Alejandra Radano volvió a escena con Company, la obra que hoy dirige Fer Dente, en un cruce artístico que también condensa el paso del tiempo y la transmisión entre generaciones. Referente indiscutida del teatro musical argentino, su nombre quedó ligado a títulos emblemáticos como Chicago, donde su trabajo marcó a fuego la vocación del propio actor y director cuando era apenas un niño.
Ahora, convertida en una de las protagonistas de esta nueva versión del clásico título de Stephen Sondheim que está en cartel de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, ella atraviesa el escenario desde un presente de madurez, introspección y búsqueda, en el que el teatro deja de ser solo representación para convertirse en una forma de comprender la experiencia humana. “Yo vivo todos los hechos de manera alucinada, me intriga el porqué de la experiencia humana”, confiesa en diálogo con Revista GENTE.

-¿Cómo es eso?
-Me intriga "el porqué" de la experiencia humana, me la cuestiono muy seguido, y más enlazada con el hecho de dedicarme al teatro. Company es toda una experiencia, porque ficcionar el cuestionamiento de la vincularidad propia y ajena (que en realidad es la propia), reflejada en el afuera, es muy curiosa, sobre todo en estos momentos de cambios violentos y radicales que el mundo manifiesta. 1970 -año en la que se creó Company- está a la vuelta de la esquina, y el tiempo, dicen, ¡es circular!.
-En una reciente entrevista con GENTE, Fer Dente dijo: “Mi gran despertar fue a los diez años, cuando vi Chicago por primera vez en el Teatro Ópera, con Sandra Guida y Alejandra Radano. Cambió mi vida, la iluminó. Vi algo que quería que fuera mi destino. Tuve la suerte de que mi primera experiencia teatral fuera de una calidad extrema”. ¿Que sentís con esta afirmación y qué significa este reencuentro arriba del escenario?
-Que decir... me da una emoción pudorosa y, a la vez, me encuentro en una situación de observación: aprendiendo de alguien que entendió a sus 36 años cosas que yo a esa edad ni vislumbraba. La rueda del mandala se superó.

-Y después de tantos años de trayectoria, ¿que te sigue movilizando al subirte a un escenario?
-Las obras acompañan mi experiencia humana (voy a repetir mucho éste término, aclara). Es interesante porque, más allá del deseo que yo pueda tener de hacer tal o cual cosa, hay un impulso de aceptación “de entender” que tengo que vivir en esta vida con la certeza de la posibilidad. Ya lo dijo una colega en las rondas que hacemos antes de empezar Company: “Estamos al servicio de algo más grande”. Eso es lo que me moviliza, eso que no entiendo pero sucede.
-Si mirás hacia atrás, ¿en qué momento sentís que empezó a consolidarse tu identidad como artista?
-Para empezar, no me considero una artista, suelo cuidar mucho las palabras: soy una intérprete en formación constante y mutante, y cargo en mis espaldas todos mis trabajos. Para mí siempre fue “actoral” mi situación en el mundo, aún cuando vendía (sin entender de qué manera) tarjetas de crédito... Pero bajando a la Tierra, puedo decirte que la comedia musical Chicago fue el pasaje bisagra hacia mi encuentro con el director Alfredo Arias que inauguró mis décadas de viajes a Francia y Europa, con todo el bagaje de conocimiento y apertura que eso me proporcionó, y que “la identidad” funciona como una mancha permanente que se expande y se contrae como la vida misma.

-¿Qué prejuicios o etiquetas tuviste que romper a lo largo de tu carrera?
-Nunca me detuve con esas piedras, al contrario, las atesoré, o estoy intentando hacerlo… de eso se trata, ¿no? Podría decirte que cada vez que me dicen “Radano estás loca”, que yo les contesto “¡Gracias a Dios!”.
-¿Cómo cambió tu forma de actuar con el paso del tiempo y de la experiencia?
-Creo que empiezo a escucharme más, por ende, el “otro” empieza a tener entidad real, que no es poco y fundamental.

-Hoy, con todo lo vivido, ¿qué cosas ya no estás dispuesta a negociar profesionalmente?
-A priori no sabría que responderte. Se me ocurre, aunque me aleje de tu pregunta, que cuando uno se empieza alinear consigo mismo el afuera solo puede proporcionarte lo que tenés que vivir y que el respeto precisamente por uno mismo empieza por uno: si afuera no hay respeto es porque no lo hay adentro.
-Company habla mucho de los vínculos: ¿cómo te llevás vos en tu vida real con la soledad y el amor?
-Para mí Company es una obra muy misteriosa. Uno podría pensar que es solo la pregunta que se hace Bobby, el protagonista de la pieza, "¿Por qué todo el mundo está casado y yo no?", pero Stephen Sondheim escribió una obra llena de puertas que buscan sus llaves, y bueno, una de esas llaves es el vínculo con uno. Y a la vez también habla del “amor puro y total”, del “amor hasta el final” y dice que “la vida es amor por todos”. Así reza el primer número musical de la obra, donde se iza un precepto fundamental que irá desarrollándose a lo largo de la misma: el amor como vector cardinal, proclamado por los místicos domésticos y los que nos sentamos en las veredas en otoño, solitarios y en paz, viendo a los autos pasar…

-¿Qué aprendiste sobre vos misma en los momentos de mayor exposición pública?
-Yo me auto percibo como una “persona de interior”, pero sí te puedo decir que trabajé de un tiempo a esta parte para a no esperar nada del público como sujeto, y que eso me da mucha paz porque la música hipnótica del aplauso no puede ser un condicionamiento a mi “necesidad de ser aprobada” ¿por mis padres?, ¿por la traslación de ver al público como mis padres? Despejado ese telón, me empecé a concentrar en otras músicas.
-¿Qué te mantiene en eje cuando el trabajo te exige tanto emocionalmente?
-El silencio de mi hogar, mis libros, ¡¡¡la música!!!, mis amigos queridos, mi familia, mi respiración, mis maestros, Elva, mis terapeutas, Nawal, y Oscar, el pintor que hace años trabaja en mi casa y cada vez que lo observo ejercer su oficio me enseña, cual religión, qué es “estar en modo presente”.
-Cuando se apagan las luces del teatro, ¿cómo es la Alejandra fuera del escenario?
-Creo que la frase más atinada a esta pregunta me la dio mi querido amigo y maquillador Sebastián Correa: “Nadie es para mí Alejandra, es sólo una expresión de deseo”.
-Si tuvieras que sintetizar este momento de tu vida en una frase que te defina, ¿cuál sería?
-Tranquila y agradecida.
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- ¿Qué te gustaría que la gente descubra de vos más allá de lo que ve en escena?
-Una vez el director Ciro Zorzoli me dijo que lo más interesante de un personaje (todos somos personajes) es lo que no cuenta, lo que no dice. Yo soy muy púdica a la hora de compartirme, creo en el misterio y en la limpieza de mis actos. Igualmente, volviendo a tu pregunta: me gustaría que a través mío se descubra a sí misma misma.
Fotos: Alejandra Lopez
Vestuario: Pablo Ramirez y JTBYT
Zapatos: Sylvie Geronimi
Maquilló: Sebastian Correa
Agradecemos a Lola Barredo, agente de prensa.



