Desde que comenzó la nueva temporada de MasterChef Celebrity, Wanda Nara (38) y Maxi López (41) hacen show de su complicidad frente a las cámaras: bromean recordando que ellos siempre comían congelados, se dedican platos -como "la bondiola de Wanda"- y hasta hablan en broma de repartirse el premio... Pero lo cierto es que esto ocurre ahora que ya corrió mucha agua bajo el puente.
Atrás quedaron las acusaciones, los abogados y las mil idas y vueltas públicas y privadas, y en su lugar sólo puede notarse cierta buena onda y armonía que se construyó a lo largo de las vidas de sus tres hijos en común: Valentino (16), Constantino (15) y Benedicto (13).
Pero esa chispa que a los espectadores les resulta tan fresca y atractiva tiene una historia detrás, y fueron ellos mismos quienes la escribieron hace más de una década.
GENTE es y fue testigo de su historia
Desde el momento en que se conocieron hasta la actualidad. A través de las páginas de la revista, sus vivencias y sus declaraciones quedaron registradas.
En esta ocasión, recordamos qué decían en marzo de 2011, cuando presentaban a su segundo hijo, Constantino -de apenas tres meses-, en GENTE.



Tres meses antes, el 18 de diciembre, Constantino había nacido en Catania y esa ciudad los abrazó. "La decisión afianzó nuestra relación con la gente: los italianos valoraron mucho que hayamos elegido que naciera acá", señalaban.
Pero entre mamaderas y entrenamientos, ellos defendían sus ratos de intimidad: "Una vez por semana les pedimos a las chicas que nos ayuden, que se queden con los nenes, y cenamos los dos solitos", nos contaban. "Yo preparo la comida, enciendo velas y me arreglo especialmente… Es que es fundamental para mantener el interés. Creo que las mujeres podemos ser mamás, amas de casa y seductoras, todo al mismo tiempo", afirmaba Wanda a sus 24 años.

Por entonces, el fútbol marcaba la agenda del goleador. Al respecto, Wanda compartía: "Maxi es muy exigente consigo mismo y sabe que después del jueves no puede hacer grandes esfuerzos; eso incluye la intimidad. Entonces hay que aprovechar desde el domingo, luego del partido, hasta mitad de semana…".



Mucho más que dos
En aquel momento, Wanda -con la mirada siempre puesta en sus bebés- se definía como "una mamá obsesiva": "Maxi me dice que debo delegar, pero no quiero que nadie bañe a mis nenes ni que les cambien el pañal. Ahora tengo dos señoras que me ayudan porque una vez me desmayé y entendí que Valen se había quedado solito... pero yo estoy en cada detalle", aseguraba.

Era tal su dedicación, que cuando nació Constantino, Valentino tuvo un difícil proceso de adaptación que se manifestó en travesuras y celos.
"No quería que agarrara al bebé ni que le diera la teta, y no paraba de hacer travesuras: ¡me rayó todas las paredes de la casa!", recordaba Wanda y admitía que su hermana menor, Zaira, le decía desde Argentina: "¡Tenés una paciencia increíble; yo ya lo hubiese matado!’".

También hubo sustos en pleno desarraigo, que ella, al contarlos, decidió sintetizar así (como quitándoles importancia): "Cuando nació Consti, Valentino le contagió una bronquitis que trajo del colegio. Por eso estuvo en terapia y nosotros sufrimos y rezamos mucho... Afortunadamente, todo salió bien".

¿Si pensaba en tener un tercero, cuarto y quinto hijos? Así respondía: "Por un tiempo cerramos la fábrica. Quizás lo pensemos cuando volvamos a la Argentina" (Spoiler: Benedicto nació un año después en Milán).

La anécdota que nadie recuerda
En plena charla sobre sus vidas, apareció un loro... Duró poco.
"Nos lo sacamos de encima porque a Maxi le dijeron que el loro era mufa y encima el Catania F.C. (N.de la R.: el equipo en el que jugaba Maxi en aquel momento) empezó a perder. Me dijo: ‘Elegí: se va el loro o te vas vos con el loro. Así que lo regalé'", le contaba Wanda a GENTE revelando más de su relación de lo que imaginaba.
Aquel loro se lo había comprado ella misma a Valentino en su cumpleaños para que el niño "tuviera con quién hablar".

En el interior de su cuarto, con respaldo rayado
Wanda y Maxi le abrieron las puertas de su casa en Catania a un fotógrafo de GENTE para presentar en sociedad a su segundo hijo, Constantino. El primogénito, Valentino, ya tenía dos años y se mostraba muy dulce y juguetón.


Wanda no lo imaginaba, pero iba a vivir una gran parte de su vida en Italia. Ya por entonces empezaba a apreciar las diferencias culturales y el sistema educativo local.
"A veces me gustaría que en Argentina aprendamos cosas de estos países. Acá los padres tienen la obligación ética de hacer estudiar a sus chicos. Me pasó un día que le agarró varicela a Valen y me pidieron explicaciones porque no avisé que no iba al jardín. Es que el Estado es responsable del menor: te manda una pediatra a verlo", contaba sorprendida.

De compañera a botinera: esto pensaba y analizaba Wanda
La exposición pública acompañó a la familia desde que llegaron a Catania, ciudad en la que el fútbol ocupaba -y aún ocupa- un lugar central. Maxi era el goleador del equipo y Wanda, en las tribunas, toda una celebridad.
Ya por entonces la ahora conductora de MasterChef abrazaba el apodo que más resonaba en aquel momento y decía: "Si Maxi es mi príncipe, yo soy la princesa de las botineras, ¡una botinera con corona propia!".

En aquel momento ellos tenían vínculo con catorce familias argentinas que formaban parte del equipo dirigido por Diego Simeone. En ese microcosmos, ella hacía de anfitriona de las mujeres que acompañaban a los futbolistas recién llegados como Carolina Baldini, con quien había tenido algún cruce mediático. Al respecto, relataba: "Yo no la conocía, pero mi hermana y mis papás me habían hablado bien de ella. Cuando supe que venía, la llamé y le dije que le podía ayudar en lo que necesitara. Sus nenes son un amor y ella también. Hay muchas cosas en común entre nosotras: Caro dejó todo por seguir a su marido, igual que yo".

Además, sobre la convivencia femenina entre las esposas de futbolistas, Wanda contaba que encontró un espejo justamente en Baldini: "Le pregunté cómo fue dejar su carrera para acompañar a su marido. Me explicó que puede ser duro y desgastar la pareja, pero que cuando mira la familia que formó, se da cuenta de que valió la pena".

Apoyada en sus familiares y en su red de contención, Wanda atravesaba el puerperio con seducción y a la vez dejaba en claro que su fama en aumento y los cánticos de la cancha –"la coniglietta di Maxi"– lejos de incomodarla, la divertían.
Juntos, encontraban ingredientes que le sumaban color a la aventura de construir un hogar lejos de casa.
Fotos: Archivo Atlántida
Retoque digital: Darío Alvarellos

