Llegaron a Colombia hace cuatro décadas como la mascota más extravagante del mayor líder narco de la historia. Hoy, convertidos en una bomba de tiempo ecológica que ya roza los 200 ejemplares, su destino parecía sellado por la eutanasia. Sin embargo, la intervención de un magnate asiático y un reciente anuncio del Gobierno acaban de darle un giro de película a la herencia viva más peligrosa de Pablo Escobar.