Podrían charlar, como cualquier padre e hijo, de fútbol, de música, de series, de películas, de libros en común, incluso de trabajo o del cercano verano costero que empieza a despabilarse frente al Océano Atlántico. Sin embargo, no: ellos, los Caminata, quieren charlar de basura, “o para decirlo bien, de limpieza”... Pero mejor coloquemos el celular en función en medio de los dos para comprender de primera mano de qué hablamos:
Franco: No recuerdo pa, cuándo fue la primera vez que salimos a limpiar juntos. Era muy pibe.
Gastón: Hace catorce años, hijo. ¿Te acordás que hubo un campeonato de pesca en Pinamar y cuando terminó, como vivimos frente al mar, descubrimos tanta basura que fuimos con la camioneta a recogerla y ¡terminamos llenando la caja de carga entera!
Franco: ¡Cierto! Tal cual.
Gastón: ¿Y que con las charlas en las escuelas, la cartelera en la vía pública, la difusión en Facebook -red social recién comenzaba- y en los medios masivos y el activismo, al año siguiente se volvió a repetir el campeonato de pesca y…?
Franco: Sí, ¡¡toda la basura que se juntó en la arena nos entraba en los bolsillos de las camperas!!
Gastón: Me acuerdo que aquello nos inspiró a pensar que empezábamos a descubrir algunas claves para que algo cambie.
Franco: Que hoy Pinamar sea considerada una de las playas más limpias del planeta, te dio la razón.
Gastón: Nos dio, hijo. Esto nunca es mérito de uno, sino responsabilidad de todos.
“EL DÍA QUE ME LLAMÓ Y ME DIJO ‘PA, YA FUI A LIMPIAR DOS VECES AHÍ, PERO AHORA QUIERO HACERLO CON VOS’, SENTÍ ALGO QUE VOY A RECORDAR TODA MI VIDA”

“Nací el 24 de septiembre de 1970 en la Capital Federal, a 363 kilómetros de acá”, dice el padre de la criatura. “Yo el 12 de octubre de 2004 en General Madariaga, a 32”, agrega el hijo al tiempo que le tira un centro al periodista: “¿Sabés por qué él se llama Gastón Caminata?... Mejor explicalo vos, pa, jajajá”, le guiña el ojo y lo obliga a hacerlo. Y ahí va el padre obediente: “Dios me puso Gastón porque va a ‘gastar’ mi tiempo en la custodia de la Creación, y el apellido Caminata porque lo mío es peregrinar con esta misión por el mundo. ¡Ya llegamos a diecinueve países!”, comenta con su estilo cargado de optimismo y con un poco menos orgullo del que transmite la mirada de Franco al escucharlo.

-¿Cómo nació en la familia esta conciencia por el ambiente que hoy los une detrás de una misma lucha?
Franco: Cuando mi viejo, surfero desde chico, empezó a preocuparse y ocuparse del cuidado del medio, sobre todo de los mares y su contaminación.
Gastón: Sí, en medio de una charla con un amigo, Uchi, empecé a tomar conciencia de algo en lo que jamás había puesto la atención. Por esos tiempos yo era presidente de la Cámara de Comercio de Pinamar y había comenzado a limpiar el pueblo. Entre comentario y comentario, Uchi me alertó: “Ojo que también está sucia la playa, eh. ¿Por qué no vas a mirar? Hay un tema ambiental groso ahí, te aseguro. Si querés vení conmigo esta tarde y te muestro…”. Incrédulo, me acerqué y ahí nomás me mostró cientos de kilos de basura tirados sobre la arena, una barrera de dos metros de altura e interminable en extensión. Quedé shockeado. Reconocí el problema. A veces no queremos ver lo que está delante nuestro. La basura está pero no la vemos. Yo, que sólo quería que el pueblo donde vivía estuviera lindo y limpio, terminé cambiando por completo el destino de mis días. Ahí arrancó la cosa.
-Más allá de la enseñanza invaluable que se transmite en cada hogar, ¿qué momento, sienten, los unió en esta cruzada?
Franco: Hay una anécdota en la pandemia imposible de olvidar: papá estaba haciendo un vivo desde la playa, y yo en casa estudiando. Cerca de las cinco de la tarde se puse a escribir con carbón en una casilla de guardavidas una frase enfocada en el cuidado del ambiente. Ese mismo vivo lo vio una funcionaria de la ciudad y al instante mandó a dos patrulleros para detenerlo sólo por escribir algo que prácticamente con la primera lluvia se borraba.
Gastón: La frase era: “Playa libre de humo”. ¡Qué zarpado! Me fui a la miércoles, ¿verdad? (lanza una carcajada por su ironía).

