querían autos más versátiles, más luminosos, más cómodos y mejor pensados para la vida cotidiana, pero sin dar el salto a una van ni resignarse a un sedán convencional.

El Picasso apareció exactamente en ese cruce. Su silueta redondeada, sus superficies vidriadas generosas y su interior amplio lo convertían en un auto que parecía diseñado desde adentro hacia afuera, como si la prioridad hubiera sido primero la experiencia de quienes iban a habitarlo y recién después el dibujo de la carrocería.

Ahí estuvo una de sus claves. Citroën tomó una obsesión histórica de la marca -el bienestar a bordo- y la tradujo en un formato muy concreto. El Xsara Picasso ofrecía una posición de manejo elevada, gran luminosidad interior, sensación de amplitud y un diseño de cabina distinto a lo habitual. El tablero digital ubicado en posición central y la palanca de cambios elevada no eran meras excentricidades. Eran señales de una búsqueda: hacer que el uso diario del auto se sintiera diferente. Más intuitivo, más amable, más cercano a la lógica doméstica que al lenguaje clásico del automóvil.

Citroën Xsara Picasso
Su diseño priorizaba la habitabilidad, la luminosidad interior y una experiencia de uso distinta.

Esa propuesta no tardó en recibir aval externo. El modelo fue distinguido como “Mejor Automóvil Europeo” en Italia y “Auto del Año” en España y Polonia, una seguidilla de reconocimientos que ayudó a consolidarlo como referencia de su segmento. No era poca cosa. En aquellos años, la competencia dentro del universo de los monovolúmenes compactos era feroz, y el Picasso logró destacarse no tanto por brutalidad mecánica o sofisticación tecnológica, sino por haber entendido antes que muchos qué estaban buscando las familias europeas.

También había argumentos concretos debajo de esa carrocería amable. En su oferta mecánica se destacaba el motor 2.0 16V de 138 CV, que combinaba buenas prestaciones con un comportamiento equilibrado y una sensación de respuesta superior a la esperada gracias al escalonamiento de la caja. Más adelante se sumaron otras alternativas, como el 1.6 de 110 CV y el conocido 2.0 HDi de 90 CV, este último especialmente valorado por su eficiencia, su autonomía y su confiabilidad.

En equipamiento, además, supo adelantarse a su tiempo. Ofrecía climatizador automático bi-zona de serie, con dos evaporadores y comandos independientes, una solución poco habitual para el segmento en ese momento. A eso se sumaban detalles como el interior con tapizados bicolor, espejos color carrocería y un baúl de 550 litros, que la marca describe como el mayor de su categoría en ese entonces.

Citroën Xsara Picasso
A 25 años de su llegada, sigue siendo una referencia en confort y aprovechamiento del espacio.

La actualización de 2007 reforzó su vigencia. El rediseño incorporó un nuevo frontal, paragolpes de mayor volumen y cambios interiores como las terminaciones en Gris Tramontane y un tablero de líneas más horizontales, pensado para ampliar todavía más la sensación de espacio.

Citroën también puso el foco en la practicidad cotidiana, con una capacidad total de 15 litros en espacios portaobjetos, portabotellas para envases de 1,5 litros y distintos compartimentos distribuidos en la cabina. Más que una mera renovación estética, fue una manera de mantener vivo un concepto que seguía teniendo sentido: el de un auto familiar capaz de ser cómodo sin volverse torpe, amplio sin parecer utilitario y distinto sin necesidad de pedir disculpas.

Citroën Xsara Picasso
Con baúl de 550 litros y tablero central digital, el modelo se adelantó a varias tendencias del segmento.

Visto desde hoy, el Xsara Picasso también representa algo que la industria fue perdiendo con el paso del tiempo. Durante años, los monovolúmenes compactos ofrecieron una solución mucho más racional que muchos SUV posteriores: mejor aprovechamiento del espacio, acceso cómodo, visibilidad generosa y una arquitectura realmente pensada para la vida familiar. Pero el mercado cambió de deseo. Los SUV ganaron el prestigio y la estética aspiracional. Los monovolúmenes, en cambio, quedaron asociados a una practicidad casi demasiado honesta para sobrevivir al nuevo clima de época.

A 25 años de su lanzamiento, Citroën Xsara Picasso conserva ese valor raro que tienen algunos autos cuando envejecen bien: no solo representan una época, sino una idea. La idea de que un vehículo familiar puede ser funcional sin ser aburrido. De que el confort puede ser protagonista. De que el diseño puede acompañar a la vida real sin resignar personalidad. Y de que, a veces, la verdadera innovación no pasa por parecer más agresivo, más deportivo o más tecnológico, sino por resolver mejor lo que pasa puertas adentro.



 
 

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