“Gracias a mi hija, que me recuperó las fotos”, le concedió Miguel Romano (90 de Villa Urquiza), como buen padre, el mérito a Paola, antes de mostrar aquellas fotos que le remiten a una de sus tantas y grandes anécdotas como peluquero de las estrellas: sucedió en 1981, cuando Queen vino de gira a la Argentina, por primera y única vez, para presentarse en el estadio de Vélez Sarsfield, en Mar del Plata y en Rosario.

“Un día me llamaron para que fuera al Sheraton y le cortara el pelo a Freddie Mercury”, relató el prestigioso coiffeur, quien le preguntó a una amiga si le “sonaba, porque yo no lo conocía”. Lo cierto fue que luego de que le revelaran de quién se trataba, Romano tomó sus elementos de trabajo y partió raudo hacia Retiro.
“Me encontré ante un hombre con ondas, rulos y el cabello largo, por debajo de los hombros. Entonces le dije: ‘Mirá, lo mejor es hacerte un corte moderno o dejarte largo, como se usa ahora, y acomodártelo’”. Pronto Romano comenzó a rebajarle la melena, tijereteada por tijereteada, saludó, se despidió y partió del hotel de Retiro hasta su negocio en Pasaje Anasagasti 2061, Palermo.

Sin embargo, al día siguiente lo volvieron a llamar para que avanzara "con el rebajado". Como a Miguel Romano no le terminaba de agradar, pensó que “cuanto más corto, mejor le iba a quedar, y más gracioso, porque... tenía los dientes un poquito para afuera”, relató a Revista GENTE a pura simpatía.
Al mismo tiempo, el baterista Roger Taylor, “no sé para qué” (en palabras del estilista de Mirtha Legrand y Susana Giménez), tomaba y guardaba el cabello que iba cortando y cayendo en la alfombra del Sheraton.

Conclusión: “Se lo corté cortito, y así actuó. No volví a verlo”, contó Miguelito, antes de añadir: “Lo loco es que con ese cambio de look fue que con él continuó hasta el final de su días”, cierra orgulloso Romano ajeno a que en aquellas semanasd de 1981, Queen brindó cinco recitales en nuestro país (tres en Buenos Aires, uno en Mar del Plata y otro en Rosario), como parte de su gira The Game (1980), en referencia a su octavo álbum, para muchos el mejor de su frondosa e incomparable historia.
Entre esos cinco conciertos -el primero fue el 28 de febrero-, aquel que públicamente más se destacó resultó el último, el del 8 de marzo, ya que asistió Diego Maradona, por entonces jugador de Boca Juniors (ese año el equipo xeneize saldría campeón, dirigido por Silvio Marzolini). Sí, el Diez estuvo sobre el escenario y en la trastienda de una noche irrepetible.

No obstante, Farrokh Bulsara (tal el nombre real de Freddie, por entonces de 34 años) había conocido a Maradona pocos días antes, durante una cena en Castelar, Buenos Aires. Fue cuando el artista invitó al futbolista a subir con Queen al escenario. "¿Subir yo?... Ni lo dude, maestro: allí estaré", prometió Diego, y cumplió.
Y el 8 de marzo, nomás, ante más de cincuenta mil personas, tras veintidós canciones y cuando llegaba el momento sagrado de la pautada cuenta regresiva (el encore, que constaba de otros cinco temas), allí, ante la incertidumbre general, el líder de la banda hizo una pausa:

“Esta noche, me gustaría presentarles a un amigo suyo, y nuestro también. Estoy seguro de que ya lo conocen: "¡Maradona!" Tras una ovación interminable del público, Mercury agregó pícaro: “De hecho es bastante lindo”.
Diego pronto tomó el micrófono y dijo: “Le quiero agradecer a Freddie y a los Queen por hacernos tan felices... Y si me permiten, ¡ahora Otro tro muerde el polvo!, lanzó en alusión a uno de los himnos del grupo.
El estruendo de la gente y del sonido de los instrumentos entonces se adueñó de la escena hasta el final, al tiempo que Radio Rivadavia -el único medio que conserva aquel audio-, relataba el histórico momento desde la voz de Fernando Bravo.

Al finalizar la presentación, ya en camarines, Diego, portando una camiseta con la bandera del Reino Unido, se tomó una serie de fotografías junto a Brian May, John Deacon, Roger Taylor y Mercury, quien llevaba una casaca de Argentina y quien, desprejuiciado como era, hasta se animó a pedir una toma con la cola apuntando a la cámara... y luciendo aquel corte que hacia fines de febrero le había perpetuado Miguel Romano en las alturas de su 1,78 metros de talento, claro.
Fotos: Archivo Atlántida