Franco: Además de detenerlo, se llevaron a nuestra perra, que estaba con él, sin permitirnos traerla a casa. Qué impotencia me agarró. Nosotros nos terminamos enterando a la hora y pico y no podíamos creer que hubieran utilizado dos patrulleros (encima durante una época local de abundante inseguridad) por ese motivo. Lo más gracioso fue que salió en todos lados, por lo cual terminaron disculpándose. Pensé: “¡Mirá el lío que armó con sólo querer transmitir un mensaje positivo para la sociedad!”
Gastón: Eso sin contar cuando clausuraron mi local e hice un vivo en Facebook que armó tanto rechazo que debieron volver y sacar la faja. O las veces que me metieron multas por algo parecido, o por llevar basura y dejarla ahí, delante del edificio de la Municipalidad... Otros tiempos. Recuerdo que ahí volvimos a comprobar la importancia de los medios en informar y colaborar en difundir problemáticas de este tipo.
-¿Fue cuando comprobo que los superhéroes también pueden venir vestidos de civil y con una bolsa de basura como capa, Franco?
Franco: (Risas)...
Gastón: (Interrumpe, para evitar recibir laureles). Superhéroe me siento cada vez que Fran toma la iniciativa en este tipo de cuestiones… La vez pasada me llamó para que lo acompañara a un lugar de La Lucila que da al Río de la Plata, “porque yo ya fui dos veces a limpiar y ahora quiero hacerlo con vos, pa”. Un llamado mágico. Pasamos tres horas y llenamos veinte bolsas gigantes de residuos. No sé si se lo dije a él, pero lo que sentí y aquella experiencia las voy a recordar toda mi vida.
“A VECES PARECIERA QUE TUVIÉRAMOS DIEZ PLANETAS MÁS LISTOS PARA HABITAR, CUANDO DE NINGUNA FORMA ES ASÍ”

Las actividades laborales actuales de los Caminata transcurren, para Gastón, en Jalisco, “el primer restaurante mexicano del país”, y para Franco, desde su emprendimiento Vegalmacen (con platos veganos que prepara la madre y además de ofrecerse en el local, vende congelado) y su condición de entrenador personal y preparador físico: cursa el tercer año de la licenciatura en Actividad Física y Deportiva de la Universidad de El Salvador. “Aparte -añade- soy gerente y mozo del propio Jalisco en la temporada de verano”. “El 8 de diciembre, Día de la Virgen, nuestro negocio va a cumplir tres décadas”, suma el padre, quien “por haber terminado solamente el secundario suelo autodenominarme ‘despertólogo ambiental’… En las reuniones importantes suena lindo”, celebra su ocurrencia.

-¿Se animan a compartir alguna frase, algún eslogan que los envalentona frente a las decepciones y los ayuda a seguir adelante de manera irrenunciable y no abandonar la lucha por el cuidado del planeta?
Franco: A mí me suena fuerte algo simple que mi viejo siempre repite: “Cuidemos el único planeta que tenemos para vivir”. Es así. A veces pareciera que nos olvidáramos de que es nuestro único hogar. Como si tuviéramos diez planetas más listos para habitar, cuando de ninguna forma es así.
Gastón: El otro día, al final de la limpieza ésa que compartimos, nos dijimos: “No es nuestra basura, pero es nuestro planeta”. También es una linda figura.

-¿Qué les genera comprobar que en pleno 2025, pese a las pruebas científicas que corroboran el riesgo que produce la contaminación, hay quienes minimizan esta crisis que transitamos?
Franco: No me sorprende en lo más mínimo, porque hoy vivimos en un mundo en el que la plata es lo que más importa, por no decirte lo único. Mientras la contaminación siga siendo un negocio, dudo que algo cambie.
Gastón: En tiempos en que los científicos hablan de un calentamiento global mega cuyo destino -de no modificar conductas- parece presagiarnos que estamos fritos, yo prefiero apuntar a ponernos objetivos chicos que nos permitan una resistencia. Para el caso, hace una década, pensando en el planeta y en los animales, dejé la carne. O, para el caso, también, llevamos cuatro mil limpiezas de playas en Pinamar y ya actuamos en diecinueve países. Al mismo tiempo, redactamos ordenanzas de reducción de plásticos por todo el país. Y etcétera, etcétera. Sé que hay otros objetivos a más a largo plazo como contar con un buen presupuesto para lograr avanzar en la materia, o acceder a líderes mundiales para hacerlos sentir tripulantes de esta nave llamada Tierra y transformarlos. Sin embargo, mientras tanto, ayudando cada día de la manera que uno pueda, y cómo pueda, te aseguro que ya mueve la aguja.

Franco: No somos conscientes de la diferencia que podemos marcar con pequeñas acciones, como evitar usar cucharitas en heladerías o bolsas plásticas en verdulerías/supermercados. Necesitamos informarnos, saber que, con detalles, en la rutina podemos avanzar. El gran problema es, cómo te decía antes, que hay todo un sistema que no está dispuesto a cambiar, por más mal que le haga al planeta. Entonces no colabora ni acercando un mensaje parecido.
Gastón: Yo justamente a la humanidad le extendería un mensaje, sí: “Estamos unidos para dejar a la Tierra sin vida, y si seguimos así, nadie dude de que va a pasar”.

-¿Seguir cómo?
Gastón: La humanidad creyó lo que dijeron los políticos y las empresas: “Reciclá, que con eso basta” (y ni eso hacemos bien, porque sólo reciclamos el 9 por ciento de lo que deberíamos)... La realidad es que reciclar es perder. Lo que debemos pensar es en re-du-cir, en re-cha-zar y en reu-ti-li-zar. La producción de todo se fabrica usando recursos naturales y contaminando. Es imposible que sea de otra manera. La pregunta es, ¿quién quiere renunciar a nuestra adicción por comprar y al petróleo en beneficio del planeta? Repito: arranquemos por re-du-cir, re-cha-zar y reu-ti-li-zar. Con ese envión podremos empezar a avanzar de a poco. ¡Pero hay que arrancar!

Franco: Debemos leer, escuchar, informarnos, tomar conciencia de manera individual. Hacernos cargo de nuestras acciones. Entender que el cambio en verdad empieza a partir de uno mismo.
Gastón: Ser realistas y sacarnos la venda de los ojos. Personalmente pude cambiar y en la actualidad le dedico varias horas semanales y mucho dinero de mi familia. Pero yo recién a mis 39 años hice mi primera limpieza de playas, así que siento que siempre se está a tiempo. Vale la pena. Más que valer la pena: esta causa es el mayor desafío de la historia de la humanidad, ya que sin hogar todos los demás problemas no existirían. Cambiemos ahora para que la naturaleza haga su trabajo y podamos vivir en armonía.
AQUELLA FOTO QUE PREANUNCIABA TODO Y LA CARTA DE UN PADRE “OPTIMISTA” A UN HIJO “COMPROMETIDO”

“Aunque yo lo acompañé de chico y hace poco volví a meterme, te puedo asegurar no estoy al nivel de locura, optimismo y amor por el ambiente de mi papá”, reconoce entretanto Franco, ya en la cuenta regresiva al cierre de la entrevista conjunta. Y continúa: “A mi mamá, mi hermano y a mí nos da más vergüenza la exposición pública, por lo que muchísimas veces en la calle, en viajes o donde sea, no nos gusta mucho que él llame la atención con sus ‘originales’ acciones para generar conciencia en favor del medio. Pero también es algo que con el tiempo aprendimos a entender y a apoyar”, admite felizmente resignado.
-¿Y en qué porcentaje de "sana locura" se encuentra usted?
Franco: Todavía no llego ni a un 30 por ciento de su nivel de consciencia. Hay mucho por aprender y entender.

-¿Qué opinan Clarisa (Andera, 53 años, con 39 al lado del Caminata mayor, desde el jardín de infantes) y Tobías (18) sobre esta devoción de ustedes por la limpieza y por proteger el planeta?
Gastón: Clari te podría informar de todo de un modo más clarito porque es periodista. Lo mío es patear el tablero, hacer lo que tenga que hacer para crear consciencia. En cuanto a Toto, el más chico de la familia, piensa que está muy bien y me ayuda a editar. Claro que los hijos aprenden más del ejemplo que de las palabras, sobre todo cuando pasan las décadas y estás convencido de que el camino es bien claro... ¿Te comenté que cuando Fran estaba por elegir una carrera, me adelantó que quería cursar una ambiental y yo le dije que fuera por otro lado?
-¡¿Por otro lado??! ¿A qué se debió su negativa?
Gastón: Me parecía como su gran pasión era el deporte debía acercarse a una relacionada, y su costado ambiental trabajarlo con el cambio en el día a día. El compromiso por el cuidado de la Tierra no se hereda como un negocio: sólo requiere armarse de paciencia, perseverancia y mucho amor. A mí me emociona ver a Fran, Toto y Clari haciendo algo por el planeta. Me llena el alma que como familia trabajemos en esto juntos, pero jamás exijo nada porque Dios tiene todo planeado.


-¿Y qué sucede cuando arriban el cansancio, la frustración o incluso los ataques por defender el planeta?
Franco: Al no tener el nivel de conciencia o “preocupación” de mi padre, como recién dije, mi frustración o cansancio no son iguales que los de él.
Gastón: Hace muchos años me enojaba cuando sentía que sabía cuál debía ser el cambio, pero veía que no se cumplían mis expectativas. Ahora pienso muy diferente: conociendo el camino, debemos mostrar con el ejemplo lo que hay que hacer y dejar que cada persona actué según le dicte su corazón. Entonces no vivís enojado. Así respondés a las frustraciones.
-¿Qué les contestarían a los que sienten que ustedes son una familia de utópicos incorregibles?
Franco: Cualquier opinión es válida. Cada uno elige cómo vivir su vida y cada uno también elige su propósito en la misma.
Gastón: Que si para mí compartir las limpiezas con diferentes personas ya es un placer enorme, imaginate cuando lo hago con mi familia a loa par: me voy a dormir sintiendo que valió la pena vivir ese día y con ganas que se repita.


-Hablaron de la difusión, de informarse… Para terminar, ¿qué le dirían a la gente sobre la contaminación, su consecuencia y la falta de conciencia?
Gastón: Que si bien transitamos muchas victorias y estamos felices por algún rebote de nuestras acciones en la materia, no hay nada para festejar. Que, si bien desde que nacemos hasta que nos vamos hacemos todo mal y eso nos lleva a esta extinción masiva, sabemos que si mañana nos ponemos los pantalones largos, encaramos cambios de hábito y dejamos en paz a este planeta que tanto nos dio y da sin pedir nada, se regenerará solo y ganaremos todos.
Franco: Que si priorizamos la diversidad al dinero, tenemos una posibilidad. Que el día que todos pensemos así viviremos con menos emergencia ambiental.
Gastón: Yo pondría a toda la humanidad en una nave, la llevaría a la estratósfera y le explicaría cómo tratar a este hogar. Visitamos dos veces con el papa Francisco, las dos veces nos dijo “¡Hagan lío!”, y eso estamos haciendo. Si se trata de proteger y custodiar la creación de Dios, ésa es nuestra especialidad.

-Supongamos que desde esa nave imaginaria pudiera enviarle una carta a su hijo Franco, ¿qué le escribiría?
Gastón: “Hijo: hay un problema ambiental global y vos podés hacer un cambio mundial comprometiéndote. Empezá a escuchar a la ciencia y transformate en un activista de la causa. Jamás te metas con políticos (ellos deberían ocuparse del tema, pero no lo hacen). Armá grupos de gente que expandan más rápido el mensaje. La mejor inversión es en el ambiente... Ah, hijo. Y tené en cuenta que si alguien hubiese podido viajar un siglo hacia adelante, de seguro hoy estaría pidiendo a gritos que cambiamos porque ese alguien y quienes se encuentran a su lado, en pleno 2125, vienen sufriendo nuestras irresponsabilidades.
-¿Y qué le respondería usted a su padre Gastón?
Franco: Hay una foto que siempre recuerdo y no sé si aún conservamos porque hace mucho que no veo: yo, que era muy chiquitito, estoy con dos botellas, una de plástico y otra de metal. El dedo pulgar que sostiene la botella de metal está hacia arriba y el dedo pulgar que toma la de plástico, hacia abajo. Le respondería: “Pa, buscá esa foto y te vas a dar cuenta que siempre te seguí y siempre seguiré a tu lado en esta cruzada".


Fotos: Clarisa Andera y gentileza de la familia Caminata
Videos: Gentileza de @yoamomiplayaok

